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Inicio / Cuenteros Locales / paulasol / Mi cuento de Navidad (II)

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Mi cuento de Navidad II

En el pueblo, cuando los padres se percataron que no estaban sus niños, una comitiva salió a buscarlos con linternas, mantas en dirección al bosque.

Andrés, Jairo y Arliz siguieron un sendero que los llevo a una cabaña sucia y abandonada, entraron como pudieron, encendieron sus linternas. Arliz cantaba villancicos que su papa le enseño en voz baja pero Andrés no quería oír nada, salió y empezó a gritar: ¡Mosh! ¿dónde estas? Jairo estaba confundido y empezó a comerse unas galletas con chocolate que tenía en sus bolsillos.

En el grupo de personas que buscaban a los niños estaba el sr. Banclu, todos se sorprendían al verlo porque tiene el carácter irascible sobre todo con los niños, pero esa noche se le veía preocupado y atento. Muchos hablaban que hizo fortuna gracias a la mina de oro que descubrió en una de las montañas que inicia la cordillera en la Patagonia, se decía también que cayó en plena faena y se rompió una pierna por eso renguea al caminar. Tendría 68 años, piel cobriza, usa el cabello largo en dos trenzas que ya están canas. Su mirada semeja a un búho, fija como desequilibrante para los forasteros. No se le conocía familia, ni hijos, vivía solo y era huraño con la gente del pueblo.

La noche se hacia cada vez más fría, se oían voces para detener la búsqueda y volver al amanecer, pero los padres querían seguir buscando, sobre todo el padre de la pequeña Arliz, que hacia poco tiempo había enviudado y no quería perder a su niña.

En ese momento algo en el hombro se adhirió con unas garras pequeñas, su reacción fue tirar con su mano lo que fuera, entonces sintió algo que se movía entre sus pies, alumbro con su linterna, grande fue su sorpresa al ver al hurón, que lo miraba asustadizo y muy débil, lo puso debajo de su poncho en un bolsillo de su abrigo.

En la cabaña los niños están al borde del pánico, Arliz dejo de cantar, Jairo estaba por dormir mientras Andrés tiritaba de frio pero como es terco no se animaba a decir “quiero regresar”, se miran entre si y empiezan a gritar ¡Auxilio!!, Auxilio! alumbran con sus linternas en diferentes direcciones, pero solo escuchan el sonido de grillos, el eco de sus voces y una que otra bestia rugir.

En la cueva Lipe, comenzó a sentir frio, Esteban tenia sueño, sus pies estaban helándose, las linternas alumbraban menos, los tres se ponen en pie y empiezan a gritar ¡Auxilio! ¡Auxilio!, en el silencio de esa noche solo oyen el rio cuesta abajo, el chisporroteo de luciérnagas y el eco de sus voces.

Dicen que durante las noches en los cielos de Apopea se ven las estrellas con luna llena y que en sus bosques no hay quien se pierda, por ello los padres escucharon los gritos de auxilio de los niños, fueron en dirección del rio, los gritos se oían más fuertes entonces los llamaron por sus nombres. Fue Esteban quien primero escucho su nombre y grito ¡ahí vienen¡ Tomas creyó que los espíritus del bosque venían a la cueva, en su desesperación tropezó y cayo sobre las mochilas. Las voces se oían más cerca, ya Lipe también oía y siguió gritando ¡Auxilio, acá! La linterna de Tomas se apagó, la cueva quedo en penumbras entones los tres gritaron más fuerte ¡Auxilioooo!, se acercaron a la entrada de la cueva y vieron linternas que se acercaban, fue el hermano mayor de Lipe quien los encontró.

Los padres se dieron cuenta que no estaban todos los niños y Lipe conto donde se separaron. Andrés seguía gritando ¡Auxilio!, la pequeña Arliz, empezaba a dormirse, como Jairo no tenia que comer quiso buscar en la mochila de ella.
Arliz en su somnolencia creyó escuchar su nombre, comenzó a gritar ¡Papá! los otros dos miraron cuesta abajo, se veían unas luces acercándose y gritaron con más fuerza ¡Auxilio! ¡Auxilio! Pasaron unos minutos eternos hasta que los padres llegaron a la cabaña, abrazaron a los niños e inmediatamente los abrigaron.

Ahora todos juntos emprendieron el camino al pueblo cantando, semejaban un coro en medio de la noche porque están felices de haber encontrado a los niños. Solo Andrés seguía triste, cuando vio a Banclu quiso gritarle pero el anciano saco de su bolsillo al hurón, entonces el niño grito ¡Mosh!, los otros niños también gritaron ¡Mosh!, y el hurón se escondió debajo del poncho de Andrés, desde esa noche Banclu con los niños fueron muy amigos.

Al día siguiente: 24 de diciembre, en el pueblo se vivía un ambiente cálido y especial, en la plaza Banclu invito a todos los niños a pasar la noche buena en su casa y desde esa navidad en Apopea, una estrella brillante resalta en su cielo y solo la aprecian aquellos cuya felicidad desborda en sus corazones irradiando esperanza, optimismo y bondad.

Texto agregado el 21-03-2017, y leído por 78 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2017-03-21 20:37:30 maravilloso tu relato coronado con un final feliz!!. Un abrazo, sheisan
2017-03-21 18:20:39 Esperaba esta continuación pues la primera parte me pareció de una enorme originalidad y un bien dosificado misterio. La espera valió la pena. -ZEPOL
2017-03-21 09:59:03 muy bueno yosoyasi
 
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