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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / LA MUJER QUESO (UNA ASESINA SERIAL) (2° parte)

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2° parte de la saga criminal de la "MUJER QUESO" (Una asesina serial de hombres)

Resumen: una asesina serial conocida como "la Mujer Queso" asesinó a tres hombres en una misma noche

La torpeza de la policía impidió que los crímenes se esclarecieran. Carla se mudó a un barrio muy lejano y distinto del que vivía, se cambió el color de su cabello y empezó a tener un nuevo empleo. Si bien fue la venganza lo que había motivado a Carla a cometer dos de los tres crímenes que llevaba en su haber, poseía un instinto criminal latente y el deseo de asesinar a un hombre se le volvió a presentar algún tiempo después. Pasaron unos meses, casi un año, cuando Carla conoció a un joven modelo llamado Mario Guerci.
Era un joven alto, muy guapo, de cabello rubio, que formaba parte del staff de una agencia de modelos. Era un modelo, de conformación muy atlética, pues al parecer había sido representante olímpico. Un lindo chico, de unos veintitantos años, cerca de los treinta. Guerci era uno de esos hombres con el que todas las chicas quieren salir. El hombre con quien cualquier mujer desearía tener sexo, y seguramente deseado también por muchos gays.
No tenía motivos para odiar a Guerci, pero deseaba asesinarlo y soñaba con hacerlo. El joven era fácilmente seducible y una noche Carla logró que Mario la invitara a su departamento. Concurrió a la cita con la misma ropa y la misma arma que usó la noche en que asesinó a Martín Palermo y a Gonzalo Quesada. El joven se imaginaba una buena cena, disfrutar después de una copas y de la música, y finalmente tener sexo con Carla. Muchas chicas desfilaban por su departamento. Sobre una mesa muy bien servida había una bandeja con un gran trozo de Queso Gruyere. Mario estaba sentado sobre la mesa y le daba la espalda a la chica.Carla se dio cuenta que era el momento para asesinarlo y entonces se puso nuevamente los guantes negros y se dirigió hacia la habitación para buscar la cartera y sacar el revolver. Pero mientras estaba yendo Carla pasó por la cocina y detuvo su vista en un enorme, largo y filoso cuchillo que estaba sobre la mesa. Carla lo tomó, y dio media vuelta, dirigiéndose hacia donde estaba Mario.
Le dijo entonces “Mario, aca tengo el cuchillo para cortar el Queso”. El joven, estaba despreocupado cuando Carla llegó justo atrás de Mario, agarró bien fuerte el cuchillo con la mano derecha, lo alzó y descargó un golpe seco sobre la nuca del joven. El cuchillo entonces le atravesó el cuello al muchacho desde atrás, con la cabeza tendida sobre la mesa, quedando muerto de inmediato.
La asesina repitió lo que había hecho con sus tres víctimas anteriores y le sacó los zapatos y las medias al cadáver de Mario, dejando el cuerpo desnudo. Era un par de zapatos bastante grande, pues Guerci calzaba cuarenta y cuatro. La chica fue apagando las luces y abandonó el departamento, satisfecha y llena de placer con el crimen que acababa de cometer. Así fue asesinado Mario Guerci.
Muchos testigos manifestaron ver salir a una misteriosa y bella mujer del departamento de Mario Guerci, alimentándose así la leyenda de “La Mujer Queso”, la asesina serial de hombres que estaba sembrando de cadáveres la ciudad. Carla decidió dejar unos meses para volver a actuar. Cuando vio a Iván de Pineda, un empleado de una multinacional un joven alto, muy flaco, bastante feo, y con dos grandes pies decidió que debía ser su próxima víctima, “el quinto hombre”.
En su departamento, la asesina tenía una extraña colección de zapatos y medias. Eran los zapatos y las medias de sus víctimas, Martín Palermo, Gonzalo Quesada, Diego Reinhold y Mario Guerci. Al lado de cada uno de estos trofeos, la asesina había puesto un cartelito con una foto de cada una de sus víctimas, y una inscripción con el nombre de cada uno de ellos.
