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EL CONVITE



Desde niño, su torpeza había sido el blanco de las burlas. Le habían enseñado a hacer el bien y a perdonar, hasta con saña. Pero ninguno de sus maestros había sabido enseñarle con el ejemplo. Nada de aquello “de quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Piedad, ni de su madre, siempre avergonzada por los desaguisados del niño que tropezaba hasta con el aire. Era el día de su comunión cristiana. En el convite, Marcial atravesaba el estrecho pasillo entre la mesa y la pared. Cercano a la repisa en que reposaba la tarta, dio un tropiezo y terminó cayendo sobre el pastel. La fiesta enmudeció, el camarero contempló la escena preso de asombro y Marcial, que no podía limpiarse las lágrimas del ridículo, amotinadas sobre una densa capa de bizcocho, atisbó por el rabillo del ojo el rostro demudado de su madre, distinguió la rabia en la luz chispeante de sus ojos y la oyó murmurar. Comprendió de repente que ya nada podría hacer para ganar el beneplácito de la que le trajo al mundo, que todas sus batallas estaban perdidas. Huyendo del escarnio de aquella turba de ojos, que pesaban a plomo sobre sus lomos, regresó al sitio caminando hacia atrás. Un, dos, un, dos, los pies titubeantes sobre la incertidumbre del suelo que sólo presentía, un, dos, un dos, ya sin temor. No iba a pasarle nada que no le hubiera sucedido antes, pensó. Y mientras su perspectiva se ampliaba en sus pasos ciegos, cada vez más nítidos, creyó ver en los rostros de sus invitados asombrosas caricaturas, seres atroces mudados de domingo, caras deformes por una fuerza extraña, que parecían salir de las entrañas mismas de los recién nacidos monstruos. Se sintió solo. Miró perplejo hacia todos los rincones del recinto y nadie había humano sino él, se sintió diferente, pareció que volaba dejando atrás las carcajadas y los falsos susurros lastimeros, que hacía unos segundos reverberaban entre las paredes de su cráneo. Nunca antes le habían comprendido y por eso tal vez nunca se sintió amado. Vivía entre la disculpa y el miedo, se moría sólo de vivir, se odió a sí mismo para poder amar; y ni aún así, llegó nunca a sentir la caricia de una mirada tierna. No había nacido afín al mundo de muselinas donde todos se movían con finura y encanto. Su burda estampa y su torpe cuerpo, una lacra en medio de tanta exquisitez. Entonces lo vio claro. Su mirada se hizo tan transparente que pudo ver la nada. Le daba igual matar que morir. Giró el cuello a la derecha, contempló con asombro el rostro de su madre, un dragón humeante que exhalaba ira. Vio el cuchillo incólume en su mano que ya no iba a cortar el pastel. Aturdido, dejó caer su cuerpo sobre la silla y se vio a sí mismo reflejado en el cristal de su copa. Tenía todo el rostro recubierto de nata.




Justine

Texto agregado el 14-04-2005, y leído por 373 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
2008-03-21 15:55:28 todos tenemos un día de claridad para darnos cuenta de que todos los intentos son vanos. abulorio
2005-12-20 00:49:55 Excelente narración. Creo que el niño se hizo hombre en esa resbalón. Felicitaciones y van mis 5* jorval
2005-10-07 20:08:39 Se perfectamente de lo que estas hablando: el que te escribe siempre ha sido capaz de dejar caer las cosas mas delicadas, tropezar con las rayas de los azulejos, y cometer los mayores disparates sin darme cuenta de lo que ocurria. Se me cayó el movil en mi taza de café, dejé caer un plato de sopa juliana sobre mi suegro el primer dia que fui a comer con ellos, atropellé al examinador de trafico el dia del examen, cuando el profesor me dijo que arrimase el coche a la acera. Os juro que too esto es totalmente cierto, por eso me ha calado en especial tu texto. Gracias elcorinto
2005-07-17 11:02:38 No es que pase de la forma en que está narrado este cuento, que es perfecta, ya que ha entrado en mi sin darme cuenta. Pero es su esencia, su contenido, sobre todo, el que me ha sobrecogido, ha lacerado mi alma. Es tanta nuestra insensibilidad ciega junto al convite del lupanar mundo que me he sentido avergonzado. No son los que ven los que más conocen. azulada
2005-05-08 18:51:07 El texto es bastante interesante, siento que el tema pudo haber sido explotado aun mas pues hay bastante tela de donde cortar, pero a mi modo de ver, quedo en un acto fallido. El final del texto no me gusto mucho. Akeronte
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