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		<title>alejandracv en loscuentos.net</title>
		<link>/cuentos/local/alejandracv/</link>
		<description><![CDATA[BIOGRAFÍA  DE  ALEJANDRA CORREAS VÁZQUEZ
...............................................................

	Nací en el centro mismo de la ciudad de Córdoba, de la Provincia de Córdoba, en Argentina, una ciudad mediterránea del centro del país que fundaron los exploradores del siglo XVI, quienes se aventuraban por este mundo nuevo y sin historia en aquellos pasados siglos. Mi ciudad está llena de anécdotas y leyendas, como un vaso lleno de ideas. Me crié en la casa solariega de mis abuelos maternos, estancieros criollos, nutriéndome allí durante la infancia, con numerosas tradiciones familiares. Fue a través de ellas siendo pequeña, que mi imaginación comenzó a volar y fantasear, para más tarde llegar a pintar y escribir.  

	Hija de padres docentes universitarios, detestaba la escuela primaria y secundaria sintiéndome muy incómoda dentro de sus aulas... hasta que por su decisión propia y a escondidas de mi familia, rendí el ingreso en la Escuela de Bellas Artes, en la cual encontré el mundo bohemio que buscaba. En la Academia comencé a tener fe en mí misma y a adquirir mis propias convicciones. 

Pinto lo que escribo y escribo lo que pinto. No separo ambas vocaciones. Mis escritos tienen forma y color... y mis dibujos tienen historias. Esa síntesis me hace feliz.

.............
Alejandra
............

		 

	


]]></description>
		<language>es-es</language>
		
		<item>
			<title><![CDATA[LAS  LLAVES  DE  TOLEDO]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/555/5556/</link>
			<description><![CDATA[LAS LLAVES DE TOLEDO
...................................

(tradici&oacute;n recibida durante un viaje a Toledo)


        El oto&ntilde;o est&aacute; pr&oacute;ximo y Toledo ha amanecido soleado. Por sus calles empedradas una multitud citadina se concentra en espera. Algunos ni&ntilde;os llegan rezagados, m&aacute;s indolentes y semidormidos. Pero al fin las familias se hallan all&iacute; completas para ir bajando lentamente desde la monta&ntilde;a p&eacute;trea toledana y atravesar as&iacute; sus calles de piedra, puerta tras puerta, pasadizo tras pasadizo, curva tras curva.

Esas puertas que dividen sus calles y que los protegieron durante siglos de numerosas invasiones. Esos recodos casi escondidos donde se amurallaban, para defender sus altas casas con frentes solemnes ... Ir&aacute;n quedando ahora lentamente, atr&aacute;s suyo, para no verlos retornar jam&aacute;s.

        Los principales se&ntilde;ores de Toledo poseen all&iacute; hermosas viviendas, en esa arquitectura p&eacute;trea e imponente que ha hecho de esta ciudad, casi un mito. Visten con lujo y son elegantes. Han orado toda la noche, pero a&uacute;n se hallan con la conciencia clara cuando cierran sus grandes mansiones, con sus inmensas llaves, como si aqu&eacute;l fuera un viaje provisorio.

        Ellos siempre pensar&iacute;an en volver. No hubo toledano alguno, de los reunidos en sus calles esa madrugada, que no considerara esto como una circunstancia pasajera. Que no pensase en regresar nunca m&aacute;s, hacia adelante, hasta su ciudad natal. Pero al salir a la calle para unirse con la caravana, comienzan a dudar. Aquella multitud contiene pr&aacute;cticamente a casi toda la poblaci&oacute;n de Toledo... Y cuando parta de all&iacute;, esta c&eacute;lebre ciudad medioeval, quedar&aacute; semivac&iacute;a.

        Es el 4 de agosto de 1492, el &uacute;ltimo d&iacute;a, la gran despedida.

        El gran rabino espa&ntilde;ol lo ha proclamado a los cuatro vientos en aquel a&ntilde;o triste para su pueblo :

&iexcl;Los toledanos somos castellanos! Dos mil a&ntilde;os lleva el Sefarad en esta tierra ib&eacute;rica a partir de nuestra llegada aqu&iacute;, luego del cautiverio en Babilonia. Hemos ofrecido dejar el territorio espa&ntilde;ol pero conservar a Toledo como ciudad de refugio, siguiendo la ley mosaica. Nos fue negado. Hemos sido incluso los arquitectos de Toledo, quien lleva un nombre b&iacute;blico : &iexcl;T&oacute;letos! 

        Pero Toledo est&aacute; toda convulsionada en aquel d&iacute;a. Los que quedan y los que parten. Y as&iacute; los expulsados comienzan su marcha. Pasan una a una las puertas y los pasadizos que ellos mismos construyeron por siglos, para defender sus f&aacute;bricas de espadas, hechas del acero toledano de sus fraguas. Las mismas m&uacute;ltiples puertas que ahora se cierran detr&aacute;s de ellos.

        Y comienzan a andar el camino y a rodar las calles, tras las carretas cargadas que llevan consigo sus &uacute;ltimos lujos. Mujeres, ni&ntilde;os, ancianos y hombres. Y all&iacute; se va hacia la ventura incierta el jud&iacute;o errante toledano que creyera encontrar sobre las riberas del Tajo, hace dos mil a&ntilde;os, un sitio propio. Una ciudad de refugio. 

        Los europeos los esperan del otro lado de los Pirineos en deshielo, cuando los pasos monta&ntilde;eses se hallan abiertos. Francia, apostando vig&iacute;as a lo largo de la ruta que deb&iacute;an atravesar sin detenerse en tierra francesa (de acuerdo al tratado subscripto entre los dos reinos) en ese &eacute;xodo involuntario, prog&oacute;m espa&ntilde;ol, fue cont&aacute;ndolos uno o a uno de acuerdo al censo detallado. Para que saliesen del territorio galo, en la misma cantidad que ingresaran los expulsados.

        La inmensas llaves de hierro de las casas toledanas, cuyas grandes cerraduras ya no utilizables a&uacute;n podemos admirar, partieron para no volver. Atravesaron la dulce Francia de verdes praderas pero sin detenerse en ella. Austria, Flandes, Alemania, Bohemia, Servia, Rumania, Ucrania, Rusia... ser&aacute;n sus destinos.        

..........................................................

        Es un d&iacute;a casi oto&ntilde;al, luminoso y de buen sol en Palos de Moguer, donde tres carabelas cuyo velamen blanco luce una cruz de malta roja, se disponen a partir en este d&iacute;a 3 de agosto de 1492.

        Van rumbo a la India por el Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico. Su capit&aacute;n es un extranjero que vino de Portugal, pero cuya correspondencia a&uacute;n antes de llegar a Espa&ntilde;a, luce un correcto castellano, &uacute;nica lengua de sus cartas. Es pelirrojo y pecoso. Algunos dicen que es lusitano y otros que es genov&eacute;s.

Pero en cualquiera de los dos lugares en que &eacute;l haya nacido, la historia no oficial que derramar&aacute; cinco siglos de tinta, va a sostener siempre que este marino es un jud&iacute;o. Y &eacute;l pone sus barcos en el mar precisamente en la v&iacute;spera, veinticuatro horas antes, el d&iacute;a anterior de la partida y expulsi&oacute;n de la naci&oacute;n hebrea de todo el territorio espa&ntilde;ol. Luego de permanecer all&iacute; por dos mil a&ntilde;os tras el cautiverio en Babilonia, como lo asever&oacute; su gran rabino. El &uacute;ltimo d&iacute;a...

        Su tripulaci&oacute;n, se presume, lleva una mayor&iacute;a de jud&iacute;os. Al menos s&iacute; lo es, Rodrigo de Triana, aquel vig&iacute;a que gritar&aacute; : &iexcl;Tierra! ... cuando aviste la costa americana.


....................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
....................................



]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-20</dc:date>
			<pubDate>Tue, 20 May 2003 01:03:09 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LA  CAPILLA]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/556/5562/</link>
			<description><![CDATA[L A   C A P I L L A
........................

(Acuarelas  Argentinas)


En la Estancia vecina y colindante a nuestra casa, que hall&aacute;base a algunas leguas de distancia donde el paisaje cambiaba tomando formas y colores diferentes (de largas praderas y escasas alturas, sobre un solitario espacio)... en esa extensa longitud casi plana y que conten&iacute;a a la sierra s&oacute;lo en el marco final, encontr&aacute;base la Capilla que hab&iacute;a tocado en herencia a mi madre.

No nos atra&iacute;a su paisaje vac&iacute;o, su silencio con amenaza de pampa, ni comprend&iacute;amos las remembranzas de nuestra madre, quien en aquel arisco paisaje identificaba su esencia. Nosotros &eacute;ramos parte del monte serrano, con su irregularidad, su variedad y su oropel. Ni&ntilde;os crecidos en un entorno din&aacute;mico y colorido, con su barroquismo hecho de natura adonde est&aacute;bamos identificados. Eras mi hermano mayor y yo la peque&ntilde;a gurisa que segu&iacute;ate por los senderos de pircas, entre talas espinosos y aromos de copos amarillos.

Pero la ex&oacute;tica capilla colonial cual un templo de juguete, produc&iacute;ame a m&iacute; en aquel tiempo, la fascinaci&oacute;n del torre&oacute;n en medio del p&aacute;ramo. Era ella en mi infancia una casa de juegos llena de mu&ntilde;ecos, m&aacute;s m&aacute;gicos, puesto que eran intocables.

Nuestra madre abr&iacute;ala con una llave &aacute;spera e inmensa, la cual aumentaba su misterio. Y a medida que descorr&iacute;amos las fallevas de las ventanitas sin vidrio, la luz exterior desliz&aacute;base dentro de ella como un incendio, haciendo que su santoral colgante o apostado en nichos de adobe, cobrara vida y jugase mentalmente conmigo. Toda una infancia dese&eacute; arrullarlos en mis brazos y te ped&iacute; que los bajaras para m&iacute;... Ante la asombrada oposici&oacute;n de nuestra madre. Fue lo &uacute;nico que me negaste. 

Como juguetes preciosos e inalcanzables pasaron en desfile por nuestros juegos, y cuando &eacute;stos concluyeron, admir&eacute; a tu lado la espl&eacute;ndida hermosura de las im&aacute;genes talladas en los templos de Potos&iacute;, con el artesonado elegante impreso por las manos indias. Me conmovieron por su serenidad, su drama o su alegr&iacute;a. Alegor&iacute;as de un mundo no fenecido en el sentimiento y latente en esas obras de arte.
 
Pero nunca olvid&eacute; la Capilla de nuestra madre, quien como templo de juguete era para nosotros m&aacute;s grandiosa en su emoci&oacute;n, m&aacute;s intensa en sus reflejos vivos, m&aacute;s cautivante en su misterio... Porque &eacute;ramos precisamente, m&aacute;s peque&ntilde;os nosotros.

-------------------------
Alejandra Correas V&aacute;zquez
-------------------------   
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-20</dc:date>
			<pubDate>Tue, 20 May 2003 12:52:24 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[FANTASMAS  del  MONSERRAT]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/558/5588/</link>
			<description><![CDATA[FANTASMAS DEL MONSERRAT
.......................................

Es a partir de la Expulsi&oacute;n de los Jesuitas concretada 1767, que comienza un nuevo giro de la historia para el Colegio Monserrat. Un hito cordob&eacute;s que toma vida propia y los rescata en su memoria. Cuando los depredadores bajan la cabeza frente al juicio adverso del tiempo, debido a ese gran agravio que perpetraron, podemos hablar libremente de ellos (los maestros encadenados), con todo el respeto merecido. Hablar con libertad de estos profesores apresados y arrojados a obscuros carruajes con un destino incierto. Porque hubo una buena cuota de silencio obligado.

Y all&iacute; comenzamos a hacernos eco tambi&eacute;n de otros sucesos, muy mencionados pero nada estudiados, antes de que la Parapsicolog&iacute;a en tiempos modernos, ganara la calle. Cuando el tel&oacute;n se descorre reuniendo los dos mundos (porque la niebla g&aacute;lica se ha disipado) podemos transitar libremente ambas direcciones, entre dos planos, recorriendo esos corredores coloniales y nos encontramos entonces, frente a la realidad de lo ins&oacute;lito.

Son paredes cargadas con un clima atemporal. Los personajes del pasado contin&uacute;an all&iacute; presentes, igual que aquellos soldados enfrentados a ni&ntilde;os que intentaban a sillazos, oponerse a su armamento. El ruido de las cadenas con pesados pasos, la campana de clase clamando, las voces en lat&iacute;n... se han convertido lentamente en mitolog&iacute;a.

La versi&oacute;n referente a que todo el cuadro de ese asalto al Colegio Monserrat por parte de soldados enviados por un rey nuevo, se repite una y otra vez o al menos suele o&iacute;rse en el silencio de la noche, es parte de la leyenda cordobesa. La mayor&iacute;a sostiene que la campana suena en horas vac&iacute;as sin clases, pues el Jesuita encargado del campanario la toca desde hace doscientos a&ntilde;os. Y para el concierto de campanas del a&ntilde;o 2000 (televisado al mundo) hubo que pedirle permiso, pues se aparec&iacute;a a los campaneros llegados desde Europa para festejar ese gran evento del tercer milenio. Adem&aacute;s, las cadenas que los profesores jesuitas arrastraban al partir prisioneros, todav&iacute;a se escuchan por los corredores. Los alumnos a&uacute;n gritan furiosos, indignados y valerosos, entre la soldadesca invasora del Monse, por el Colegio nocturno y vac&iacute;o.

Todo contin&uacute;a all&iacute; est&aacute;tico, entre dos niveles de tiempo, flotante en una nube g&aacute;lica y es parte del encanto de ese bonito edificio colonial (declarado patrimonio mundial). El cual lo guarda celosamente entre sus paredes, como un bien preciado. O como un mal que debe recordarse para que no vuelva a repetirse : La Libertad de pensamiento que fuera conculcada por la arbitrariedad de un mal rey. 

Algunos han visto de lejos a los Jesuitas, togados y pausados, reconoci&eacute;ndolos por su vestimenta, extra&ntilde;a hoy para un colegio laico. Otros han o&iacute;do una bola de hierro rodar de punta a punta (la bola de los grilletes) o la maza que cerraba las cadenas de los ilustres prisioneros, golpear incesantemente en el cuarto contiguo.

Eran profesores que educaban hace dos siglos y medio a jovencitos criados por padres feudales, entre gauchos, indiada, capataces mestizos, negros esclavos y amas de leche angole&ntilde;as. Y que luego, al llegar a los claustros jesu&iacute;ticos del Colegio Monserrat, pasaban de improviso a disfrutar de los amores de Helena y Paris, lloraban a Pr&iacute;amo y H&eacute;ctor, se vengaban de las ofensas con Menelao o sufr&iacute;an por la traici&oacute;n de Clintemnestra ... Recitaban a Horacio y viajaban sin rumbo con Virgilio. Div&iacute;d&iacute;anse en dos grupos (y a&uacute;n es tradici&oacute;n) de griegos o troyanos.

Y as&iacute;... luego de esos sue&ntilde;os monserratenses retornaban como es debido, para hacerse cargo de sus propiedades camperas, ponerse al frente de un arreo con miles de cabezas en ganado y empezar a hablar en quichua o en comeching&oacute;n, a fin de que sus paisanos les obedecieran. Caminando paso a paso en una larga marcha con semanas de viaje, o meses, rumbo al Alto Per&uacute; ...cantando una Huella con su comitiva de caravaneros. Y all&iacute; entonces, la figura del Monserrat cobraba en ellos una dimensi&oacute;n nost&aacute;lgica y m&aacute;gica, sobredimensionada en sus recuerdos.

La mayor&iacute;a considera que la campana a&uacute;n suena en horas vac&iacute;as sin clase. Cuando yo viv&iacute;a a dos cuadras del Monserrat en la calle Belgrano frente a la Ca&ntilde;ada, se insist&iacute;a en este tema. Pues se dice que el Jesuita encargado t&oacute;cala impasible desde hace doscientos a&ntilde;os. Las cadenas que los profesores arrastraban al partir esc&uacute;chanse por las grandes arcadas. Los alumnos a&uacute;n golpean impotentes con sillas a la soldadesca profanadora, en ese Monse nocturnal y silente erguido en pleno centro citadino.

Todo contin&uacute;a all&iacute; seg&uacute;n creen los mit&oacute;logos, est&aacute;tico entre dos niveles de tiempo, flotante como una nube g&aacute;lica ... Pues aunque los edificios jesu&iacute;ticos de toda la cuadra forman un solo conjunto arquitect&oacute;nico colonial con la iglesia de la Compa&ntilde;&iacute;a incluida es el Monserrat quien acopia los fantasmas y su leyenda. S&oacute;lo &eacute;l, dentro de esa totalidad. 

Ep&iacute;logo final de una vida lejos del mundanal ruido ofrecida por eruditos cl&aacute;sicos, los Jesuitas, a j&oacute;venes aislados en este Cono Sur Sudamericano durante aquellos distantes siglos precedentes, en tiempos buc&oacute;licos entre chuquis y talas, c&oacute;ndores y pumas, los cuales dieron nacimiento mediante esta siembra cultural hecha de constancia, a la actual ciudad moderna.

....................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
....................................]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-21</dc:date>
			<pubDate>Wed, 21 May 2003 00:25:40 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[UN  CIENT&Iacute;FICO  ALEM&Aacute;N]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/561/5610/</link>
			<description><![CDATA[UN CIENT&Iacute;FICO ALEM&Aacute;N

................................

(Acuarelas Argentinas)

1  EL PERSONAJE

Era un cient&iacute;fico alem&aacute;n. Un m&eacute;dico. Un doctor extravagante. Era el Dr. Stuckert.

Cierto estudiante de medicina en ese entonces, disc&iacute;pulo suyo, contemplaba con admiraci&oacute;n y asombro cuando el Herr Professor em&eacute;rito (que a la saz&oacute;n se hallaba radicado como profesional en C&oacute;rdoba) llegaba en bicicleta hasta el Hospital. Resultaba ya de por s&iacute; extra&ntilde;o en esta adusta ciudad, un doctor en bici. Pero el ex&oacute;tico doctor de la bicicleta totalmente trajeado de profesor universitario a la usanza de los a&ntilde;os 30, no paraba ah&iacute; sus ins&oacute;litas peripecias. Se lo ve&iacute;a entrar raudo por el largo patio del Hospital haciendo c&iacute;rculos entre pacientes y m&eacute;dicos, persiguiendo adem&aacute;s con su bici a las beatas religiosas del nosocomio. Quienes enfundadas en sus h&aacute;bitos talares hu&iacute;an despavoridas al verlo, porque las corr&iacute;a por los distintos pasillos.

Como damas elegantes que hab&iacute;an renunciado al mundanal ruido para dedicarse a obras de caridad -olvidando salones y sonrisas- pegaban chillidos de espanto, causando a&uacute;n m&aacute;s entusiasmo en el persecutor del birrodado.

-&iquest;C&oacute;mo un profesor em&eacute;rito, un m&eacute;dico, un diplomado europeo ... puede conducirse como un ni&ntilde;o travieso?- comentaba a&ntilde;os despu&eacute;s su antiguo alumno

2 UNA VISITA INTEMPESTIVA

Corr&iacute;a un d&iacute;a de un mes del a&ntilde;o de 1935. El Dr. Stuckert toc&oacute; muy de madrugada entre las primeras claridades, el timbre de una casa particular en la calle Dean Funes al 800 de la ciudad de C&oacute;rdoba. Viv&iacute;a en ella un diputado nacional, enemigo pol&iacute;tico suyo, en aquel tiempo cuando las enemistades pol&iacute;ticas eran graves.

Casi todos dorm&iacute;an en la casa y s&oacute;lo el jefe de familia estaba despierto, tomando el mate que ceb&aacute;bale una chinita enfundada en uniforme de mucama, adornada con una cofia blanca y bordada sobre su frente, bajo la cual sus ojillos indios, semidormidos, parec&iacute;an m&aacute;s oblicuos. No era com&uacute;n ese disfraz en una casa de estanciero criollo de R&iacute;o Primero, pero a un diputado le quedaba bien, sin duda.

-&iexcl;Quiero hablar de inmediato con el Dr. Eudoro!- exigi&oacute; en su tono habitual el profesor em&eacute;rito de la Universidad, a la chinita cuando &eacute;sta asom&oacute; bostezando su rostro a la puerta

Como era de esperar, demoraron un tiempo prudencial en abrirle, trat&aacute;ndose de un enemigo pol&iacute;tico. Pero al fin franque&aacute;ronle la puerta al cient&iacute;fico alem&aacute;n, cuya presencia en s&iacute; misma, representaba todo un honor en cualquier domicilio cordob&eacute;s. Y lo hicieron pasar al escritorio del diputado (perteneciente al partido pol&iacute;tico opositor al suyo) el cual hall&aacute;base ubicado en el centro de esa casa, iluminado por una ventana con vista hacia un patio adornado por may&oacute;licas valencianas azules.

El due&ntilde;o de casa brind&oacute;le un saludo de estilo, con gran formalidad. Abogado aguerrido, corpulento, rubio, de mucha prestancia f&iacute;sica y conocido por su sombrero hongo. Con su gesto altivo de siempre, estaba realmente sorprendido por la visita de un enemigo pol&iacute;tico, en momentos &aacute;lgidos de la campa&ntilde;a proselitista. Tanto como satisfecho por ser honrado con la presencia del m&eacute;dico famoso en su casa. Su llegada intempestiva lo llenaba de asombro y una vez frente a &eacute;l, mir&oacute; al Dr. Stuckert con un gesto airoso y de intriga, que le era caracter&iacute;stico. El cient&iacute;fico alem&aacute;n le pregunt&oacute; entonces:

-&iquest;Se apresta usted a viajar muy de ma&ntilde;ana Dr. Eudoro?- d&iacute;jole sin pre&aacute;mbulos el Dr.Stuckert

-S&iacute;. Debo abrir un acto pol&iacute;tico en Plaza de Mercedes, pueblo de hacendados que pertenece a la zona departamental de R&iacute;o Primero, solar de mi familia donde yo mismo he nacido. Al cual represento en el Congreso Nacional y por ello en mi calidad de diputado nacional debo acompa&ntilde;ar en estos eventos.

-&iexcl;Pues no ir&aacute; usted all&iacute; porque yo se lo impedir&eacute;!- le expet&oacute; el visitante intespectivo con gran &eacute;nfasis, mientras sacaba de su bolsillo una pistola con la cual enca&ntilde;one&oacute; al diputado.

Luego prosigui&oacute; :

-Est&aacute; cargada y ya conoce usted que mis afirmaciones son siempre seguras &iexcl;Usted no ir&aacute; hoy a Plaza de Mercedes porque yo voy a imped&iacute;rselo!

-&iquest;Es que piensa matarme?

