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Inicio / Cuenteros Locales / kaluzza / La magia de la realidad (2da parte)

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Ciertamente sus pensamientos estaban lejos de lo que había realizado en clases. Parecía estar solucionando un problema mucho mayor. Seguía llevándose el cigarro a la boca, la imagen parecía repetirse una y otra vez, a no ser del extremo del cigarro, el cual cada vez resaltaba más el color rojo del rouge de sus labios. Deseé ser el cigarro.
De todo el rato en que estuve observándola, jamás ella movió la cabeza a sus costados. De igual modo yo no lo hacía. Comencé a observar sus ojos y de pronto comenzó a salir una diáfana lágrima de lento recorrido la cual pareció disfrutar en el recorrido de su rostro. Una vez que ella cerró sus ojos, esa lágrima se perdió en otras que caían con más frecuencia. Definitivamente las cosas no estaban bien para ella. De pronto paré de respirar:
-¿Que escribes?- Dijo sin apartar su vista del fondo de la sala.
Observé a mí alrededor y comprendí que era yo el que debía responder.
-¡Ehh, escribo un poema- Me sinceré.
- Entra y léemelo.
Otra vez miré a mi entorno, y posteriormente entré a la sala. Ella aún no me observaba y sus ojos aún perdían algunas lágrimas, sin embargo, los cerró. Comencé:

…no hay luz que descubra tu hermosura
aquella que comienza en tu corazón
recorre tus pensamientos,
la veo en tu rostro y la escucho en tus labios…

Al terminar de leerle el poema, ella abrió sus ojos y dejó caer el cigarro de sus dedos, luego me pregunto:
-¿A quien se lo has escrito?- Su rostro parecía sorprendido.
-A usted- No dudé. Comenzó a sonreír y a llorar nuevamente. Era muy extraño.
-¿Quieres saber por que lloro?
Me sacó las palabras de mi boca.
-Claro.
-He perdido un poema…
Creí que bromeaba. En seguida continuó:
-…un poema idéntico al que me acabas de escribir.
No lo creía. ¿Sería posible que ella causara los mismos sentimientos a cada hombre que la que contemplase?
-¿Y quien te lo había escrito? Le pregunté.
-Me lo escribió otro estudiante, el día de ayer.
No comprendía absolutamente nada, miré la hora de mi reloj en un intento desesperado para tener una referencia de la realidad. En seguida me dirigió su mirada y dijo:
-¿Te puedo pedir un favor?
-Claro.
-¿Puedes continuar el poema?
Sinceramente no pude entenderla. Opté por escribir, después de todo era lo que más me gustaba hacer. La observe y fijé mi atención en sus labios. Comencé a escribir en el mismo papel del poema anterior:

...cementerio de tus lágrimas,
cuna de tu voz,
tus labios me absorben
como quien quita un tapón de un contenedor de agua…

-¿puedo leerlo? Me dijo mientras estiraba su brazo derecho en dirección a mi poema.
-Si, claro.
Comenzó a leerlo y tal cual el poema, derramó una lágrima y al momento de que ella rozara sus labios, me dijo:
-Acércate.
Acercó el poema y lo besó. El estampado rojo de sus labios quedó en el papel y éste en mis manos. Luego se bajó de la mesa y me besó. Permanecí con los ojos cerrados sin percatarme que ella comenzaba a marcharse. Lo último que me dijo fue “mañana, a la misma hora”.

Texto agregado el 17-08-2006, y leído por 120 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2006-08-17 21:39:21 Excelente Karlita_
 
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