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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / Extraños en un Tren (Parte 2)

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Este cuento se inicia en Extraños en un Tren (Parte 1)

Al día siguiente, Bossio se encontraba bastante despreocupado, creía que la propuesta que le había hecho a Fernández Lobbe no pasaría a mayores, que era solo un plan, cuando recibió una llamada. Era Fernández Lobbe.
- Hola Carlos, soy Carlos Ignacio Fernández Lobbe ¿Estás todavía en la ciudad?
- Sí, claro, hasta mañana, que vuelvo a la Big Apple.
- Te espero en el Bar de la Paix, en media hora, en el cruce de la calles de la Romareda y Mestaya, ¿Podrías ir?
- Estoy cerca de ahí, Carlos, en unos minutos puedo llegar.
- Perfecto Carlos, en media hora nos vemos.
Bossio llegó al Bar de la Paix, y lo vió a Lobbe sentado en una de las mesas. Bossio se sentó, pidieron unos cafés, y Lobbe le dijo:
- Bueno Carlos, aceptó el plan que me propusiste.
Bossio se sorprendió, había pensado que Lobbe no se decidiría por un plan tan audaz, pero envalentonado, no dudó en aceptar.
- Perfecto. Entonces debemos proceder con gran cautela. No hay que dejar ningún detalle librado al azar.
- Lo único Carlos, que hoy mismo deberás asesinar a mi esposa. Tengo una reunión en el Club, y es la ocasión perfecta. El amante de mi mujer, Gonzalo Longo, estará también en ese meeting de esta noche.
- Esta noche asesinaré a tu esposa y le tiraré un Queso. Cuando haya cumplido con la parte de mi plan, te voy a mandar un mensaje de texto muy simple. Solo dirá una palabra “Queso” significa que tu mujer ha sido asesinada.
- Muy bien Carlos, te prometo que en un par de semanas, yo cumpliré con mi parte del plan. Asesinaré a tu esposa, y le tiraré un Queso.
- Muy bien, Carlos, y ya sabés...
- ... para un Carlos no hay nada mejor que otro Carlos.
Esa noche, Carlos Ignacio Fernández Lobbe participó de una intensa reunión en el Club de Rugby. Eran las once de la noche cuando sonó su telefono celular. Lo atendió en forma fría y tratando de mostrar una gran despreocupación. El remitente era “Bossio, Carlos”, y el mensaje era tan sencillo, como directo y preciso.
“Queso” decía. Ninguna otra palabra más, solo “Queso”.
Finalizada la reunión, Lobbe invitó a tres rugbiers a su departamento a tomar unos whiskys. Entre los asistentes estaba Gonzalo Longo, el amante de la esposa de Lobbe. Cuando entraron al departamento, Lobbe empezó a convidar a sus compañeros con los whiskys. Longo preguntó:
- ¿Y tu mujer?
- Debe estar acostada en su habitación.
Lobbe empezó a charlar con los rugbiers. Longo simuló ir al baño pero en realidad fue a saludar a su amante en el dormitorio. Abrió la puerta del mismo, prendió la luz, y para su sorpresa, observó con horror una escena espantosa. La cama estaba deshecha, la mujer estaba acostada, muerta con los ojos abiertos, totalmente ensangrentada, con un enorme cuchillo clavado sobre el pecho, y encima del cadáver un enorme Queso Gruyere. Longo gritó con horror. Los demás rugbiers se acercaron y descubrieron lo que había pasado.
La policía no tardó en llegar. El crimen no tenía sospechosos. El veterano Inspector Pufrock manifestó que era todo obra de un maniático y un psicopata, basado en antiguas leyendas barbaras.
Quince días después, en la Big Apple, Carlos Bossio recibió un llamado a su celular, lo atendió.
- Hola Carlos, soy tu tocayo y amigo, Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
- ¡Carlos!
- Vengo a cumplir mi parte del plan.
- Primero nos juntamos para no dejar ningún detalle al azar.
Los dos Carlos se encontraron en un bar. Fieles a su genio, el encuentro fue en el Charlie’s Pub. Mientras tomaban unas copas, los dos Carlos estaban comiendo un Queso. Bossio le pasó la información que Lobbe necesitaba.
Esa noche, la esposa de Carlos Bossio regresó a su casa como todas las noches. Vivían en un lujoso departamento, en el piso veinticinco, cerca del Central Park. Era un largo viaje en ascensor. La mujer por fin llegó al piso, cuando empezó a abrirse el ascensor. La puerta se abrió, pero frente a ella, la mujer vio a un hombre muy alto, vestido de rugbier, con sus manos cubiertas de guantes negros, sosteniendo un enorme cuchillo. Era Carlos Ignacio Fernández Lobbe. La mujer se horrorizó, pero Carlos Ignacio interceptó los botones del elevador, y en forma tan rapida como precisa, se abalanzó sobre la mujer, clavándole el cuchillo en el estomago. Le dio un corte de punta a punta. Luego, la siguió apuñalándola una y otra vez. Cuando terminó, Lobbe dejó el cuchillo clavado en su víctima, cuyo cadáver permaneció sobre el espejo, y tomó un Queso, lo tiró sobre el cadáver, y dijo en voz alta:
- Queso.
Al rato Carlos Bossio recibió un mensaje en su celular. Solo contenía una palabra, directa y precisa. “Queso” y el remitente era Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
El pacto entre los Carlos y los Quesos estaba sellado. ¿Habría nuevos crímenes en el futuro?

Texto agregado el 12-07-2014, y leído por 83 visitantes. (0 votos)


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