-&iexcl;No!- grit&oacute; el profesor alem&aacute;n

Y qued&oacute; el Dr Stuckert espantado de o&iacute;r aquello, sin advertir que la circunstancia que protagonizaba no parec&iacute;a favorecer en nada su afirmaci&oacute;n.

-Todo lo contrario, doctor Eudoro, yo no quiero que lo maten a usted.

-&iquest;De d&oacute;nde saca usted eso, profesor?

-Como se lo estoy diciendo. Vengo de una reuni&oacute;n de mi partido donde, pese a mi oposici&oacute;n, usted ha sido condenado a muerte. &iexcl;Y yo no lo voy a permitir!

-&iquest;C&oacute;mo? ... &iquest;En qu&eacute; momento?

-Este mediod&iacute;a en Plaza de Mercedes. Ya est&aacute; all&aacute; todo preparado.

El diputado se desplom&oacute; en su asiento. El tren que lo llevar&iacute;a esa ma&ntilde;ana a Plaza de Mercedes part&iacute;a de la estaci&oacute;n de ferrocarril en un par de horas. Una gran festividad de campo se hab&iacute;a preparado para recibirlo, con los consabidos asados, cuadreras, bailes, juegos y misa. El iba a abrir el acto cortando la cinta azul y blanca con los colores patrios y dar comienzo a los discursos inaugurales del evento pol&iacute;tico, seguidos por la fiesta campera: desfile gauchesco con arneses adornados de plata, briosos potros alazanes, sortijas, cocina criolla al aire libre, reparto de empanadas, locro y quesillo, matizando todo aquello con los mejores vinos regionales pateros.

Todo... Todo hab&iacute;ale parecido a este diputado tan ingenuo, tan simple, tan buc&oacute;lico, tan acostumbrado ...&iexcl;Tan de R&iacute;o primero!... Como cuando de ni&ntilde;o cabalgaba por la estancia paterna en esas extensiones il&iacute;mites y pampeanas, saludando a los puesteros, los boyeritos, el capataz, los peones gauchos, los aparceros gringos y a las chinas y chinitas mezcladas entre ambos. Gente simple y campesina. Al cura p&aacute;rroco, el jefe de la estaci&oacute;n de tren y al chasqui repartiendo a caballo la correspondencia entre las estancias.

En un lugar as&iacute;... &iquest;Cab&iacute;a una tragedia?

-&iexcl;Esc&uacute;cheme muy bien se&ntilde;or diputado!- volvi&oacute;le a exigir el doctor alem&aacute;n mientras continuaba esgrimiendo el arma en direcci&oacute;n a su pecho en forma amenazadora- Si usted intenta salir de este escritorio o de su casa en este d&iacute;a... &iexcl;Yo lo balear&eacute;! No tenga la menor duda. Usted se quedar&aacute; aqu&iacute; a mi lado todo el d&iacute;a. As&iacute; lo he decidido yo.

No habr&iacute;a nada m&aacute;s que decir en aquel d&iacute;a. Ya estaba todo dicho. Al Dr. Stuckert nadie pod&iacute;a discutirle nada y menos a&uacute;n, con un arma cargada en la mano. Nunca iba a decir algo de lo que no estuviese convencido y jam&aacute;s hablar&iacute;a sin cumplir con su palabra. Era totalmente alem&aacute;n. Nadie se atrev&iacute;a en aquella d&eacute;cada de 1930, a desautorizar o desafiar al Dr. Stuckert. Su saber. Su seriedad profesional. Su sobriedad, impon&iacute;an un respeto solemne. Su Cl&iacute;nica particular era toda una garant&iacute;a. El era un cient&iacute;fico alem&aacute;n.

Como centinela de guardia la pistola del profesor em&eacute;rito se mantuvo en su mano apuntando al condenado a muerte, para impedir que se cumpliera tal condena. Soluci&oacute;n &eacute;sta, que s&oacute;lo pod&iacute;a hab&eacute;rsele ocurrido a un germano.

3  PLAZA de MERCEDES

En Plaza de Mercedes en tanto, ese d&iacute;a, la masacre ser&iacute;a escalofriante. Fue la tragedia m&aacute;s grande del caudillismo criollo argentino, que marcar&iacute;a la memoria por mucho tiempo. D&eacute;cadas. Pues en la lid las v&iacute;ctimas hab&iacute;anse transformado en victimarias. Es decir, el partido pol&iacute;tico que presuntamente iba a ser atacado, esgrimi&oacute; imprevistamente armas. Hubo sin duda otras filtraciones en la lamentable reuni&oacute;n nocturna que indign&oacute; al cient&iacute;fico alem&aacute;n, las cuales dieron voz de alarma.

Advertidos a tiempo, los partidarios del diputado que deb&iacute;an abrir ese acto pol&iacute;tico en el pueblo campero de Plaza de Mercedes, rodeado de estancias ganaderas, llevaron hombres duchos para el caso, bien armados ... Y comenz&oacute; la batalla, al mediod&iacute;a.

En la ciudad de C&oacute;rdoba mientras tanto, a la cual todos ellos pertenec&iacute;an, se aguardaban noticias de ambas partes. Hacia el atardecer, la sirena del diario La Voz del Interior que anunciaba siempre a la ciudadan&iacute;a cordobesa peligros o dramas, comenz&oacute; a sonar en forma pat&eacute;tica y persistente, a todo lo largo y lo ancho de esta ciudad.

4  DOS HERMANOS DIALOGAN

-&iquest;Has o&iacute;do esa sirena?- le pregunt&oacute; el hermano mayor Orencio a su hermano menor Oscar, quien hall&aacute;base de visita en su casa viendo el estado de salud del primero, el cual estaba en cama con parte de enfermo

-S&iacute;... &iquest;Qu&eacute; habr&aacute; pasado?- contest&oacute;le el muchacho

-Acaban de matar a tu futuro cu&ntilde;ado.

-&iexcl;Eudorito! ...&iquest;C&oacute;mo es eso?... &iexcl;Y c&oacute;mo lo sabes!- salt&oacute; espantado Oscar

Orencio, perteneciente al mismo partido de Stuckert y que conoc&iacute;a todo lo programado, dirigi&oacute;le una fuerte mirada a su joven hermano. Luego le explic&oacute;, con mesura:

-Quisieron que yo me encargara de ese crimen y me negu&eacute;. Como puedes ver no estoy enfermo, a pesar de haber dado parte de enfermo- y luego guard&oacute; silencio

-No te calles, quiero saber- insisti&oacute; Oscar angustiado

-Pues bien, como lo oyes... Yo me negu&eacute;. Pero le he hablado de frente como poca gente se atreve a hacerlo, dici&eacute;ndole: Doctor S. ... Yo soy, usted lo sabe, su correligionario, un partidario leal que no va a traicionarlo, pero tampoco a doblegarse. No ced&iacute; en el 30, hace cinco a&ntilde;os, y dej&eacute; por ello mi carrera militar, debido a mis convicciones a las cuales no voy a abandonar. Pero sigo siendo siempre, un soldado de la patria &iexcl;No! No soy un asesino. No ser&eacute; un criminal. Busque Usted a otro. Yo no estoy a su lado para eso ... Esa sirena mi indica, Oscar, que lamentablemente, acaban de matar a tu futuro cu&ntilde;ado Eudoro, en Plaza de Mercedes.

Oscar era muy joven y estudiaba medicina. Mientras que su hermano mayor Orencio le llevaba veinte a&ntilde;os de vida y de convicciones. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de este d&iacute;a luctuoso, un ex-condisc&iacute;pulo de Orencio en el Colegio Militar (compa&ntilde;ero de camarote en dicho centro de estudios) lleg&oacute; a C&oacute;rdoba y lo visit&oacute;, para que lo acompa&ntilde;ase en una gran asonada pol&iacute;tica que iba a imponerse en toda la naci&oacute;n Argentina, durante d&eacute;cadas.

Orencio lo atendi&oacute;, le abri&oacute; su casa, le convid&oacute; mate y galletas, habl&oacute; largamente con &eacute;l, escuch&oacute; sus proyectos y sus propuestas, le sum&oacute; observaciones y algunas cr&iacute;ticas, sigui&oacute; en buenas relaciones con &eacute;l en atenci&oacute;n a los mutuos recuerdos juveniles ...pero tampoco cedi&oacute;. Y si no dio la espalda a sus ideas para colocarse en la c&uacute;spide del &eacute;xito &iexcl;Menos a&uacute;n iba a ceder para llenar sus manos con sangre en Plaza de Mercedes!

5- LA SIRENA

Aquella sirena de 1935 iba a resonar con espanto en las almas cordobesas. La ciudad enlutada. Lacerada. Dolorida. Pero sin embargo, aquello que hab&iacute;an cre&iacute;do los dos hermanos Orencio y Oscar- no hab&iacute;a sucedido. Fue en realidad lo &uacute;nico que no sucedi&oacute;, precisamente lo que estaba programado.

El blanco verdadero. El que deb&iacute;a cortar la cinta de colores patrios y comenzar los discursos. El destinatario aut&eacute;ntico de aquella espantosa sangr&iacute;a. El verdadero objetivo sindicado para ese d&iacute;a ...Y el &uacute;nico de todo el conjunto, en sobrevivir sin mella alguna.

6  CHAMPAGNE FRAPP&Eacute;

S&oacute;lo dos a&ntilde;os m&aacute;s adelante, Oscar, ya con el t&iacute;tulo de m&eacute;dico en sus manos concret&oacute; su matrimonio. En ese acto nupcial de la joven pareja fueron padrinos de boda luciendo sus elegantes fracs, Orencio por el novio y Eudoro por la novia. Y ambos contendientes pol&iacute;ticos brindaron esa noche cordobesa de un c&aacute;lido noviembre, con un suspiro de alivio y con champagne bien frapp&eacute;.

7- UN CIENT&Iacute;FICO ALEM&Aacute;N

&iquest;Y el cient&iacute;fico alem&aacute;n? Continu&oacute; dando notas ex&oacute;ticas. Aquel d&iacute;a luctuoso de 1935 hab&iacute;a concluido. Al escuchar la terrible sirena del diario cordob&eacute;s La Voz del Interior, el Dr. Stuckert consider&oacute; las cosas a su modo. Todo estaba ya concluido. El a&uacute;n continuaba con la pistola en la mano y ninguno de ambos quer&iacute;a otro mate. La verde yerba asom&aacute;bales por los ojos, cual cuadro vivo de selva misionera que la cultiva.

Dio entonces por terminada la tarea que hab&iacute;alo llevado esa madrugada entre las primeras luces, hasta el domicilio de la calle Dean Funes al 800.

Cumplido ese complejo cometido que hab&iacute;ase propuesto salud&oacute; como un caballero y se retir&oacute;. Sencillamente... Pero la familia observ&oacute; en los meses que siguieron, que exist&iacute;a un polic&iacute;a uniformado frente a su domicilio... &iexcl;Encargado de la seguridad del diputado opositor!

El Dr. Stuckert tal como a s&iacute; mismo se lo hab&iacute;a propuesto, continu&oacute; preservando la vida de su enemigo pol&iacute;tico. Con m&aacute;s ah&iacute;nco a&uacute;n, por los hechos ocurridos.

EL ERA UN CIENT&Iacute;FICO ALEM&Aacute;N

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
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]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-21</dc:date>
			<pubDate>Wed, 21 May 2003 08:29:08 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[UNA  NAVE  INTERGAL&Aacute;CTICA]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/562/5624/</link>
			<description><![CDATA[Una Nave Intergal&aacute;ctica
................................

Mi gran amigo y poeta indio, proporcion&aacute;bame paseos ins&oacute;litos con alg&uacute;n motivo especial que se defin&iacute;a reci&eacute;n al concluir el mismo. No hab&iacute;a que preguntarlo, hab&iacute;a que vivirlo. Como aquella noche cuando apareci&oacute; en un espacioso auto junto a un viajero procedente de Qu&eacute;bec, con quien amenizamos en buena empat&iacute;a dentro de esa agradable tertulia bohemia que iba a durar dos jornadas ininterrumpidas.

Vinieron ambos a visitarme hacia la puesta del sol y nos fuimos los tres juntos en ese amplio veh&iacute;culo para disfrutar de una parrillada criolla en la Ruta 9 ...No &iacute;bamos a dormir por 48 hs... Ni habr&iacute;a tampoco forma de desatender el jugoso di&aacute;logo de estos dos intelectuales llenos de vivencias propias, ideas originales, lecturas v&iacute;vidas y observaciones pensadas. Ignoro cu&aacute;l era mi intervenci&oacute;n all&iacute;, pero estaban contentos conmigo.

La noche avanzaba y la conversaci&oacute;n volv&iacute;ase m&aacute;s medulosa, cuando luego de cenar recorrimos el Parque Sarmiento lindero a la Ruta 9 y que lo separa de la ciudad, bordeamos el Coniferal y el Zool&oacute;gico, con sus grandes barrancones donde se amodorran los tigres, los pumas y los leones. Est&aacute;bamos los tres cautivados por esa paz nocturnal y sin tr&aacute;fico, por esa plenitud conservada dentro de aquel lugar especial y selv&aacute;tico erigido en medio de la ciudad, puro a&uacute;n, a pesar del avance mec&aacute;nico del siglo.

Y en alg&uacute;n momento al pasar la medianoche, salimos hacia los caminos. Un manto de niebla fue cubriendo nuestra visi&oacute;n, pues el invierno cordob&eacute;s hab&iacute;ase posesionado de todos : Los noct&aacute;mbulos que permanec&iacute;amos despiertos o los burgueses durmientes arropados en sus domicilios.

Las nevadas serranas parec&iacute;an extenderse hacia los valles y los copos se derret&iacute;an en el vidrio de nuestras ventanillas. Un vac&iacute;o total nos rodeaba, mientras nosotros segu&iacute;amos avanzando en un di&aacute;logo permanente y sin horario. Cuando el auto era detenido para limpiar el visor, el motor hel&aacute;base por la escarcha nocturna sumada a la densa niebla cordobesa e invernal. Y para evitarlo el autom&oacute;vil ten&iacute;a que continuar andando, por cualquier lado de la provincia.

La provincia de C&oacute;rdoba no es peque&ntilde;a, pero en dos d&iacute;as de recorrer kil&oacute;metros, se la atraviesa. Se cambian los paisajes, se los recorre, se los combina y se retorna a ellos. El sol al iluminar el campo helado, con espejos de escarcha, encandilaba los ojos reforzando el juego de la naturaleza. Los di&aacute;logos volv&iacute;anse por inspiraci&oacute;n del ambiente, m&aacute;s imaginativos y pict&oacute;ricos.

La Pachamama nos abrigaba con su fuerza en esos momentos, cual una protectora o una dise&ntilde;adora de caminos cordobeses.

Por momentos dorm&iacute;amos en el auto y como yo ten&iacute;a el asiento de atr&aacute;s para m&iacute; sola, pod&iacute;a descansar m&aacute;s c&oacute;moda que ellos. Mis acompa&ntilde;antes hac&iacute;an caso omiso del fr&iacute;o escarchado que nos rodeaba, acostumbrados como estaban el uno a las nieves del Uritorco y el otro a las nevadas del Qu&eacute;bec. As&iacute; entre marchas y retrocesos, no queriendo salir de la provincia, nos encontramos 48 hs. despu&eacute;s en plena sierra abrupta, sobre camino de tierra muy pedregoso, donde las ruedas del autom&oacute;vil parec&iacute;an rugir desesperadas.

Y all&iacute;, el poeta indio, quien era por cierto el Cicerone de aquella ins&oacute;lita ruta, se&ntilde;al&oacute; una cresta rojiza dici&eacute;ndonos :

- Se llama Los Terrones. All&aacute; arriba mi madre siendo una joven pastora de diecis&eacute;is, antes de que yo naciera, vio un &oacute;mnibus muy largo asentado all&iacute; donde no es posible subir sino escalando, posado durante semanas sobre esas crestas de greda roja. Ella estaba aqu&iacute; abajo donde nosotros estamos ahora, cuidando sus cabras... &iexcl;Era una jovencita de 16 a&ntilde;os que contemplaba un cigarro volador y en el pueblo de Capilla del Monte nadie le cre&iacute;a!

De aquellas fechas la sierra cordobesa guarda memoria de numerosas historias paralelas que ocuparon la cr&oacute;nica de los diarios, por lo ins&oacute;lito de los sucesos. Una de ellas figura en el extra&ntilde;o Libro de los Condenados de Charles Fort, autor que coleccionaba por el mundo hechos sin explicaci&oacute;n, con testigos. Y otra muy detallada la encontramos en los relatos cordobeses del agrimensor Don Salustiano Y&aacute;nez, con ese componente m&iacute;tico, tr&aacute;gico y legendario sobre tales sucesos, a los que se atribuy&oacute; s&oacute;lo un valor mitol&oacute;gico.

Pero a&uacute;n as&iacute;, esta otra historia sucedida all&aacute; en Los Terrones, &eacute;sta de la pastora india y serrana que tendr&iacute;a un hijo intelectual y erudito, ha sido siempre para m&iacute; la an&eacute;cdota de OVNIS que m&aacute;s me ha gustado. Tiene una pureza espont&aacute;nea, natural y cre&iacute;ble, por su sencillez.

Y en un trajinar de 48 hs. sin parar el motor o deteni&eacute;ndolo escasamente, en el transcurso de aquel peregrinaje inventado por el indio poeta, a partir de un tema de an&aacute;lisis que nos fue cautivando... la aparici&oacute;n imprevista de Los Terrones, esbeltos, imponentes, con su m&aacute;gico color anaranjado brillante de media siesta, soleados tras una helada, ha dejado dentro m&iacute;o una sugesti&oacute;n perdurable. Y a&uacute;n hoy Los Terrones me parecen guardar restos de una Nave Intergal&aacute;ctica.

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
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]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-21</dc:date>
			<pubDate>Wed, 21 May 2003 13:43:15 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LUCES  DE  MERCURIO]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/565/5655/</link>
			<description><![CDATA[LUCES  DE  MERCURIO
.............................

1 - DESPEDIDA

La casa de piedra solariega ornamentada con talas gigantes y centenarios, de tupido follaje danzando entre la robustez de sus troncos, era en aquel apartado pueblo serrano un centro de agradables y movidas reuniones. All&iacute;, donde dos hombres solos (padre e hijo) estaban rodeados de permanentes compa&ntilde;&iacute;as.

Los Luj&aacute;n eran muy conocidos y vinculados en la zona, siendo el padre director de la escuela local. Y su hijo Ramiro pudo por ello estar orgulloso por esa amplitud de amistades, en medio de las cuales le era f&aacute;cil expresar sus inquietudes e inc&oacute;gnitas. El tiempo al acelerar el invierno con un fr&iacute;o imprevisto en medio del marzo oto&ntilde;al, se hab&iacute;a presentado como &oacute;ptimo para su partida.

Ramiro llevaba consigo en su traslado hacia la Universidad una viva inquietud ante lo desconocido. Una ansiedad donde esperaba con toda la fuerza de su juventud, hallar all&iacute; una respuesta. Y segu&iacute;a dialogando con su padre, el director escolar, como siempre lo hiciera al crecer sin madre, mientras preparaba una gran valija de cuero muy cargada de ropa como si fuera a trasladarse por toda una vida. Lujos en vestimentas que en aquel sector de sierra (de turismo en verano) hac&iacute;anse habituales.

Ante ello el profesor Luj&aacute;n lo satiriz&oacute; cari&ntilde;osamente, por aquella ostentaci&oacute;n de coqueter&iacute;a juvenil, muy propia de las poblaciones adonde acuden veraneantes. Mientras le advert&iacute;a que la vida universitaria cordobesa, no era una fiesta tur&iacute;stica. Pero cre&iacute;a conocer bien a su hijo al que hab&iacute;a empapado largamente con sus intereses, esmero puesto en su formaci&oacute;n como padre viudo. Aunque tambi&eacute;n comprend&iacute;a que Ramiro no iba a cortar de golpe frente a los libros, con todo el esplendor de esa sierra que lo acunara. Entre paisajes coloridos y visitantes en jolgorio de verano, lo que cre&aacute;banle una atm&oacute;sfera peculiar de aislamiento geogr&aacute;fico y comunicaci&oacute;n social alternativa.

Juntos los dos en la puerta de su casa de piedra, donde finalizaba la avenida de talas (erigida sobre una empinada cuesta) esperaron al &oacute;mnibus que alejar&iacute;a al joven de la sierra, con su cord&oacute;n terciario dominando el horizonte... por un tiempo largo. Y all&iacute; se despidieron.

2  VIAJE

Ramiro llevaba de esta manera el esp&iacute;ritu henchido de emociones, mientras el rodado descend&iacute;a por un camino de tierra, que empalmaba con la ruta de asfalto de aquella poblaci&oacute;n. Iba somnoliente por el poco dormir de esa v&iacute;spera inquieta. Luego de una hora de marcha el muchacho experiment&oacute; un brusco despertar. La provincia cordobesa cambiaba el paisaje.

Era la nueva realidad, no menos bella, pero s&iacute; m&aacute;s lisa. Las sierras iban perdiendo altura. Quedaban atr&aacute;s las grandes rocas y el verde h&uacute;medo asomaba coloreando con tonos distintos, de acuerdo a cada sembrado. Chacras. Planas. Pampeanas.

Las pampas sembradas se suced&iacute;an a peque&ntilde;as lomadas. Entrada ya la noche comenz&aacute;ronse a divisar las luces de la ciudad de C&oacute;rdoba, desde el fondo de la hondonada donde est&aacute; situada. Y con ellas vino un aire m&aacute;s tibio y pesado. Luego un fogonazo a los ojos del joven serrano : &iexcl;Las luces de mercurio! ...que as&iacute; en la semiobscuridad despu&eacute;s de dejar la sierra hacia la espalda, los aromos y los talas, surgiendo casi de golpe, parec&iacute;an cual fant&ocirc;mas de una ilusi&oacute;n. O un pr&oacute;ximo enga&ntilde;o. Una aparici&oacute;n misteriosa, para aqu&eacute;llos que no han cohabitado nunca bajo sus l&aacute;mparas. Con su mundo de v&eacute;rtigos y desazones, o de pr&oacute;ximas aventuras para un joven solo y sin testigos.

Es distinto desde la sierra pura, hacer un viaje de paseo a la ciudad y caminar en la noche citadina bajo las luces de mercurio, que llegar un poniente para ser atrapado por ellas.

3 - Arribo

C&oacute;rdoba nocturna e iluminada. De pol&iacute;ticos fuertes y estudiantes politizados. Ciudad de luces y de sombras. De progreso y de nostalgias. De apellidos. Ramiro la recorri&oacute; valija en mano, observ&aacute;ndola y sin pertenecer a&uacute;n a ella. Ni la pose&iacute;a ni era pose&iacute;do. Transpon&iacute;a sus pasos y encontraba sus lugares. Solicitaba el nombre de sus calles y coloc&aacute;bale de a poco sus huellas. All&iacute; hab&iacute;a llegado para adaptarse por varios a&ntilde;os... sin embargo &eacute;l pertenec&iacute;a a la sierra que lo educara haci&eacute;ndolo crecer.

