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Inicio / Cuenteros Locales / Pierre-Alain / Lorem Ipsum o la cougar asesina

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(No hay quien ame el dolor en sí ni lo busque ni lo quiera por lo que es...)

Cícero, De Finibus Bonorum et Malorum (Liber Primus, 32)

Preámbulo

En la Nacional 137 Nantes-Rennes, antes de Nozay, una inscripción con pintura blanca en el tablero de un puente intriga al viajero. Podría ser una pintada reivindicatoria, pero parece latín. En realidad, se trata de un texto de relleno (todos los grafistas saben de qué estoy hablando, en cuanto a los demás, vean (1), obra ilegal, llena de humor y sin firmar de un artista plástico nantés, Blaise Parmentier(2). Es el origen del título de este cuento.

I

Dolores salió del cuarto. En la cama deshecha, entre las arrugadas sábanas, un joven recostado bocabajo, con las nalgas al aire, parecía descansar con sosiego. Ella le echó una última mirada, conocedora y algo húmeda. Vamos, ya no era hora de efusiones ni desahogos. Habían tenido todo el tiempo del mundo para eso.

Hoy era otro día. Y esta noche, o mañana o más tarde, a su antojo, sucumbiría en otros brazos. Al menos, eso parecería.

En el vestíbulo, apretó el cinturón del impermeable, alzó el cuello de la prenda y ajustó el sombrero al tuntún. No quería que la luz despertase a quienquiera. A tientos en la oscuridad, encontraron sus manos los esparpines Pigalle, abandonados ahí mismo la noche anterior.

Descorriendo el pestillo de la cerradura, hizo girar a medias los goznes de la pesada puerta de roble ; gimieron éstos un poco, sacándole una mueca de insatisfacción. En seguida, se deslizó entre los batientes antes de volver a cerrar con toda la discreción posible.

Luego, con los zapatos en la mano, corrió escalera abajo por la alfombra roja hasta la cancela del zaguán.

Ni siquiera viuda, alegre y orgullosa de serlo.

De picos pardos en casa de un burgués, ¡un sueño!

II

"Con la sola ropa interior bajo el impermeable, ¿te mola?" Por ahora, ningún hombre había rechazado esta proposición. Bueno, sólo era su segundo. Pero ya le rondaba la cabeza ir a por más.

Por de pronto, tenía que darse prisa. Ni hablar de personarse en la agencia así vestida. Con lo que tardaría en volver a casa, borrar los miasmas de la noche y tomarse algo, corría peligro de llegar con retraso una vez más. Cuando Diego, su dueño, consideraba tomarla como socia dentro de poco, ¡no era de veras buen momento para ello! Además, hoy le caía conquistar un importante presupuesto. Su marca de zapatos preferida acababa de separarse de un asociado histórico y había confiado a la agencia su nueva campaña web. De llevarse la palma, sería la consagración para DB WebComAgency.

LLamó un taxi. Notó que el chófer fijaba con interés sus piernas bastante descubiertas al subir y en seguida cerró los faldones del impermeable :

Mejor mire la carretera, por favor.

El hombre apartó la mirada en silencio.

Dolores buscó la polvera, la abrió y echó una mirada apreciativa al espejito. Luego, sacó a duras penas del bolsón "Gran Muralla China" un frasco de agua micelaria y toallitas de desmaquillar para ocupar lo mejor posible el tiempo del recorrido. Se sentía en plena forma. Iba a ser un buen día.

III

Lo fue. Tras dos audiciones entrecortadas por largas esperas mientras la famosa marca de zapatos de suela roja oía a sus competidores en su sede parisina, DB WebComAgency fue seleccionada y su proyecto aprobado. Dolores se pasó parte de la noche celebrando con champán el acontecimiento en compañía de su patrón y algunos colaboradores cercanos.

Esta mañana, al levantarse, con la boca algo pastosa, sacrificaba a su costumbre de pasar revista en su tableta digital de las ediciones matutinas, cuando en "60 Minutos" pudo leer esto : "Un señorito del 16° distrito encontrado muerto en la cama. No se explica la muerte y ha pedido la familia una autopsia. Se ha abierto una encuesta preliminar". Se sobresaltó.

Claro que no venía la dirección, pero lo demás concordaba. Dado el contexto, probablemente fueran a "buscar a la mujer" es decir a ella misma. Y hoy en día basta con un solo cabello para identificar a un sospechoso. O sea que existía el riesgo de que se encontrara en el fichero ADN de los casos por resolver si no se consideraba natural la muerte. Por suerte, había tomado precauciones. De todas formas, tenía cita con su peluquero a las diez, para cambiar de cabeza. Estaba previsto desde hacía semanas, pero caía a punto.

