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Inicio / Cuenteros Locales / Azel / El Cazador De Brujas

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El Cazador de brujas*



La maldición la conocían pocos. Solo el viejo abuelo de los Tarzo y la vieja partera, los demás estaban muertos. Pero era un hecho, se estaba cumpliendo. En el pueblo las cosas no estaban bien. De pronto empezaron aparecer cosas raras, a suceder cosas extrañas.

Los hijos de la Sra. Senaida, habían desaparecidos misteriosamente y el alcalde y los policías del pueblo no daban con el paradero. Desde ahí se sospecha de algo tenebroso, pero la gran mayoría evitaba el tema. Las noches empezaron hacer largas y por las mañanas una densa neblina cubría todo el pueblo casi hasta el medio día. El terror inundo el pueblo y ya no hubo duda cuando cinco gatos aparecieron degollados en la plaza principal. Su sangre estaba por todos lados, con signos y dibujos raros. Fue algo espeluznante. Ese día el padre llegó temprano, apenas le dieron la noticia. Limpió con agua bendita el lugar y por la tarde oficio misa ahí mismo frente a todo el pueblo.

Desgraciadamente, aun faltaban cosas por suceder. El martes siguiente uno de los hijos de don Martín murió cerca de su rancho. El joven era buen jinete, no se explicaba la gente como había podido caerse en pleno arroyo. Parecía que había caído entre las patas del animal y este lo había aplastado bestialmente dejándolo deforme. La relación era inevitable y pronto la gente dio por hecho la versión de la partera acerca de que le pueblo estaba embrujado y que era necesario exorcizarlo.

El pueblo había sido edificado sobre un viejo caserío de brujas, hace mucho tiempo, y cada cien años venían a reclamar sus tierras. En aquel entonces fue necesario traer a uno de los cazadores de brujas más poderosos de aquel tiempo. La compañía minera que traía el proyecto de reactivar una de las minas olvidadas en la sierra, tuvo que hacerlo después de que casi se iba a la quiebra por la muerte de los mineros y su familia. Ahora, tanto tiempo después la maldición parecía estar viva como el primer día. El sábado una comitiva se reunió con el alcalde, le explicaron a detalle la versión de la partera, y exigieron la presencia del cazador. Confundido el alcalde no supo que decir, envío un mensajero a la capital y prometió dar respuesta pronto. Eso fue lo último que dijo. El domingo amaneció colgado.

Ya no hubo dudas, el ambiente se enrareció. El padre empezó a oficiar misa todos los días, algunos de los negocios de la calle principal cerraron y por la noche nadie salía. Por la madrugada se veían sombras pasar de un lado a otro, el aullar de los coyotes se hizo más intenso y los perros se la pasaban ladrando. El pueblo se empezó a quedar vacío. Algunos empezaron a optar por abandonarlo, y los que se quedaban no salían de sus casas. Sin ninguna explicación el maestro desapareció y los niños dejaron de ir a la escuela.

Entonces sucedió. Apareció después de medio día. Vestía todo de negro, era una persona muy baja de estatura, sobresalía de entre toda la gente por el color de su piel, un tono blanco que le daba un aspecto cadavérico. Caminó por la calle central y se detuvo frente a la Iglesia, hizo una extraña reverencia y entró. Adentro parecía que lo esperaban, pues el Párroco estaba ahí desde muy temprano, contrario a su costumbre. Los que vieron dicen que el cura y él se encerraron en una de las oficinas, casi cuatro horas. Que se escuchaba como discutían airadamente hasta que de pronto la puerta se abrió de golpe y Yñu, así se llamaba el cazador, cayó al piso. Y sin que tuviera oportunidad, el padre lo levantó y apunta de patadas lo sacó a la calle. Yñu, se levantó y se regresó por donde vino.

Por la tarde, el padre dijo muy serio al final de misa, que debíamos de estar unidos para poder superar estos momentos difíciles y que nos alejáramos de desconocidos. No mencionó el incidente de la tarde y apenas terminó la misa se retiró a su casa. La gente sabía lo que había pasado pero nadie quiso saber más, al salir todo mundo se fue a descansar, aun que eso sería lo último que pasaría esa noche. Se respiraba un aire de muerte, como si hubiera un velorio. La noche fue muy larga, hubo mucho ruido, gritos, aullidos. Se escuchaban voces de mujeres, niños llorando, como si estuviéramos en el mismísimo infierno. Nadie salía de sus casas ni se asomaba por las ventanas. El cielo se lleno de nubes y extrañas figuras pasaban de un lado a otro. Los corrales estuvieron inquietos todo le tiempo, los animales no paraban de hacer ruido, como si sintieran o presintieran algo.


Cuando al fin amaneció la gente no salió de sus casas, permanecieron encerrados buena parte del día. Los que por alguna razón se animaron hacerlo, se espantaron y regresaron horrorizados a sus casas. En la plaza central del pueblo había tres cuerpos colgados sobre al estructura del kiosco. Su aspecto era horroroso, vestían ropas viejas y rotas, el pelo largo y cano, y la cara totalmente deforme. Nadie en el pueblo las conocía. Pero no había duda, eran brujas. El padre recogió los cuerpos y ese mismo día en la tarde supuestamente las enterraron. La gente sólo vio entrar los cuerpos a la Iglesia, pero no salir. Había mucho hermétismo, el párroco se volvió hosco y evitaba hablar del tema.