Y mientras el estudiante deambulaba por las calles oto&ntilde;ales, el mundo ciudadano palpitaba en sus promesas, sus aciertos y sus frustraciones. El bullicio. El sem&aacute;foro. La multitud. El estudio. Y en pleno centro cordob&eacute;s, en el antiguo colegio jesu&iacute;tico con sus muros p&eacute;treos construido siglos atr&aacute;s por manos indias, ergu&iacute;ase : la Universitas Cordubensis Tucumanae. Sede ahora universitaria laica, nacional y oficial, donde aquel pasado rom&aacute;ntico se percibe a&uacute;n entre sus paredes a&ntilde;ejas en este siglo entrante.

Y desde all&iacute;, desde ese microcentro, esperaba el muchacho hallar respuesta a sus inc&oacute;gnitas, mediante el panorama generalizado que le ofrec&iacute;a la distancia de su casa paterna, viviendo ahora en una urbe. Comprendiendo de golpe, los largos a&ntilde;os estudiantiles que se perfilaban delante de &eacute;l. Ramiro Luj&aacute;n, joven, fresco, nuevo. Dispuesto a una ruptura con el pasado alado.

4- EL ESTUDIANTE

El bullicio callejero y m&uacute;ltiple de todas las abigaradas ciudades argentinas, con su variedad de prototipos humanos, precipit&oacute;sse sobre &eacute;l. La disparidad de origen y procedencias de los estudiantes universitarios, tanto familiares y culturales, como de lugares pr&oacute;ximos, provincias alejadas y pa&iacute;ses lim&iacute;trofes. Acentos y tonadas diversas, con sus distintas m&uacute;sicas folkl&oacute;ricas, zambas norte&ntilde;as o chamam&eacute;s litorale&ntilde;os, takiraris bolivianos, carnavalitos o cuyanas, valses peruanos o cordobeses... Pero toda esa variedad dentro de una misma lengua castellana de adaptaci&oacute;n sudamericana. Lo m&uacute;ltiple y lo uniforme. La unidad en la disparidad. Lo que no sab&iacute;a &eacute;l hasta entonces que existiese, al proceder de un ambiente cerrado entre dos quebradas serranas, con turistas siempre conocidos habituales.

Fue un contraste completo con su mundo y form&oacute; parte lentamente de esa vor&aacute;gine propia con centros de estudiantes en protestas m&uacute;ltiples, se vio &eacute;l mismo de pronto en los estrados improvisados arengando, en reclamos m&uacute;ltiples y no supo a partir de all&iacute;, estar un instante m&aacute;s solo y sin compa&ntilde;&iacute;a. Ya sea frente a los libros, en las aulas o en las calles. Era un estiante universitario.

4 - REGRESO al REDIL

La casa de piedra solariega ornamentada de esbeltos talas, centenarios y frondosos, con sus sierra reseca y escarpada, recibi&oacute; a Ramiro de regreso sin reproche alguno. Era su primer verano de vacaciones estudiantiles.

Fue al contacto de las brisas serranas, ante las caricias de su perro nost&aacute;lgico, ante el resplandor abrasante del sol de enero, en ese verano ardiente... cuando la emoci&oacute;n de Ramiro cobr&oacute; un giro diferente. Ya no era el mismo mozo lugare&ntilde;o encerrado entre dos quebradas. Aquel hab&iacute;a sido su primer a&ntilde;o de estudiante universitario. Las piedras hogare&ntilde;as lo recibieron con un afecto pleno y c&aacute;lido. Y ante aquel mundo tan conocido para &eacute;l, cuyos rincones uno a uno pod&iacute;a relatar y describir, descubri&oacute; de pronto : el Silencio.

Todas las part&iacute;culas de ese escenario le ense&ntilde;aron su secreto. Un misterio que se hab&iacute;a mantenido guardado para &eacute;l y que le era entregado en aquel momento. Antes lo viv&iacute;a porque estaba a su alcance con facilidad. Lo amaba porque hab&iacute;a re&iacute;do y jugado all&iacute;, una infancia entera. Ahora lo sent&iacute;a y se adue&ntilde;aba de su pensamiento, porque hab&iacute;a tomado la conciencia de su dimensi&oacute;n natural y ella se le manifestaba en todo su contenido.

Ramiro ya no era el joven que buscaba aclarar sus inquietudes busc&aacute;ndolas afuera de s&iacute;. Era el mismo paisaje de toda su vida. Sus mismos amigos locales y veraneantes. Los mismos serranitos mestizos de dientes brillosos, que vend&iacute;an yuyos recogidos entre las pe&ntilde;as, a los visitantes domingueros. El mismo olor a peperina esparcido entre los espinillos.

Pero &eacute;l ya no era el mismo. Porque ahora hablaba consigo mismo. Ese era su nuevo secreto. Y el panorama lujurioso de la sierra le obsequi&oacute; all&iacute; al llegar, en su primer retorno como estudiante, voces escondidas que antes no hab&iacute;a atendido ni percibido. Que hac&iacute;a mucho tiempo estaban esper&aacute;ndolo entre las quebradas serranas y que en aquel momento tom&oacute; &eacute;l, conciencia de sus presencias.

Ramiro sent&iacute;ase m&aacute;s que nunca &eacute;l mismo, puesto que ahora dialogaba consigo mismo.

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
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]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-22</dc:date>
			<pubDate>Thu, 22 May 2003 01:17:57 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[DIOSA  DE  LAS  ALTAS  CUMBRES]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/567/5671/</link>
			<description><![CDATA[P A C H A M A M A

...................
(La Diosa de Las

Altas Cumbres)
.......................


Cuadro Simb&oacute;lico

Con

Cinco Personajes


(En esta primera escena vemos al T&acirc;ta Viejo con traje de estanciero elegante, bombachas, chambergo y botas negras, poncho de alpaca y rastra de plata. Junto a &eacute;l se halla Pachamama con vestiduras largas y obscuras, lleva un velo violeta sobre el rostro. Su figura es juvenil y su voz de mujer adulta. Nunca se le ver&aacute; el rostro)


PACHAMAMA
Tus nietos parten hacia la ciudad T&acirc;ta Viejo &iquest;Nadie de tu sangre queda a tu lado, aqu&iacute; en tu Estancia de las Altas Cumbres? ... Quedamos solos, los dos nuevamente.

TATA VIEJO
No te dar&eacute; ese gusto, Pachamama... tu amistad es muy rica, pero muy posesiva &iexcl;Tengo un nieto conmigo aqu&iacute; en la sierra! En nuestros campos, tuyos y m&iacute;os.

PACHAMAMA
Veo partir a todos, los llama la ciudad. Olvidar&aacute;n a nuestra sierra lejana e imponente... Las Altas Cumbres.

TATA VIEJO
Gabriel es mi nieto &iexcl;Y bien lo sabes mejor que nadie! S&iacute;, &eacute;l lleva mi sangre.

PACHAMAMA
&iquest;Vas a reconocer al bastardo de tu hijo muerto? Tus otros nietos ignoran por completo, que Gabriel es tambi&eacute;n tu nieto. Un nieto &quot;guacho&quot;, ileg&iacute;timo. Aqu&iacute; en tu Estancia, &eacute;l s&oacute;lo es un boyero.

TATA VIEJO
Cre&iacute; que pudiera ser tu preferido, lleva sangre serrana.

PACHAMAMA
&iquest;Por qu&eacute; hablas por m&iacute;? Soy una diosa y t&uacute; un mortal.

TATA VIEJO
Pues dime Pachamama &iquest;Qui&eacute;n conservar&aacute; la tradici&oacute;n de este suelo, mejor que &eacute;l? 

PACHAMAMA
No tengo preferencias, T&acirc;ta Viejo. Rijo sobre la tierra y sus riquezas, desde los or&iacute;genes innombrables. Me sirvo de los hombres y no me importan sus razas. Pueden cambiar de idioma y de color, pues todo ello me es indiferente. S&oacute;lo me importa su servicio y s&eacute; premiarlos &iquest;Acaso no me conoces? &iexcl;Llevamos tanto tiempo juntos! Arrull&eacute; tu cuna y te permit&iacute; hablarme. Te encuentras entre los pocos que conocen mi voz y mi rostro... pero tu herencia me preocupa &iquest;Qui&eacute;n quedar&aacute; detr&aacute;s de ti para servirme? Parece que lo has olvidado... &iexcl;Soy eterna!

TATA VIEJO
&iexcl;Siempre posesiva! Te he dado mi vida y te dar&eacute; un nieto. Quedar&aacute; mi herencia.

PACHAMAMA
Bien conoces que nada me importan las especies humanas y sus vidas. Pero protejo a aqu&eacute;l que me sirve y me fructifica &iexcl;Soy amiga leal! Y te lo he demostrado muchas veces. Intento pues ayudarte, T&acirc;ta, invit&aacute;ndote a una reflexi&oacute;n &iquest;Lo encuentras tarde?

TATA VIEJO
Tienes poder para dar y proteger, pero sabes destruir en igual manera &iquest;C&oacute;mo puedo asegurarme de que no destruir&aacute;s mi especie, amparada en el derecho potencial de Madre-Tierra? &iquest;Qu&eacute; te propones?

PACHAMAMA
Quiz&aacute;s salvar tu especie.

TATA VIEJO
Nunca lo har&iacute;as. S&oacute;lo nos usas. Soy tu siervo y por ello me amas, he sido tu ni&ntilde;o, tu joven, tu hombre... Pero hoy ya soy tu anciano.

PACHAMAMA
Un estanciero siempre es un siervo de la Pachamama.

TATA VIEJO
Lo admit&iacute; desde el comienzo. Pero no s&eacute; si entregarte a Gabriel es salvarlo o condenarlo, pues &eacute;l lleva herencia dom&eacute;stica e ind&oacute;mita. Elaborada conmigo y mis genes, junto a su sangre de mestizo y guacho. Mi herencia obediente a tus designios a la par de su ancestro n&oacute;made y arisco. Pues esta tierra la cultivamos por primera vez los estancieros. La s&iacute;ntesis que hay en Gabriel puede ser un riesgo y yo lo amo demasiado.

GABRIEL
&iquest;Por qu&eacute; habla solo, Patr&oacute;n?

TATA VIEJO
Hablo conmigo mismo, Gabriel... Hacia all&aacute; lejos nos saluda mi nieta Graciela, quien parte de aqu&iacute; junto a sus primos, para ir a estudiar a la ciudad.

GRACIELA
&iexcl;Adi&oacute;s T&acirc;ta! ... &iexcl;Adi&oacute;s Gabriel! ... Yo no me he ido, no.
(s&oacute;lo se escucha su voz)

PACHAMAMA
&iquest;La escuchas T&acirc;ta Viejo?

TATA VIEJO
La escucho por tu o&iacute;do, como escucho tu voz en el atardecer de la sierra. Pero Graciela ya no se encuentra viviendo aqu&iacute; con nosotros, retozando por la serran&iacute;a.

PACHAMAMA
No. Es el duende de Graciela flotando sobre el espacio inconmensurable de la sierra. 

TATA VIEJO
Su vida ha sido cambiada.

GABRIEL
Ya ella no me buscar&aacute; m&aacute;s, para conducirla al galope por el monte lleno de peligros. No ser&eacute; yo m&aacute;s el h&eacute;roe que siempre la salvaba de amenazas constantes, en medio de la mara&ntilde;a agreste y espinosa, en las horas silenciosas de la siesta.

GRACIELA
Es aquella la vida que para m&iacute; no habr&iacute;a de volver. Aqu&eacute;lla tal cual era... tal cual fue tanto tiempo.

PACHAMAMA
&iquest;Los oyes T&acirc;ta Viejo? Est&aacute;n descubriendo mi poder, mi atracci&oacute;n, pero a&uacute;n no me encuentran.

TATA VIEJO
&iquest;Qu&eacute; har&aacute;s si no te hallan?

PACHAMAMA
No puedo darme el lujo de dejar una tierra inerme a las contingencias ca&oacute;ticas de los hombres.

TATA VIEJO
Ellos son lo mejor de m&iacute; y yo he sido tu siervo adicto muchos a&ntilde;os... &iexcl;Algo me debes!

PACHAMAMA
Una Diosa no le debe nada a ning&uacute;n humano. Pero me gustas y no quisiera perder tu estirpe, tu talento, tu constancia.

TATA VIEJO
Nunca tendr&aacute;s el coraz&oacute;n sensible de un mortal... pero me es imposible rebelarme. Entre tu fuerza y la m&iacute;a, siempre prevaleci&oacute; la tuya. Obedezco una vez m&aacute;s. Son tuyos &iexcl;Decide!

PACHAMAMA
Lo har&eacute;. Pues Graciela me evoca a la distancia. Ella a&ntilde;ora mis valles y quebradas, mis pampas y vertientes, ese pasado perdido que all&aacute; en la vida citadina ha perdido.

(Graciela entra nuevamente por la izquierda reuni&eacute;ndose con Gabriel, quien la abraza. Ambos est&aacute;n cambiados, ella en atuendo ciudadano y &eacute;l con un elegante poncho de alpaca)

GRACIELA
Aqu&iacute; estoy, Gabriel. (se sientan)

GABRIEL
Estamos nuevamente juntos, Graciela, aqu&iacute; en la sierra &iquest;Qu&eacute; amas en m&iacute;? &iquest;Al hombre? &iquest;A un s&iacute;mbolo? &iquest;A la sierra? 

GRACIELA
Te recuerdo, Gabriel, c&oacute;mo eras en aquel momento de mi partida, quiz&aacute;s mucho m&aacute;s que como fuiste despu&eacute;s, cuando cre&iacute;mos enga&ntilde;osamente estar m&aacute;s cerca. Uno en los brazos del otro...

GABRIEL
No has valorado el amor de hombre que te di y contin&uacute;as atada a nuestra infancia &iquest;Por qu&eacute; rechazas al hombre?

GRACIELA
Era entonces en aquel atardecer de nuestra despedida, cuando realmente est&aacute;bamos en mutua compa&ntilde;&iacute;a. Porque en aquel momento que ser&iacute;a el &uacute;ltimo de nuestra infancia, yo estaba m&aacute;s cerca de ti porque tambi&eacute;n estaba m&aacute;s dentro de m&iacute; misma, identificada con este paisaje que nos acun&oacute;... M&aacute;s cerca y unidos que despu&eacute;s, cuando intentamos recobrarlo todo luego de regreso imposible.

GABRIEL
&iquest;Por qu&eacute; imposible, Graciela? Nos hemos amado bajo el marco de la sierra, la arena, la mica, la champa, la penca, el murmullo del arroyo, el canto de las chicharras &iquest;No era acaso lo que buscabas al regresar aqu&iacute; a las Altas Cumbres?

GRACIELA
Nos hemos amado, Gabriel, pero hay un mundo que no recobr&eacute; nunca... Qued&oacute; perdido para m&iacute; en aquella despedida y tu pasi&oacute;n de hombre no ha logrado devolv&eacute;rmelo, aunque aqu&iacute; se encuentra y lo sigo buscando en tus brazos.

PACHAMAMA
Graciela me pertenece.

TATA VIEJO
Es verdad. Ella te est&aacute; buscando, Pachamama. 

GABRIEL
Ahora soy un hombre y no un ni&ntilde;o. Soy un nieto m&aacute;s del T&acirc;ta Viejo, y ya no soy un boyero &iquest;Es eso lo que encuentras diferente? 

GRACIELA
&iexcl;Hay muchas diferencias m&aacute;s! ... Yo ahora soy muy diferente, Gabriel, la ciudad me cambi&oacute;. Ya no escucho el susurro ondulante que sacude las arboledas del contorno.

PACHAMAMA
Ese susurro es mi voz. Puesto que siente el vac&iacute;o de mi ausencia, se halla muy pr&oacute;xima a mi presencia.

TATA VIEJO
Pero te busca en la forma de Gabriel.

PACHAMAMA
Porque &eacute;l lleva sangre serrana.

TATA VIEJO
Te o&iacute; decir que nada te importaba la piel humana, pero puedes valerte de ella... &iexcl;C&oacute;mo nos utilizas!

PACHAMAMA
&iquest;Esperabas algo distinto? V&aacute;lido para mi mundo &iexcl;Sea!

TATA VIEJO
Poderosa y posesiva &iquest;Qui&eacute;n te detiene?... nadie. 

GABRIEL
&iquest;Qu&eacute; ve&iacute;as en m&iacute;, Graciela, en aquel atardecer de tu despedida? Te ayudar&eacute; a buscar tu enigma.

GRACIELA
Ten&iacute;as el esplendor de la naturaleza serrana que nunca ha perdido su esencia original, virgen en su poder ancestral, pura y cautivante como los brotes nuevos de los &aacute;rboles.

GABRIEL
&iquest;Lo crees as&iacute;? Sin partir de aqu&iacute;... &iquest;he cambiado? Ser&aacute; porque entonces yo no sab&iacute;a que ten&iacute;amos el mismo abuelo.

GRACIELA
S&iacute;... ahora sabemos que el T&acirc;ta Viejo es el abuelo de ambos. Quiz&aacute;s por ello no somos ya, tal como fuimos.

GABRIEL
Antes era mi Patr&oacute;n y siempre le fui adicto, pero ahora soy su nieto. Es cierto... &iquest;Hay algo m&aacute;s?

GRACIELA
Hab&iacute;a algo m&aacute;s... Eras la sobrevivencia de un mundo antiguo cuya identificaci&oacute;n con la sierra proven&iacute;a de una voz de la especie, m&aacute;s profunda que todo lo que te un&iacute;a a nosotros, los numerosos primos.

PACHAMAMA
Tienes raz&oacute;n T&acirc;ta, ella me busca en la piel de Gabriel.

TATA VIEJO
Ya soy viejo Pachamama, nos completamos mucho.

GABRIEL
&iquest;Y cu&aacute;l era mi atractivo? &iquest;Por qu&eacute; te fascinaba m&aacute;s entonces que ahora, con mi pasi&oacute;n de hombre?

GRACIELA
Estabas incorporado al monte por una procreaci&oacute;n nacida en el origen del espinillo, con sus copos de oro. Y el monte se revelaba contigo contra el cemento y los motores, que a m&iacute; me llevaban hacia la ciudad.

GABRIEL
Siempre me he quedado en la sierra junto al T&acirc;ta Viejo, dentro de su Estancia. Pero ahora soy tambi&eacute;n yo aqu&iacute; un Patr&oacute;n y tengo responsabilidades en ella... &iquest;All&iacute; radica mi cambio?

GRACIELA
Quiz&aacute;s... ya no eres libre como una corzuela.

GABRIEL
S&oacute;lo el monte espinoso puede ser tan libre.

GRACIELA
Hoy creo que por ello tu despedida fue tan r&aacute;pida y corta. Y en el bullicio que form&aacute;bamos todos los primos con nuestra partida y nuestros equipajes, dejaste atr&aacute;s tuyo galopando una estela de polvo que te ocult&oacute; r&aacute;pidamente de nosotros, antes que lo comprendi&eacute;ramos. 

GABRIEL
Un serrano no cultiva la tristeza.

GRACIELA
&iexcl;Una voz!... una conciencia m&aacute;s fuerte que el poder&iacute;o mec&aacute;nico de este mundo, te lo hab&iacute;a dicho todo.

PACHAMAMA
&iexcl;Mi voz!

TATA VIEJO
&iexcl;Mi herencia!

PACHAMAMA
Magia y misterio en el poder omn&iacute;modo de la Pachamama

TATA VIEJO
&iexcl;Vanidosa!

GRACIELA
Era el &uacute;ltimo verano de nuestra infancia y s&oacute;lo lo comprend&iacute; ese d&iacute;a de mi partida, cuando se perdi&oacute; tu silueta al galope en una direcci&oacute;n diferente, sin explicarnos nada.

GABRIEL
Galopaba al encuentro del T&acirc;ta Viejo para quedarme con &eacute;l, ya en forma definitiva... ahora es tambi&eacute;n mi abuelo.

GRACIELA
Es nuestro abuelo. No ha cambiado el T&acirc;ta Viejo, s&iacute; nosotros.

GABRIEL
No puede cambiar un estanciero porque no cambia la Estancia... ser&aacute; siempre campo, sierra, siembra, mica, arroyo, vertiente, creciente, luna, ganado, choclo. 

GRACIELA
Con todos sus s&iacute;mbolos, como su siesta mateando bajo las parras y frente a su sierra y habl&aacute;ndonos con los ojos cerrados. Pero hemos cambiado nosotros, Gabriel.

GABRIEL
A nosotros nos toc&oacute;, trocarnos y retornarnos.

GRACIELA
&iquest;Lo crees?

GABRIEL
La Estancia contin&uacute;a en este lugar y nosotros adentro de ella, al pie de las Altas Cumbres.

PACHAMAMA
Gabriel no me busca, ya no me oye, nunca me ha visto, pero me encuentra y se siente en mi seno.

TATA VIEJO
&iquest;Ser&aacute;s generosa con &eacute;l o peligrosa? Nunca es posible conocerte bien.

PACHAMAMA
Es tu estirpe y quiero beneficiarme con ella.

TATA VIEJO
Todo lo puedes, pero reclamo mi papel de T&acirc;ta Viejo.

PACHAMAMA
&iquest;Te crees generoso porque has provisto sangre humana para trabajarme? ... Yo la puedo rechazar o premiar.

TATA VIEJO
Pero no podr&aacute;s quitarme los ritos de mis nietos.

GABRIEL
Yo lo escuchaba de ni&ntilde;o en su rito siestero, los ojos cerrados y relat&aacute;ndonos historias troyanas bajo las parras &iquest;Recuerdas Graciela? El mismo encanto que hoy &eacute;l mantiene en esta sutil serenidad serrana.

GRACIELA
Te entreg&oacute; su tierra y te entreg&oacute; a la sierra. Pero nunca te has preguntado c&oacute;mo te ve&iacute;a yo, c&oacute;mo te ve&iacute;amos nosotros tus primos &iquest;Te has preguntado por qu&eacute; todos en conjunto te segu&iacute;amos?

GABRIEL
Nunca lo supe y lo tom&eacute; como una d&aacute;diva del T&acirc;ta y de esta sierra.

PACHAMAMA
Habla de m&iacute;.

TATA VIEJO
&iexcl;Vanidosa! Habla de ambos.

GRACIELA
Llevabas dentro tuyo un hechizo, como si el sello serrano se hubiese hecho carne en tu especie. Siempre abr&iacute;as la marcha por correr&iacute;as montaraces. Y luego impon&iacute;as mutismo junto al sue&ntilde;o siestero de T&acirc;ta Viejo, como si nuestra compa&ntilde;&iacute;a te separase del abuelo. Y part&iacute;as junto a &eacute;l por esas aventuras ins&oacute;litas de sus sue&ntilde;os troyanos, en busca de una Helena imposible.

