Los amigos de Ana
Llegamos a casa de los amigos de Ana, según me manifestó, para ella eran como si fueran hermanos, hacia poco tiempo que habían contraído matrimonio y todavía no tenían hijos, nos estaban esperando, y antes de que tocáramos el timbre ya teníamos la puerta abierta. Según Maribel, que así era como se llamaba, desde la ventana nos vieron venir y se apresuraron para darnos la bienvenida. Después de presentarnos nos invitaron a entrar en casa y tomo Maribel la palabra.
-Bien Ana, veo que sabes elegir, ¿Este mozo es el que te tiene loquita?
-Sí, amiga, nos amamos y nos vamos a casar cuando termine el servicio, de momento vamos a disfrutar nuestro amor con intensidad el mes de permiso que le han dado, os damos las gracias a los dos por habernos ofrecido vuestra casa, pues ya sabéis de nuestra limitación por los perjuicios de los padres hacia sus hijos, ya que tú pasaste por la misma situación.
-Así es, tú ya sabes lo que llegue a pasar con mis padres durante el tiempo que duro mi noviazgo con Roberto, por lo tanto, como mi mejor amiga que eres, tenéis mi casa disponible para que disfrutéis en intimidad vuestro amor, por nuestra parte nosotros no vamos a molestar, ya que durante todo este mes hemos pensado pasarlo en casa de los padres de mi esposo, creo que a su madre le vendrá bien nuestra ayuda, por la minusvalía que padece, pienso que a vosotros también, pues para el trabajo que vais a realizar no necesitáis nuestra ayuda. Te dejo una de las llaves de mi casa, para que cuando salgáis de paseo podáis disfrutar vuestra intimidad, la única condición que os voy a pedir es que seáis discretos en vuestras entradas y salidas, nosotros ya lo teníamos previsto y mi suegra nos está esperando, así que a disfrutar.
Esto era lo que menos esperábamos de los amigos de Ana, una cosa era que nos acogieran en su casa, y otra que la dejara a nuestra disposición. En principio, tratemos de negamos, pero insistieron y terminamos por ceder, la verdad era que lo estábamos deseando porque ardíamos de pasión, antes de que pudiéramos reaccionar, nos dieron un beso y se despidieron de nosotros.
Al final pudimos quedarnos solos. Había soñado y esperado durante muchos meses este encuentro con la mujer que amaba; y lo más significativo para mí que mi amor era correspondido. Sin pensármelo mas la acogí entre mis brazos para echarla sobre la cama, pero desistí de hacerlo cuando muy cariñosamente dijo.
-Cariño, deseo hacer el amor tanto como lo deseas tú, pero antes de empezar debemos tranquilizarnos, ya que todo va a ser muy diferente de cómo lo hicimos en nuestro primer encuentro. Aquí tenemos intimidad y tiempo suficiente para gozarlo, pero será relajados y sin nervios, para ello sería conveniente una ducha y perfumar nuestro cuerpo.
-Como tú digas, mi amor, si no te importa seré yo primero.
-De acuerdo mi vida, mientras te duchas preparo nuestro nidito de amor.
Tal como habíamos quedado me duche yo primero y aproveche el perfume de Roberto para perfumar todo mi cuerpo ya que mi único objetivo era agradar a mi novia.
Después lo haría ella, y mientras se duchaba espere emocionado en la habitación que había preparado. Me imagine, que en cualquier momento iba aparecer por la puerta desnuda como una diosa del amor, porque para mí solo era eso ¡Una Diosa bajada del cielo!
Espere veinte minutos que se me hicieron eternos, ya que no me controlaba y mi nerviosismo aumentaba por momentos. Por fin apareció con su bonita sonrisa que tanto le caracterizaba: lucia un albornoz que al estar entre abierto dejaba al descubierto sus bonitas piernas. Su cuerpo era embriagador y olía a fragancia de rosas, por un momento nos quedamos quietos y callados, porque sobraban las palabras, ya que eran nuestras miradas y nuestras ansias las que hablaban. Por fin balbucee con una voz que delataba mi pasión un…
-¡Hola… mi amor!
