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Inicio / Cuenteros Locales / sorti / El Rector (1)

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Me encontré de pronto sin palabras, los acontecimientos se precipitaron y quedé mudo de asombro: Allí, en la puerta de mi casa se encontraba ella, Roxana, ese amor oculto que llevaba a cuestas, que nadie en mi entorno siquiera sospechaba que yo, Jorge Aguirre, rector del colegio Del Sagrado Corazón, tenía una doble vida.
Así las cosas mi mente entró en un torbellino de ideas que se atropellaban y producían una niebla que me impedía pensar.
Reviví esa tarde hacía cuatro años ya, durante la reunión trimestral de los colegios católicos, reparé en ella, iba y venía repartiendo las carpetas con los temas a discutir, así nuestras miradas se cruzaron por primera vez, apenas una leve sonrisa de su parte, la verdad es que sentí algo extraño dentro de mi, algo que nunca me había sucedido, tan aferrado a mis creencias sobre la familia, el honor del cargo que tenía, rector de ese gran colegio.
El fugaz encuentro quedó en el olvido y todo seguía su curso normal hasta que una tarde, luego de un par de semanas mi sorpresa fue enorme al verla entrar en el rectorado, venía a traer una comunicación que de común llega vía fax, entonces la vi, rubia, alta y elegante, como de veinticinco años, una cabellera suelta y unos ojos claros que…Jorge pensé, que es esto?, eres el serio rector de este colegio, respetado por tu trayectoria y por tus cualidades morales y académicas, casado con una gran mujer y padre de tres hijos de los que estás, con motivo, orgulloso.
Ella le dejó la carpeta y le dijo que si era de su agrado mañana pasaría a retirarla, así el no tendría que molestarse en llevarla, a lo que respondí afirmativamente; una sucesión de pensamientos turbaron mi mente y realmente en ese momento fui otra persona.
Al día siguiente como a las cinco de la tarde, sobre la hora de salida de los alumnos llegó Roxana, algo nervioso la saludé afectuosamente y ella se acercó y me besó en la mejilla, inundándome con el perfume de su juventud, yo le entregué la carpeta y salimos a la calle, y allí, en un impulso atrevido le dije, -Podíamos tomar algo- ella, con una sonrisa pícara asintió, la invité a subir a mi automóvil y nos dirigimos rumbo a una confitería alejada del lugar.
No podía entender mi actitud, el desenfado hacia esa joven que me había deslumbrado con su juventud y belleza, le hablé de temas inverosímiles, ella me seguía la corriente con gestos y actitudes mimosas, con mohines y risitas que poco a poco me terminaron de animar a esta aventura amorosa que nunca hubiese imaginado.
Y la aventura comenzó, con mucho recato los encuentros se fueron sucediendo en el tiempo, hasta me animé a invitarla a un congreso que se realizaba en Mar del Plata, ella iba como integrante del grupo, aunque en realidad no era así.
El tiempo libre que me dejaba el congreso lo aprovechamos hasta el último segundo, nos amamos como dos adolescentes, no pensé en nada que no fuera en ella.
Le dije de mi situación en la escuela, de mi familia, de que lo nuestro nunca pasaría de estos encuentros furtivos, que yo no podía prometerle nada, ella me dijo que con brindarme su amor y sentirse correspondida no ansiaba otra cosa.
Pero luego de un tiempo largo comenzaron los problemas, ella quería que estuviéramos más tiempo juntos, que mi familia era más que ella y que en realidad creía que había llegado el momento de que nuestra relación se blanqueara, en este momento un temor se apoderó de mi, toda mi vida académica y familiar pasó de repente delante de mis ojos y por primera vez sentí temor de esta locura en la que solo me había metido, y el temor no era infundado, al verla en la puerta de mi casa sentí que todo se desmoronaba, mi familia, mi vida académica, mis relaciones, todo, ese amor prohibido que realmente disfruté, me llevó a esta situación no deseada.
Quedé a la espera de los acontecimientos y casi de inmediato se abrió la puerta de mi casa y apareció la figura de mi mujer, vi que conversaban y Roxana se retiró luego de una charla no muy extensa, tranquilamente de allí.
Superado el primer momento me dirigí hacia mi casa y entré como lo hacía habitualmente, mi mujer me saludó cariñosa y nada denotaba que hubiera sucedido algo anormal, ah, me dijo, estuvo recién una compañera de trabajo de Silvia, nuestra hija mayor, va a empezar a venir todas las noches a estudiar con ella para los exámenes finales.

Texto agregado el 09-10-2007, y leído por 286 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2007-10-27 22:51:06 ***** bueno, muy bueno LiCa
2007-10-11 00:41:39 Le va a hacer falta al rector a entrar a la biblioteca y buscar los pensamientos de los grandes filosofos de la historia, para ver de que manera "safará" de tamaño problema que esta circulando su ambiente///Arderá Troya!***** -----monica-escritora-erotica
2007-10-10 04:12:16 Uyyyyyyyyy!!!! la que les espera, más tarde o más temprano se viene la hecatombe, estaré a la espera de la segunda parte. ****** y mi afecto avefenixazul
2007-10-09 23:16:11 Creo que eso es terrible, pero pienso que ella es la que está fallando, pues fue algo a lo que dijiste sienmpre la verdad,en este caso, el hombre no puede estar muy seguro de que clase de mujer es.Pienso que es bastante paligrosa. Veremos qué pasa,jajajaja me temo lo peor, ********* Victoria 6236013
2007-10-09 19:43:22 uyuyuy... la que se arma ahora... andrula
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