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¿Estudiantes Universitarios?
Este es un cuento muy particular, pero real, reciente y que creo, también puede ayudar a descubrir un nuevo alumnado en los pasillos de algunas universidades españolas y que son “los mayores”. Los cuentos también sirven para narrar historias, por eso voy a contar mi acceso como alumno de “PUMUO”. que, formando ya parte de la mía, sólo me parece un cuento; por lo entrañable y fantástico que, hasta ahora, resulta para mí.
- Hola, Buenas tardes ¿...? (15:horas 40 minutos) Al entrar en Aula y hay un alumno sentado. Octubre 2002
- Hola... ¿Vienes al examen? (responde el alumno sentado)
- No. Nooo... vengo a clase de... Bueno, no sé. Es mi primera clase y... no sé
- Hostiaá..aah.... ¡pues sí que lo tienes claro!... Entonces..., ¿qué haces aquí?
- Pueée..ess... ya ves... Nada.
- ¡Joder!...¿Cómo que nada? Algo harás aquí.
- Bueno... Soy estudiante...
- ¿Estudiante? ... De..., de..., ¿de la universidad, ... en esta facultad, como estudiante?
- Si, o... algo así. Vi un programa, me matriculé... y... hoy... es mi primer día de clase.
- ¡Oye tío! Esta clase, ahora no tiene clase, por eso no me esperaba que alguien viniera y sólo te pregunto porque te veo que estas muy pendiente y casi me pones nervioso, pues pensé que eras algún profesor o algo así. Este aula siempre está vacía por las tardes y yo aprovecho para repasar algunas cosas, porque nunca hay nadie. Pero... bueno, si hay clase... me piro. Aunque... la clase,... ¿es para ti sólo? -¿A qué hora empieza?
- No sé, ya le dije que era mi primer día... y aunque falta una media hora me dijeron que era en el aula..., bueno..., en ésta, según me dijeron.
- ¡Joder! me dijeron, me dijeron... aquí todo el mundo dice y nunca nadie sabe de nada Qué raro, no se nada de que se den clases especiales en esta facultad. Soy de los más antiguos y por eso me atrevo a preguntarte. Perdona si te molesté.
- No, por favor, nada de eso. Discúlpeme Vd. a mi, que yo soy el nuevo. Además, le agradezco mucho que trate de orientarme. Podría Vd. ser mi hijo. Sabe... yo también tengo hijos universitarios y en edad parecida a la suya, algunos ya han terminado la universidad, aunque todavía no estén en un trabajo adecuado.
- Y sabiendo eso, ¿te vas a poner a estudiar..., a tus años? ¿Qué vas a estudiar? ¿Filología?.
- No, no... Yo he pensado en venir a la universidad, no para estudiar filología, ni nada parecido. He pensado en la universidad como en un “asunto” pendiente que nunca pude realizar y, créame no me resulta nada fácil hablar e informar de esta decisión... De momento vengo a ver..., pero todavía no me atrevo a compartir con nadie esta aventura. Con los que lo he comentado, tengo la sensación de que, o no me han creído, o no me han entendido.
- Pues... ¡joder! te deseo suerte, porque creo que no empiezas con buen pie, y mucho me extraña que tengas clase en esta aula, ya que hoy tenemos aquí un puto examen dentro d’un cuarto d’hora y ¡tio! seguro, porque me lo confirmó el profe no hace más de media hora.
- Gracias. Seguramente me habré equivocado. No estoy acostumbrado a moverme en estos ambientes y aquí, como hay tantos edificios, con los nervios del primer día, no acertaría con el lugar adecuado de la clase, aunque estoy seguro de que se trata de esta facultad y también de que existe el programa para el que me admitieron la matrícula. Además hubo un error y no me avisaron cuando empezó el curso, que fue hace unas dos semanas. Hoy hice el pago y cuando llevé el justificante llamaron aquí por teléfono y me informaron que hoy mismo empezaría las clases, a las 4 de la tarde y en el aula 11.
- Bueno, aquí hay varios... y si es como dices, puede que sea en cualquier otro edificio. Y no te preocupes que eso nos pasa a todos el primer día. Incluso a los viejos como yo. Per... perdona, no quería decir...
- No, no se preocupe. Créame, lo de viejo está muy bien como Vd. lo interpreta, porque creo que se está refiriendo a Vd. mismo como persona experimentada y que sabe lo que hace; le felicito y se lo agradezco. Yo lo siento exactamente así, tal como Vd. lo expresó; posiblemente de una forma inconsciente pero, tal como suena, a mí me suena muy apropiado y quizá esa sea la razón de que esté aquí, aunque en la clase equivocada, pero los despistes ya hace tiempo que me son tan familiares como las gafas y las canas. Pero, por favor, no le entretengo más. Gracias otra vez y que tenga suerte con el examen.

Salí del aula, me dirigí al conserje y me envió a otro edificio. Llegué a mi clase. Me dirigí a un profesor a presentarle mis papeles y me indicó que me sentara, lo hice al fondo de la clase, conté 33 alumnos mayores que escuchaban con atención. Nadie se volvió a mirarme. Me dediqué a observar el ambiente y el cogote de mis compañeros.

