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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / TRIBULACIONES DE UN RUGBIER VIOLENTO

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Era verano en Pinamar. Aunque en realidad esto ocurrió en Cariló. Primeros días de enero. Cuando el aluvión turístico esta llegando a esos lugares.
En un bar, nuestro héroe, el rugbier Carlos “Charlie” Elder estaba tomando unas cuantas cervezas. Una birra tras otra. Y no de baratas marcas criollas, sino de marcas etiquetadas en Alemania o Francia. Tenía las zapatillas sobre la mesa, enormes pies sobre la mesa pues calza 46, con una mano chupaba las birras, con la otra comía los dados de Queso, que cortados acompañaban a la bebida.
En la TV estaban dando un programa de los Pumas. Charlie entusiasmado veía el programa. Ahora jugaba en el modesto equipo de San Albano. Pero en algún momento, allá por el 2005, llegó a integrar el equipo de Los Pumas en un par de partidos.
Birra va, Queso viene, parecía la tarde perfecta para disfrutar para Charlie. Pero al lado de él, había un grupo de pibes. Eran cuatro. Charlie escuchó sus nombres, Benja, Thiago, Joaco y Lauti. Así se llamaban entre ellos.
Eran unos adolescentes de dieciséis o diecisiete años. De repente, empezaron a burlarse de los Pumas, de la derrota digna, de que pierden siempre, que son unos boludos, que son unos gordos chetos, que pierden siempre porque tienen plata, que Mirta Legrand les chupe la pija, que mejor se presenten para el Congreso de la Nación, que son unos Quesos…
Visiblemente ebrio, después de tanta birra, Elder no aguantó más, y se paró bruscamente de la mesa, en forma violenta, y se acercó a los pibes.
- ¿De que se ríen forros mal cogidos?
Como un rugbier en un scrum, Elder hizo un rápido movimiento y golpeó fuertemente a los cuatro adolescentes. A Thiago le rompió los dientes. A Benja le dejo un ojo morado. A Joaco le reventó nariz. Y a Lauti lo reventó de una piña en el estomago.
- ¡Eh, usted! ¡El de las patas grandes! – dijo el dueño del Bar – señalando a Elder.
- Llame a la policía don José – dijo el Mozo.
Siguiendo su scrum imaginario, el rugbier, huyó del bar, y como una flecha al mejor estilo Flash, se metió en el auto. Muy borracho, empezó a manejar, hizo un desastre. No hubo víctimas de casualidad, pero hizo un estropicio. Chocó contra un árbol, y de milagro, quedo ileso.
Rato después estaba en la comisaria. El Comisario Miguel, héroe de la patria y de la fe, le aviso los cargos, mientras Carlos recobraba la conciencia.
- Agresión a menores.
- Intento de cuádruple homicidio.
- Violencia física.
- Resistencia a la autoridad.
- Destrozos en un comercio.
- Destrozos en la vía pública.
Carlos Elder solo dijo:
- Quiero ver a mi abogado.
- Le pondremos un abogado del estado como marca la ley y ya sabe, cualquier cosa que diga, puede ser usada en su contra… - Repitió el Comisario Miguel.
- Quiero ver a mi abogado.
Elder permaneció incomunicado y detenido, sin hacer declaraciones, por un día y medio. Los medios ya hablaban del “Rugbier violento”.
“Otra vez un rugbier agrede a jóvenes que están luchando entre la vida y la muerte” dijo el célebre periodista Pepe Fuentes de “Sesenta minutos, la hora de la verdad”, el noticiero más exitoso de la TV, y que se llenaba las pantallas de la cadena noticiosa CTN. Era mentira, los jóvenes estaban en perfecto estado, recuperándose de la agresión de Elder pero Fuentes agregó: “Estamos ganando”.
Aquello ocurrió un martes. Mientras tanto, Elder logró tener una revista que le vendió uno de los guardias. Ahí leyó un reportaje a una tal Flor Vigna. Una figura mediática, actriz, conductora, participante de los “Bailando por el Sueño”.
- Yo no como Queso – decía Flor Vigna en esa entrevista – es uno de los mayores asesinos de la humanidad. Veneno puro. Lo procesan como algo asqueroso, repelente y repugnante.
- Pelotuda – pensó Elder – merece que le tiren un Queso por esto.
Recién el jueves por la tarde, Carlos Gonella, el célebre abogado de los Quesones (y obviamente también Quesón), se presentó en la comisaría, y pidió hablar con su defendido.
- ¿Qué hiciste Carlos? – le dijo Gonella - ¿Cómo te descontrolaste así?
- Y qué queres che, esos pendejos empezaron a burlarse de Los Pumas, del fuego sagrado de nuestros rugbiers, abanderados de la derrota digna.
- Mataste a un montón de minas, sos un Quesón, nunca te hicieron ni una puta declaración por todos los asesinatos que cometiste y te metes en esto.
- Bueno, a lo mejor me pase con la birra.
