Dijeron tu nombre en la radio y después llegó tu voz. Eras vos. No había duda. El locutor te presentó como la actriz protagonista de un cortometraje nominado a no sé qué premio europeo. En cierto modo, no me sorprendió. Siempre supe que acabarías cumpliendo ese sueño.
Cuando estábamos juntos, ya apuntabas maneras en aquella escuela de teatro. Yo siempre te animaba a continuar: eras buena, tenías futuro. Para ayudarte a ensayar el texto, yo hacía de público (me ponía un bigote postizo) mientras vos interpretabas. ¿Te acordás aquella escena de la cajera transexual del supermercado? ¿o el de la monja embarazada?
Al final yo te aplaudía, luego vos para agradecerme me abrazabas fuerte y yo te apartaba. Me quitabas el bigote y me decías que no sea payaso.
No me sorprendió, como digo, que varios años después te escuchara aparecer en la radio. En esos instantes yo me encontraba conduciendo mi auto por calle Italia y, de súbito, tu voz comenzó a evocarme decenas de recuerdos como flashes sorprendentemente nítidos. De hecho, tal vez siguiendo el hilo del recuerdo, cuando quise darme cuenta, ya me había dirigido a las inmediaciones de la Bolsa de Comercio.
Acabó tu intervención y en los minutos siguientes anunciaban una caída bursatil a nivel mundial. Me fui imposible evitar pensar que a vos, la que eligió el camino dificil, poco convencional y le fue tan duro en su momento, la vida por sí sola fue encaminando las cosas, recompensándote los malos momentos.
Me fue imposible evitar compararlo con aquella elección errada de mi parte a los 18 años, siguiendo el camino fácil del dinero y como la vida me lo fue complicando o en lo que me terminé convirtiendo.
Traté de pensar en otras cosas y me entró curiosidad por saber, aunque sea de lejos, cómo te había sentado el paso de los años. ..
Me detuve en un semáforo, respiré hondo, y antes que el semáforo diera luz verde...me coloqué el bigote postizo que llevaba en la guantera...
|