No alcanzará tanto infierno para repartirte.
No podrás abarcar tanto castigo,
y sin embargo cumplirás completa tu pena.
Ajusticiado por manos hermanas
vagarás de condena en condena,
salpicando de lamentos
el negro encierro de tu cadenas.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Alguien susurra.
Te persiguen, te acorralan… ¡Te alcanzan!
Te desmoronás como una pila de barro seco,
te rompés en mugrientos pedazos
que se cubren repulsivamente de pelo.
Se mueven desagradables, unos sobre otros,
intentando llegar a la superficie de su inmundicia:
tanta basura los sofoca.
Ay, no saben, no saben… Lo que apesta ¡Son ellos!
El pasado recorre nuestras manos
dejando su huella inflexible.
Miren, señores jueces, mis manos están limpias.
¿Quién quiere verlas? ¿Nadie?
¡Ah! Rostros faltos de ojos y de razón,
sólo otro ciego loco podría seguirles.
Asesino de quien asegurabas defender,
¿Acaso no te duele la hipocresía?
La Justicia ha muerto.
Llega fin de mes, señores del jurado,
y hay que pagar las cuentas.
El noveno infierno corresponde a los traidores.
Allí estarán ustedes, amontonados como ratas.
Nunca nos veremos después de la muerte.
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