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Inicio / Cuenteros Locales / mariomatera / Un pasaje de mi infancia, mi relación con mi prima María Celina durante el viaje a Europa de sus padres

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Mi tío paterno Ubaldo, de profesión médica y mi tía política Celina, tenían pasión por los viajes. En el año 1957 decidieron viajar a Europa. Mi tío Ubaldo tenía mucha simpatía por la ideología comunista y quiso que estuvieran incluidos en el viaje, los países de Europa Oriental, especialmente Rusia.
Mi prima María Celina, durante los cinco meses que duró la estadía de sus padres en Europa, se quedó a vivir en nuestra casa. Sus dos hermanos, Ubaldo y Juan Ramón, se alojaron en la casa de sus abuelos maternos. María Celina era una chica rubia, de ojos celestes, de mediana estatura y con un genio muy alegre y bullanguero. Su personalidad contrastaba fuertemente con la mía ya que soy una persona normalmente seria. Ella solía decirme: “Mario, yo sabía que eras serio pero no tanto”.
En esa época estaba en pleno auge el rock and roll, la frenética música y baile cuyo principal cultor fue Elvis Presley. Esta fue la música predilecta de María Celina, le gustaba apasionadamente. “El rock es ritmo” sostenía. Gustaba ver las películas que tenían relación con la citada música como “Al compás del Reloj”. Cuando alguien llegaba a nuestra casa ella preguntaba: ¿quién quiere que le enseñe a bailar el rock?
Uno de sus actores y cantores predilectos era Frank Sinatra. Coincido con ella en lo que respecta a esta preferencia. Otros exponentes del séptimo arte, que eran de su agrado, eran Rock Hudson y Marlon Brando. María Celina se sentía muy impactada por la muy buena presencia física de Rock Hudson y refiriéndose a él decía: “Es churro”. En lo que respecta a Marlon Brando se sentía cautivada por sus innegables dotes de actor cinematográfico.
Momentos placenteros en esos meses de la vida de María Celina, eran aquellos en que acudía a la casa de sus abuelos maternos: Don Ramón López Domínguez, de profesión abogado y su esposa también llamada Celina. Allí se encontró con sus primos Carlos Raúl y Roberto, hijos de Adolfo López Domínguez, también abogado como su padre. En esa vieja casa de calle 9 de julio, había un espacioso patio en el que se hallaban hamacas y frondosos árboles a los que mi prima se subía y completaba su esparcimiento hamacándose y jugando con sus primos.
En una ocasión ella demostró tener un comportamiento alocado y fue cuando estando con cuarenta grados de fiebre quiso ir a ver a Juan Ramón, el menor de sus hermanos, que a la sazón contaba con 2 años de edad. Mi padre la retuvo por la fuerza, tomándola de los cabellos y diciéndole tarada. A partir de ese momento María Celina cobró antipatía hacia mi padre, pero todo se redujo al tiempo en que duró su estadía en nuestra casa y no a un sentimiento perdurable.
En lo que se refiere a su vida escolar, asistió en ese tiempo a la Escuela Normal a la que ella denominaba “castillo de brujas”.
Una anécdota que puede referir ese período: fue un día en que se perdió, y no encontrando el modo de regresar a nuestra casa, consiguió la ayuda de un hombre que la trajo en motoneta.
Yo, en esa época, tenía una gran predilección por la lectura de aventuras de piratas. María Celina no compartía mis gustos por estas novelas y para ello me hacía ver el final de la novela Sandokan que a juicio de ella, no era el adecuado.
Con ella, pergeñábamos de común acuerdo travesuras de niños. Una vez salimos bajo copiosa lluvia, lo que motivó el enojo de nuestra abuela paterna Concepción De Chiara.
- ¡Tute due! -decía a mi madre enfadada. La Nona a veces profería maldiciones en calabrés y mi madre, para ocultar su risa, se escondía tras una puerta.
Entre tanto, el viaje de mis tíos había llegado a su fin y se produjo su regreso desde Europa. Tío Ubaldo no volvió del viaje a Rusia tan entusiasmado como él hubiera querido estarlo. Se había encontrado en el país, que él suponía un paraíso sobre la tierra, con una edificación uniforme con casas pintadas de amarillo. Él fundamentaba el ateísmo del comunismo diciendo que el comunismo no acepta la existencia de Dios porque es aceptar la existencia de un patrón y el único patrón que reconoce el comunismo es el Estado. Sin embargo, la tía Celina dijo que la mejor misa cantada a la que asistió en su vida fue en Kiev.
Tío Ubaldo tuvo conocimiento del trato que mi padre había dispensado a María Celina cuando quiso ir a ver a su hermano Juan Ramón, y fue por eso que se fue en su auto con la tía Celina, sin despedirse.
Había llegado a su fin, lo que fue para mí, una grata experiencia de convivencia familiar. A pesar del choque de nuestras diferentes personalidades, yo no me sentí contagiado por el carácter alegre y bullanguero de mi prima, conservé mi manera de ser más triste que alegre. Su compañía me hizo bien y me ayudó a sobrellevar mi dolencia asmática infantil, que por aquél entonces también estaba llegando a su fin.


Texto agregado el 20-11-2007, y leído por 124 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2007-11-20 14:04:47 es una narración sin matices; aburre. En un principio me mantuve expectante por algún sbresalto en la lectura; pero no lo encontré. Además de aquello, resalto que debes dar una corrección gramatical al texto (3*) el_rey
 
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