Ella, ruborizada y tímidamente, contesto:
-Cariño, ¡me da vergüenza que me veas desnuda! ¿Qué te parece si apagamos la luz?...
-Claro mi amor, se hará lo que tú digas, quiero que te sientas cómoda y relajada, porque vamos hacia el paraíso. Ya en penumbra la habitación, la bese apasionadamente, deje caer su albornoz dejándola completamente desnuda. Después la acogí entre mis brazos y la eché en la cama con suavidad. En esta posición nuestros labios se fundieron por un largo tiempo, saboreando el dulce néctar del amor. Locos de pasión perdimos casi el aliento, separándonos sofocados.
-¡Te amo... Te amo… ¡Amor de mi vida!- repetí una y otra vez.
-¡Y yo a ti, cielo mío!, toma mi cuerpo y gocemos nuestro amor.
Loco de pasión la abrace de nuevo por su cintura, bese sus labios y mordisquee su cuello y orejas. Mi boca buscó sedienta de pasión sus senos. Succione sus pezones hasta conseguir su erección. Ella me correspondía con sus besos y suspiraba de placer, hasta que hoy como decía con voz entrecortada:
-¡Mi amor, estoy muy mojada! No puedo aguantar más, poséeme de una vez y entra dentro de mí. Sin mediar palabra, ya que era lo que deseábamos, se encontraron nuestros sexos, y nuestros cuerpos se estremecieron entre gemidos de pasión. Perdimos el sentido y la noción del tiempo, en un éxtasis tan profundo que no se podría describir con palabras. Exhaustos y abrazados deseamos que nunca acabara nuestra felicidad y quedamos dormidos.
Cuando despertamos miremos el reloj y nos dimos cuenta que aviamos dormido sobre una hora. Todavía era temprano para la hora que teníamos que estar en casa de Ana, así que al disponer de tiempo seguimos haciendo el amor, después nos fuimos a la ducha para duchamos juntos y fue una experiencia nueva para nosotros, ya que lo volvimos hacer. Fue una tarde inolvidable y los dos terminamos exhaustos.
Tuvimos en cuenta las advertencias de Inés, y un poco antes de la hora indicada para el regreso ya estábamos de vuelta en casa. Esta preguntó a su hija que si me había enseñado toda la ciudad y como es natural no le quedo otra alternativa que mentir, que me había enseñado una parte, pero que todavía había quedado una parte para el día siguiente. Al mismo tiempo, nos miramos a los ojos como sintiéndonos un poco culpables por haber traicionado la confianza que deposito en nosotros.
Durante el mes de permiso, y gracias a los amigos de mi novia, pudimos disfrutar en toda su intensidad nuestro idilio de amor, pero no quiero ni pensar lo que habría pasado si sus padres hubieran descubierto nuestro juego. Al final llegó lo más triste para los dos, aquel tiempo se nos hizo muy corto y llego el momento de mi partida hacia el acuartelamiento de Málaga. Pero antes de emprender mi viaje, di las gracias a sus padres por mí acogida en su casa, y por su cariño hacia mí. En cuanto a mi novia, que fue la que me acompaño al barco para despedirme, le prometí que de inmediato empezaría mis gestiones para mi traslado a Melilla y poder estar juntos lo que me quedaba del servicio militar. También le hice saber toda la historia de mi vida, e incluso la manipulación por parte de Rosa y de Diego para que fuera yo el que les diera la hija que ellos no pudieron concebir. Ana me agradeció mi sinceridad y me dijo que mi pasado no lo tendría en cuenta para nada, que solo le importaba que nos amáramos y que nuestras vidas empezaban a partir del día que me conoció. La verdad que sus palabras fueron tranquilizadoras para mí, ya que en un principio temí su reacción cuando se enterara que tenía una hija, aunque sin culpa por mi parte, ya que fue objeto de manipulación.
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