La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / Uwi

 Imprimir  Recomendar
  [C:585203]

A l'atzar agraeixo tres dons: haver nascut dona, de classe baixa i nació oprimida.
Maria-Mercè Marçal








¿Había alguna incongruencia entre ser militante de Compromís y tener servicio doméstico? Àngels opinaba que no.

No obstante, su amiga Imma había llevado muy mal lo de tener una inmigrante ruandesa limpiándole la casa. Era un portento, le decía, una chica absolutamente increíble. Tenía una Licenciatura en Dirección y Administración de Empresas, pero, claro, tal y como están las cosas aquí, al no hablar castellano no había podido encontrar trabajo y había tenido que ponerse a limpiar.

Al abrir la puerta del piso Àngels se encontró con Uwi, su mujer de limpieza tutsi, mirándola con sus enormes ojos negros y sonriéndole como si no hubiera roto un plato en la vida; cosa que no era cierta, porque, sin ir más lejos, la semana anterior le había roto dos. Puede que fuera un portento de empresaria, pero como limpiadora era un verdadero desastre.

Solo la había empleado porque se lo había rogado su amiga. Imma la había conocido en el Centro de Acogida a Inmigrantes, donde daba clases de valenciano. Cuando empezó a limpiarle la casa, se sentía tan culpable que acabó ayudándola con sus tareas, mientras Uwi le contaba historias de Ruanda. Uwi era una activista por los derechos humanos perseguida por el régimen de Kagame. Por eso había tenido que huir del país. Su novio era periodista y había sido encarcelado por escribir contra del gobierno. Uwi la tenía totalmente fascinada. Pasado un mes había logrado persuadirla para que viajara a Ruanda a ayudar a su novio Mbungira. Hasta había conseguido que adelantara los 5.000 dólares de fianza que hacían falta para sacarlo de la cárcel y evitar un juicio en el que probablemente lo condenarían a muerte. Y no solo eso. Imma estaba dispuesta a casarse con él, pues era la única forma de que aquel hombre pudiera venir a España y estar cerca de su novia. Àngels apenas podía creerse que aquella chica hubiera podido engatusar a su amiga de aquella manera, pero es que Imma siempre había tenido ese problema, esa mala conciencia de creer que nunca estaba haciendo lo suficiente y, la verdad, desde que había cumplido los 40 andaba bastante atolondrada sin saber qué hacer con la vida.

Mientras preparaba un esgarraet en la cocina, Àngels oía a Uwi trastear por el comedor. La exasperaba pensar en la lentitud con la que estaría moviéndose, usando la escoba de la forma más ineficiente posible, quedándose encantada en cualquier lugar. De verdad que lo había intentado con esta chica, pero no podía evitar sentir una animosidad irracional hacia ella. Por muy dramáticas que fueran las circunstancias de su país, le parecía que había algo turbio en ella, no era normal que hubiera convencido a Imma para hacer todo eso por ella.

Y la había enfrentado a sus amigas de toda la vida. Aquella noche en el Ca Revolta, cuando habían intentado sacarle de la cabeza la idea de irse a Ruanda, las había atacado a traición, dándoles donde más les dolía:

—Me río de vosotras que presumís de ser mujeres, de clase baja y nación oprimida, cuando oigo las historias que me cuenta Uwi de los hutus y los tutsis. El suyo sí que es un pueblo oprimido que ha sufrido un genocidio salvaje, porque ella es una hutu… ¿o una tutsi?, mira, no me acuerdo, pero es de los buenos, y vosotras… tan activistas que sois…, ¿no veis que esta es una oportunidad para hacer algo que realmente importa, para que este hombre pueda venir a Valencia y seguir escribiendo artículos para denunciar las violaciones de los derechos humanos de su país?

No tenía por qué haberles hablado de forma tan ofesiva. Aquella mujer le había lavado el cerebro, se decía, mientras escuchaba los perezosos pasos de Uwi por el comedor. Encima era una limpiadora de mierda. La semana pasada ni siquiera había quitado el polvo de los anaqueles superiores de la estantería. Àngels decidió entrar en el comedor para hacérselo notar.

—Es que soy muy bajita y no llego a los estantes de arriba —le contestó Uwi en su inglés africano.

Conteniendo la rabia que le había despertado aquella excusa ridícula, le explicó de muy buenas maneras que podía subirse en una silla para pasar el trapo por la parte superior del mueble. Al ver que la chica se quedaba mirándola de forma inexpresiva, acercó una silla a la estantería y se subió encima para hacerle una demostración.

Regresó a la cocina con un humor de mil demonios: lo de esta mujer no tenía nombre. Entonces se acordó en la figurita de Lladró que le había regalado su suegra. La tenía puesta en lo alto de la estantería porque le daba vergüenza que la vieran las visitas. No le gustaba nada, pero la figura valía una pasta. Àngels empezó a sufrir al pensar en aquella inútil quitando el polvo de los estantes de arriba. Qué te apuestas a que acaba en el suelo. Pero volver para decirle que tuviera cuidado de no romper nada le parecía un poco excesivo.

Pensó en la loca de Imma, jugándose la vida en Ruanda. Seguro que cogería la malaria y acabaría detenida por el gobierno, eso si no la secuestraban. E iba a casarse con aquel tipo que no conocía de nada y seguro que le hacía la vida imposible. Y ella tenía en su casa ahora a la bruja que había metido a su amiga en aquel lío.

Un espantoso estrépito la sacó de sus pensamientos. Àngels entró en el comedor y se encontró a Uwi en medio de la estancia observando perpleja los pedazos de porcelana esparcidos por el suelo.

—¡QUÉ HAS HECHO, IMBÉCIL! —le chilló, poseída por la ira.

Le dio un empujón y se espantó al ver que la chica perdía el equilibrio y caía chocándose contra las sillas de la mesa.
La joven ruandesa se quedó en el suelo, mirándola aterrada con sus enormes ojos negros.

Àngels se quedó allí temblando, sin saber qué hacer. Luego corrió a encerrarse a la cocina como si necesitara esconderse de lo que había hecho. Tras unos segundos, oyó ruidos en el comedor, movimiento de sillas, Uwi estaba levantándose del suelo.

Entonces sonó el móvil, era un wassap de Imma. Le mandaba un selfie en el que salía abrazada a Mbungira con una sonrisa de oreja a oreja. Debajo de la foto un mensaje que decía: «Está buenísimo!!!!».

Texto agregado el 05-02-2018, y leído por 0 visitantes. (1 voto)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]