La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / gmmagdalena / La Ursupadora

 Imprimir  Recomendar
  [C:591600]


Cada vez que miro la foto pienso en las dos, las veo jóvenes, hermosas y viudas. Sé que en la foto parecen mayores, pero por ese tiempo no debían tener mucho más de veinte años y nunca entendí el porqué de esa foto en la que estábamos todos tristes. ¿Por qué dos mujeres que habían perdido a sus esposos decidieron sacarse una foto con sus hijos a pocas horas de haber recibido la noticia? Si hasta los juguetes que portábamos en nuestras manos parecen muertos.

Se lo pregunté muchas veces, pero ella no me dio nunca una respuesta lógica y después no le pregunté más ¿para qué? Pero un día, al pasar los años, ella mirándome a los ojos, por primera vez en mucho tiempo y por su propia iniciativa, me dijo el porqué.

Creo también que esa fue la última foto que nos sacamos juntas. Ni siquiera quiso posar a mi lado cuando me casé, ni cuando bautizamos a mi primer hijo.

Mi tía Clarita se casó con un viajante al poco de quedar viuda y partió con sus hijos, nunca más supimos de ellos. Mi madre siempre decía que Clarita era la más débil de las dos, pero yo pienso que criar dos hijos no era tarea fácil, mi tía tomó una buena decisión, la que hubiera tomado yo seguramente, de estar en su lugar. Aún pienso que también había que ser fuerte para casarse con un extraño y emigrar con dos pequeños a una ciudad lejana. Creo que en eso me parecía a ella, o por lo menos, me identificaba más con ella.

Mi vida fue fácil si así puede decirse, la que se deslomó siempre fue mi madre. Trabajó de cocinera en la casa de los Balboa, un trabajo que la buena señora le dio al enterarse de su viudez, junto con una habitación para las dos, en el sótano de la casa. Una obra de caridad que siempre refregó en la cara de mi madre y que le hizo pagar haciéndola trabajar de la mañana a la noche sin descanso.

La señora Balboa a quien Dios le había enviado solo tres hijos varones, se encariñó conmigo, la bella huerfanita, y me llevaba con ella a todos lados, ufanándose de su bondad ante sus almidonadas amigas, así mientras mi madre fregaba cacerolas, yo disfrutaba de ricos dulces y jugaba con niños ricos.

Para demostrar a esa sociedad pacata que ella era una persona piadosa, la señora Balboa hizo que estudiara junto con sus hijos; yo se lo pagué a los años, casándome con el mayor de ellos, un joven mentalmente inestable al cual me encargué de seducir de forma tal que yo fuera la única razón de su vida.

Aunque al principio tuve que soportar todo tipo de insultos de la mujer que según sus propias palabras “había metido al diablo en su casa” y el mudo reproche de mi madre, ya por ese entonces una mujer cuarentona y gruesa, de manos tan gastadas que dolía mirarlas, no puedo decir que el mío fue un mal matrimonio, si es que matrimonio podía llamarse a lo nuestro.

Me encargué a través de los años de ir apropiándome de todos los derechos que la señora Balboa tenía en la casa y conseguí que el inservible de mi esposo por ser el primogénito, quedara único dueño de la señorial propiedad y de la mayor parte de los campos al morir su padre, una persona totalmente influenciable como su hijo, a quien tenía encantado de igual manera, con mi sonrisa angelical y mis modales educados.

Cuando mi suegra comenzó a desvariar y llorar en los rincones, me encargué de ubicarla en “un hogar dónde la cuidarán amorosamente” desligándome de ella, pasando a ser la nueva Señora de Balboa y la dueña de casa; de una casa que dirigí con mano férrea, así como los campos heredados, por lo que pasamos a ser los más ricos de la comarca, ante la mirada envidiosa y asombrada de mis cuñados que siempre me despreciaron apodándome “la usurpadora", lo cual me causaba muchísima gracia confirmando mi concepto de que eran unos imbéciles.

Mi madre nunca aceptó otro lugar en la casa que no fuera la habitación del sótano, lo único que logré fue que no trabajara más, pero eso solamente cuando ya era una mujer de más de sesenta años, nunca me miraba a lo ojos ni me hablaba. Yo no sentía ninguna lástima por ella, le ofrecí todo y no me aceptó nada, así que también la descarté y aunque lamenté su muerte cuando la encontraron en su mohosa pieza después de varios días de haber ingerido un veneno para ratas, no derramé una lágrima por ella, una mujer sin ambiciones de la cual, si hubiera seguido su ejemplo, solamente hubiera obtenido una vida chata y servil.

Con lo años mis hijos crecieron y rápidamente me deshice de ellos enviándolos al extranjero a estudiar, preocupándome de que no les faltara nada y por ende no desearan regresar; no necesitaba competencias, había tenido la suerte de que fueran débiles como el padre, por lo cual me resultó sencillo fomentar su falta de incentivos, enviándoles regularmente una buena cantidad de dinero para poder disfrutar de una vida disipada, para lo único que servían.

En cuanto a mi marido; falleció una noche en brazos de una amante, borracho como una cuba, liberándome así de su presencia.

Por fin era totalmente la dueña, había conseguido todo lo que me propuse y en mi vejez no sentí nunca remordimientos por las personas que utilicé en mi camino para lograr mis objetivos.

A veces miraba esa foto, la que nos habíamos sacado el día en que llegó la noticia de que mi padre y mi tío habían muerto en una guerra lejana y que un día, antes de morir y rompiendo su silencio de años, mi madre me dijo que nos habíamos sacado como testimonio de que, a pesar de todo lo que nos pasa, siempre hay que mirar adelante y no desviarse de las metas. Creo que al fin de cuentas, no he hecho más que eso en mi vida.

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 18-11-2018, y leído por 0 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2018-12-14 17:25:29 Que joyita para tener de señora. Muy bueno juancarlosII
2018-11-19 21:47:00 Tú si que sabes!! Menudo peligro tienes. Ja, ja...***** grilo
2018-11-19 04:49:23 Concentras a dos generaciones en un cuento corto y que se con facilidad. Una mujer débil y otra que con astucia supo adueñarse de una fortuna y un apellido. Prosa ligera, vuela y con una claridad diáfana. Es agradable leerte. Besos y rosas. sendero
2018-11-19 01:16:57 Wow creo que el consejo lo tomó demasiado literal. Buena historia. Saludos floralegre
2018-11-18 23:30:24 Me gustó mucho Magda ♡ Kahedi
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]