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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / LA MUJER QUESO (UNA ASESINA SERIAL) (1° parte)

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Era de noche en la ciudad y poca gente transitaba por las calles del centro. Un joven taxista, de nombre Diego, estaba ya finalizando su jornada laboral cuando una mujer, muy bella, joven y elegantemente vestida, lo paró. Diego ya estaba cansado y quizás si era otra persona hubiera seguido de largo, pero la chica era irresistible.“Buenas noches. Te comentó que tengo que ir a varios lugares” le dijo la chica a Diego “pero no te preocupes, voy a pagarte el doble de lo que marque el reloj”. A Diego el pedido le causo cierta desconfianza pero el cliente siempre la razón. “Vamos primero a la calle Libertad al 300, después a San Isidro” dijo la chica.
El taxi se detuvo frente a un edificio de oficinas y la mujer, tras bajar del taxi, ingreso al mismo. Unos pisos arriba, un joven alto y rubio, llamado Martín Palermo, estaba saliendo de su oficina y quizás era la última persona que quedaba en el lugar. Cerraba la puerta cuando escuchó como el ascensor se detuvo en ese piso, la puerta se abrió y descendió la chica. Era muy bella, de unos veintitantos años, bastante alta, muy bien vestida con un saco, blusa, pollera y zapatos todo de color rojo. Lo que no era de color rojo, sino negro, era el par de guantes que llevaba en sus manos. También negra era la cartera que sostenía con esos guantes. Martín creyó reconocer a la chica que dijo: “Buenas noches”.
El joven, algo asustado, pronunció el nombre de la mujer. “¡Carla! ¿Qué haces acá?”. “¿Es que acaso creíste que te ibas a librar tan fácilmente de mí. Me traicionaste con esa venta de droga que íbamos a hacer, te quedaste con toda la plata y encima me mandaste a la cárcel. Te aseguró que ya no vas a traicionar a más nadie” le contestó Carla. Mientras decía esto la chica abrió la cartera y extrajo un revolver. Era una pistola calibre cuarenta y cinco con silenciador. Para ser más exactos, un modelo USP. La chica apuntó hacia Martín. “Lo siento Martín, jamás hubiera querido realizar esto, pero no me diste opción. Me traicionaste, me mandaste a la cárcel, ahora lo vas a pagar” le dijo Carla a Martín, que totalmente aterrorizado, atinó a balbucear “Puedo explicarte todo. Puedo darte un buen dinero”. “Te voy a asesinar” fue la fría respuesta de Carla. “¡No Carla, no me matés!” gritó con expresión de terror el muchacho, pero la joven ya estaba decidida y disparó el primer tiro, que impactó en el pecho de Martín.Un segundo tiro dio directamente en la cabeza, y el tercero en el ojo derecho. Martín ya estaba tendido en el piso, y la chica disparó tres tiros más, hasta totalizar seis. La asesina ya había finalizado la tarea. La chica estaba más que satisfecha, y una morbosa sensación de placer la había invadido.Carla, entonces, extrajó de su cartera un pequeño Queso de forma esférica, un Mini-Fymbo, con cáscara roja, y lo tiró sobre el cuerpo de Martín. Comenzó a abandonar el pasillo en forma silenciosa. Sin embargo, cuando ya estaba fuera, volvió a entrar. La asesina se acercó al cadáver de su víctima, y le sacó los zapatos y las medias. Quería un recuerdo de su víctima. Así fue asesinado Martín Palermo.
La asesina se subió al taxi y le indicó a Diego su próximo destino. El joven taxista jamás imaginó que tenía como pasajera a una fría, implacable y sanguinaria asesina, capaz de ejecutar a cualquier hombre sin contemplación alguna. Mientras se dirigía a su nuevo destino, la asesina iba pensando “Ellos me traicionaron, me mandaron a la cárcel, Martín ya lo pagó, ahora le toca a Gonzalo”. Se trataba de Gonzalo Quesada, un jugador de rugby, de contextura robusta, que medía más de un metro ochenta y calzaba un número cuarenta y cuatro.El viaje fue largo, pero llegaron, era un lugar de la