IV

Tras pasar en el paro un período bastante largo y mal vivido, Dolores Ibarzola, con doble nacionalidad francoespañola, llevaba dos años trabajando en su especialidad, la concepción gráfica.

En el intérvalo, había tenido que aceptar toda clase de trabajitos, desde secretaria médica hasta vendedora de pan, pasando por cuidadora de niños e incluso ¡paseadora de perros!

Tantas experiencias que, curiosamente, la habían desocializado. Por vergüenza u orgullo excesivo, huyó de su familia y sus antiguas relaciones, sin ganarse nuevas amistades y comenzó a llevar una vida marcada por el doble sello de la mentira y del misterio. Para sus allegados, seguía diseñadora web en ABC Concepto. Para los demás, inventaba según las circunstancias.

Discrepaba con el marido desde hacía meses y meses y llegó a pedir un divorcio contencioso que se le concedió porque el muy inconsciente le había puesto los cuernos en casa con la asistenta, una filipina sin papeles. Desde esta separación, iba de amorío en amorío, libre de vínculos, dejando estallar una sexualidad hasta entonces reprimida. Esta falsa rubia de treinta y ocho años, más sexy que el demonio, no vio y no tuvo dificultad alguna en dar con parejas más jóvenes que ella, ¡a veces mucho más!

Le vino en ayuda el espíritu de la época. Las cougars se dejaban ver en primera plana de todas las revistas, se les dedicaba encuestas, libros por decenas. Se atascaban los buzones de correo electrónico con provocativos mensajes a su propósito. La sociedad se estaba encaprichando con estas mujeres liberadas de más de 35 años.

Así se sintió socialmente legítima. Sin embargo, un viejo fondo de educación religiosa llegó a remorderle la conciencia. Empezó a culpabilizar, a temer toparse con tal o cual de sus jóvenes amantes ocasionales, a temer cruzar con su mirada, afrontar su juicio.

V

Y un día se impuso una evidencia. Ya que ella no quería o no podía renunciar a sus revolcones son esos efebos, ¡era necesario que, terminado su oficio, desaparecieran ellos! Bueno, pero ¿cómo? Pisando moral y deontología, germinó entonces en su enardecido cerebro una maquiavélica idea.

Unos meses antes, le había caído una sustitución de secretaria estandardista en una consulta de cardiología. Como ocurre demasiadas veces, los códigos de acceso al sistema informático y a las bases de datos de los pacientes eran simplistas, de fácil memorización o descodificación y escasísimamente renovados. Le fue fácil, pues, operar una intrusión en el servidor de la consulta, acceder a los ficheros que la interesaban, realizar un sorteo de los enfermos más jóvenes e incluso encontrar su dirección y téléfono.

Sólo le quedaba entrar en contacto con ellos mediante un incitante mensaje grabado con voz sintética en un móvil que cambiaba después de uso para que, una de cada tres o cuatro veces, picara la presa al anzuelo y estuviera a su merced.

La primera vez rodó todo de maravilla. Era un rubiales de veinte años cortos, más bello que Dios mismo y montado como Priapo, pero afectado por una grave válvulopatía cardíaca. Le estaba prohibido cualquier excitante y se le recomendaba un ejercicio moderado.

Hicieron el amor dos veces seguidas, sin la menor demora. Entonces, lo vio ella con soplo corto, próximo de pedir tregua, pero supo agenciárselas para que hiciera caso omiso de la prudencia y cuando se llevó la mano al pecho, lo cabalgó con mayor ímpetu, furiosamente, antes de que, en un último intento por liberarse, él la hiciera rodar hacia un lado. Demasiado tarde, por desgracia.

Pero ¡qué muerte más envidiable! ¿no?

VI

El médico de cabecera extendió sin rechistar el certificado de defunción : "infarto agudo de miocardo". Asunto archivado. Algo se había ido a la mierda esta vez, pero ¿qué? La primera parte salió sin pega. Ella y su nueva pareja hicieron el amor hasta quedar muertos y a él le pasó de verdad, como previsto. ¿Qué fue, pues? La familia, suspicaz, ¡como lo son todos los ricos! No hubiera debido aventurarse por esos barrios ni atreverse a fornicar bajo el techo familiar. ¡Bien apañada estaba!

Iban a meterse los polizontes. Dar con el chófer de taxi ese que la había comido con los ojos. Rastrear sus llamadas y las del difunto. Explorar su vida diaria y nocturna. Olía a chamusquina. Ya era tiempo de ahuecar el ala.