Así fue como una noche como cualquier otra, Iván salía de la oficina y mientras se dirigía hacia su auto, en el estacionamiento, empezó a percibir que una figura femenina lo estaba siguiendo. Iván se dio vuelta y tuvo frente a él a la asesina, que muy bien vestida, siempre de rojo, con los guantes negros, lo estaba apuntando con un arma. Era una ametralladora con silenciador del modelo Ingram. El joven quedó estupefacto al contemplar a “la Mujer Queso”. Nada pudo decir, se limitó a escuchar las palabras de la asesina que le dijo: “Subí a este auto, Iván, quédate quieto y silencioso”.
El muchacho obedeció a la asesina, y se subió a un auto. La asesina le vendó los ojos y le ató las manos. “No trates de escaparte o te asesino” fue la advertencia de “la Mujer Queso”. La asesina condujo el auto hasta un lugar bastante alejado y paró tras llegar a un lugar donde no había nada ni nadie. La asesina hizo entonces bajar a Iván del auto, le desató las manos y le dio un Queso esférico de cascara roja. Iván sostuvo el Queso en sus manos, y la asesina le desató la venda en sus ojos. Iván contempló entonces como la chica le apuntaba la ametralladora con silenciador modelo Ingram.
“Lo siento Iván, pero soy una asesina serial de hombres, me llaman “la Mujer Queso”, vas a ser mi próxima víctima, la quinta” dijo entonces la asesina y al acabar de pronunciar esa frase lo llenó de balazos al muchacho. Fueron muchos disparos. Pineda quedó muerto y la asesina no se retiró del lugar hasta llevarse el trofeo que buscaba, los zapatos y las medias de su víctima.
Meses después Carla se fijó en un jugador de rugby, de unos treinta años, muy alto y robusto llamado Ignacio Corleto.
Era muy atractivo para las mujeres y todas las chicas que lo conocían soñaban con tener sexo con él. Aunque estaba dotado de un bello rostro y de un físico impecable, Corleto estaba convencido que su principal arma seductora era su “olor a hombre”. Sí, Ignacio tenía un “olor a hombre” en todo el cuerpo, principalmente en los pies, que estaban siempre sudados.
No fue difícil para Carla lograr que la llevara a su cama. Ignacio, totalmente desnudo, la esperaba para tener sexo cuando vio como la chica comenzó a acercarse lentamente, parecía esconder algo con sus manos.“¿Qué tenes ahí atrás” preguntó intrigado el joven. “¡Un cuchillo! “ gritó Carla.Sosteniendo el cuchillo con su mano derecha, la chica se tiró encima de Ignacio. Dotada de una extraordinaria fuerza, y de una indescriptible furia criminal e instinto asesino, Carla comenzó a apuñalarlo una y otra vez, dándole heridas en todo el cuerpo, unas treinta o cuarenta. Tras completar su sangrienta tarea, la asesina se retiró del lugar llevándose un par de zapatos de su víctima. Como siempre en los crímenes de “La Mujer Queso”, un enorme trozo de Queso Gruyere yacía sobre la víctima.
Eso de tirar un Queso no era una idea nada original, pues Carla había escuchado sobre unos misteriosos asesinos seriales de mujeres (los “Quesones”) que solían arrojar Quesos a sus víctimas. Carla razonó que si había asesinos de mujeres que usaban ese patrón, era lógico que también hubiera una asesina de hombres que usara la misma metodología. La otra característica fundamental de “la Mujer Queso” era que solía llevarse como trofeo los zapatos y medias de cada una de sus víctimas, todos eran de talles más bien grandes.

Esta historia continuará en "LA MUJER QUESO" (3° parte)

Esta es una historia de ficción donde se relatan hechos totalmente fantasiosos que jamás ocurrieron ni ocurrirán, cualquier similitud o semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Texto agregado el 28-10-2012, y leído por 92 visitantes. (1 voto)


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