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Inicio / Cuenteros Locales / Yosep / Las cicatrices del alma.Capítulo XLIII

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No pudo superar la ruptura de su pareja

Gran error nuestro confiar en esta chica, pues al día siguiente, nueve de la mañana timbro el teléfono, se puso mi esposa y la llamada era de ella, después de saludarla le pidió que se pusiera Jorge.

Al coger el teléfono mi hijo las únicas palabras que pudo oír fueron:

-Jorge, no vengas a casa, que te he dejado.

Y colgó sin dar más explicaciones. Yo mismo pude oír la respuesta de mi hijo:

-Pero, ¿qué me dices, cariño?

No sé si ella llegó a oírlo o le colgó antes, pero mi hijo muy nervioso me pidió que lo llevara en mi coche a la estación de autobuses con la intención de llegar lo más rápido posible a su casa. Ni siquiera quiso esperar el tren. Yo accedí y lo llevé, pero no llegamos a tiempo, el autobús ya se había marchado.

Regresamos a casa y en un estado de nervios que no controlaba, pidió a mis hijos Juanjo y Raquel que lo llevaran a con su coche a su casa, estos cedieron y emprendieron el viaje los tres juntos.

Cuando llegaron la puerta estaba bloqueada ya que habían cambiado la cerradura, dejando dentro de la casa todas las pertenencias de mi hijo.

Ante este grave problema decidió ir al bufete donde trabajaba para que le diera una explicación de los hechos. Llamó al telefonillo y pidió de favor que bajara para hablar con ella ya era un edificio de ocho plantas donde trabajaba su novia.

Fue su hermana la que contesto con instrucciones de parte de su chica, haciéndole saber que todo había terminado entre los dos, que se encontraba ingresada
En una clínica con depresiones por culpa del, que no le abría la puerta pero bajaría para hablar con él.

No tardó mucho en bajar, acompañada por su jefe. Juanjo y Raquel hablaron con ellos del problema, pero estos se mostraron muy duros y dijeron que no se podía obligar a nadie a vivir en pareja si no había acuerdo entre dos. También le hicieron saber que por su bien dejara las cosas como estaban, si es que no quería verse en un montón de problemas y, que si seguía molestándola, para empezar, le pondrían una demanda por malos tratos psicológicos. Además, de que no olvidara que estaba tratando con abogados.
La respuesta de mi hijo a estas insinuaciones o coacciones, fue que por muy abogados que fueran, lo que habían hecho bloqueando la puerta y dejando sus pertenecías dentro de la casa no se podía hacer. Pero su respuesta fue inmediata:

-Todas tus pertenencias te las mandaremos en breves días a través de una agencia.

Juanjo y Raquel insistieron en que denunciara estos hechos, pero el no deseaba hacer ninguna denuncia a la persona que amaba. Yo creo que tenía fe y creía que aún volvería con ella. Yo como padre lo único que podía hacer era traérmelo a mi casa, y eso es lo que hice, adapté una habitación para él y me lo llevé a casa.

A la semana siguiente recibimos unos paquetes con sus pertenecías, como ropa, documentos y unos álbumes de fotos. Esto fue lo único que recupero, lo demás lo perdió todo. Allí quedaron todos sus esfuerzos, sus ilusiones, sus esperanzas y, como no, su único amor, pues él nunca dejó de amarla a pesar del daño que le hizo.

Me consta que mi hijo intentó en varias ocasiones ponerse en contacto con ella, pero sus llamadas no obtuvieron respuesta.

A consecuencia de su fracaso amoroso perdió hasta las ganas de vivir.

La primera semana de estar en casa se negó a comer, y no probó alimento alguno durante toda la semana, a excepción de agua y algún café con leche. Por mi parte, no le veía salida a su problema, mientras que las dosis de medicación para sus depresiones fueron en aumento.

Durante toda la semana pasaba el día entre la cama y la televisión, y cuando salía los fines de semana, se desmadraba bebiendo alcohol y, con las pastillas que le receto el psiquiatra era una bomba de relojería.