GABRIEL
En aquel tiempo &eacute;l para m&iacute; el patr&oacute;n de la Estancia y transform&oacute;se en mi gu&iacute;a desde el d&iacute;a en que me trajo aqu&iacute; en las ancas de su pingo, despu&eacute;s que muriera aquel hijo suyo que fuera mi padre y al que nunca conoc&iacute; &iexcl;A&uacute;n yo era un ni&ntilde;o serrano y no sab&iacute;a que tambi&eacute;n era mi abuelo! La sangre nos une Graciela, a m&aacute;s del amor que hemos vivido entre los dos. Ya no puedes borrarlo, ha dado un fruto.

GRACIELA
No buscaba borrar ning&uacute;n acto conciente de mi vida, ni suprimir los encantos que hubo en ella &iexcl;Como olvidar nuestro amor! Pero no era, en el comienzo un acto exclusivo m&iacute;o.

GABRIEL
Ambos lo hemos compartido.

GRACIELA
Todos los primos siendo ni&ntilde;os &eacute;ramos un conjunto unido, y rodeando al abuelo cre&iacute;amos verlo a trav&eacute;s de tu persona. Fue el propio T&acirc;ta Viejo quien transfiri&oacute; desde el principio esa imagen, puesto que ya buscaba la continuidad de su vida en la tuya.

GABRIEL
Creo haber cumplido con &eacute;l.

GRACIELA
&iquest;Qui&eacute;n eras ya? El mismo quiz&aacute;s... &iquest;La Estancia? &iquest;La sierra?

GABRIEL
Todo ello.

PACHAMAMA
Gabriel ya entonces era m&iacute;o.

TATA VIEJO
A&uacute;n era totalmente m&iacute;o. Yo lo traje aqu&iacute; en la grupa de mi potro por elecci&oacute;n propia.

PACHAMAMA
No puedes mezquin&aacute;rmelo, soy tu protectora.

TATA VIEJO
Tu poder est&aacute; en la tierra y eres la due&ntilde;a del destino de las Altas Cumbres que nos cobijan. Pero la sangre es mi herencia. Debes reconocerlo, Pachamama.

PACHAMAMA
Yo estoy aqu&iacute; para gobernar a los hombres e imponerles mis reglas. No solicito nunca opiniones. Decido. Ellos me sirven. Ellos me cultivan. Caminan por mi casa, mi Sierra Grande, mis Altas Cumbres. Los elijo.

TATA VIEJO
En otros tiempos mi Estancia estaba llena de nietos y yo a&uacute;n no sab&iacute;a con claridad, qui&eacute;n de ellos hall&aacute;base dispuesto a continuarme en este sitio. Pero el esplendor imponente de la sierra ya lo ten&iacute;a todo decidido ...era : Gabriel.

PACHAMAMA
Tiempo hermoso para todos. Para ti, para m&iacute;, para todos esos ni&ntilde;os. Pero ahora hemos empezado a andar otro camino, T&acirc;ta, debemos ser responsables del futuro.

TATA VIEJO
Siempre lo has sido Pachamama, es tu m&eacute;rito.

PACHAMAMA
Y por ello quiero conservar tu estirpe a mi lado, me ha sido beneficiosa y constante.

TATA VIEJO
&iexcl;Insaciable!

GRACIELA
En aquellos tiempos eras el primero entre los primos en precipitarte sobre la ollas mansas que el arroyo forma aguas arriba. Y al emerger de aquella agua casi helada, brillaba h&uacute;medo y rojizo tu torso soleado, con toda tu bella naturaleza nativa.

GABRIEL
&iquest;Es &eacute;se el &uacute;nico amor que pude despertarte? &iquest;El de mi piel, Graciela?

GRACIELA
Era belleza de sierra en esplendor. Hechizo de estas Altas Cumbres, corporizadas dentro tuyo.

PACHAMAMA
Mi especie no es la humana.

TATA VIEJO
Pero implantas tu sello a los v&aacute;stagos serranos.

GABRIEL
Soy parte de la sierra, por ello crees que la represento.

GRACIELA
Est&aacute; en tus ancestros nativos, aquellos antiguos due&ntilde;os de las cumbres serranas vencidos y perdidos, que deambulan todav&iacute;a como almas vigilantes a trav&eacute;s de las quebradas.

GABRIEL
Dormidos pero vivos &iquest;As&iacute; lo crees?

GRACIELA
S&iacute;, vivos dentro tuyo como en el entorno serrano. Ellos se esparc&iacute;an por tu intermedio junto al aire que nos rodeaba y cre&iacute;amos percibir sus voces en la soledad del monte, aplastado por la siesta, antes de caer la tarde y romperse el silencio en el coro de ranas nocturnas.

GABRIEL
Ambos lo cre&iacute;amos entonces, Graciela, pues yo era en aquellos momentos puramente serrano. Desconoc&iacute;a a&uacute;n qui&eacute;n hab&iacute;a sido mi padre. Otras veces sobre las rocas oradadas de morteros donde anta&ntilde;o realizaran sus antiguas ceremonias, me parec&iacute;a el viento moviendo las ramas, como un c&aacute;ntico misterioso que me retrotrajera al pasado.

GRACIELA
Me has comprendido.

GABRIEL
Finalmente.

GRACIELA
Y aqu&iacute; te quedaste junto a todos ellos, en el mutismo silencioso de tu escenario, mientras a m&iacute; me devoraba la distancia.

GABRIEL
Pero volviste con nosotros, Graciela.

GRACIELA
&iquest;Por qu&eacute; nos ocultaron entonces qui&eacute;nes &eacute;ramos? &iquest;Por qu&eacute; nadie nos dijo que ten&iacute;amos el mismo abuelo?

GABRIEL
&iquest;Qu&eacute; hubiera cambiado?

GRACIELA
Habr&iacute;a vuelto antes, Gabriel.

GABRIEL
&iquest;Qu&eacute; hubiese cambiado? El T&acirc;ta me trajo hacia su Estancia y nos hizo crecer juntos. Nos hemos amado aqu&iacute; &iquest;Qu&eacute; hubiera cambiado en aquella despedida? Todo volvi&oacute; a su seno por fuerza propia.

PACHAMAMA
A mi seno.

TATA VIEJO
Por mi fuerza.

GABRIEL
&iquest;Por qu&eacute; nos torturamos tanto, Graciela? Ya estamos lejos de aquella despedida... y a&uacute;n estamos solos. Algo nos separa.

GRACIELA
No hemos logrado encontrarnos, Gabriel.

GABRIEL
&iquest;De qu&eacute; forma?... si aqu&iacute; te veo a mi lado.

GRACIELA
Yo contin&uacute;o en ausencia... No logro reintegrarme. El desarraigo fue m&aacute;s fuerte que mi anhelo de regreso.

GABRIEL
&iquest;Pero fuiste acaso, Graciela, la &uacute;nica v&iacute;ctima de aquel designio ciego dado por los otros? &iquest;No fuimos los dos conjuntamente arrojados a un destino incierto? A una vida sedienta de amor inconsolable.

PACHAMAMA
&iexcl;Raza de hombre!

TATA VIEJO
&iquest;Qu&eacute; quieres reprocharle?

PACHAMAMA
Debilidad. Fragilidad. &iquest;Crees que as&iacute; hubiera podido reinar sobre ustedes?

TATA VIEJO
&iquest;Es &eacute;se tu poder?

PACHAMAMA
Es mi deber. Soy el pilar sobre el que se apoyan todos ustedes. 

TATA VIEJO
&iexcl;Extra&ntilde;o pilar que nunca envejece! Anta&ntilde;o fui ni&ntilde;o y te vi como a una madre juvenil. Fui mozo y te admir&eacute; como a una joven hermosa. Fui hombre y me pareciste de la edad de mis hijas. Hoy soy anciano y al lado m&iacute;o semejas a una nieta &iexcl;Nunca has cambiado! Y yo en cambio he vivido todas las instancias. 

PACHAMAMA
Pero te ayud&eacute; a hacerlo. Fui yo quien te se&ntilde;al&oacute; d&oacute;nde hall&aacute;base Gabriel... Y ahora me lo mezquinas.

TATA VIEJO
Vel&eacute; siempre por &eacute;l y ya soy viejo.

PACHAMAMA
Es el &uacute;nico nieto que no te quitaron &iquest;Verdad?

TATA VIEJO
Es verdad Pachamama. Se han perdido tradiciones y niegan ahora, el derecho de los abuelos con sus herederos &iexcl;Pude educar a un solo nieto! ...Aqu&eacute;l que casi no lo era. El ileg&iacute;timo y por tanto m&iacute;o solamente &iexcl;Pero lo reclamas para tu reino!

PACHAMAMA
Es el mismo reino que siempre has conocido, donde me has servido y donde te he recompensado. Gabriel, fue la mejor de mis recompensas &iquest;C&oacute;mo piensas que vas a perderlo estando &eacute;l conmigo? &iquest;Acaso alguna vez nos hemos separado?

TATA VIEJO
Sin duda alguna mi Estancia est&aacute; en tus dominios. Pero todo tu poder no me ha permitido a&uacute;n, recuperar a Graciela.

PACHAMAMA
&iquest;C&oacute;mo hacerlo? Ella qued&oacute; inm&oacute;vil en ese l&iacute;mite de su partida, con su valija de viaje en la mano. Parti&oacute; y al mismo tiempo permaneci&oacute; aqu&iacute;, pero est&aacute;tica en el tiempo &iexcl;S&oacute;lo a m&iacute; me est&aacute; permitido el estatismo! Graciela no parte ni regresa, permanece fija en aquel d&iacute;a.

TATA VIEJO
&iquest;Ser&aacute; imposible quitarla de all&iacute;? 

PACHAMAMA
Al menos dif&iacute;cil, seg&uacute;n lo creo. No sale del pasado ni entra en el presente. 

TATA VIEJO
Mi dilema de abuelo es comprensible.

PACHAMAMA
&iexcl;Hijos de mi reino!

TATA VIEJO
&iexcl;Hijos de mi sangre!

(La escena se obscurece)

CUADRO SEGUNDO

(Graciela entra con una valija en la mano. Gabriel llega detr&aacute;s de ella)

GRACIELA
Sin rebeli&oacute;n y sin encanto, sin emoci&oacute;n y sin entrega, yo fui sin ir a ese mundo diferente y me descubr&iacute; un d&iacute;a tan lejos tuyo, de quien yo era, de lo que hab&iacute;a sido y lo que podr&iacute;a haber sido... Que ya no me reconoc&iacute;a a m&iacute; misma.

GABRIEL
Este es tu sitio, Graciela.

GRACIELA
Ya no, pues acept&eacute; lentamente o m&aacute;s vale me adapt&eacute;, a las nuevas disposiciones de mi suerte. Vuelvo a partir Gabriel, la ciudad me ha cambiado y retornar&eacute; a ella.

GABRIEL
Esta es tu sierra y tu tierra, Graciela.

GRACIELA
As&iacute; lo cre&iacute; al regresar. En mi tristeza impotente por asir un mundo que se evadi&oacute; dentro m&iacute;o, he buscado tu compa&ntilde;&iacute;a con pasi&oacute;n... Sin advertir que soy yo quien se halla lejos tuyo. Con la energ&iacute;a de mis recuerdos yo avanc&eacute; quiz&aacute;s contra m&iacute; misma.

GABRIEL
Te hemos reincorporado a nuestra vida de Estancia.

GRACIELA
La imponencia del monte helado, la escarcha flotando sobre el arroyo, todo este conjunto parece ahora detenerme, rechazarme. Luego tu silencio... perenne... antiguo.

GABRIEL
Es el silencio del monte donde habla s&oacute;lo la naturaleza, no los hombres &iquest;Lo hab&iacute;as olvidado?

PACHAMAMA
Mi voz es la &uacute;nica que habla en el monte. 

GRACIELA
Es &eacute;sta, la tuya, como la del T&acirc;ta Viejo, una vida distendida en el espacio. La energ&iacute;a del tala erguido sobre churquis invernales, con su piel curtida de sierra. Aspera en el exterior, pero siempre carnosa en su interior como el jugo de la tuna, luminosa como la corola del cardo... &iquest;Es posible acaso para m&iacute; adherirme a esta pulpa olvidada? Todo est&aacute; como entonces. Yo soy la que ya no me encuentro aqu&iacute; ... y se impone mi nueva partida.

(Sale con su valija y la despiden mano en alto Gabriel y el T&acirc;ta Viejo)

GABRIEL
Desde que soy su nieto, T&acirc;ta, estamos solos.

TATA VIEJO
Nuestra Graciela volver&aacute;.

GABRIEL
&iquest;Ser&aacute; la misma?

TATA VIEJO
Graciela es nuestra... pero ella debe comprenderlo. Todo vendr&aacute; a su tiempo. Las Altas Cumbres con su monte virgen, deber&aacute;n atraerla como antes y luego traerla hacia nosotros.

GABRIEL
&iquest;Y qu&eacute; queda ahora de nuestro juegos, de nuestra infancia de ese destino que nos llevaba juntos? Esta ausencia, lenta y larga, como la noche que envuelve a las &aacute;nimas en su manto obscuro.

TATA VIEJO
Aprender&aacute;s a no rebelarte por impaciencia, Gabriel, cuando hayas crecido realmente como hombre. Aprender&aacute;s a esperar todo con calma, seg&uacute;n corresponde al esp&iacute;ritu de las sierras. Para lograr &eacute;xitos hay imponderables que un estanciero debe dominar a su estilo, domin&aacute;ndose a s&iacute; mismo. Cae el aguacero, la sequ&iacute;a, el granizo o la helada... Y debemos mantenernos erguidos de pie.

GABRIEL
&iquest;Sin luchar? &iquest;Perder la fuerza que usted impuso en m&iacute;? Me dijo que &eacute;sa era su mejor herencia.

TATA VIEJO
Pero siempre hay que esperar con calma aquello que tiene mucha importancia para nosotros. Lo mejor de la vida no llega por imposici&oacute;n de nuestros deseos, presionando. Viene solo hacia uno. Nos busca. Por ello es necesario esperar.

(La escena se obscurece)

TATA VIEJO
Graciela ha escrito una carta y nos anuncia su llegada.

GABRIEL
&iquest;Ser&aacute; la misma, T&acirc;ta Viejo? Han pasado dos a&ntilde;os.

TATA VIEJO
Para todos ...incluso para m&iacute;... Yo ya estoy mucho m&aacute;s viejo &iquest;Acaso no lo sabes?

PACHAMAMA 
&iexcl;No tiene importancia! Las Altas Cumbres, la Estancia, el churqui, la champa, la mica y el arroyo, permanecen siempre en el mismo lugar... Todo est&aacute; igual.

GABRIEL
... Han pasado dos a&ntilde;os ...

TATA VIEJO
La piel humana muda y cambia, s&oacute;lo la tierra permanece. Debemos aceptar esos cambios.

PACHAMAMA
Yo permanezco &iexcl;Soy la Pachamama! Ellos vivir&aacute;n, trabajar&aacute;n, amar&aacute;n y morir&aacute;n... para la Pachamama.

GRACIELA
&iquest;Es posible para m&iacute; volver otra vez? El ensue&ntilde;o que ofrece la distancia me precipita hacia anhelos, cual fuegos que crispan mis sentidos.

(Graciela entra en escena pero se coloca sentada a un costado, separada de ellos)

TATA VIEJO
Graciela est&aacute; con nosotros Gabriel.

GABRIEL
No es la misma T&acirc;ta, han pasado dos a&ntilde;os.

TATA VIEJO
Casi no habla, ni r&iacute;e.

GABRIEL
Estamos invadidos de tristeza &iquest;Qu&eacute; pasa T&acirc;ta Viejo?

TATA VIEJO
Vivimos dos a&ntilde;os pensando en ella, en su risa, en su voz. Hoy la tenemos aqu&iacute; y ya no r&iacute;e, ni se comunica. Pareciera dolorida al contemplar su antiguo entorno.

(Graciela se levanta dirigi&eacute;ndose a Gabriel)

GRACIELA
&iquest;Es posible para m&iacute; adherirme a esta pulpa olvidada?

GABRIEL
Contin&uacute;a todo como estaba cuando partiste.

GRACIELA
No es verdad. Antes &eacute;ramos solamente compa&ntilde;eros de juegos infantiles. O rom&aacute;nticos amantes... Hoy somos primos de una misma sangre, la del T&acirc;ta Viejo.

GABRIEL
Nada ha cambiado, fuera de una apariencia... un apellido que es tambi&eacute;n el tuyo. Y yo desde siempre, s&oacute;lo he vivido en compa&ntilde;&iacute;a de nuestro abuelo. Con su ganado, sus sembrados, en su sierra imponente, en su Estancia. Con sus ex&oacute;ticos libros sobre guerras troyanas queriendo siempre rescatar a una Helena imposible. Pero &eacute;l aqu&iacute;, conmigo, juntos los dos, sin ninguna Troya y enmarcados ambos en las Altas Cumbres.

(Ambos toman asiento en el centro. T&acirc;ta Viejo y Pachamama
se mantienen de pie a espaldas de ellos)

GRACIELA
&iquest;Es posible volver, &iacute;ntegramente?

GABRIEL
Si lo deseas. No voy a imponerte mi voluntad. 

GRACIELA
Todo se halla aqu&iacute;. El monte, impecable, como si la vida se hubiese detenido.

PACHAMAMA
Yo soy eterna.

TATA VIEJO
Y yo transitorio.

GABRIEL
Es la sierra que te invita a su encuentro, Graciela.

GRACIELA
Las mismas voces. El mismo coro nocturno de chilicotes y coyuyos. Las &aacute;nimas vigilantes en las quebradas y tu figura al galope de un alaz&aacute;n, por las pampas de estas Altas Cumbres. 

GABRIEL
No estamos en el mismo tiempo, ya no somos ni&ntilde;os y nuestro sentimiento es diferente.

GRACIELA
&iexcl;Y el T&acirc;ta Viejo mucho m&aacute;s vetusto, como figura &eacute;pica de sus propios cuentos! 

GABRIEL
Graciela... &iexcl;Qu&eacute; f&aacute;cil es todo cuando el amor pasional embriaga, y qu&eacute; dif&iacute;cil es todo cuando se quiere dominar la vida!

GRACIELA
Ignoro por qu&eacute; lo tomaste todo. Por el misterio de tu monte, por la acogedora casona del T&acirc;ta Viejo que nos cobija en su magia. Pero sabes bien y mejor que yo, que ya no estamos en el mismo sitio.

GABRIEL
Y el T&acirc;ta Viejo est&aacute; a&uacute;n m&aacute;s anciano, casi mitol&oacute;gico.

GRACIELA
Pero ahora, Gabriel, puedo verte frente a frente, sin a&ntilde;oranzas que magnifiquen la ilusi&oacute;n. Ya no somos los mismos...

GABRIEL
No podemos serlo, Graciela, hemos crecido y nos hemos amado como mujer y hombre.

GRACIELA
Pero como una penca &aacute;spera y llena de pulpa, a&uacute;n pervives intacto Gabriel, como figura &eacute;pica de nuestros juegos de anta&ntilde;o.

GABRIEL
&iquest;No puedes apartarme Graciela de aquel ni&ntilde;o que fui, cuando yo era tu h&eacute;roe infantil? Ni siquiera en mis brazos, has adivinado al hombre que soy hoy. 

GRACIELA
Ahora s&eacute; que comprendes y percibes mejor que yo, las sombras que avanzan hacia nosotros, amenazando el bello poema de nuestra infancia.

GABRIEL
Y no tenemos convicci&oacute;n para continuarlo.

GRACIELA
Ninguno de los dos es capaz de continuarlo, como yo no soy capaz de permanecer estable a tu lado. La tormenta nos arroj&oacute; hacia el camino y hemos perdido las se&ntilde;ales del regreso.

GABRIEL
Ni yo siquiera con mi pasi&oacute;n de hombre, mi silencio o mi compa&ntilde;&iacute;a, puedo reintroducirte de improviso en las cumbres serranas. 

GRACIELA
&iquest;O no quieres intentarlo otra vez?

GABRIEL
No. Pues es un imponderable que es necesario cobijar adentro de uno mismo, sin ayuda de nadie... Nacer&aacute; de ti o no volver&aacute;s m&aacute;s... &iexcl;Adi&oacute;s Graciela!

(Gabriel se ha puesto de pie con actitud fr&iacute;a y 
Graciela toma su valija para volver a salir
por donde vino)

PACHAMAMA
Parti&oacute; nuevamente nuestra ni&ntilde;a pr&oacute;diga.

TATA VIEJO
&iquest;Acaso te importa? A quien no te sigue, le vuelves la cara con indiferencia. Te conozco bien.

PACHAMAMA
No puedo intervenir. Graciela se encuentra confusa ante una alternativa humana, en un reino donde no se mide mi poder.

TATA VIEJO
&iquest;Lo crees de verdad? Yo he visto en ella algo muy distinto, su desubicaci&oacute;n con el medio serrano. All&iacute; est&aacute; su dolor. Por ello no la apoyas.

PACHAMAMA
Te equivocas. Entre m&iacute; y Graciela no hay conflicto alguno. Ella ha trasvasado la imagen de la sierra en Gabriel, pero lo quiere reencontrar tal como lo recuerda desde la ciudad. Y hoy d&iacute;a nuestro esbelto mozo ha dejado de ser ese h&eacute;roe montaraz, aquel de su infancia.

TATA VIEJO
Creo que fui yo qui&eacute;n te lo dije.

PACHAMAMA
&iquest;Debo ser yo qui&eacute;n te lo recuerde?

TATA VIEJO
Estoy viejo y olvido muchas veces mis propias ideas.

PACHAMAMA
Mi reino contin&uacute;a aqu&iacute;, inmutable : mis Altas Cumbres cautivantes. El monte natural. La mica brillante. El arroyo manso o desbordante. El coral vespertino de ranas y chicharras inundando el paisaje... 

TATA VIEJO
Pero Gabriel y Graciela han cambiado. El bello poema de su infancia es un hecho del pasado.

PACHAMAMA
Hoy crecieron, T&acirc;ta Viejo, deben vivir una expectativa nueva recreada por ellos mimos. Sin embargo pueden tambi&eacute;n ser otra vez acunados por m&iacute;, dentro de los brazos eternos de la Pachamama.

TATA VIEJO
&iexcl;Posesiva!

PACHAMAMA
Soy siempre la misma.

TATA VIEJO
&iquest;Te ser&iacute;a imposible cambiar!

PACHAMAMA
&iquest;Olvidas qui&eacute;n soy? Soy una Diosa, no tengo involuci&oacute;n ni evoluci&oacute;n.