- Voy a presentar un escrito. Espero que el juez te libere.
- ¿Es cierto lo que dijo Pepe Fuentes que uno de los pibes esta en coma, muy grave?
- No. Les distes fuerte, te pasaste con la paliza, pero fue solo eso, una paliza, los cuatro están bien.
Carlos Gonella estaba convencido que no tendría problema en liberar a Carlos Elder en las próximas horas…
Otra vez mandaron a Carlos Elder a la celda común de la comisaría, pero de repente llegaron tres pibes chorros, detenidos por asaltos a mano armada, eran “El Sueco” (porque era medio rubión), “El Junior” (hijo de peruanos) y “El Paragua” (hijo de peruanos).
A Elder no le hizo ninguna gracia compartir la celda con esos tres lumpen. Para colmo, lo reconocieron. “Este es el ragbi, papá, el que reventó a esos bepis” empezaron a burlarse de él, con toda clase de insultos y agravios. Elder se contenía pues no quería hacer algo que interfiriera su posible libertad.
El Sueco dijo:
- Dale vamos a cogerte, cheto mal cogido, eso, a ver que tal
El Junior agregó:
- Dale cheto, te vamo’ a romper el culo, cheto de mierda.
Carlos Elder nada dijo, se limitó a ponerse contra la pared, mientras los tres lumpen, todos flacos y de baja estatura frente a la altura y corpulencia del rugbier, se acercaban hacia él.
En un rápido movimiento, el rugbier se sacó entonces las zapatillas y las medias, y levantó los pies. El olor a Queso que despedían era fulminante, como un insecticida que riega los campos, los tres lumpen no lo pudieron resistir y desmayados quedaron.
- ¡Guardias! – gritó Elder mientras otra vez muy rápido el rugbier se ponía medias y zapatillas.
Llegaron los guardias. Elder dijo:
- No se que paso. Estos tres sujetos desmayados quedaron.
Apareció el Comisario Miguel.
- Vaya, vaya, señor Carlos Alejandro Elder, si seguí así le corresponderán dos años de cárcel.
- Eso lo decidirá la justicia – dijo el rugbier – soy inocente de todo cuanto se me acusa.
Al día siguiente, Carlos Gonella llegó otra vez a la comisaría. Lo vio al Comisario Miguel.
- Mire señor Gonella. No sé a que intereses responde usted. Yo le digo que este tipo es un violento y le corresponden dos años de cárcel, como mínimo. Pero llegó una orden del Juez. Algún amigo suyo, seguro. Dicen que hay que liberarlo.
- Es lo que dicta la justicia, señor Comisario.
- La justicia de los Quesones como usted y este Quesón que esta ahí. Vayanse. Hoy quizás ganaron. Mañana veremos.
Gonella logró lo que quería y así Elder fue liberado esa misma mañana. El abogado le dijo al rugbier:
- Portate Carlos. No te expongas así. Sos un Quesón. Asesinastes a un montón de minas. Rocío Marengo incluída. Y nunca te paso nada. Y te detienen por darle unas piñas a estos pendejos.
- Está bien. Pero te aseguro. Voy a tirar un Queso. Y lo voy a hacer rápido. A este comisario Miguel le voy a encajar un crimen Quesón en este distrito.
- Bueno, Carlos, sos un Quesón, si lo hacés hacelo bien.
- Claro que lo haré bien. Pronto tendrás novedades.
Charlie Elder empezó a caminar por Cariló y casi como una sorpresa, vio que la Flor Vigna, la pelotuda de la entrevista, estaba por ahí, en una casa contigua.
- Vaya, vaya, pero que estoy viendo.
El rugbier observó el lugar donde estaba la chica. Se dio cuenta que esa noche la chica regresaría tarde a la casa. Después de un show que daría en el Centro.
Carlos se vistió de negro, con guantes y todo, llevó unas cuerdas, y obviamente un Queso. Entró a la casa. Era una noche de lluvia. Y esperó a la chica.
Vigna entró a la casa. Elder la estaba esperando con la cuerda extendida. Sin darle tiempo, el rugbier le rodeo el cuello con la cuerda. Pero Vigna se defendió y le dio una patada al rugbier.
Es la hora del Scrum. Elder reaccionó, se tiró otra vez con la chica, fue una dura lucha, pero logró doblegarle la resistencia. La tomó del cuello y no le quedó otra que estrangularla.
Comenzó a apretarle el cuello. La furia del rugbier pudo más que cualquier resistencia de Vigna. Así la estranguló. Hasta que la chica quedó muerta.
Carlos Elder contempló al cadáver de su víctima, tomó el Queso, lo arrojó sobre el cadáver mientras decía en voz alta:
- Queso.
Y abandonó la escena del crimen con total impunidad.
Charlie Elder estaba satisfecho. El Comisario Miguel, deshecho…
- No hay dudas sobre quien fue el culpable de este homicidio – dijo el Comisario – pero me ha llegado una orden muy estricta. Nada puedo hacer. Los Quesones me arruinaron mi distrito.

Texto agregado el 20-06-2018, y leído por 0 visitantes. (1 voto)


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