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Inicio / Cuenteros Locales / justine / Guita para el gas

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Vladimir es el último propietario de “La parada”, un pequeño tugurio situado a las afueras de Cifuentes, justo en el punto en el que la guagua finaliza el trayecto de línea. Su clientela es exigua pero suficiente. A primeros de mes los trabajadores de la fábrica de aceite van y vienen al inicio y al final de la jornada. Con eso va tirando y estirando los pesos para mantenerse a flote.

Es alto, rubio, fuerte, de apariencia huraña a consecuencia de los gestos interrogantes y de desconcierto, que durante sus primeros años de inmigrante le provocaron el aprendizaje del idioma, gestos que se han quedado pegados a su rostro fruto de una dificultad tan mantenida. Escupe las erres y sesea con una sibilante suave donde sus parroquianos tienden a zampársela sin más. Todos sus intentos de adaptación han sido vanos, y no sin cierta resignación, ha terminado por aceptar que se le conozca como “el ruso”.

Hoy anda contrito Vladimir. Está cerrando caja y las ganancias son tan escasas que se las verá y deseará para saldar mañana la factura del gas.

Cacharrea en la trastienda ordenando cuatro trastos desperdigados. Tiene una clientela de “mierrrda”. En las dos últimas semanas María do Ceu no ha asomado el pico. Las ganancias han mermado a gran velocidad. Es la reina del mambo, María do Ceu, y no será por las tetas, que no tiene, ni por sus curvas, mal dibujadas a pinceladas de hambruna y alcohol, pero tiene su encanto, sus ojos chispeantes, su tendencia a la risa que encandila a sus parroquianos, sus peroratas hilarantes salpicadas de cierta inteligencia, aunque no duren más allá de lo que tarda en tragarse su tercer tequila. Pero algo tiene “la Bruja”, que sujeta el cigarrillo con el hueco de su incisivo lateral, que según ella se lo arrancó su ex-marido de un puñetazo. Los habituales la adoran, Vladimir los conoce por el “clan de la Bruja” que, aunque a menudo beben al debe, cuando comienza el mes pagan religiosamente tan pronto cobran el subsidio. Son su segunda fuente de ingresos que ahora se tambalea desde que la desdentada no aparece por el local. “En fin, mañana será otro día”.

Son más de las ocho y desde hace dos horas nadie ha aparecido por ahí. Oye unos golpes en la trastienda. Sobresaltado por lo insólito de una llamada a esas horas de la noche, se acerca a la ventana. Ahí están los del clan, sentados sobre una especie de cajón mientras Orencio trata de explicarle con gestos que haga el jodido favor de abrir la puerta del bar. Ganas le entran de mandarlos a todos a que les den por el saco, después de todo esas ya no son horas, y le apetecía ver tranquilo en la trastienda el partido del Boca. Pero ganancias son ganancias y tiene facturas que pagar.

“Jodida noche, ruso, y enlutada” dice Orencio frotándose las manos mientras sujeta la puerta con la punta de su pie. Perplejo, Vladimir, mira con sobresalto como el cajón en el que posaban sus culos hace un momento, no era tal cajón sino que era ni más ni menos que un maldito ataúd. Se persigna en un desmesurado gesto de olvidada ortodoxia. Luis Antonio, que tiene los ojos hinchados y el gesto grave, abre despacio la tapa pidiendo un tequila. “Maria do Ceu tiene sed”, balbucea tan apenas, antes de caer en un sollozo no exento de cierta dosis de alcohol. Uno a uno los parroquianos se sientan alrededor del féretro que han ajustado sobre las dos mesas del tugurio, convertido en un improvisado mausoleo. Vladimir que aún no ha salido del asombro no ha podido articular ni una sola palabra. Él no quiere problemas con la ley. Busca con la mirada algunos ojos con ansiedad dialogante, pero sólo ve rostros serios sumidos en el más profundo respeto. Orencio, Luis Antonio, Mascachicle, Pedro, Gurriato, Bonifacio, Don Ángel, Eligio, Bianchi… tan como siempre y sin embargo tan regios ellos en el velatorio de su amiga. Aún titubea, cuando se acerca a la parroquia repartiendo las tres botellas de tequila que ha bajado del estante. Cabecea resignado mientras pregunta en voz alta que quién pagará las copas de la muerta. El grupo prorrumpe en una unísona carcajada, mientras en un vuelo van colocando billetes sobre el ataúd. Vladimir respira, después de todo la Bruja ha vuelto haciendo gala de su poder de convocatoria. “¡Santa Bruja María de los Cielos!” mañana habrá guita para pagar la factura del gas.

justine

Texto agregado el 07-10-2004, y leído por 1114 visitantes. (33 votos)


Lectores Opinan
2013-12-07 09:19:47 Estupendo, muy buena historia. Los personajes tan bien perfilados del principio te permiten hacerte a la idea de cómo son los demás, los que no describes tanto, porque en seguida te viene a la mente ese bar en tan particular escenario, y los rostros que pueden rondarlo. ikalinen
2012-06-16 20:12:32 Lindo cuento! lo disfruté! Excelente el final. Mis estrellas. nicolas_nunca
2012-03-23 21:27:16 Excelente. sayari
2012-02-19 18:28:26 Muy bueno, los personajes con consistencia, el final es genial. Te felicito. loretopaz
2011-09-29 21:35:12 Agradable cuento. Me gustó el final. Como pintado a mano. Ninon
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