TATA VIEJO
&iquest;Te complace? &iquest;Nunca has sufrido el tedio? &iexcl;Cuando era ni&ntilde;o te ve&iacute;a tan alta! Luego me convert&iacute; en un jinete atl&eacute;tico y un d&iacute;a creyendo ver a una jovencita perdida por las quebradas me acerqu&eacute; en su socorro ... reconoci&eacute;ndote. Hermosa y atractiva, llena de gracia &iexcl;Pero siempre la misma!

PACHAMAMA
Yo te ense&ntilde;&eacute; de ni&ntilde;o todos los senderos secretos de las quebradas y entonces no te sorprend&iacute;as con mi presencia.

TATA VIEJO
Era s&oacute;lo un ni&ntilde;o serrano. Luego yo part&iacute; igual que ahora lo hicieron mis nietos hacia la ciudad y la escuela &iexcl;Monserrat! &iexcl;Il&iacute;ada! Realidad y fantas&iacute;a donde me enamor&eacute; de Helena. Claridad y entresue&ntilde;o. Ella fue mi reverso donde primaba el alma de la aventura, por contraste a mi vida inm&oacute;vil dentro de la Estancia, cual era la vida de mi padre y ser&iacute;a la futura m&iacute;a. Mi vida ha sido una lucha constante por defenderme de ti y a la par servirte. Pero Helena era mi sue&ntilde;o &iquest;Lo comprendes Pachamama? ...Sin poder saber ahora de viejo a cu&aacute;l de las dos he amado m&aacute;s.

PACHAMAMA
Soy posesiva, es mi ley y nunca me gust&oacute; compartirte con Helena. Fue mi rival, lo he admitido hace tiempo. Me rob&oacute; una parte de ti. Pero ella te abandon&oacute; al dejar el Colegio Monserrat, aunque quisieras creer lo contrario evoc&aacute;ndola para tus nietos... Yo en cambio fui tu realidad permanente. Servirme es triunfar. Te enriquec&iacute;. Te hice procrear. Tu estirpe se prolongar&aacute;. Lo ver&aacute;s.

TATA VIEJO
&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da ya? estoy anciano... He cumplido con todo el ritual propio de un estanciero criollo. Tuve una realidad completa, La Estancia, con sus inmensos campos. Un pasaje transitorio e inolvidable, el Monserrat. Un sue&ntilde;o imposible y m&aacute;gico, Troya... lejana y desconocida, s&oacute;lo so&ntilde;ada.

PACHAMAMA
Pero se qued&oacute; a habitar contigo desde entonces. Toda vida humana posee tres pasajes, tres paisajes, tres momentos.

TATA VIEJO
En cambio la tuya una sola, Pachamama... y no puedes cambiar ni lo deseas. Me acun&eacute; con tu arrullo de ni&ntilde;o, me cautiv&eacute; con tu belleza de hombre y me brindas consuelo con tus palabras, de anciano.

PACHAMAMA
Nunca te arrepentir&aacute;s, siempre te lo he dicho.

TATA VIEJO
Espero que tambi&eacute;n se lo digas a mis nietos.

PACHAMAMA
&iquest;Por qu&eacute; tanta prisa? No han mudado a&uacute;n el pelecho. &iquest;O acaso olvidaste las reglas de la naturaleza?

TATA VIEJO
Todo es f&aacute;cil, Pachamama, para una madre-tierra que nunca envejece, manteni&eacute;ndose permanentemente joven &iquest;Puedes mirarme con atenci&oacute;n? Ya no soy aquel ni&ntilde;o al que guiabas por los caminos serranos de huella. Tampoco el muchacho que se prendara de una beldad femenina mientras cabalgaba airoso en su alaz&aacute;n, con toda la virilidad de los treinta a&ntilde;os, cuando aquel d&iacute;a te apareciste frente a m&iacute; a la hora de la Oraci&oacute;n en una quebrada. Ahora me queda muy poco tiempo hacia delante. Bien lo sabes.

PACHAMAMA
Poco importa T&acirc;ta Viejo, solamente es v&aacute;lido para m&iacute; la continuaci&oacute;n de mi reino, el bien de la tierra.

TATA VIEJO
No cambiar&aacute;n nunca... nunca... nunca...nunca.

(Entra Gabriel)

GABRIEL
El ganado se ha multiplicado, T&acirc;ta.

TATA VIEJO
Tienes pasta de estanciero, Gabriel, la peonada te quiere y escucha.

GABRIEL
El choclo prospera, tendr&aacute; granos esponjosos.

TATA VIEJO
Has elegido bien la tierra para sembrar. A tu lado los peones trabajan con gusto.

GABRIEL
Las pircas fueron renovadas y extendidas.

TATA VIEJO
Mi nieto lleva mi sangre y tu tierra prospera, Pachamama.

PACHAMAMA
&iexcl;Yo lo estoy llevando de mi mano!

TATA VIEJO
Pero &eacute;l tiene una energ&iacute;a incomparable que no procede de tu poder. Una energ&iacute;a humana.

PACHAMAMA
De nada le servir&iacute;a sin m&iacute;.

TATA VIEJO
Hay un genio en el hombre que desconoces, Pachamama... Y s&oacute;lo aqu&eacute;l que lo posee puede bien servirte.

PACHAMAMA
Por ello eleg&iacute; tu estirpe &iquest;Me crees tonta? Piensa...

TATA VIEJO
Pero Graciela se ha alejado nuevamente y mi estirpe sin ella no est&aacute; completa. Hay un vac&iacute;o circulando por las quebradas y las Altas Cumbres susurran tristes su nombre por las pendientes.

PACHAMAMA
No podemos sufrir m&aacute;s por Graciela, que se fue por s&iacute; misma. Ella no alcanz&oacute; a encontrarme pues est&aacute; demasiado pendiente de Gabriel.

(Entra Graciela llevando a un ni&ntilde;o de la mano)

GRACIELA
Si la sorpresa de mi nuevo regreso es inquietante para ti, o tal vez ya te sea indiferente, para m&iacute; parte de una necesidad propia. Tal vez porque crea que un ni&ntilde;o es un regalo ...Un gur&iacute; de regalo... Gabriel : &eacute;ste es Gur&iacute;.

GUR&Iacute;
Yo no te conozco

GABRIEL
Ya me conocer&aacute;s. Soy tu padre, Gur&iacute;.

TATA VIEJO
Yo soy el T&acirc;ta, Gur&iacute; y &eacute;sta es mi Estancia.

PACHAMAMA
Yo soy la Pachamama, Gur&iacute; y arrullar&eacute; tu sue&ntilde;o. Te guiar&eacute; por las quebradas y har&eacute; de ti un estanciero poderoso.

TATA VIEJO
&iquest;Reci&eacute;n llega y ya lo eliges?

PACHAMAMA
Tengo mis preferidos, bien lo sabes. Soy totalmente parcial

GUR&Iacute;
&iquest;C&oacute;mo se llama la se&ntilde;ora sin cara?

PACHAMAMA
Ya puedes ver T&acirc;ta, lo f&aacute;cil que me acerco a mis preferidos &iquest;Est&aacute;s tan viejo que lo has olvidado? Cuando sea el momento preciso Gur&iacute; conocer&aacute; toda mi belleza.

GABRIEL
Aqu&iacute; no hay ninguna se&ntilde;ora, hijo m&iacute;o, la &uacute;nica mujer que est&aacute; con nosotros es tu mam&aacute;.

GRACIELA
Somos los cuatro de esta familia que estamos aqu&iacute; juntos, el T&acirc;ta Viejo, tu pap&aacute; y yo, junto contigo... no hay nadie m&aacute;s Gur&iacute;. 

GABRIEL
&iquest;Has vuelto de verdad Graciela, para quedarte?

GRACIELA
Te traje al Gur&iacute; y el es ahora lo que m&aacute;s importa. Lo concibi&oacute; la sierra, m&aacute;s que nosotros mismos.

GABRIEL
&iquest;Escuchas a lo lejos, Graciela? En derredor nuestro y en cada rinc&oacute;n del monte el canto de las ranas y chicharras nos brindan la m&uacute;sica m&aacute;s antigua de la tierra.

PACHAMAMA
Esa es mi voz y mi partitura

GRACIELA
Es esa fuerza natural... lo que yo vengo siempre a buscar en la energ&iacute;a de tus brazos.

PACHAMAMA
Graciela contin&uacute;a busc&aacute;ndome y ya Gur&iacute; me ha encontrado.

TATA VIEJO
M&aacute;s poderosa que nosotros. M&aacute;s intensa. Anterior. Y due&ntilde;a de nuestras vidas.

PACHAMAMA
Has salvado tu estirpe T&acirc;ta, ahora tienes al Gur&iacute; en tu Estancia, pues el ensue&ntilde;o de Graciela fue muy poderoso y la hizo regresar.

TATA VIEJO
Conozco Tu poder Pachamama.

GUR&Iacute;
Yo no te conoc&iacute;a

GABRIEL
&iquest;Te era necesario Graciela, un divagar tan incierto de marchas y retrocesos?

GRACIELA
Tanto como mi interioridad requer&iacute;a para identificarme con m&iacute; misma... Pues yo busqu&eacute; sin lograrlo la ruptura con el viejo ensue&ntilde;o.

TATA VIEJO
Un ensue&ntilde;o no se rompe, pues all&iacute; he amado yo siempre a Helena.

PACHAMAMA
&iexcl;Infiel!

GRACIELA
&iquest;Por qu&eacute; el amor que me trajiste en tardes como &eacute;stas bajo la frondosidad de los talas, me pareci&oacute; siempre el mismo de la infancia?... Como tus pasos &aacute;giles de ni&ntilde;o que acud&iacute;an de noche hasta mi ventana para llenarme el dormitorio de luces volantes, invadi&eacute;ndome con ese ondulante vuelo de los bichitos de luz o el recto cometa verde de los tucos.

GABRIEL
Porque era el mismo amor, cambiadas las edades. Fueron luces de tuco en tu cuarto al principio... Y fuego de hombre despu&eacute;s. Yo anhelo que seas la misma Graciela.

TATA VIEJO
&iquest;Es la misma?

PACHAMAMA
Tambi&eacute;n es mi pregunta.

GUR&Iacute;
&iexcl;Es mi mam&aacute;!

GRACIELA
Porque yo, aunque crea no ser ya parte del monte, estoy unida a &eacute;l como a ti, como al T&acirc;ta Viejo, como a los talas centenarios, por un poder que va m&aacute;s all&aacute; de nuestros sentimientos. 

PACHAMAMA
Mi poder.

TATA VIEJO
Tu poder, Pachamama.

GRACIELA
Y ese poder por una transmisi&oacute;n de espacio, pervive en ti y es el im&aacute;n que me trae siempre de vuelta.

GABRIEL
Porque se mantiene en el centro de nuestro escenario com&uacute;n. El T&acirc;ta Viejo. Las Altas Cumbres. El monte puro y natural. La Estancia.

PACHAMAMA
La Pachamama.

TATA VIEJO
&iexcl;Celosa!

GRACIELA
Es el llamado que siento de mi especie serrana, de la estirpe del T&acirc;ta que nos une y que se halla impresa en mi pasado como en el tuyo.

TATA VIEJO
&iexcl;Mi estirpe!

PACHAMAMA
Tu estirpe, T&acirc;ta, la misma que vengo protegiendo y enriqueciendo.

TATA VIEJO
La estirpe que te sirve y te obedece &iquest;Acaso no est&aacute;s viendo la continuidad de nuestro servicio en el peque&ntilde;o Gur&iacute;?

PACHAMAMA
Hace mucho que supe elegirla, pero te has beneficiado conmigo. Hemos convivido. Nos hemos apoyado. Nos dimos lo mejor de cada uno. &iexcl;Estamos mano a mano!... Y puedo llevarme a Gur&iacute;.

TATA VIEJO
&iquest;Llev&aacute;rtelo?

PACHAMAMA
Llevarlo por las quebradas. Ense&ntilde;arle los senderos. Mostrarle los dep&oacute;sitos serranos de mica negra y plateada. Desnudar mi rostro &iquest;Lo recuerdas?

(Graciela y Gabriel se hallan sentados mateando, &eacute;l le entrega un nuevo mate cebado que Graciela concluye de tomar chirriando la bombilla)

GRACIELA
Cuando las voces nocturnas te invadan Gabriel, junto ala sierra y a&uacute;n no hayas desmontado tu alaz&aacute;n... piensa que puedes hallarme hoy o ma&ntilde;ana. Porque a tu puerta volver&eacute; una y mil veces como se vuelve al interior de nosotros mismos.

( Graciela devuelve el mate y parte. Gabriel coloca la pava con el mate sobre una mesa y sale en direcci&oacute;n opuesta )

TATA VIEJO
&iquest;No intentar&aacute;s detenerla?

PACHAMAMA
S&oacute;lo me interesaba su vientre y ya nos dio el fruto aguardado. Tenemos con nosotros al Gur&iacute; &iquest;Es que piensas por ventura que alguna vez voy a faltar a mi ley? 

TATA VIEJO
Cre&iacute; que por una vez tendr&iacute;as chispa rom&aacute;ntica.

PACHAMAMA
No Es para m&iacute; ese acto humano &iexcl;Soy la Pachamama!

GUR&Iacute;
&iexcl;Yo soy el Gur&iacute;!

TATA VIEJO
&iquest;Por qu&eacute; no pudieron Graciela y Gabriel ser tus favoritos? ...Y en cambio nos elegiste a Gur&iacute; y a m&iacute;...

PACHAMAMA
Porque eran almas en conflicto. La Pachamama se muestra s&oacute;lo a los esp&iacute;ritus libres de tormentos. No soy una diosa que rige corazones humanos &iexcl;Yo rijo sobre el escenario de los paisajes! Me extingo en las ciudades cuando la multitud domina y me avasalla. Soy apenas una voz, un susurro, para los seres humanos complicados con vida mundana.

TATA VIEJO
He quedado conforme. Envejecido te veo siempre joven y puedo confiarte a Gur&iacute;... ser&aacute;s su aya, o casi su madre.

PACHAMAMA
&iquest;Est&aacute;s cansado T&acirc;ta Viejo? &iquest;Quieres dormir? ...Tengo una almohada mullida para ofrecerte.

TATA VIEJO
&iquest;D&oacute;nde?

PACHAMAMA
En mi pecho de madre, el que te arrull&oacute; junto a tu cuna, el que te vio crecer, trabajar, cabalgar, amar, procrear...

TATA VIEJO
Recuerdo todo ello.

PACHAMAMA
Es tarde ya. Inti se puso hacia el ocaso. Ocult&oacute; sus rayos diurnos dejando platear a la luna. Ahora debes dormir en mis brazos.

(Pachamama abre sus brazos extendiendo su t&uacute;nica obscura, T&acirc;ta Viejo apoya en ellos su cabeza y la Madre-Tierra lo envuelve con su manto quedando la escena en semipenumbra)

.....................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
.....................................



]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-22</dc:date>
			<pubDate>Thu, 22 May 2003 10:31:18 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[DAMA  DE  CINCO  NOTAS]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/569/5699/</link>
			<description><![CDATA[LA DAMA DE CINCO NOTAS
....................................


--Soy como los sauces del r&iacute;o que lloran desde los siglos.

--Te seguir&eacute; en el llanto.	

--S&oacute;lo ofrezco angustia. Olvid&eacute; la alegr&iacute;a.	

--Mis tambores conmover&aacute;n tu cuerpo.	

--Mi sangre est&aacute; cansada. Tengo s&oacute;lo cinco notas en mi quena.

--El brillo negro de mi mirada pondr&aacute; espejos en los r&iacute;os para reflejarte y ser&aacute;s m&uacute;ltiple.	

--Mi piel cobre se ha empalidecido. Perd&iacute; el color rojo de mis manos.

--Se obscurecer&aacute; de nuevo cuando yo penetre.	

--Lleg&oacute; una barba negra que era blanca.	

--Ondearemos con ella una bandera tricolor, que ser&aacute; nuestra danza.	

--Fueron derribados uno a uno mis templos indios, junto con sus dioses.	

--Vengo con todos los m&iacute;os hasta tu casa desde mi selva africana.

--No me quedan ya palabras propias y s&oacute;lo cuentan las nuevas palabras blancas.	

--Con la fuerza de las m&iacute;as haremos posible tu resurrecci&oacute;n... Pachamama.	

--&iquest;De qu&eacute; modo? Con tu presencia ser&aacute; a&uacute;n m&aacute;s peque&ntilde;o el espacio para mi raza.	

--No estar&aacute;s sola como est&aacute;s ahora, con un rival blanco que tiene la fuerza de la aurora. Yo tambi&eacute;n soy joven como &eacute;l, y compartiremos entonces en igualdad la generosidad de tu casa.

--&iexcl;Bien! Has destruido con tu impulso todas mis defensas. No me quedan m&aacute;s razones ... &iexcl;Entra!	

--&iexcl;Aqu&iacute; estoy! Y te cubrir&eacute; de colores con los p&aacute;jaros de mi selva.	
--&iexcl;Pero! ... &iquest;Vienes encadenado? ... &iexcl;Estoy cansada de cadenas y las aumentas!	

--Entro aqu&iacute; para romperlas, fris&aacute;ndolas con las tuyas. No puedo quitarme antes de entrar estas argollas, pero traigo intactos los afro esp&iacute;ritus de mi tierra.	

--No son visibles.	

--Nunca es visible lo que a&uacute;n no ha acontecido, pero ya ver&aacute;s, me fundir&eacute; tambi&eacute;n yo junto con los blancos dentro de tu alma... Pachamama.	

.......................................................


Pachamama : Gea Sudamericana	

Quena : flauta india


....................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-22</dc:date>
			<pubDate>Thu, 22 May 2003 21:31:08 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LA  CIUDAD  NUEVA]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/570/5707/</link>
			<description><![CDATA[LA  CIUDAD  NUEVA
...........................

 Entrar por Elvira y salir por Granada 

(refr&aacute;n espa&ntilde;ol)

.......................................


Los &aacute;rabes entraron por la ciudad de Elvira y salieron por la ciudad de Granada. Y en este periplo espa&ntilde;ol que les llev&oacute; 800 a&ntilde;os no se movieron en espacio del mismo lugar, a la vera del r&iacute;o Darro. Entraron por donde salieron y salieron por donde entraron. Por la vieja Iriberry o Iliberi, a la que los visigodos germanizaron como Elvira, situada al pie de la ciudad musulmana de Granada que los &aacute;rabes crearon en su monta&ntilde;a rojiza.

En Elvira que est&aacute; en el valle junto al Darro, se tomaba buen vino (y a&uacute;n es excelente) de modo que los moriscos bajaban de noche entre las sombras desde el Albaic&iacute;n y la Alhambra (elevada en la otra orilla sobre la roca del r&iacute;o) para escanciar el vino de los cristianos de Elvira. Los mul&aacute;h lanzaban crueles ep&iacute;tetos sobre estos pr&iacute;ncipes nazar&iacute;es pecadores.

En los blancos palacios del Albaic&iacute;n y en el patio de los leones de la Al-Hambra, las odaliscas con velos transl&uacute;cidos que dejaban ver sus formas desnudas, bailaban la danza del vientre haciendo la delicia de los invitados cristianos de Elvira... Quienes solaz&aacute;banse en esa contemplaci&oacute;n de bailarinas intocables, casi sagradas, e incitantes para su medioeval concepto. Los curas de Iliberi desde su peque&ntilde;a catedral g&oacute;tica, casi de juguete, anatematizaban indignados en contra de ellos, como cristianos pecadores.

En la pr&oacute;spera Juder&iacute;a granadina, separada de Elvira s&oacute;lo por una calle, se administraban los bienes del Reino y se traduc&iacute;a a los cl&aacute;sicos griegos. Edificaban con paciencia una r&eacute;plica del Templo de Salom&oacute;n, inmensa, cuadrada, situada en Vivarrambla.

Y all&iacute; entre todos iban fundiendo las tres comunidades, que crear&iacute;an la Granada de Garc&iacute;a Lorca y de Manuel de Falla.

Dice el Romancero Castellano :

Cabalgaba el rey Moro por las calles de Granada

desde la puerta de Elvira hasta la de Vivarrambla

Al parecer, el rey Moro ten&iacute;a mucha preocupaci&oacute;n por cristianos y jud&iacute;os, dado que su bella cabalgadura blanca con arneses orientales, era la delicia de ellos al verlo airoso pasar. Pero all&iacute; hab&iacute;a, hay y habr&aacute; siempre, mesones para un buen servicio del dios Baco. Escanciando un buen vino granadino estaba Federico en Vivarrambla

cuando los esbirros fascistas lo detuvieron. Sobre la mesada qued&oacute; la copa que &eacute;l no termin&oacute; de degustar, como &uacute;ltimo momento de su presencia viva. Nunca m&aacute;s s&uacute;pose del gran poeta.

Y el Romancero castizo nos sigue relatando que un anciano sali&oacute; en Vivarrambla al encuentro del rey Moro, quien paseaba orgulloso montado sobre su caballo blanco adornando de blancas perlas... dici&eacute;ndole :

Mataste a los Abencerrajes que eran la flor de Granada

trajiste a los tornadizos de C&oacute;rdoba la Sultana

por todos estos errores : &iexcl;Que aqu&iacute; se acabe Granada!

Como esto suced&iacute;a en Vivarrambla frente a la Gran Sinagoga cuadrada (hoy catedral cat&oacute;lica), debemos suponer, que este anciano era un jud&iacute;o granadino. Un Isa&iacute;as sefardita.

Las princesas moras envueltas en gasas de colores transparentes, danzaban en el palacio de los Abencerrajes, con su cultivo de sensualidad y est&eacute;tica. Intocables como diosas.

Fernando el Cat&oacute;lico, descendiente de los reyes c&aacute;taros y antipapistas de Arag&oacute;n, fue el &uacute;ltimo en maravillarse con la danza del vientre que en el patio de los leones de la Al-Hambra (La Roja) bailaron para &eacute;l, sentado junto a toda la corte de Boabdil, las tres hijas de este &uacute;ltimo rey moro. Aquella noche, seg&uacute;n cuenta la tradici&oacute;n boca a boca granadina, en un rito musulm&aacute;n ellas se casaron con &eacute;l, bajo la exigencia del rey Moro antes de partir al exilio. Pues pidi&oacute; esa protecci&oacute;n de Don Fernando hacia sus hijas, dado que le era imposible llevarlas en un ej&eacute;rcito con &eacute;l.

La historia oficial, una vez m&aacute;s, niega este relato plausible y natural por la circunstancias. El que adem&aacute;s agrega que Don Fernando luego de su luna de miel triple, y de bautizarlas, las entreg&oacute; en matrimonio a nobles aragoneses en casamientos cristianos. Y que siempre las protegi&oacute;, cumpliendo la palabra de caballero a caballero.

