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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / El basquetbolista asesino en Manhattan

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Julieta salía de su departamento como cualquier otra noche. Era el último piso de un lujoso complejo ubicado al costado del Central Park. Para su sorpresa, mientras estaba cerrando la puerta, se detuvo el ascensor en el piso, y del mismo salió el basquetbolista Carlos Delfino, vestido totalmente de negro, llevando un gigantesco Queso en sus manos, cubiertas por guantes de cuero.
- ¡Carlos! dijo sorprendida al chica, que al parecer conocía al basquetbolista - ¿Qué haces aca? ¿Y ese Queso?
- Tenemos que hablar Julieta le dijo Carlos mientras se acercaba a la chica.
- ¿Pero ahora? En un rato me encuentro con las chicas en Dorsia.
- Ya lo sé. Pero insisto tenemos que hablar, por las buenas o por las malas.




Carlos Delfino no terminaba de pronunciar estas palabras cuando con gran rapidez, en un movimiento digno de Flash, tiró el Queso al piso y sacó una jeringa de entre sus pertenencias. Luego le inyectó la jeringa en el cuello a la chica, que quedó profundamente dormida.
Rato después, Julieta se despertó. Estaba atada a una silla en su departamento, no podía moverse, aunque sí gritar, pues Carlos no la amordazó.



- ¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Saquenme de aquí!
- No grites nadie te va a escuchar la chica escuchó la voz de Carlos Delfino los demás departamentos están vacíos y la gente que vive acá habla inglés, no castellano.
- ¡Auxilio! ¡Ayúdenme! la chica siguió insistiendo.
- No grités más le dijo Carlos Delfino.
La chica observó entonces que sobre la mesa estaba el enorme Queso Gruyere que Carlos Delfino había llevado. El basquetbolista, que estaba descalzo, le dijo:
- Oleras mis enormes zapatos talle 52. Sí resistes el olor a Queso sobrevivirás sino te asesinaré.




La chica entonces olió los zapatos de Carlos Delfino que destilaban un olor a Queso tan profundo, intenso, apestante como sofocante. Intentó resistir todo lo que pudo.
- La primera prueba la superaste. Ahora viene la segunda, mis medias, o como dicen en España, mis calcetines.
Carlos Delfino acercó entonces sus calcetines llenos de olor a Queso. La chica creyó que se moría pero pudo resistir con un estoicismo propio de una heroína.
- Vaya, vaya dijo el basquetbolista aguantaste el olor a Queso de mis zapatos, el de mis medias, pero aún falta la tercera prueba, la de mis pies.



El basquetbolista entonces puso su enorme pie derecho sobre la chica. El olor a Queso era de una magnitud que no podemos describir con palabras. La chica, casi muerta ante el aroma quesero de los pies de Carlos Delfino, finalmente gritó:
- ¡Basta Carlos! ¡Ya no aguantó tu olor a Queso!
- Entonces morirás fue la fría respuesta de Carlos Delfino.



Carlos agarró el cuchillo que había llevado, un enorme, largo y gigantesco cuchillo de cocina, y le cortó el cuello a la chica. Luego de degollarla, agarró el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la chica.
- Queso dijo en voz alta.
Abandonó el lugar tan misteriosamente como había llegado, y salió caminando por la Quinta Avenida como si nada...

Texto agregado el 07-11-2016, y leído por 132 visitantes. (0 votos)


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