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Inicio / Cuenteros Locales / SOFIAMA / UN VIAJE ESPECIAL

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Esta historia se la dedico con profundo amor a mi amiga-hermana, MujerDiosa

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Amanda era una chica canadiense de veintidós años y por un tiempo fue a vivir a la ciudad de Fez, en Marruecos, ya que seguiría estudios de especialización relacionados con la evolución regional e internacional de la sociedad marroquí. Además del inglés y el francés hablaba árabe porque sus padres, que eran de origen marroquí, contrataron profesores para que le enseñaran ese idioma como a una nativa de esa región y para que aprendiera la historia del país de sus ancestros, sobre todo, de la ciudad de Fez.

El primer día de clases, en la Universidad de Al-Qarawiyin, entró a su salón. Las sillas y las mesas de los estudiantes estaban colocadas de forma que hacían un rectángulo. Echó una ojeada buscando un asiento lo más cercano posible al sitio que ocuparía el profesor. Nunca le había gustado sentarse muy distante de los docentes. Mientras procuraba donde acomodarse, notó que casi todos los estudiantes eran extranjeros ya que su forma de vestir no era como la de los nativos de ese país, y pensó que como ella, tal vez podrían tener ascendencia árabe.

Poco a poco, Amanda se familiarizaba con sus compañeros de estudio. Formó un grupo que salía todas las tardes, después de clases, a conocer los sitios emblemáticos de la ciudad, y ella, muchas veces, servía de traductora de lo que la gente decía en las calles, en las tiendas, en los sitios históricos o les explicaba asuntos concernientes a los lugares visitados.

Las clases se desarrollaban normalmente, pero Amanda percibía que uno de los estudiantes que ella asumía mucho mayor que ella, por su aspecto físico, y que se sentaba distante de ella, asomaba la cabeza y la contemplaba. Al principio se hacía la desentendida, pero la persistencia del hombre fue más fuerte que su resistencia, y terminó también sacando su cabeza para ver si el hombre la seguía observando. Así, transcurrieron varios días hasta que finalmente pudieron conversar y, de a poco, ya el contemplador de su rostro tenía nombre: se llamaba Marcos; sus padres, asimismo, eran de origen marroquí. Al cabo de un tiempo pasaban más horas hablando de las que ella tenía consciencia y, sin proponérselos, la curiosidad de ambos pasó a la atracción, y ésta se convirtió en un amor tan profundo que para evitar la catástrofe que se avecinaba ya que Marcos era casado, y su esposa estudiaba en otra Facultad de la misma universidad, ambos acordaron que para no destruir su matrimonio, nunca pasaría nada entre ellos.

Amanda, mujer al fin, sabía que no iba a ser fácil cumplir esa promesa y le suplicó a Marcos que los dos hablaran con la esposa de éste para que ella estuviera al tanto del asunto y nunca les permitiera salir solos. El pedimento de Amanda a Camila, la esposa de Marcos, fue tan sincero y tan profundamente doloroso que los tres terminaron llorando abrazados mientras los corazones de Amanda y Marcos se debatían entre la angustia, el deseo, la pasión y el amor prohibido.

Amanda volvió a su grupo de antes. Ella y Marcos sólo hablaban cuando tenían que interactuar en asuntos relacionados con los estudios. Se alejaron por completo y cuando coincidían en eventos de la universidad, ninguno de los dos se acercaba al otro. Nunca sucedió nada entre ellos, cumplieron la promesa hecha a Camila, a pesar de que el amor de ellos llegaba hasta la médula y sufrieron horrores por un sentimiento no consumado. Las clases terminaron y cada uno volvió a su país: ella a Canadá, y él a Francia. Nunca se escribieron y perdieron todo contacto. Amanda continuó su vida y dio por sentado que Marcos ya se había olvidado de ella.

Transcurridos veintitrés años de ese sentimiento, una noche Amanda despertó asustada. Había soñado que Marcos y ella se encontraban otra vez en la ciudad de Fez, que él la abrazaba y ella correspondía a ese abrazo; sintió, mientras soñaba, el mismo amor que la había invadido cuando se enamoraron. El sueño era tan real que tuvo que hacer un gran esfuerzo para darse cuenta de que era sólo eso, un sueño.

Dos días después de ese evento, Amanda recibió un e-mail de Camila donde le explicaba que había conseguido su dirección electrónica a través de uno de sus antiguos compañeros de estudios. Camila también le informaba que Marcos había muerto hacía dos días. La hora de la muerte de Marco, en Francia, coincidía con la hora del sueño de Amanda en Canadá. Ella supo, entonces, que Marcos había hecho un viaje especial sólo para despedirse de ella.

Texto agregado el 02-08-2013, y leído por 793 visitantes. (43 votos)


Lectores Opinan
2014-01-20 01:08:46 Buena historia, intensa, dolorosa. Explorar la realidad es a veces un espacio para la fantasia. Asi sucedió. margrave
2013-09-15 18:48:34 Sofi...que buena historia!!!yo quiero creer que quizas...pasado el tiempo...hubieran...bueno ,eso seria otra historia y esta que escribes es ejemplo de una narrativa muy buena.Un abrazo amiga!! ana_blaum
2013-09-15 18:48:11 Sofi...que buena historia!!!yo quiero creer que quizas...pasado el tiempo...hubieran...bueno ,eso seria otra historia y esta que escribes es ejemplo de una narrativa muy buena.Un abrazo amiga!! ana_blaum
2013-09-14 01:31:01 ...bom texto, parabéns querida. naves
2013-09-08 23:59:47 Lo había leído pero me volvió a emocionar, al leerlo nuevamente. tequendama
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