Hernando del Pulgar, un converso judaico, habla de las inmensas iras de Isabel por los devaneos de Fernando. Pero ante la posibilidad de ganarse a la hermosa Granada sin disparar un solo tiro, por capitulaci&oacute;n, la reina no pod&iacute;a en ninguna manera oponerse. Ella siempre demostr&oacute; que los deberes del Estado eran su principal objetivo. Adem&aacute;s, cuando la ley musulmana admite a cuatro esposas leg&iacute;timas, se hab&iacute;a contemplado con todo respeto que : una m&aacute;s tres, suman cuatro. La primera se constituye en Favorita, administra la casa y la familia.

Desde una bella estatua de bronce, al lado de su antigua sinagoga (m&aacute;s peque&ntilde;a que la de Vivarrambla) el rabino El Tib&oacute;n nos muestra los rollos donde ha traducido a Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles, del griego al &aacute;rabe y el hebreo, en el siglo XII. Al pie de ese monumento erigido en el centro de Granada, podemos leer que fue El Tib&oacute;n, el primer traductor de los cl&aacute;sicos griegos. Los romanos no traduc&iacute;an las obras hel&eacute;nicas, pues sus hombres de letras le&iacute;an y escrib&iacute;an, tanto en griego cono en lat&iacute;n.

Esta obra de El Tib&oacute;n iba a servir para que en el futuro floreciera la cultura europea que se expandir&aacute; desde el Al-Andalus hacia Francia (que entonces comenzaba en Catalu&ntilde;a) y luego de ella hacia el mundo cristiano, que en el siglo XII era obscurantista y medioeval. Donde las mujeres encerradas con cors&eacute; de hierro no sab&iacute;an escribir y menos a&uacute;n danzar, desnudas entre velos y con movimientos de ballet.

Desde ese pasado granadino el Visir Samuel, nos sonr&iacute;e. Es hebreo, pero asiste a la mezquita los viernes con su rey Moro, Bin Habus, pues en ambos Granada ha depositado su alma y su ilusi&oacute;n de belleza, prosperidad y encanto.

Granada o Elvira, ense&ntilde;&oacute; alguna vez, que la tolerancia de pensamiento crea y embellece. Por ello Iriberry en celta significa : Ciudad Nueva.

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-05-23</dc:date>
			<pubDate>Fri, 23 May 2003 10:37:21 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[EL  NI&Ntilde;O]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/621/6213/</link>
			<description><![CDATA[EL  NI&Ntilde;O
.............

                        Lo encontramos abandonado en el camino, como un pan olvidado durante un viaje.

		Y nos sigui&oacute; aquel ni&ntilde;o conduci&eacute;ndonos desde el asfalto al monte, en una b&uacute;squeda nueva que hab&iacute;amos decidido iniciar todos en conjunto. Era ni&ntilde;o al partir y m&aacute;s a&uacute;n al llegar, tuvimos que llevarlo en brazos en las vueltas finales.

		Esa primera noche le organizamos una cuna de piedras. Y todos dormimos cansados, llegados a Destino.

		Amanecimos para la nueva vida, para iniciar en el monte una existencia distinta.

		Menos &eacute;l.

		El no amaneci&oacute;. La cuna improvisada estaba vac&iacute;a, pero las piedras que la formaban ten&iacute;an sus caras pulidas adonde pod&iacute;amos reflejarnos.

		Comprendimos entonces... que El s&oacute;lo era, una imagen materializada de nosotros mismos. Y desde aquel momento comenz&aacute;bamos desde un mismo punto, para aprenderlo todo.

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................


]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-06-04</dc:date>
			<pubDate>Wed, 04 Jun 2003 17:24:24 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[EL  TATITA  JOS&Eacute;]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/621/6219/</link>
			<description><![CDATA[

EL TATITA JOS&Eacute;
.....................


(Acuarelas Argentinas)


1- EL PERSONAJE
.......................

 El Tatita Jos&eacute; era Negro, pero ten&iacute;a los ojos Azules 

Hacia el final de sus d&iacute;as, que concordaron con los finales del siglo XIX, todav&iacute;a manten&iacute;ase elegante y altivo. Anciano pero a&uacute;n dominante. Austero, medido y exigente. De palabra solemne, casi como un viejo patriarca, mirando a todos con sus bellos ojos azules.

La figura del Tatita Jos&eacute; reaparec&iacute;a siempre como nombre evocado con un respeto filial, cual llam&aacute;ndolo a presentarse nuevamente ante una familia de estancieros argentinos, descendientes de los antiguos encomenderos coloniales, que a&ntilde;oraban su presencia ...y... &iexcl;tan distantes ya en el tiempo de &eacute;l como de su entorno! 

Su ternura y su solvencia personal para dirimir pleitos infantiles y educar a ni&ntilde;os de una sociedad tradicional, con firmes conceptos de vida y conducta, fueron notables. Permaneci&oacute; en el recuerdo y se fortaleci&oacute; con los a&ntilde;os, mientras m&aacute;s distante su figura iba quedando en el pasado. Como la de alguien a quien se desea preservar, evitando su p&eacute;rdida, cual un n&uacute;men tutelar conservado en la memoria, para unidad de una familia. Tal como se mantienen los ritos de una comunidad.

Pero... &iquest;Qui&eacute;n era &eacute;l? ...&iquest;Por qu&eacute; siempre se lo mencionaba como garante de paz domiciliaria

El Tatita Jos&eacute; semejaba ese ancestro que se menciona con orgullo, como representante de una &eacute;poca pasada, con sus pautas y sus realizaciones, fueran &eacute;stas felices o dolorosas. El encargado vital de mantener un orden, la autoridad severa, dulce y compleja, propia de una familia patriarcal.

Pero el Tatita Jos&eacute; tan amado, tan evocado, tan valorado, tan escuchado y obedecido .....

&iexcl;&iexcl; Era un esclavo !!


2  El TESTIGO 
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Era &eacute;l pues, el &uacute;nico esclavo legal nacido antes de la libertad de vientre de 1813 que a&uacute;n quedaba hacia finales del siglo XIX dentro la familia Ortiz de Ocampo, en su rama cordobesa. A partir de esa fecha en Argentina, qued&oacute; abolida la esclavitud para quienes naciesen con posteridad a tal decreto. Esta antigua familia de la aristocracia criolla descend&iacute;a en forma directa del riojano y gobernador de C&oacute;rdoba, General Francisco Ortiz de Ocampo ...Aqu&eacute;l que dijera luego del fusilamiento en pleno del gobierno cordob&eacute;s en Cabeza de Tigre (en 1810) cuando el cabildo de esta ciudad se opuso a reconocer como rey a Fernando VII, dejando as&iacute; ac&eacute;fala a su dirigencia : 

-&iexcl;La patria reci&eacute;n nace y ya est&aacute; de luto! 

Y se aperson&oacute; de inmediato en C&oacute;rdoba por decisi&oacute;n propia, para hacerse cargo de una ciudadan&iacute;a que hab&iacute;a quedado hu&eacute;rfana debido a un acto pol&iacute;tico originado en la invasi&oacute;n napole&oacute;nica a Espa&ntilde;a. A la cual los porte&ntilde;os rechazaban jurando lealtad al pr&iacute;ncipe Fernando VII (entonces en el exilio) pero a quien los cordobeses no ten&iacute;an ninguna simpat&iacute;a. Lo aborrecieron siempre por su absolutismo. El Congreso de Tucum&aacute;n de 1816, iba a reunir finalmente a la naci&oacute;n Argentina en un solo pensamiento, dejando afuera del juego al rey absolutista.

Con una dirigencia ac&eacute;fala, de improviso cercenada, la ciudad de C&oacute;rdoba para sobrevivir y continuar existiendo, volcar&iacute;a sus esperanzas en este personaje, en este hombre del destino: Don Francisco Ortiz de Ocampo. Y con los brazos abiertos hacia la esperanza, recibi&oacute; al riojano quien present&oacute;se en su cabildo dispuesto a resta&ntilde;arle las heridas.

En todas estas idas y venidas hab&iacute;alo acompa&ntilde;ado su esclavo Jos&eacute; (muy joven entonces) que con los a&ntilde;os habr&iacute;a de transformarse en tutor de sus numerosos descendientes. Testigo oculto de una &eacute;poca donde los hombres volcaron pasiones, empe&ntilde;os, riesgos, &eacute;xitos y guerras civiles. Compa&ntilde;ero de episodios olvidados e inolvidables... Nacido antes de la libertad de vientre de 1813 y testigo hist&oacute;rico de toda una &eacute;poca, presente en di&aacute;logos y sucesos, all&iacute; estaba nuestro personaje asistiendo al nacimiento de una naci&oacute;n que tambi&eacute;n era la suya. Y en medio de una familia que termin&oacute; por ser la suya en los hechos vivos.


3 - NI&Ntilde;OS
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Poca gente contempor&aacute;nea a su tiempo conoci&oacute; de cerca tantos sucesos hist&oacute;ricos como &eacute;l. Con una memoria detallista iba a convertirse en cronista de la historia familiar, pues criaba y educaba a los ni&ntilde;os de esta familia originaria de La Rioja, con lejanos ancestros lusitanos coloniales, en cuya estancia ubicada en la localidad de La Esquina -norte de la provincia de C&oacute;rdoba- formaban una especie de comunidad infantil. El esclavo Jos&eacute; los ten&iacute;a a su cargo y guarda, en calidad casi de tutor&iacute;a (en los hechos lo era) dentro de una familia donde ya no quedaban hombres maduros vivos, pues todos hab&iacute;an muerto en las guerras. Frase repetida y acu&ntilde;ada, hacia finales del siglo XIX.

Estamos hablando de las guerras civiles e interiores de Argentina, durante ese cruento siglo, y exteriores con Brasil y Paraguay. Pero todas en suma fraticidas, dentro de lo que anta&ntilde;o fuera el Imperio Espa&ntilde;ol de Ultramar ... Incluyendo los territorios del actual Brasil, con quien alguna vez existi&oacute; una sola naci&oacute;n colonial.

Fueron guerras espantables que enlutaron a la naci&oacute;n reci&eacute;n nacida. Guerras civiles que produc&iacute;an numerosos hu&eacute;rfanos pol&iacute;ticos e hist&oacute;ricos, deudos dolorosos, no s&oacute;lo de la familia Ortiz de Ocampo sino tambi&eacute;n de sus enemigos, y aparte de ello, de todos sus allegados y conocidos. Y que especialmente dejaban como saldo : Muchos ni&ntilde;os hu&eacute;rfanos. 

Ni&ntilde;os. S&iacute;. Ni&ntilde;os como todo ni&ntilde;o al fin de cuentas. Los cuales en este caso eran all&iacute; alojados en esa estancia de La Esquina, en protecci&oacute;n a eventuales venganzas pol&iacute;ticas y razzias punitivas de car&aacute;cter ideol&oacute;gico, de exterminio. Deposit&aacute;ndolos en manos del Tatita Jos&eacute;. Un esclavo.

Mayoral de una Estancia rica y dolorida, una propiedad de hacendados pudientes y perseguidos. Diezmados ...Muchos ni&ntilde;os... Much&iacute;simos ni&ntilde;os pasaron por la mano educadora del esclavo Jos&eacute;, nacido en La Rioja, propiedad &eacute;l de la familia Ortiz de Ocampo, y protector &eacute;l de su descendencia. Sus recuerdos, sus valores, sus hijos, sus haciendas.

Nadie quedaba vivo en esa familia, en esa casa solariega de la Estancia de La Esquina en el norte cordob&eacute;s, como var&oacute;n adulto (y otras familias de adictos vinculados a ella). Nadie ... Salvo &eacute;l... el Tatita Jos&eacute; y su treintena de ni&ntilde;os.

&iexcl; As&iacute; son las guerras !


4  HIJOS DE LAS GUERRAS
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Cierto es que las familias de aquel siglo eran numerosas. Ten&iacute;an varios hijos por cada mujer y juntar treinta ni&ntilde;os en una casa, no era entonces dif&iacute;cil en los peores momentos de las lides. Pero igual as&iacute;, este hecho no resta encanto al recuerdo del personaje.

Eran ni&ntilde;os. Pero hijos en conjunto de esa estirpe con gestas heroicas, con figuras hist&oacute;ricas y c&eacute;lebres, quienes han dado hoy d&iacute;a su nombre en m&aacute;s de un caso, a las calles argentinas y a diversos sitios nacionales. No era por ello menos cierto, el infortunio de estas criaturas. Hijos de su tiempo. Hijos de las guerras. Hijos de su &eacute;poca. Hijos de la historia.

Defendidos de este modo mediante aquel anonimato, de las venganzas pol&iacute;ticas que se abaten siempre y en todos los casos, en forma incre&iacute;ble, sobre la descendencia indefensa. Refugiados all&aacute; en esa estancia solitaria de La Esquina junto al Tatita Jos&eacute; : severo, adusto, exigente y tierno. La forma como &eacute;l educaba, ense&ntilde;aba y reprend&iacute;a a esa bandada de ni&ntilde;os perseguidos por la historia, por el cruel desencuentro entre hombres de una misma naci&oacute;n y de un mismo origen, qued&oacute; fijado entre ellos con ese agradecimiento que supera al tiempo.

Pues todos aquellos connacionales que se asesinaban entre s&iacute; con actos desmedidos en el siglo XIX, formando ej&eacute;rcitos bien pertrechados a todo lo ancho de la Argentina, ten&iacute;an genes fraternos. Todos cu&aacute;ntos entonces se devastaban, her&iacute;an, masacraban y persegu&iacute;an sin tregua y con sa&ntilde;a cruel, durante ese siglo, ten&iacute;an en com&uacute;n sangre &iacute;berocolonial o indoib&eacute;rica. Fusionaron tres reinos, tres culturas (hispana, india y lusitana) que al encontrarse eran diferenciadas y al concluir el per&iacute;odo colonial, hab&iacute;an entrelazado sus proyectos de devenir en un programa hist&oacute;rico de progreso. Pero que al hallarse independiente de la metr&oacute;polis europea, se lanzaron al ruedo en busca de sus privilegios, sin condolerse por el dolor humano. 

Convertidos en fuerzas aniquilantes, ahora se desangraban las unos a las otros en una guerra fraticida que pareciera no tener fin. El Cono Sur sudamericano no era en ese momento como fuera en siglos anteriores, una tierra dedicada al progreso. Sino un mundo en decadencia que se destru&iacute;a a s&iacute; mismo y que destru&iacute;a a las propias familias criollas que lo constitu&iacute;an. Llevar un apellido destacado en la funci&oacute;n societaria, era casi un estigma, un peligro de vida. O una condena en el mejor de los casos, al exilio. 

Y todo ello suced&iacute;a con explicaciones diversas, con justificaciones arbitrarias que parecieran inapelables. Como siempre hacen los violentos. Y esta dirigencia que se empe&ntilde;aba en autodestruirse con cr&iacute;menes abusivos (complicando al pueblo nativo gaucho y mestizo con conceptos ajenos a &eacute;l y a los cuales nunca comprender&iacute;a, como fue el caso del Chacho Pe&ntilde;aloza) hab&iacute;a dado la espalda a sus ancestros. Aqu&eacute;llos que siglos atr&aacute;s se embarcaran en la aventura del Oc&eacute;ano y de las Indias, navegando en nav&iacute;os peque&ntilde;os como c&aacute;scaras de nuez, f&aacute;cilmente zozobrables. Edificando en tierra argentina ciudades. Plantando vides. Criando ganado. Sembrando trigo. Levantando una bella Universidad humanista a comienzos del siglo XVII (Universitas Cordubensis Tucumanae). Sobreponi&eacute;ndose al continuo hostigamiento de los Malones ranqueles flagelantes.

Y estos hu&eacute;rfanos de guerra, ni&ntilde;os solos, ni&ntilde;os olvidados, ni&ntilde;os ricos y pudientes escondidos de la ira en una estancia apartada, ni&ntilde;os de alcurnia social pero muy solos en definitiva... No olvidaron nunca al Tatita Jos&eacute; que los condujo de la mano con presencia paternal, hasta que se repartieron por el mundo en busca de sus propios destinos.


6  EL T&Acirc;TA
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T&acirc;ta significa abuelo y anciano en lengua quichua. Tambi&eacute;n encontramos la denominaci&oacute;n de T&acirc;ta, en el jefe de una comunidad nativa. Es una voz precolombina. Fue adoptado por la vieja sociedad colonial y transferido a la sociedad argentina criolla y estanciera, muy especialmente entre ambientes patriarcales donde la influencia y la solemnidad de un T&acirc;ta, pod&iacute;a extenderse m&aacute;s all&aacute; del parentesco de sangre. Adem&aacute;s en la misma l&iacute;nea tradicional se encuentra T&acirc;ta Dios muy usado en el mundo gauchesco. Incluye un gran sentimiento de respetabilidad, donde la citada denominaci&oacute;n conlleva un t&iacute;tulo escondido, reverencial, que fue v&aacute;lido dentro de las culturas precolombinas. Y al que sin duda alude su uso, transmitido de un idioma a otro.

Por ello mismo asombra que un esclavo fuese : El Tatita Jos&eacute; .


7  LA DAMA DE LUTO
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El no estaba totalmente solo en aquella cruzada preservadora de futuras vidas, que iban a destacarse socialmente, cuando las guerras civiles concluyeran. Otra figura muy fuerte e imponente -m&aacute;s austera a&uacute;n- lo acompa&ntilde;aba ... La se&ntilde;ora viuda de Ortiz de Ocampo, viuda del hijo del general. La due&ntilde;a en verdad de aquella estancia situada en La Esquina: La dama Ardiles.

La dama arist&oacute;crata en cuyo entorno transcurri&oacute; ese pedazo dram&aacute;tico de la historia nacional. Una circunstancia l&iacute;mite no elegida por ella y tampoco deseada. Que form&oacute; parte y nunca particip&oacute; de la misma.

Si este esclavo negro de ojos azules cuya belleza a&uacute;n asombraba en su ancianidad, ten&iacute;a cautivada a la dama vestida de negro cuando &eacute;l estaba en su plenitud viril (una dama que llevaba muchos lutos yuxtapuestos con esos hombres de su familia que mor&iacute;an todos en las guerras, de acuerdo a la frase repetida) ya hoy no podemos saberlo... S&oacute;lo agregar fantas&iacute;as.

Viuda. Adulta. Adusta. En una casa con ni&ntilde;os. Con nietos. Con sobrinos nietos. Con nietos de amigos. Con nietos pol&iacute;ticos o de personas entra&ntilde;ables. Hu&eacute;rfanos todos. O con padres que a&uacute;n se hallaban en el fragor de las batallas. Hijos de las guerras numerosas y contradictorias del siglo XIX en la Argentina y que duraron mucho m&aacute;s de medio siglo. Hijos de familias cercenadas. Eran esos ni&ntilde;os en muchos casos, los &uacute;ltimos representantes vivos de las mismas. 

Ella no manten&iacute;a di&aacute;logo alguno con aquella bandada de ni&ntilde;os sin padres, alojados en su casa. Con aquellos ni&ntilde;os perseguidos por el infortunio. Por el belicismo desencadenado, presuntamente ideol&oacute;gico, sin piedad y sin amor real al terru&ntilde;o. Con padres siempre ausentes. O muertos en las refriegas. Padres a los que muchas veces, ella no conoc&iacute;a ni llegar&iacute;a a conocer. Protegi&eacute;ndolos. Separ&aacute;ndolos del peligro. Salv&aacute;ndolos de esas guerras intestinas y fraticidas.

Administradora de bienes propios, ella pose&iacute;a un temple excepcional para enfrentar los avatares tr&aacute;gicos, que envolvieron su vida. De los cuales iba a salir airosa pero no hay duda, marcaron su naturaleza adusta. Conformaron su estilo, su car&aacute;cter duro, fr&iacute;o. Tal como se la recordaba.

V&iacute;ctima tambi&eacute;n ella de aquel clima b&eacute;lico al que enfrent&oacute; sin temor ni debilidad, con talento y valor. Con temple. Terrible y genial, compasiva en el fondo pero desp&oacute;tica en la forma. Dura. Sin una l&aacute;grima, sin una queja, sin una ternura. Protocolar al m&aacute;ximo en sus modales, en medio de su aislamiento estanciero. No hab&iacute;a un lamento en sus palabras, ni derramaba mimos.

Defend&iacute;a &aacute;cidamente empu&ntilde;ando carabina en mano, cualquier intenci&oacute;n de que le arrebatasen aquellos ni&ntilde;os, (a los cuales no besaba y por quienes sacaba la cara), fuese qui&eacute;n fuese el intruso o pariente, que intentase reclamar por ellos, en los peores momentos de las batallas. Se jugaba por ellos y no les daba una caricia. Alma vigorosa colocada en una situaci&oacute;n l&iacute;mite. Mujer valiente erguida en su arrogancia, enfrentada a un mundo convulsionado. Dirig&iacute;a ella personalmente: gauchos, chinitas, esclavos, tambos, sembrados, producci&oacute;n, comercio. 

Y siempre impecablemente vestida y aseada. Con su ropa obscura de cerrado luto. Nunca habl&oacute; ni media palabra con esos ni&ntilde;os a los cuales ocultaba en su casa de probables agresiones, por causa de sus padres guerreros. No ten&iacute;a vocaci&oacute;n ni tiempo para ello. Enfrentaba tales desdichas sin bajar la cabeza, con ese vigor de las varonas de anta&ntilde;o. Con esa forma directa y espont&aacute;nea de las antiguas damas estancieras.

Y adem&aacute;s, con la mano de apoyo excepcional en esa circunstancia excepcional, que iba a permitirle sacar adelante una situaci&oacute;n dif&iacute;cil en un momento realmente dif&iacute;cil, como aqu&eacute;l que le tocara compartir : con el TATITA JOS&Eacute;.

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Alejandra Correas V&aacute;zquez
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]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-06-05</dc:date>
			<pubDate>Thu, 05 Jun 2003 00:03:03 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[EL  COCHE  SIN  COCHERO]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/624/6241/</link>
			<description><![CDATA[El Coche Sin Cochero
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(leyenda  cordobesa)

Era en tiempos del Calicanto antiguo, cuando el ex&oacute;tico murall&oacute;n colonial de piedra bola, exhib&iacute;a su porte primitivo de rusticidad agreste entre cal serrana y cantos rodados del r&iacute;o Suqu&iacute;a, de donde devino su nombre original.

Era entonces C&oacute;rdoba, una ciudad m&aacute;s peque&ntilde;a que la actual, con su mill&oacute;n y medio de habitantes oprimidos hoy d&iacute;a por el v&eacute;rtigo moderno. El arroyo La Ca&ntilde;ada luc&iacute;a anta&ntilde;o esa muralla de piedra, dando cobijo a diversas leyendas. Estaba contorneado de casas en sus orillas sobre las que volc&aacute;banse cual ramilletes, floridos balcones enrejados que produc&iacute;an la delicia de los pintores. Puentecillos de medio arco un&iacute;an esas dos orillas en esta ciudad universitaria cordobesa, amodorrada entonces con ensue&ntilde;os estudiantiles y fantasmas propios.