Un fin de semana, me llamaron del hospital para comunicarme que mi hijo se encontraba ingresado por un intento de suicidio. Había injerido una caja entera de pastillas y las había mezclado con mucho alcohol. En esta ocasión pudieron salvarle la vida.

En una de las visitas que hicimos al hospital, nos llevemos su ropa para lavar, y al mirar los bolsillos para introducirla en la lavadora, vimos una nota que escribió, antes del intento de suicidio. En ella decía que había llegado a la determinación de quitarse la vida porque su vida sin su pareja no tenía sentido. Del escrito saqué la conclusión, de que además de sentir un amor ciego a esta persona, también sentía odio por la traición a su amor, ya que también decía “A mi entierro que no venga mi novia ni nadie de su familia”. La nota terminaba “os quiero a todos, y espero que sabréis perdonarme”.

Yo nunca le insinué nada sobre el escrito tan amargo que descubrimos, pero sí que le dije:
-Jorge, si significamos algo en tu vida, y por el amor que te tenemos, libéranos de sufrir más. Hemos perdido a tu hermana y no te queremos perder a ti. Creo que no lo soportaríamos.

Ante esta súplica mía, me contestó:
-Tranquilo, no me quitaré la vida.

Pero su empeoramiento era evidente, y aunque no exteriorizaba su sufrimiento, nosotros sus padres sí que podíamos ver su tristeza, sus ojos le delataban, aunque para nosotros siempre se forzó para que no faltara su sonrisa, su bonita sonrisa.

Para mí, mi hijo ya no vivía en este mundo. Si salía a la calle nuestro sufrimiento no tenía límite, ¿cómo podíamos dormir después de la experiencia que habíamos vivido? Y no era de extrañar que fuéramos llamados del Hospital para avisarnos de que estaba ingresado.

Un día de fin de semana de madrugada, que mi hijo había salido llamó al timbre un policía municipal. Nos avisó de que intentaba suicidarse y que a pesar de ir detrás de él para que desistiera, se les había perdido y no conseguían encontrarlo.

Muy nervioso, me levanté y empecé a buscarlo por el pueblo creyendo que lo podría encontrar, pero desistí ya que no logre de encontrarlo por ninguna parte. Regrese a casa pensando que de nuevo lo habrían ingresado en el Hospital.

Me equivoqué. Encontraron a mi hijo muerto en la vía del tren. Al final había conseguido lo que en un principio se propuso, poner fin a su vida dejándonos a todos en la más completa desolación.

El día veintiséis de marzo del año dos mil dos, dimos sepultura a mi hijo en el Cementerio de Monzón.
De nuevo estoy sin palabras para definir el dolor por la pérdida de un hijo.

Cuando vas por la calle y te encuentras con amigos, hablas con ellos e incluso les sonríes, haciendo ver que estás viviendo ese momento, pero no lo estás, viviendo, porque tu mente está en otro sitio. Esta en el recuerdo de ese hijo que se fue, y que mientras tenga vida no lograré desterrar de mi mente.








Texto agregado el 23-05-2010, y leído por 106 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
2010-06-09 00:29:16 Esto es lo máximo, no se puede aguantar tanto dolor, por amor de Dios!!! MujerDiosa
2010-05-29 19:25:14 Ayyyyyyyyyy sin nada que decir... estoy junto a tu dolor amigo querido mis5* y besos míos para vos NILDA yo_nilda
2010-05-27 23:51:17 Bueno, ¿qué decirte? ¡Qué tragedia amigo y cuánto sufrimiento en tu vida! Espero que pronto, algo bueno llegue a tu vida. Un abrazo SOFIAMA
2010-05-27 22:56:12 un abrazo amigo,nada puedo agregar. shosha
2010-05-27 02:56:53 Ayy amigo que terrible, te compadezco por todo lo que pasaste, que fuerza tenes que tener para soportar todo eso, besitos***** silvimar-
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