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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / El Basquetbolista Ahorcado

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La “Mujer Queso”, la famosa asesina serial de hombres, ya había cometido unos veintinueve crímenes, cuando comenzó a buscar a su víctima número treinta. Tenía que ser un crimen muy especial, diferente a los demás. Como sabemos, la víctima debía ser un hombre joven, no mayor a cuarenta, no menor a veinte, alto y patón. No debía llamarse Martín, Gonzalo, Mario, Iván, Ignacio, Diego, Fernando, Sergio, Rodrigo, Roberto, Claudio, Tomás, Gabriel, Rolando, Lucas, Hernán, Luciano, Andrés, Juan, Marcos, Alejandro, Felipe, Mariano, Oscar, Cristián, Gastón, Maximiliano, Jonatan ni Patricio. La asesina ya había ejecutado hombres con ese nombre y según su rutina criminal entre sus víctimas no debían repetirse los nombres.
Hasta ese momento el mejor crimen que había cometido la asesina fue el de Marcos Milinkovic, al que había decapitado con una espada. Ahora se le había ocurrido que la víctima debía ser un basquetbolista. Pero no deseaba asesinarlo con un revolver o un cuchillo, las armas que siempre solía alternar en cada uno de sus crímenes. Deseaba estrangularlo.
¿Puede una mujer estrangular a un basquetbolista? Esa era la pregunta que la Mujer Queso se hacía, y lógicamente ella pensaba que sí. Revisando la lista de víctimas, la asesina se dio cuenta que no había ningún Luis ni ningún Carlos. Su próximas dos víctimas debían llamarse de esa manera. Por eso eligió a Luis Scola, un basquetbolista que medía más de dos metros y calzaba más de cincuenta, como su próximo objetivo.
Luis Scola salía del entrenamiento del basquet cuando una chica lo sorprendió mientras se dirigía al estacionamiento. Era una muchacha joven, muy bien vestida, Luis creyó reconocerla, era muy parecida a Martina Cortese, la esposa de Carlos Delfino. Pero se trataba solo de un parecido, nada más.
- ¿Me firmas un autografo, Luis?
- Claro, ¿Cómo te llamas? - el basquetbolista accedió con gusto
- Carla. Ese es mi nombre. ¿Querés un caramelo, Luis?
- Bueno, dale, te agradezco mucho.
La chica entonces lo convido con el caramelo. Luis sonrió, se despidió de la chica, mientras se alejó del lugar chupando el caramelo que su admiradora le había dado. Al llegar al auto, se sentó, y empezó a sentir mucho sueño, demasiado sueño, parecía como que todo le daba vueltas, tanto, que cerró los ojos y se quedó totalmente desvanecido.
El basquetbolista perdió totalmente la noción del tiempo. Finalmente, cuando volvió en sí, para su sorpresa, estaba acostado en una cama, con sus manos y piernas atadas. Sus enormes pies – imaginemos Luis Scola mide más de dos metros y debe calzar un cincuenta – estaban descalzos sobresaliendo de la cama. El basquetbolista intentó moverse y salir de ahí, pero no pudo, estaba totalmenta atado, no podía dar un solo movimiento.
De repente, frente a él, apareció una muchacha. Una chica joven, muy bella, vestida de blanco, con unos guantes negros que le cubrían las manos. Luis intentó hablar pero no pudo, estaba amordazado. La que sí habló fue la chica.
- Buenas noches, Luis Scola. Soy la temible Mujer Queso. Te asesinaré.
Luis quería liberarse, pero era imposible. Estaba amordazado, atado, no podía hablar ni moverse. La chica tomó una pluma y comenzó a hacerle cosquillas en los pies a Luis Scola. Lo torturó de esa manera durante un buen rato. Sobre el costado de la cama, donde estaba atado Luis Scola, había un enorme Queso Gruyere, era una horma realmente gigantesca, muy grande. La chica, la asesina, empezó a decirle a Scola:
- Ahora te ejecutaré, basquetbolista.
Luis contemplaba con terror y espanto, que la chica estaba dispuesto a ejecutarlo. La chica tomó una bolsa transparente y la colocó sobre la cabeza de Luis Scola.
- Morirás asfixiado y estrangulado, Luis Scola, espero que los títulos de los diarios digan, “Basquetbolista ahorcado por una mujer”.
La asesina tomó una cuerda y la pusó sobre el cuello del basquetbolista, empezó entonces a apretarle el cuello. El muchacho intentó resistir como podía, era muy difícil, maniatado y amordazado, parecía no tener escapatoria alguna, pero dotado de una gran fuerza, propia de alguien que mide más de dos metros y calza cincuenta, trato de luchar, pero no pudo. Fueron muchos minutos, hasta que la asesina finalmente terminó su macabra tarea.
Para la “Mujer Queso” era el mejor crimen que había cometido. Colgo el cadáver de Luis Scola como si fuera un ahorcado del viejo oeste y se fue del lugar donde cometió el crimen. Se llevó como souvenir las medias y las zapatillas talle cincuenta y dos de su víctima. La “Mujer Queso” cometió así su crimen número treinta.

Si querés conocer más asesinatos de esta sanguinaria asesina serial de hombres visita este sitio

http://cuentossangrientos.blogspot.com.ar/2013/12/la-mujer-queso-una-asesina-serial-de.html

Texto agregado el 06-01-2014, y leído por 66 visitantes. (1 voto)


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