Fuera de eso, vinieron unos días de tranquilidad, parecía que eso de la maldición estaba pasando y las cosas se empezaban a componer un poco. Las noches volvieron hacer tranquilas. Pero solo fue un descanso. Un mes más tarde, el pueblo amaneció llenó de sapos. Miles de animales verdes y de un aspecto grotesco y diabólico se esparcieron como una plaga por todos los lugares. Fue algo espantoso, terriblemente asqueroso y repugnante. Estaban en todos lados y no dejaban hacer nada. La presidencia convocó a una reunión extraordinaria en la plaza. Aun que no teníamos alcalde, se había formado un comité y junto con el padre darían una explicación de qué estaba sucediendo y las medidas qué se iban a tomar.

Pero nada de eso sucedió. Apenas se reunieron unas decenas de personas alrededor de la plazuela. Cuando aparecieron unas personas gritando que la Iglesia se estaba quemando. Toda la gente se fue corriendo, empezaron a buscar cubetas para combatir el incendio, mientras que este crecía enormidades en segundos. Pronto todo el pueblo estuvo ahí, el fuego era intenso y parecía una lucha interminable. El padre se miraba abatido, pero también lleno de furia, su aspecto cambio radicalmente y dejo de ser el padre amable y condescendiente que siempre había sido. Las llamas en sus ojos el daban un extraño aspecto.

Lo increíble vino después. Cuando el fuego casi había consumido en su totalidad el templo apareció de entre las llamas Yñu, lucía visiblemente agitado, como si acabara de pelear con alguien. Sus ropas estaban casi desechas, tenía el pecho y los brazos totalmente arañados. Todos nos quedamos petrificados al verlo. No había explicación alguna que le diera sentido a esa escena, como alguien podía sobrevivir a ese calor intenso y salir con vida, de pie, caminando. No faltó quien le arrojara agua pero el ni si inmutó. Se abrió paso entre la gente, camina como endemoniado, la gente asustada se hacia un lado.

Entonces llegó a donde estaba el viejo párroco. Cruzaron la mirada un par de segundos y el padre se empezó a elevar. Los pies se desprendieron del piso y se elevó a unos dos metros de altura. Sus ojos chispeaban y no deja de pronunciar palabras raras, como si fueran rezos satánicos. La cara se le deformó, y un extraño líquido le empezó a salir de la boca. Yñu se hincó sobre la tierra en una sola rodilla. Aún se miraba cansado. Tomó un amuleto que llevaba en el cuello y lo besó. Eso pareció molestar al sacerdote que después de lanzar un terrible alarido se abalanzo sobre él. La embestida fue muy fuerte, bestial, lo azotó contra los restos de la iglesia. Todas las personas ahí reunidas estaban confundidas y llenas de horror, la mayoría había corrido en busca en refugio y los pocos que observaban la pelea estaban paralizados por el miedo. El padre azotaba bestialmente al cazador (que no atinaba ningún golpe). Era una lucha dispareja, el viejo párroco se había convertido una bestia diabólica. Cuando todo parecía ser que sería el fin del extraño hombre, este logró meter los pies en una embestida del padre, lo arrojó al fuego. El sacerdote cayó descompuesto y rodó entre las brazas. Soltó un alarido que aterrorizó aún más a todos. Entonces Yñu sacando fuerzas de flaqueza, se levantó y tomó una viga, y cómo si fuera un bate lo empezó a golpear en la cabeza., mientras repetía insistentemente una rara oración. Los golpes sonaban secos, mientras que el sacerdote daba unos espantosos alaridos. No sabía si taparse los oídos o cubrirse de los tablazos. Hasta que uno de tantos le abrió la cabeza y un montón de cucarachas y sangre le brotaron de la cabeza. Fue una escena espantosa, horrible y horrorosa.

El cazador quedó tendido sobre el piso y uno de los presentes lo levantó. Lo sentó en una de las piedras y le dio agua. Cuando al fin se repuso pidió que le echaran un cubetazo de agua fría. La gente ya había salido de sus escondites y pronto una muchedumbre lo rodeaba. La partera apareció entre la gente y se le acercó. Él pareció reconocerla y le sonrió. Ella le dio un abrazo. Yñu le dijo algo a la comadrona, y esta pidió a no de los hombres que buscaran entre los escombros de la Iglesia un morral. Un momento después alguien se lo entregó. El cazador sacó unas cosas de la bolsa y se lo dio a vieja mujer, se puso de pie y empezó a caminar por la calle principal, por donde había llegando, mientras le decía a la anciana: nos vemos en cien años, otra vez.



FIN



* Es una alegría enorme encontrar este cuento, mucho tiempo lo creí perdido, es de mis favoritos. Extraño también El Caballo Negro, otro que perdí y que es similar a este.







Texto agregado el 01-11-2011, y leído por 242 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2014-03-09 04:23:45 Que bien que no lo hayas perdido, gracias por compartirlo, EXELENTE. luzdc
2014-03-09 04:19:34 Por demas espectacular, envolvente, como siempre, me facino, mis ***** luzdc
2011-11-03 02:51:46 Muy bueno!! godiva
2011-11-03 01:48:47 Valió la pena encontrarlo , muy bueno =D mis cariños dulce-quimera
2011-11-03 00:38:33 Muy bueno. Muchas gracias. lukrecia
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