Frases hechas.
Es Don Agenor Lococo un buen vecino del pueblo. Hombre probo y criterioso, estimado por todo el mundo.
Sin embargo, la mala suerte se ha encaprichado en hacerle la existencia, a cada paso, dolorosa en carne propia.
Cuando dejó la conscripción, allá por el año 60, una mala tarde cruzaba distraído una avenida y un camión lo atropelló, por lo que le amputaron una pierna.
Poco tiempo después cayó por la borda de un buque, en ocasión de un crucero por el Caribe. Un tiburón al acecho lo atacó, quitándole un brazo.
Años más tarde, pasando por una feria donde festejaban con pirotecnia, una cañita voladora le dio en un ojo, reventándole el mismo.
El mismo día que salía del hospital, ya recuperado, al subir a un automóvil le aplastaron una mano con la bisagra de una puerta, con tal fuerza que le dejaron sin cuatro dedos.
Durante el verano siguiente, hallándose en su casa jugando con el perro, sufrió en la oreja un mordisco del pichicho que, superada la infección posterior, le costó la pérdida del pabellón.
Pese a todo, Don Agenor no ha perdido las fuerzas ni ganas de vivir y allí lo tenemos, dando pelea ante otros candidatos para ser electo intendente de su pueblo.
Que goce del respeto popular me parece justo.
¿Pero que lo anuncien en los afiches publicitarios como un hombre modelo de integridad? Creo que es demasiado.
|