Las escalerillas del Calicanto bajaban hasta su lecho terroso, donde en tibias siestas oto&ntilde;ales los ni&ntilde;os jugaban a la pelota a su regreso de la escuela. Y el sacrist&aacute;n de la iglesia del Carmen situada a su frente, descend&iacute;a por ellas para alimentar con miguitas de pan unos patitos amarillos que nadando a toda prisa, desliz&aacute;banse de puente a puente aguas abajo. Mientras las mam&aacute;s patas empollaban sus huevos, entre el murall&oacute;n de piedra bola y los churquis de la orilla opuesta.

La ciudad crec&iacute;a y se parapetaba alrededor de este paisaje buc&oacute;lico, que sobrevivi&oacute; en pleno centro ciudadano hasta la mitad del siglo XX, cuando iba a ser remodelado por la actual Ca&ntilde;ada de bloques blancos tallados en cuadrados perfectos. El murall&oacute;n colonial abr&iacute;a anta&ntilde;o un tajo de piedra r&uacute;stica dividiendo en dos la ciudad de los universitarios. Cuando hab&iacute;a m&aacute;s doctores y menos hombres-mec&aacute;nicos, con sus mecanismos a cuestas.

En aquel tiempo circulaba el Mateo de Sobremonte, sin duda, el fantasma del coche versallesco del Marqu&eacute;s, su antiguo gobernador colonial.

Casi todos lo ve&iacute;an rondar en c&iacute;rculos la gran fuente, aqu&eacute;lla que un d&iacute;a decor&oacute; ese coqueto Paseo del Marqu&eacute;s de Sobremonte... y donde las juventudes rom&aacute;nticas iban a remar. Una arboleda de pl&aacute;tanos con su tapiz dorado, cubr&iacute;ale en oto&ntilde;o el suelo enarenado de hojas amarillas, que al secarse cruj&iacute;an de noche bajo las ruedas del coche fantasma.

Elegante y hermoso con su toque borb&oacute;nico, el Paseo del inolvidable Marqu&eacute;s -quien fue a finales del siglo XVIII su gobernador m&aacute;s progresista- ergu&iacute;ase altivo frente al Calicanto con todas sus finuras. Como contraste de dos distintas concepciones arquitect&oacute;nicas (de lo r&uacute;stico frente a lo rococ&oacute;) juntos y asociados compart&iacute;an mitos y leyendas. El Coche sin Cochero era hijo de ambos.

Para comienzos del siglo XX ya nadie recordaba el dise&ntilde;o de un carruaje del siglo XVIII, ornado de arabescos en oro sobre un fondo p&aacute;lido. Y por referencia natural a lo conocido, a aquello que el citadino acostumbraba a ver diariamente, la vox populi lo transform&oacute; en Mateo o coche de plaza, tirado por caballos ...visto de lejos cuando aterraba.

En las casas se&ntilde;oriales que a un mismo tiempo estaban llenas de leyendas, el relato de esos mitos fantasmales rondaba por sus habitaciones, junto con la rueda del mate. Y cuando sus ocupantes sent&iacute;an de madrugada el carro del lechero tirado caballos (que a&uacute;n circulaba en pleno centro citadino al despuntar la aurora para orde&ntilde;ar la vaca antes de que el ternero se tome toda la crema seg&uacute;n dicho criollo)... las mujeres, las sirvientas y los ni&ntilde;os cre&iacute;an con espanto, escuchar al Mateo Fantasma.

Pero el Mateo de Sobremonte no exist&iacute;a. S&oacute;lo era seg&uacute;n especialistas en mentados fantasmas cordobeses, la materializaci&oacute;n desde la cuarta dimensi&oacute;n hacia la nuestra, de una forma suspendida en el tiempo de aquel coche versallesco del querido Marqu&eacute;s de Sobremonte. Quien continuaba vigilando a su ciudad con la misma minucia y meticulosidad que &eacute;l lo hiciera en sus tiempos de gobernador, cuando la levant&oacute; de la ruina lanz&aacute;ndola hacia el progreso. C&oacute;rdoba hab&iacute;ase transformado al fin con el nuevo siglo, en lo que &eacute;l deseara para ella. Y por eso el Marqu&eacute;s gustaba venir a visitarla, como un amante a su dama ...de noche y partiendo con las luces del alba.

Pero el coche fantasma blanco y versallesco (o negro mateo) no llevaba cochero. Era &eacute;sta su especial condici&oacute;n. &iexcl;Cuidado con un coche cuyo caballo camine sin cochero! Continua advertencia : pues igual a la leyenda de Zupay (el diablo-criollo) vestido de gaucho rico con traje obscuro y luciendo en la cintura una rastra de plata y oro, altivo sobre su potro negro que sacude airoso su cola azabache (cuando Zupay presta a alg&uacute;n admirador desprevenido su bell&iacute;simo pingo negro, &eacute;ste galopa sin parar hasta llevarse un cristiano al infierno) ...Tambi&eacute;n aqu&iacute; aquel pasajero que subiera distra&iacute;do al coche sin cochero, por descuido, crey&eacute;ndolo un simple mateo de alquiler, ya no podr&iacute;a bajar m&aacute;s de &eacute;l ni nadie iba nunca a volver a verlo.

Sin duda, el susodicho pasear&iacute;a ahora muy solemne y erecto por cielos encantados, libando con un Marqu&eacute;s, pero sin poder retornar ya m&aacute;s a su simple domicilio de burgu&eacute;s, obrero o bohemio. Quienes eran habitualmente los clientes que acud&iacute;an de noche en busca de mateos. O quiz&aacute;s alg&uacute;n otro anhelante y con exceso de imaginaci&oacute;n, subir&iacute;ase a un mateo olvidado por el conductor, pero sin llegar a alcanzar dicho beneficio nobiliario, ya que el cochero apareciendo de improviso lo llev&oacute; de regreso a su casa.

De este modo acontec&iacute;a que cuando alg&uacute;n Mateo por descuido del cochero, quien hab&iacute;alo atado a la ligera, comenzaba a rodar sin rumbo (por aburrimiento del mismo caballo) suced&iacute;a lo imprevisto ...&iexcl;y entonces ven&iacute;a lo bueno!... Pod&iacute;a recorrer la ciudad entera que nadie (siendo de noche) ni la polic&iacute;a, ni tan siquiera un cana, se animaba a pararlo. Por suerte como el caballo siempre tira para su querencia, &eacute;l solito paso a paso, volv&iacute;a al fin a su redil.

Eso s&iacute;, en aquellos comienzos del siglo XX &iexcl;Guay! (dicho en criollo, en buen romance y en el castellano del Cid Campeador) que alguien iba intentar en horas nocturnas sujetar o subir a un coche sin cochero.

Pod&iacute;a el pobre jamelgo atravesar la ciudad entera, que nadie lo detendr&iacute;a. Y el cochero a pie, tambi&eacute;n tendr&iacute;a que volver a su querencia, pensando que bebi&oacute; giniebra m&aacute;s de la cuenta en el boliche, debido al fr&iacute;o invierno. De esta manera, ning&uacute;n Mateo en las horas nocturnas, esperaba clientes en derredor del Paseo Sobremonte.

......................................

Con mis primas sol&iacute;amos regresar al atardecer siendo ni&ntilde;as bordeando la vera de La Ca&ntilde;ada, en direcci&oacute;n a la casa de nuestra abuela, y pas&aacute;bamos frente al Paseo Sobremonte. Ya no exist&iacute;a el antiguo Calicanto, pero a&uacute;n se conservaban en el ambiente infantil, v&iacute;vidas sus leyendas fantasmales. Siendo esa la hora indicada para dar comienzo a sus mitos, nos qued&aacute;bamos agazapadas intentando verlo pasar. Yo, que entonces era la m&aacute;s peque&ntilde;a, conten&iacute;a muda mi aliento por miedo al coche fantasma.

Ten&iacute;amos temor de dejarlo a nuestra espalda, como si en verdad pudiera perseguirnos, siendo que la leyenda refer&iacute;a que el coche sin cochero s&oacute;lo rondaba en c&iacute;rculos a dicho Paseo. Los bultos que ve&iacute;amos a esa hora eran simples transe&uacute;ntes, abogados la mayor parte, pues all&iacute; hab&iacute;ase edificado el Palacio de Justicia ( a cuya construcci&oacute;n se atribuye en realidad, la desaparici&oacute;n del rodado fantasma) ...&iexcl;Y poco o nada ten&iacute;an estos muy circunspectos doctores, de m&aacute;gicos!

De pronto una de ellas palidec&iacute;a, poniendo los brazos muy tensos y comenzaba a mover los labios en forma temblorosa, para luego decirnos con voz d&eacute;bil y entrecortada :

Lo veo ......se mueve

&iexcl;Y sal&iacute;amos corriendo en loca carrera!

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................
 
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-06-05</dc:date>
			<pubDate>Thu, 05 Jun 2003 16:52:22 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LA  PAZ  DEL  ELEGIDO]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/656/6565/</link>
			<description><![CDATA[LA PAZ DEL ELEGIDO
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Un radiante mediod&iacute;a la planicie de Giz&aacute;h contemplaba la presencia de un grupo de pr&iacute;ncipes menfitas que ven&iacute;an de caza. El sol ca&iacute;a con sus lenguas de fuego rebotando sobre la pulida superficie de las tres pir&aacute;mides. La arena semejaba un gran mar amarillo centelleante, ante el resplandor del astro rey. Una placidez encantada sum&iacute;a sus figuras extendi&eacute;ndose por aquel escenario, donde el coro de voces juveniles cubrieron muy pronto la soledad de la atm&oacute;sfera.

&Aacute;giles como sus corceles, estos pr&iacute;ncipes de Menfis recorr&iacute;an la dimensi&oacute;n arenosa del desierto con la alegr&iacute;a rebosante de su juventud. El bronce rojizo de sus cuerpos contrastaba con la coloraci&oacute;n clara de sus vestiduras. El esplendor de la vida emanaba de cada uno de ellos, como un canto a la naturaleza.

El conjunto era vigoroso. Animados por la caricia luminosa del d&iacute;a, expresaban con su plenitud el placer de la existencia. Los temperamentos particulares defin&iacute;an sus naturalezas &iacute;ntimas. Uno de ellos el m&aacute;s joven del grupo ten&iacute;a caracteres de notable sensibilidad : Muy delgado, refinadamente esbelto, de elegancia delicada, mostrando una frente alta y abultada que expresaba con soltura su temperamento intelectual. En contraste, su rostro estaba enmarcado por unas orejas peque&ntilde;as y adornadas de argollas. Su cabellera morena era muy abundante y la vellosidad le cubr&iacute;a la nuca.

Con sus manos finas de huesos pronunciados, dirig&iacute;a con esbeltez al brioso caballo. Su gesto aristocr&aacute;tico y altivo, sujetaba el ment&oacute;n sin perder la dulzura general. Nadie habr&iacute;a concebido al contemplarlo que aquel n&uacute;bil pr&iacute;ncipe de delicadeza rayana en lo femenino pudiese ser hijo del musculoso y cruel fara&oacute;n Amenofis II, quien estremec&iacute;a todos los extremos del Imperio Nuevo Egipcio, con su arrogante personalidad.

El pr&iacute;ncipe Tuthmosis era un joven totalmente discrepante en estructura personal, con su padre. No tuvo aquella familia de nobles de la XVIII dinast&iacute;a, en todo su conflictuoso devenir, ning&uacute;n otro miembro tan exquisitamente dulce y afable.

La historia iba a ponerlo en la cabecera de un largo movimiento como personaje iniciador de una aventura sociopol&iacute;tica, a la vez triunfante y tr&aacute;gica que habr&iacute;a de culminar en la fabulosa revoluci&oacute;n de Amarna.

El era, sin embargo, una personalidad ajena a todos los conflictos dom&eacute;sticos y pol&iacute;ticos del escenario en medio del cual toc&oacute;le nacer. Y hab&iacute;ase mantenido al margen de ellos. hasta el d&iacute;a de aquella promenade en Gizh&aacute;. El papel que habr&iacute;a de representar estuvo muy por encima de sus ambiciones y lleg&oacute; hasta aquel sitial de los elegidos, por imposiciones ajenas a su voluntad y a sus decisiones.

El pr&iacute;ncipe viv&iacute;a por entonces, ajeno a las ambiciones fara&oacute;nicas. Consciente de no ser el heredero oficial de la corona, evolucionaba su fresca existencia en las emociones contemplativas del esp&iacute;ritu, que habr&iacute;an de acompa&ntilde;arlo toda la vida y en la lectura de libros jerogl&iacute;ficos, en los cuales bas&oacute; desde el comienzo, su preparaci&oacute;n intelectual. Pero Heli&oacute;polis decidi&oacute; otro futuro para su destino.

En aquel luminoso mediod&iacute;a en Giz&aacute;h, engalanado de juventud, este pr&iacute;ncipe norte&ntilde;o (era de Menfis) hall&aacute;base sumido en pensamientos muy distantes a los devenires que le aguardaban. Las aventuras violentas de su padre el Fara&oacute;n, estaban ausentes de su mundo interno. Lo &uacute;nico que el jovenzuelo pareciera haber heredado de Amenofis II, es el gusto por la vida al aire libre. Pero a&uacute;n esta simpat&iacute;a equivalente ten&iacute;a matices opuestos. Incluso su propio padre hab&iacute;a reparado muy poco en &eacute;l, ya que era un descendiente educado en el norte. O sea en el Bajo Egipto, hacia donde bajan las aguas del Nilo. Mientras que el padre ten&iacute;a su residencia en el Alto Egipto o sea el sur, Nilo arriba.

Tuthmosis era fresco en delicadeza y elegancia como la melod&iacute;a de esas liras orientales. Aquel paseo de cacer&iacute;a deb&iacute;a tener para &eacute;l, un inter&eacute;s mayor en la contemplaci&oacute;n de la naturaleza o de los monumentos de Gizh&aacute;, que en la persecuci&oacute;n de v&iacute;ctimas de caza. Todo su comportamiento posterior parecer&iacute;a demostrarlo.

El sol ca&iacute;a incandescente y la arena, ardiente como una llamarada, impuso a los pr&iacute;ncipes menfitas un intervalo de descanso. Descendieron de sus carros de caza con fatiga y fueron en busca de la sombra, cuyo amparo ofrec&iacute;an los monumentos. Tuthmosis eligi&oacute; reposar junto al Dios Esfinge, a quien la arena cubr&iacute;ale todo el cuerpo dej&aacute;ndole sobresalir &uacute;nicamente la cabeza, lo que alcanzaba una altura de m&aacute;s de quince metros.

Su cuerpo se distendi&oacute; y la quietud llen&oacute; a&uacute;n m&aacute;s de meditaciones aquel silencio p&eacute;treo de Gizh&aacute;. Mientras el pa&iacute;s se conmov&iacute;a en agitaciones sin cuenta, llevado de la mano de su fogoso fara&oacute;n Amenofis II, el joven pr&iacute;ncipe contemplaba la imperturbabilidad del desierto a la sombra de aquellos silenciosos monumentos que ten&iacute;an ya entonces, m&aacute;s de mil a&ntilde;os de existencia.

La serenidad del ambiente en aquella siesta sahariana, terminar&iacute;a por hacerlo caer en un profundo sue&ntilde;o. Sus facciones adquirieron una mayor dulzura y su cuerpo bello y bronceado cobr&oacute; una elegancia mayor, as&iacute; dormido a los pies del Esfinge de Gizh&aacute;.

De improviso, como un rel&aacute;mpago ca&iacute;do en aquel ardiente mediod&iacute;a, o como un trueno que invadiera la monoton&iacute;a del escenario interrumpiendo el descanso, una voz sonora y penetrante quebr&oacute; la placidez de Tuthmosis :

&iexcl;Alza los ojos y m&iacute;rame!
&iexcl;Oh hijo m&iacute;o Tuthmosis!

El pr&iacute;ncipe se incorpor&oacute; con la r&aacute;pida agilidad de su cuerpo, extra&ntilde;ado y sorprendido. Alz&oacute; los ojos como le dijera la Voz y busc&oacute; con inquietud su procedencia... pero... &iexcl;Nadie hab&iacute;a all&iacute;! Ning&uacute;n personaje real y humano como &eacute;l, s&oacute;lo la imperturbable forma p&eacute;trea de el Esfinge. Y la Voz continu&oacute; habl&aacute;ndole para confirmar al muy asombrado Tuthmosis, que efectivamente proven&iacute;a de all&iacute;, de El :

&iexcl;Yo soy tu padre! &iexcl;El Dios Sol!
Y te doy mi reinado sobre esta tierra

Enmudecido y sin dudar ya, permaneci&oacute; sumiso y arrobado junto a la gigantesca figura del Dios Solar de Heli&oacute;polis que le hablaba. El Esfinge con su rostro p&eacute;treo continu&oacute; en el mismo tono emocionado, dispuesto a transformar toda la existencia de aquel pr&iacute;ncipe y de la naci&oacute;n entera. Un pr&iacute;ncipe olvidado. Alejado de la fastuosa corte tebana. Pero en aquel instante elegido por el dios sol del Egipto. Su mensaje contin&uacute;a grabado en piedra desde entonces:

Tu estar&aacute;s a la cabeza de los vivientes adornado de la Corona Blanca y la Corona Roja y estar&aacute;s sentado en el trono de Geb, el Dios Tierra. El pa&iacute;s te pertenecer&aacute; a todo su largo y todo su ancho as&iacute; tambi&eacute;n como todo aquello que ilumina el ojo del Se&ntilde;or-de-Todo... las riquezas de Bajo Egipto y el Alto Egipto as&iacute; como los grandes tributos de todos los pa&iacute;ses ser&aacute;n tuyos. Todo es para t&iacute; por largos a&ntilde;os. Mi apoyo y favores son para t&iacute;. Hace much&iacute;simos a&ntilde;os que pos&eacute; en t&iacute; mi mirada y mi coraz&oacute;n.

T&uacute; de tu parte me proteger&aacute;s porque tal como estoy hoy d&iacute;a me encuentro como enfermo y como ahogado por la arena del desierto donde resido &iexcl;Ati&eacute;ndeme y ejecuta mis deseos! Toma conciencia de que t&uacute; eres mi hijo y mi protector &iexcl;Ven a mi pronto! Estoy contigo. 

&iexcl;Yo soy tu gu&iacute;a!

El silencio volvi&oacute; a invadir las soledades de Gizh&aacute;, mientras este joven, extasiado, tomaba conciencia despacio y con mucho esfuerzo, de la maravilla que le acontec&iacute;a. No se hab&iacute;a preparado nunca para tanta responsabilidad, ni superaba a&uacute;n el asombro de los sucesos, pero iba a cumplir con empe&ntilde;o y entusiasmo, los deseos de su padre el dios solar.

Si los dos monarcas c&eacute;lebres que habr&iacute;an de sucederle como herederos leg&iacute;timos (Amenofis III y Akhenat&oacute;n) ser&iacute;an baluartes de la paz suprimiendo las guerras, en &eacute;l esta Paz se destaca sobremanera, porque recibi&oacute; en sus manos un reinado totalmente agresivo, guerrero, devastador de rivales... (donde la batalla de Armaged&oacute;n o Meggido ganada por Egipto ha quedado como un mito) y lo transform&oacute; en un reino pac&iacute;fico.

Su persona como ser humano, es como un bello poema surgido entre los desencuentros de los hombres, que le antecedieron y los que habr&iacute;an de sucederle. El abri&oacute; una ruta que hizo vivir a los habitantes del Nilo y sus vecinos, un centenar de a&ntilde;os dichosos. Alab&eacute;mosle aunque sea luego de treinta y cuatro siglos, por un m&eacute;rito semejante.

....................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
....................................
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-06-12</dc:date>
			<pubDate>Thu, 12 Jun 2003 21:29:46 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[VIDALITA  del  DOMADOR]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/699/6994/</link>
			<description><![CDATA[Vidalita  del  Domador
.............................

Domador de potros
mi jinete fiel
te dej&eacute; mi potro
alej&aacute;ndome

Domador de potros
mi jinete fiel
yo part&iacute; sin rumbo
y no te olvid&eacute;

Domador de potros
que a&uacute;n ves morir
el lucero rojo
del atardecer

Sierra, mica y r&iacute;o
arena en caudal
que el r&iacute;o desborda
y se amansa all&aacute;

He perdido el rumbo
y no s&eacute; volver
he gastado vida
a&ntilde;or&aacute;ndote

Domador de potros
tu gracia gentil
sobre tu montura
vuelve hacia m&iacute;

Yo te sue&ntilde;o siempre
con tu garbo en alto
con tu monta justa
con tu arrojo intacto

Yo no te he olvidado
pues part&iacute; sonriendo
hacia las ciudades
donde voy muriendo

&iquest;D&oacute;nde est&aacute; ese potro
que en tus manos puse?
Perd&iacute; su relincho
cuando m&aacute;s lo quise

Volver&eacute; alg&uacute;n d&iacute;a
y &eacute;l ya no estar&aacute;
Domador de potros
que me aguardar&aacute;s

Domador de potros
mi jinete fiel
yo part&iacute; sin rumbo
y no te olvid&eacute;

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................

]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-06-25</dc:date>
			<pubDate>Wed, 25 Jun 2003 17:27:53 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[R&Iacute;O  SAN  ANTONIO]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/707/7076/</link>
			<description><![CDATA[R&iacute;o  San  Antonio
........................

(a mi primo Gustavo)
..........................


&iexcl;R&iacute;o San Antonio!
mica, piedra y arenal
espuma en creciente
&iquest;No te acuerdas ya?

&Eacute;ramos tan ni&ntilde;os
adolescentes... cual
dos palomas p&aacute;lidas
y est&eacute;riles ya

Aqu&iacute; fuimos juntos
por el arenal
Aqu&iacute; estoy yo sola
&iexcl;Tantos a&ntilde;os ya!

Busco entre esas nubes
que te entornan hoy
como ayer, que juntos
nos viste pasar

Yo en boyeros rojos
El camisa a cuadros
Yo muy lacia y oro
El fuerte y ondeado

Yo de piel bronceada
El muy blanco y n&aacute;car
Yo sorteando rocas
El pleno y audaz

Yo de ojos celestes
El color caf&eacute;
Yo callada siempre
El siempre locuaz


Eran sus veinte a&ntilde;os
de un fuego solar
a la luz radiante
del gran arenal

Eran sus palabras
de un brillo vivaz
sus sue&ntilde;os perviven
y son mi solaz

Eran sus ideas
de gracia creciente
la piedra era oro
y el lodo vertiente

Y un d&iacute;a de Reyes
con luna en menguante
de tu playa ardiente
se alej&oacute; al Poniente

Llor&oacute; el chilicote
congoja doliente
juventud tronchada
fines de septiembre

Y tras su ventana
del cuarto vac&iacute;o
qued&oacute; tu silueta
espejada y plateada

No volv&iacute; a tu vera
tras su ausencia eterna
dej&eacute; atr&aacute;s tu arena
mica, sierra y pedregal

Perd&iacute; tus crecientes
tu espuma bulliente
como ayer, que alegres
nos viste andar

Perd&iacute; tus laderas
de mica incendiada
en siestas soleadas
que &eacute;l ya no vio m&aacute;s

Perd&iacute; tu mensaje
tu magia envolvente
pues juntos y unidos
no volvimos m&aacute;s

Rocas de basalto
que me ven saltar
&iquest;Recuerdan mi paso
en a&ntilde;os de atr&aacute;s?

