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Inicio / Cuenteros Locales / remos / 19. La vida, un desencuentro

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Mi amigo Antero era un tipo particular que se murió de improviso, sin alcanzar a superar los 50 años sobre este planeta. Era alto, delgado, con un cierto aire a Sean Connery a pesar de un bigotillo a lo Piporro.
Antero vivía su propio mundo con la levedad del agua. Simplemente lo transcurría.
La amplia y abigarrada cohorte de amigos, de todas las faunas, que rodeaba su existir, lo apreciaban con sincero afecto y se divertían con sus fulminantes tallas.
Antero se comunicaba, con moros y cristianos, directamente con el corazón porque desconocía los caminos del preconcepto y el prejuicio. Era natural como el agua, y así llegaba a todos lados.
El funeral fue impresionante: emoción, silencio, inmenso cariño.
Su gran corazón le falló de improviso en el momento más alegre y colorido de una fiesta campestre. Cayó a tierra desintegrado, seco, inmóvil, como un árbol fulminado por un rayo verde.
Hoy, cuando el tiempo de su partida es lejanía, quiero recordarlo en dos singulares episodios, donde dejó su pensamiento y acción. Antero el certero.
En el tiempo de las cerezas, ese momento donde la natura resplandece en los primeros amores, Antero conoció a una hermoa chica que mantuvo desconocida a la compañía de amigos. Se lo veía pasear por parques y plazas, romáticamente de la mano con su misteriosa chica, para envidia y estupor de todos. Era una fase desconocida en Antero, y también para el resto de adolescentes de provincia profunda.
No supimos ni el nombre de su amada. Fugaces imágenes nos mostraron que era alta, delgada, etérea y sensual en su forma de caminar, un pelo muy negro y fino en un rostro blanco y primaveral. La unánime conclusión dictaminó que era hermosa.
Esa niña me recordaba, en alguna medida, la imagen que me formé de Alejandra Olmos, quizás porque estaba fresca mi lectura de esa desconcertante novela de Sábato.
No recuerdo cuánto duró la secreta historia de Antero, pero sí que un día de tertulia y cultivo de la amistad confesó el final. Una vez más había logrado desconcertar la perplejidad de todos. Era su estilo y, como decíamos, su particular forma de ver el mundo.
“Cuando ella me invitó a su casa y conocí a la madre, que era un ropero, pensé que las cosas se habían complicado. A su hija le esperaba un muy mal futuro. Casarse con una delgada y encontrarse con una gorda enorme es un camino que yo no recorreré absolutamente nunca -me dije- y terminé la historia”.
Nunca más supimos de esa hermosa chica ni mayores particulares por parte de Antero, que dio vuelta la página, simplemente.
Unos años más tarde Antero se esposó. La novia era bajita, delgadita y bonita; la suegra delgada y en su rostro aún flotaba bastante de una belleza serena. Pensamos que Antero aplicó con rigor su fórmula: suegra delgada - hija delgada.
Cuando le preguntamos si estaba enamorado de su novia, respondió que no.
¿Por qué te casas entonces? -alguien le preguntó- Antero, con desgano dijo: “Porque hay que casarse nomás”.
Las cosas en el matrimonio anduvieron bien, hasta que la esposa en pocos años se transformó en un barril. Engordó tanto que podría rodar.
La fórmula no funcionó y Antero, con algunas copas en el cuerpo, confesó que él ya no hacía el amor con su mujer, porque esa gordura le había quitado el apetito.

Durante el velorio de Antero sucedió un hecho inexplicable: una mujer alta, delgada, hermosa, vestida de oscuro, entró silenciosa a la sala y se sentó al lado de la madre de Antero que estaba recogida en su inmenso dolor y que después recordaría que una mujer desconocida la abrazó dulcemente y le susurró palabras de consuelo. Cuando se alzó, la beso, se dirigió al ataúd de Antero y desapareció tan silenciosa como había llegado.
Cuando la vimos alejarse, algunos reconocimos esa figura y ese caminar que acompañara, en esos años lejanos, por plazas y parques a nuestro amigo Antero.

Texto agregado el 19-06-2017, y leído por 72 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2017-06-25 16:36:51 Entre delgadez y gordura oscila tu texto; y yo, que me preocupo bastante por el cuidado físico y la belleza, lo he seguido espectante de principio a fin. Supongo que la misteriosa mujer del final era la primera novia. Tu amigo no era Einstein y le falló por completo la fórmula. Un abrazo Daiana
2017-06-25 02:30:16 Me gustó como una se desliza en tus letras conociendo dos historias. Dos historias frescas como la cara de esa chica que quizás fue la misma que llegó al funeral... Es muy agradable leer tus letras son livianas,deliciosas* * * * * Un abrazo Victoria 6236013
2017-06-21 22:57:46 Hay frescura como lo cuentas, la prosa camina sin tropiezos, mantienes el interés del lector y terminas con un final que a mi me encanta. La construcción del personaje es espléndida. Abrazo y rosas. sendero
2017-06-20 22:51:29 Un relato nostálgico y triste, amigo; sobre todo cuando, se trata de hablar de los amigos ya idos. Muy buena tu historia. Un abrazo. maparo55
 
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