Cuando salí de clase, sólo, fui a tomar un vino al bar de un amigo, en la zona universitaria. Al verme con mi carpeta, me preguntó: ¿te has vuelto representante?. No, me he vuelto estudiante y vengo de mi primera clase. ¿No lo dirás en serio? Si “tiiio”, que hacía tiempo que no escuchaba las palabras “hostia, tío y jodér” tan repetidas y con tanta inocencia como hoy. Estoy en una clase con 27 mujeres y 7 hombres incluido yo. Y en todas las clases que recibí en mi vida sólo había chavales con hábito de fraile y de eso hace 38 años. “lo que te faltaba, trabajando to la vida común burro, ya de viejo gaiteiro”, apostilló mi amigo de despedida y deseándome suerte.
- Hoy, seis meses después -, me siento universitario, tengo carnet, uso las instalaciones deportivas y la biblioteca, voy a clase y estoy encantado con mis profesores y compañeros.
- ¿Mis compañeros? Todo el programa “PUMUO”. Son un grupo de entusiastas que, mezclados en la tribu universitaria, no pasan desapercibidos. Sus ademanes y talante quizá puedan parecer algo forzados por ese aire jovial y de comportamiento educadamente detallista que manifiestan en sus saludos, sus miradas, sus caras sonrientes y su puntualidad. También por su puesta en escena: bien vestidos, conjuntados, pelos y barbas cuidados y con los pertrechos de sus apuntes en carpetas debidamente adaptadas; ordenadas, relucientes y con el justo contenido de un perfecto equilibrio que permite transportar lo necesario, sin que tal carga desentone del vestuario y permita adaptarse a la figura de un estudiante aplicado y, sin olvidar, que un exceso de peso, puede despertar a esa musa misteriosa que controla los huesos y articulaciones y que tan a menudo sacrifica y pone en vela los mejores sueños.

- Antes de iniciar las clases, algunos hacemos cola en la máquina de café, sirviendo de primer encuentro y donde, hace unos días, casualmente volví a encontrarme con el estudiante universitario para el que existe la universidad...
- ¡Oh... hola Señor! ¿qué tal?
- Ah... hola. ¿qué tal, amigo? ¿qué? ¿cómo fue el examen aquel?
- Bien. Gracias... ¡joder! ya veo que no estás nervioso, con ese café que te estás metiendo. ¿qué? ¿Encontraste el aula? Después de lo tuyo ya supe que sois un grupo de mayores que os aplicais la hostia ¡tio!. que tenéis acojonados a los profes con vuestras asistencias y atención a las clases. ¿qué y de chorbas, ya te abras tirado alguna? O... ¿no hay chorbas en tu clase?
- Si claro, ahora ya no estoy nervioso porque ya soy ”veterano como tu”; si, encontré la clase y me gusta; además no tenemos exámenes con lo que eso “jode eeeh... tio”. También me gusta el café y ¿qué más preguntabas? Ah si, por las chorbas. No sé muy bien que define o engloba exactamente esa palabra, pero supongo que se refiere a lo que en la antigüedad se conocía por “tías”, vocablo que puede referirse a parentesco en tercero, cuarto y quinto grado, pero si se interpreta en su acepción de “tirar”, más bien señalará a las mujeres como elementos generadores de bienestar corporal, físico, mental y emocional o, ¡justo lo contrario! Lo que también “en la antigüedad” y para abreviar, denominábamos –comer y joder, o ser jodido-
- ¡Joder! y... ahora... ¿cómo lo llamáis?
- Lo seguimos llamando lo mismo, porque las cosas no cambian tan fácilmente. Vosotros no estáis cambiando la lengua; como mucho, con tanta abreviatura y simplificación y de seguir así, pronto tendréis problemas para comunicaros y especialmente, la estáis empobreciendo tanto, que el que oiga una poesía difícilmente llegará a captar su significado. Te lo dice un analfabeto, que por casualidad y a causa de un tropiezo sanitario, quiere aprender literatura a los 50 años y para eso está aquí junto a ti, en este templo de la lengua y de las letras.
- Bueno, parece que sabes mucho... Oye, perdona yo sólo te hice una pregunta por decir algo y para demostrarte que me acuerdo de aquel día; tu primer día y que a pesar de la situación, me caíste bien... Lo de las chorbas, era sólo un recurso. No quería molestarte.
- No, por favor, no me molestas sino todo lo contrario, te agradezco que me hayas saludado, porque si no lo hubieras hecho, seguro que yo no tendría la seguridad de que se trataba de la misma persona y, ante la duda, optas por dejar pasar.
- Y sobre las chorbas o tías o como quieras llamarlas, no solamente no me molesta, sinó que me interesa muchísimo. Verás, ya me gustaría a mi poder “tirarme” una o varias tardes con cada chorba de mi clase, no como tu piensas o como pueden pensar algunas de ellas. Sin la sombra feminista o machista y también sin el fantasma del sexo, que para la mayoría de nosotros aún están ahí, aletargados en el subconsciente, cual fiera amansada pero expectante y dispuesta a clavarse en la yugular de quién la provoque a la menor oportunidad; tiene que existir un poso de vivencias, inquietudes, curiosidades e interrogaciones, cubierto bajo ese manto que da la vida y donde se atesoran experiencias, pasiones, sueños y frustraciones y, que haría muy afortunado, al que fuera capaz de introducirse, aunque sólo fuera superficialmente, en cualquiera de las que forman ese alegre grupo de universitarias. Es cierto que se dicen cosas y que, de alguna manera, también se tontea, aunque yo creo que solo como juego social de las buenas maneras. Está bien y resulta muy gratificante. Eso basta para que todos nos sintamos recompensados y satisfechos de “la tirada”.
- Bueno, amigo. Me alegro mucho de verte y también de que me hayas dejado hablar, pues recuerda el primer día, sólo alcanzaba a balbucear alguna frase...
- Seguro que sacas nota... Ya me contarás. Hasta pronto, que el despistado hoy soy yo, pues ésta no es mi facultad. ¡Chiao! Y cuando te vuelva a encontrar procuraré soltar menos tacos... je, j,e je! !que a mi padre tampoco le gustan! Adiós.

Texto agregado el 02-08-2007, y leído por 1481 visitantes. (0 votos)


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