Preparó Dolores una amable carta de dimisión : "Diego, lo siento muchísimo, pero hace unos meses he dado con el hombre de mi vida y me retó a dejarlo todo para seguirle a vivir al sol. Tengo hecha la elección. Mil disculpas por la campaña L. que no podré llevar a bien, gracias por todo y suerte para lo venidero. Besos. Dolores."

Abriendo el primer cajón de la cómoda, sacó su pasaporte español, comprobó su vigencia, comparó su aspecto presente con la foto y sonrió satisfecha antes de ponerlo junto a su pasaporte francés; luego apiló en una bolsa de viaje algunas prendas, llamó a varios guardamuebles hasta encontrar uno que aceptase vaciar el piso para fines de mes y depositó su llave en el buzón del portero con las oportunas instrucciones. Hecho esto, tomó el metro en dirección a la puerta de Bagnolet donde se encontraba el terminus parisino de los coches de línea para Madrid.

Tres horas más tarde, por menos de un centenar de euros, circulaba hacia la capital española, donde se apeó de madrugada.

VII

Analizar el móvil del finado no surtió efecto ya que Dolores, tras aplastar con una piedra la tarjeta SIM, había tirado en un contenedor de basura el usado para dar y recibir las referentes llamadas. Tenía avería el motor de la cámara de vigilancia de ese sector de la avenida de la Grande Armée y sólo filmaba en plano fijo el lado que no interesaba. Mala pata.

Pero la policía, por rutina ante una muerte inquietante, aquella mañana revisó todos los contenedores del barrio. La gente todavía se deshace poco de sus antiguos móviles; pues, al que encontraron, lo peinaron. Por el IMEI, pudieron remontar al lugar de fabricación, luego al mayorista y al pormenorista y rastrear la compra que Dolores había pagado por... ¡tarjeta bancaria! Fatal distracción. Rápidamente encontraron su dirección y la coincidencia entre su piso liberado del día a la mañana, aquel teléfono y la repentina muerte del joven no tardó mucho en llamar la atención de los investigadores. Querían oírla como testigo asistido en un primer tiempo.

Mostró Diego la carta que había recibido. Pero la policía raras veces cree en las coincidencias. Fue un fichero encontrado en el ordenador de Dolores en la agencia el que ayudó a los investiguadores que le pisaban los talones. Un día se había divertido en crear con un shareware y el lorem impsum más corriente un falso texto a partir de su foto de identidad. Bastó a los policías con operar la maniobra inversa para obtener un cliché bastante fiel que pudieron enseñar a cuantos interrogaron.

Así fue cómo la reconoció el taxista que reveló la hora y el lugar en que había cargado a esta cliente en intrigante atuendo : delante del domicilio del muerto, sobre las cuatro de la madrugada. Mostró la autopsia que la defunción sobrevino entre las tres y las cuatro. Se confirmaba la relación de causa a efecto.

Ocho días más tarde, se extendían cartas rogatorias a nombre de Dolores Ibarzola que Interpol había de transmitir a todos los estados miembros.

Epílogo

La autopsia al difunto del distrito 16 hizo patente una cardiopatía ya severa. El forense, como el experto convocado, confirmaron que en estas circunstancias, un uso inmoderado del sexo iba a provocar la muerte por infarto.

Pero por falta de comparación con la primera muerte, no pudieron establecer que se había tratado de un arma letal, manipulada por un Maquiavelo femenino.

Y, finalmente, la Fiscalía optó por cerrar sin más detalles la información preliminar abierta. No interesaba tanto a la familia hacer público que el hijo menor tenía relaciones con mujeres en edad de ser su madre ; en efecto el análisis de las cabellos encontrados en la cama había revelado que pertenecían a una persona de sexo femenino de unos cuarenta años.

Así pues, Dolores Ibarzola debería poder vivir días apacibles, si no felices, en alguna parte de España, si sabe conjurar sus demonios.

A no ser que el remordimiento cumpla su cometido...

(1) Texto de relleno sin valor semántico que permite calibrar un espacio en espera del texto definitivo. Por lo general, se usa un texto en falso latín (el texto de origen ha sido modificado y ya no significa nada). La ventaja es que el lector de inmediato sabe que la página no es válida y sobre todo la atención del cliente puede centrarse totalmente en el grafismo. Originalmente, el texto habría sido sacado de la obra de Cícero De finibus Bonorum et Malorum, Liber Primus, 32). [según Wikipedia].
(2) para un análisis de este trabajo véase : http://blaiseparmentier.com/more/texte-patrice-joly

©Pierre-Alain GASSE, julio de 2013.
http://pierrealaingasse.fr/esp/

Texto agregado el 08-09-2013, y leído por 59 visitantes. (1 voto)


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