zona norte del Conurbano, antes de bajarse del auto, la asesina le comentó a Diego: “No voy a tardar mucho, espérame, acordarte te voy a pagar el doble”.La asesina comenzó a acercarse hacia la casa, y cuidándose de que el taxista no la viera, sacó el arma de su cartera, y la cargó con seis balas nuevas. En los días previos se había encargado de conseguir una llave, por eso no tuvo problemas en ingresar al lugar.Quesada se estaba bañando, tras un duro entrenamiento de rugby, y por el ruido de la ducha, no escuchó ruido alguno. La asesina comenzó a dirigirse hacia el baño con el revolver cuarenta y cinco con silenciador. Abrió la puerta del baño e ingreso al mismo. Gonzalo se dio cuenta que alguien había entrado y corrió la cortina de la ducha. Pero la asesina no le dio tiempo de reaccionar y disparó el primer balazo, que impactó en el pecho de Quesada. Un segundo disparo fue directamente al cuello, y un tercero en la cabeza. El cuerpo de Quesada cayó en la ducha y comenzó a sumergirse en un auténtico baño de sangre. La asesina disparó otros tres balazos más, que impactaron en el tórax del muchacho. Carla cerró el grifo de la ducha, a la vez que el cadáver de Gonzalo Quesada quedó en la bañera.
Antes de abandonar la escena del crimen, tomó las piernas del muchacho y puso los pies por fuera de la bañera, dejando el resto del cadáver sumergido en sangre. Como había hecho con Martín Palermo, arrojó un pequeño Queso de forma esférica y cáscara roja, un Miny-Fimbo, sobre el cadáver de su víctima y además se llevó de recuerdo un par de zapatos y medias de su víctimas. Solo después de cumplir con esto, la asesina abandonó el lugar donde había cometido su segundo crimen. Así fue asesinado Gonzalo Quesada.
La asesina regresó al taxi. Diego nada había visto ni oído, pues Carla había usado un silenciador para ejecutar tanto a Martín Palermo como a Gonzalo Quesada. El taxista, sin embargo, percibía que algo raro ocurría aunque trataba de disimular el temor que sentía. Le preguntó a la chica cual sería el próximo destino. “Vamos por acá, seguí derecho, yo te indicó”. Transitaron algunas cuadras, sin que Diego se diera cuenta, la asesina cargó más balas en el revolver. Por fin, al alcanzar una bifurcación, Carla le dijo a Diego: “Hasta acá llegamos, ¿Cuánto te debo?”. El taxista, conteniéndose el aliento y sin pronunciar palabra alguna le señaló el reloj. “Muy bien” contestó Carla, que con una notable frialdad, sacó el revolver con silenciador, apuntó hacia la nuca de Diego, y le disparó un balazo de espalda que impactó en la cabeza del joven. El taxista quedó muerto de inmediato apoyando la cabeza sobre el vidrio de adelante del auto. La asesina repitió lo mismo que había hecho con Palermo y Quesada, y puso sobre el cadáver del taxista otro Queso Mini-Fymbo, a la vez que se llevó los zapatos y medias de su víctima. Carla se retiraba del lugar del crimen, cuando se dio cuenta que acababa de asesinar a un hombre del que no sabía el nombre. Leyó entonces la ficha de inscripción del taxista: “Diego Reinhold” decía. “Pobre Diego, pensó la asesina, sos una víctima colateral, estabas en el lugar y tiempo equivocado, lo siento, pero víctimas inocentes suele haber en todos lados”.Mucho se habló de los tres crímenes ocurridos en esa misma noche. Por el testimonio de algunos testigos que hablaban de una “extraña” y “misteriosa” mujer, los medios empezaron a hablar de los asesinatos de “La Mujer Queso”, por los Quesos que aparecieron sobre los cadáveres de los tres hombres asesinados.

Esta historia continuará en "LA MUJER QUESO" (2° parte)

Esta es una historia de ficción donde se relatan hechos totalmente fantasiosos que jamás ocurrieron ni ocurrirán, cualquier similitud o semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Texto agregado el 28-10-2012, y leído por 74 visitantes. (1 voto)


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