Yo toda dorada
El todo muy blanco
Yo de cara al sol
El dentro del agua

&iexcl;R&iacute;o San Antonio!
he vuelto a tu vera
contemplo tu arena
tu mica esmaltada

Aqu&iacute; fuimos juntos
por el arenal
Aqu&iacute; estoy yo sola
&iexcl;Tantos a&ntilde;os ya!

&iexcl;R&iacute;o San Antonio!
mica, piedra y arenal
espuma en creciente
&iquest;No te acuerdas ya?

....................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
....................................]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-06-27</dc:date>
			<pubDate>Fri, 27 Jun 2003 14:24:34 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[F&Aacute;BULA  de  los  ESTUDIANTES]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/102/10233/</link>
			<description><![CDATA[F&Aacute;BULA  DE  LOS  ESTUDIANTES
...........................................


		Asomada sobre las blancas piedras en el borde de La Ca&ntilde;ada, ella contemplaba al hilo de agua sobre el lecho de cemento que ir&iacute;a a reunirse con el R&iacute;o Suqu&iacute;a en la desembocadura del &uacute;ltimo puente. Los altos paredones estaban resecos y la hebra brillante semejaba al surco de l&aacute;grimas que cruza la cara de un ni&ntilde;o, al cesar el llanto.

-El ni&ntilde;o soy yo- pens&oacute;... y aquella era su l&aacute;grima

		Luego se apart&oacute; de ese l&iacute;mite para seguir caminando lentamente hacia su nueva casa. Las calles cubiertas de estudiantes en guardapolvo blanco, abr&iacute;anse delante de ella como las ramas del ciruelo, en aquellos primeros d&iacute;as de primavera. Pero la brisa no le trajo aroma de p&eacute;talo, el polvo de la ciudad s&oacute;lo transmit&iacute;a la presencia del aceite mec&aacute;nico. Sin embargo los rostros juveniles reuni&eacute;ronse con los ni&ntilde;os escolares en un solo delantal blanco.

		Mariluz se mezcl&oacute; entre ellos y volvi&oacute; a alejarse al llegar a su transitorio destino. Una casa de frente p&aacute;lido y balcones de hierro. Una puerta de gruesas maderas y el zagu&aacute;n con azulejos decorados en las paredes.

-Ya era hora- le dijo la due&ntilde;a de casa al verla entrar -Cuido tu salud y no quiero que faltes al almuerzo.

-S&oacute;lo estoy un poco cansada, se&ntilde;ora- se sent&oacute; a su lado entrecerrando los  ojos

-Y un poco triste. Debes acostumbrarte. Por esta casa pasaron muchos estudiantes- la dama se levant&oacute; llamando a la mucama

-La ciudad es m&iacute;a. Nunca viv&iacute; fuera de C&oacute;rdoba -dijo la ni&ntilde;a como hablando para s&iacute; misma- Pero esta no es mi casa.  Nunca estuve fuera de ella. Extra&ntilde;o.

-Piensa que tu padre goza de bienestar -le coment&oacute; la dama al o&iacute;rla- Hay para &eacute;l all&aacute; adonde ahora est&aacute;, una oportunidad profesional que no debe perder. Y en aquel pueblo de sierra no tienen a&uacute;n colegio secundario.

-Est&aacute;n formando uno. Tienen ya hasta tercer a&ntilde;o pero yo voy a quinto.

		Se dirigieron ambas hacia la mesa, larga y cubierta por un mantel bordado. Su forma ovalada y sus numerosas sillas parec&iacute;an un recuerdo estampado en la portada de un libro. El rostro de la due&ntilde;a de casa era todo un relato, cada cana de la cabeza un a&ntilde;o de vida o un hijo en el camino de la madurez. Por la ventana del comedor el patio se abr&iacute;a con sus numerosas macetas y al final de la tapia, el esqueleto de una construcci&oacute;n parec&iacute;a elevarse para observar desde la altura del presente, a aquella pareja de ni&ntilde;a y se&ntilde;ora.

-&iquest;Por qu&eacute; me espera usted, se&ntilde;ora? Debe cansarse. Por m&iacute; no lo haga. Yo no tengo apuro en llegar, porque no tengo adonde llegar. Me obligar&aacute; a venir r&aacute;pido para que no se enfr&iacute;e su alimento &iquest;Quiere hacerme un bien si me ha tomado cari&ntilde;o? No lo haga. No me obligue a llegar a ninguna parte.

-&iquest;Y por qu&eacute; quieres impedirme que lo haga? &iquest;A qui&eacute;n puedo yo esperar?  Mis nietos tienen ya todos adonde llegar. Lo encontraron. Ya no necesitan de mi atenci&oacute;n continua y estoy segura que ahora les cansa &iexcl;Me han visto tantos a&ntilde;os! 

-No es cansancio, se&oacute;ra. Es costumbre, cr&eacute;ame.

-Ellos no saben por qu&eacute; habitan esta casa. Es suya como es de mis hijos. Pero no piensan que hay estudiantes que no la tienen en esta ciudad universitaria. Que alguno no encontrando al llegar un cuarto de pensi&oacute;n esa primera noche, amanece con sus libros en el Paseo Sobremonte ...Ha sucedido m&aacute;s de una vez... U otro, necesitado de textos caros se ve forzado a realizar alg&uacute;n oficio, como el joven que este invierno arregl&oacute; el calef&oacute;n de nuestro ba&ntilde;o.

-Son hechos duros.

-Pero existen... Aqu&iacute; en C&oacute;rdoba, siempre sucedi&oacute; con el estudiantado. J&oacute;venes que en sus hogares nunca supieron tender una cama y aqu&iacute; aprenden a construirla. Es una doble ense&ntilde;anza.
 
-Tambi&eacute;n ahora yo, tengo ahora que aprender a caminar otra vida.

-Pero yo aqu&iacute; en esta casa soy la Abuela, ni&ntilde;a. Si tu padre jug&oacute; con el menor de mis hijos ...y a&uacute;n creo verlos a ambos hacer cabriolas entre esas mismas macetas que en este momento vemos desde aqu&iacute;... debes llamarme entonces tambi&eacute;n Abuela, para no sentirte tan extra&ntilde;a.

		La joven sonriendo sent&iacute;a m&aacute;s aguda su nostalgia. Pero deb&iacute;a sonre&iacute;r para aquellas canas.

-Bueno, esp&eacute;reme, Abuela.

		El caldo de carac&uacute; se escurri&oacute; fr&iacute;o por la garganta de la jovencita, mientras el armaz&oacute;n de madera erguido detr&aacute;s del patio, parec&iacute;a elevar m&aacute;s alto sus ladrillos. Los obreros de la construcci&oacute;n eran tan s&oacute;lo sombras deline&aacute;ndose sobre el firmamento. Desde los andamios ellos pod&iacute;an divisar al horizonte recortado por la sierra y contemplar el escenario de la ciudad como nubes bajas asentadas en un techo flotante. Podr&iacute;an tambi&eacute;n dialogar con los veh&iacute;culos del aire constru&iacute;dos por los hombres y as&iacute; presentir el futuro de aquellos hogares que habitar&iacute;an el nuevo edificio.

		Pero los rostros curtidos de esos trabajadores no vieron la l&iacute;nea escarpada del fondo, cubierta con el blanco de la &uacute;ltima helada. Ni se detuvieron a mirar los aviones que surcan el cielo, arrastrando consigo un mensaje sobre los esfuerzos de tantos hombres que dieron origen a sus vidas... S&oacute;lo uno entre ellos elev&oacute; su mirada m&aacute;s all&aacute; de las calles ciudadanas meditando en su interior, sobre las circunstancias que lo llevaran a mezclar el cemento con la cal, para albergar a nuevos seres. Era un estudiante.

		Quiz&aacute;s presinti&oacute; en alg&uacute;n momento la mirada que Mariluz dirig&iacute;a hacia todos ellos, o la soledad de la ni&ntilde;a en esa casona. El estudiante contempl&oacute; las macetas sobre las baldosas coloridas y un recuerdo de ni&ntilde;ez lo hizo sonre&iacute;r. Pero aquella sonrisa no era grata a sus compa&ntilde;eros.

                    Las rudas manos de aquellos hombres de arrabales bat&iacute;an la mezcla sin inmutarse. Sus pieles no sintieron el roce de la cal, como tampoco el zumbido de la solitaria abeja que en pleno centro de la ciudad reanudaba su tarea. 

		El estudiante la contempl&oacute; un instante. Admir&oacute; su sabidur&iacute;a de milenios y cuando se hubo alejado, impulsado por su ejemplo, sali&oacute; como ella del letargo y volvi&oacute; a introducir sus manos en la mezcla.

		La abejita descendi&oacute; hacia las plantas florecidas, su color pardo se mezcl&oacute; entre las corolas. Alete&oacute; frente a los vidrios del comedor, detuvo su vuelo junto al perfil de la ni&ntilde;a, y como un mensaje de esperanza se apart&oacute; nuevamente en la prosecuci&oacute;n de su camino.

..................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
..................................
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-08-20</dc:date>
			<pubDate>Wed, 20 Aug 2003 00:40:35 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[RETRATO  De  Un  BEBITO]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/130/13025/</link>
			<description><![CDATA[RETRATO De Un BEBITO
................................

Mariluz paseaba abstra&iacute;da en s&iacute; misma por las calles despu&eacute;s del mediod&iacute;a, y luego, como si saliese de un letargo, fue caminando lentamente hacia su casa... cuando en el borde de la vereda divis&oacute; un objeto alargado y brillante. Lo levant&oacute; por curiosidad. Era una llave. En el extremo circular de arriba pod&iacute;a distinguirse un peque&ntilde;o retrato, la luminosidad siestera defin&iacute;a con claridad sus facciones y durante algunos minutos lo contempl&oacute; detenidamente. Luego extrajo de all&iacute; esa peque&ntilde;a fotograf&iacute;a con cuidado. Era la imagen de una criatura. Un bebito. Y abri&oacute; la puerta de calle de su casa llev&aacute;ndola en la mano. 

&iquest;Qu&eacute; es? le pregunt&oacute; la Abuela 

Una fotograf&iacute;a peque&ntilde;ita. La encontr&eacute; junto al borde de la vereda, en la cabeza de una llave. Alguien quiz&aacute;s la est&eacute; buscando atentamente en sus bolsillos contest&oacute;le Mariluz 

&iquest;Por la llave? 

No... Es una llave m&aacute;s, pero la foto no es lo mismo. Me ha impresionado mucho, con algo de tristeza. 

&iquest;A ver? le pidi&oacute; la peque&ntilde;a primita Marina &iexcl;Es un nene! 

S&iacute;. No me la rompas. 

Mariluz la tom&oacute; nuevamente con sus manos y fue en direcci&oacute;n a su cuarto. Cerca de &eacute;l en un extremo del pasillo, se encontraba un cuadro representando a una imagen religiosa, un rinc&oacute;n ineludible dentro de las viejas casonas. Se detuvo frente a ella. Luego adhiri&oacute; el peque&ntilde;o retrato en una de las esquinas del marco, cuidadosamente. Su primo Ramiro la observaba. 

&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo con eso? pregunt&oacute;le, ambos j&oacute;venes eran de edades semejantes 

Lo guardo para que no se pierda. 

&iquest;Qui&eacute;n es? le dijo el muchacho acerc&aacute;ndose 

Sin duda es o fue un dulce beb&eacute; de cabecita redonda. Alguien lo perdi&oacute; en la calle. 

No lo conoces &iquest;Entonces por qu&eacute; lo guardas aqu&iacute;? 

Por instinto. Debe haber un motivo para que lo llevaran sujeto en el extremo de una llave a la que se usa diariamente.

Pues, simplemente, cari&ntilde;o opin&oacute; Ramiro 

Eso ya ser&iacute;a suficiente para lamentar su p&eacute;rdida. 

&iquest;Y qu&eacute; est&aacute;s buscando al guardarlo? 

Yo nada ... solamente me naci&oacute; un respeto instintivo hacia los sentimientos del que lo llevaba consigo contest&oacute;le ella 

&iexcl;Pero si no lo conoces! 

Me da igual. Sent&iacute; una especie de voz interna. 

Ramiro miraba con intriga a Mariluz y ella miraba con ternura al min&uacute;sculo retrato del bebito. Ambos dialogaban consigo mismos en silencio. 

&iquest;Acaso te has puesto a pensar en que este peque&ntilde;o retrato perteneci&oacute; a un ni&ntilde;o que dej&oacute; nuestro mundo? insisti&oacute; el muchacho 

Casi, en parte, pero no con certeza. Lo que m&aacute;s me revela es un sentimiento de amor Luz levant&oacute; la vista y mir&oacute; con fijeza a Ramiro 

Bueno, no te contradigo, podr&iacute;a ser ... 

El comenz&oacute; a caminar hacia la sala. Luego volvi&oacute; la cabeza. 

&iquest;En qu&eacute; se pueden diferenciar las fotograf&iacute;as de uno y otro? insisti&oacute;le &eacute;l 

Mira, es una percepci&oacute;n muy sutil y de la que no tengo una seguridad plena. Sin embargo creo que la imagen recogida por un instrumento derivado de la t&eacute;cnica, la fotograf&iacute;a, se debe m&aacute;s a algo m&aacute;gico que concreto. 

Supones...

Es posible, sin embargo la propia historia de su iniciador. Nieps, nos habla de hechos sorprendentes rayanos en la leyenda. Incre&iacute;bles. 

&iquest;Cu&aacute;les?

Como el visitante que un d&iacute;a le entregara ciertas tintas para alejarse sin dejar su nombre a la historia... 

&iexcl;Oh!... Has escuchado junto a la Abuela, demasiadas an&eacute;cdotas misteriosas que pasan por Radio Nacional, cada d&iacute;a menos cre&iacute;bles y que se dan por ciertas. Eso se llama la b&uacute;squeda de audiencia. 

No basta con poner todo en tela de juicio, Ramiro. Para ser realista tambi&eacute;n hay que escuchar a los testigos. Quiz&aacute;s Nieps escondi&oacute; a su pedido el nombre del qu&iacute;mico que le acerc&oacute; aquello que buscaba. Pero apareci&oacute; en su puerta como un milagro y sin que &eacute;l lo estuviese llamando. 

Muy bien, hay elementos extra&ntilde;os en toda historia que no hemos vivido. Porque la miramos desde afuera. 

As&iacute; lo pienso asinti&oacute;le Mariluz 

Soy incr&eacute;dulo, a pesar de eso te aceptar&iacute;a una sola sugerencia : los retratos del abuelo ausente me parecen distintos a los de la abuela a&uacute;n presente, con edades parecidas. En algunas oportunidades he pensado que el rayo que animaba a esa persona, se apart&oacute; de su vestidura terrestre y con &eacute;l, una peque&ntilde;a chispa se fue apartando de cada placa fotogr&aacute;fica que retuvo sus l&iacute;neas como humano. 

Es muy complejo lo que dices, Ramiro. 

No importa. Mi mente navega demasiado. Es mejor que lo dejes all&iacute; y volvamos hacia nosotros. 

Ramiro se alej&oacute;. Mariluz abri&oacute; la puerta de su dormitorio cerr&aacute;ndolo detr&aacute;s de ella. El peque&ntilde;o retrato del bebito se mantuvo en aquel lugar por un espacio indefinido de dos a&ntilde;os o m&aacute;s, hasta que el tiempo lo apart&oacute; de &eacute;l. Un d&iacute;a la ni&ntilde;a observ&oacute; que ya no estaba all&iacute;... Como un visitante que hab&iacute;a dado por conclu&iacute;da su permanencia dentro de aquella familia anfitriona, que le abriera la puerta cuando se perdi&oacute; en una calle durante una siesta de sol. 

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2003-09-25</dc:date>
			<pubDate>Thu, 25 Sep 2003 09:56:49 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LA  CASA  DE  CAROYA]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/313/31300/</link>
			<description><![CDATA[LA  CASA  DE  CAROYA
...............................


Un ni&ntilde;o peque&ntilde;o y solitario corretea por las arcadas coloniales de la se&ntilde;orial Casa de Caroya. La sombra del Cacique Caroyapa -antiguo due&ntilde;o de la heredad- proy&eacute;ctase sobre las paredes y &eacute;l cree jugar con ella.
 
Numerosas voces lo acompa&ntilde;an, juveniles algunas, severas otras y otras de lenguas incomprensibles para &eacute;l ...e incluso diversas, americanas o europeas, pero que el ni&ntilde;ito no sabe a&uacute;n interpretar. Nunca ha habido un ni&ntilde;o en aquel lugar y como el peque&ntilde;o Santiago no tiene con qui&eacute;n jugar, su pap&aacute;, Don Orencio, le trae un compa&ntilde;erito llamado Luciano, que va a jugar entusiasta con &eacute;l, desde ese momento y para siempre.

A&uacute;n no sabe que en realidad, es su hermano. Pero observa que su mam&aacute;, bella y jovencita, de la edad de sus hermanos mayores (los hijos del primer matrimonio de su padre) esta damita apenas incipiente -Justina- que ahora es el ama de Caroya, comienza a tratar al reci&eacute;n llegado con ternura y de a poco, el ni&ntilde;o nuevo la llamar&aacute; mam&aacute; como &eacute;l.

Un ni&ntilde;o ante la soledad, admite compartir todo. Incluso a su madre. Como comparte todos sus juguetes -abundantes para este infante rico y solitario- y Luciano que hasta ese momento era un desconocido, comienza a sentirse un poco el peque&ntilde;o hermano mayor y a responsabilizarse de &eacute;l.

As&iacute; de pronto ya no juega solo ese peque&ntilde;o ni&ntilde;o Santiago con voces de fantasmas, sino con una voz aut&eacute;ntica, la de otro ni&ntilde;o, la de Luciano, incorporado finalmente a la familia. Aunque en los documentos declara el padre que &eacute;l ha tenido un solo hijo de su adolescente esposa, ella, empero criar&aacute; a este ni&ntilde;o como propio, y  &eacute;l siempre la llamar&aacute; como madre. Tambi&eacute;n ser&aacute; un buen apoyo suyo en el futuro, cuando enviudezca a&uacute;n en juventud.

Nunca se supo con exactitud qui&eacute;n fuera la madre real de Luciano, pero se sobrentendi&oacute; siempre que pertenec&iacute;a a una familia educada y de buen linaje, que quiso mantener su apellido en reserva. Aunque Luciano (que iba a destacarse por su capacidad social) al parecer tuvo una relaci&oacute;n muy fluida con ella, como un lazo que hab&iacute;a perdurado. Ten&iacute;a al llegar muy buenos modales, le&iacute;a y escrib&iacute;a, siendo evidente en &eacute;l una buena formaci&oacute;n que le vali&oacute; el arraigo junto a la joven Justina, la cual habr&iacute;a de encari&ntilde;arse con &eacute;l. Era comunicativo, as&iacute; como Santiaguito siempre fue reservado desde la infancia, y lo ser&iacute;a m&aacute;s adelante. Era mundano y muy distinto al peque&ntilde;o solitario, cuyo car&aacute;cter aislado -fuera propio o adquirido entre los vac&iacute;os corredores de la Casa de Caroya- mant&uacute;vose constante.

La fascinaci&oacute;n de aquellos claustros jesu&iacute;ticos (ahora habitados por estos dos ni&ntilde;os y familia, despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n) daban a Santiago una peculiar atm&oacute;sfera para pasar una infancia, llena de im&aacute;genes m&aacute;gicas, Quiz&aacute;s inexistentes, pero reales en su entorno. Muchas veces cre&iacute;a ver la figura del Gran Cacique con todo su atuendo principesco. Caroyapa le interrogaba inquieto por su presencia all&iacute;, como ante un invasor que el &quot;Curaca&quot; no hab&iacute;a nunca previsto en sus predios, cuando era &eacute;l en Jes&uacute;s Mar&iacute;a, la mano derecha de la Misi&oacute;n.

El ni&ntilde;o no le tem&iacute;a y gustaba hablar con &eacute;l, describ&iacute;a su atuendo ins&oacute;lito a sus contertulios -padre, madre, gauchos y esclavos- y por ello resolvieron buscarle una amistad real. Pero a&uacute;n as&iacute;, el peque&ntilde;o estaba muy aficionado a sus fantasmas, quienes fueron su &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a en el per&iacute;odo de soledad. De este modo quiso present&aacute;rselos al hermano reci&eacute;n venido, para compartirlos con &eacute;l. Como ahora compart&iacute;a a su mam&aacute; y a sus juguetes. 

Luciano, el hombre de mundo, que ya iniciaba sus artes sociales al incorporarse a una nueva familia con &eacute;xito (y que era en realidad la de &eacute;l) aceptar&iacute;a el reto. Los viera o no. Si estaba en juego la soci&eacute;t&eacute; era suficiente para darles bienvenida. Y por ello Santiago qued&oacute; encantado con el reci&eacute;n llegado. Eran muy importantes los fantasmas de Caroya para este peque&ntilde;o solitario.

Santiaguito segu&iacute;a escuch&aacute;ndolos por la soledad de los corredores y los ve&iacute;a siempre en su caminar pausado con un libro en la mano, con sus vestimentas jesuitas. U otras veces leyendo al sol apoyados en las arcadas. Por momento esas voces volv&iacute;anse tr&aacute;gicas. Dolorosas. Gritos y ruidos de cadenas, imperiosas algunas, con voces de mando invad&iacute;an la paz de la gran Estancia... &iexcl;Toda la extensi&oacute;n espl&eacute;ndida de Jes&uacute;s Mar&iacute;a quedaba dominada por el terror!

Los habitantes puebleros de la zona, los gauchos que ahora trabajaban para su padre, hablaban con el ni&ntilde;o de esas voces, porque los jesuitas a&uacute;n estaban all&iacute;, para la memoria de todos ellos. Gente simple de a caballo, fieles y dignos criollos de anta&ntilde;o, gauchos viriles... que no pod&iacute;an olvidarlos. Sus opresores, los soldados del rey Carlos III, hab&iacute;an venido a encadenarlos y deportarlos, mas no pudieron arrancarlos de su coraz&oacute;n. 

La fidelidad gauchesca manten&iacute;ase inc&oacute;lume al atropello. A la vilezas que vieron cometer y que no perdonar&iacute;an nunca.
Influy&oacute; mucho en la zona de Jes&uacute;s Mar&iacute;a donde San Mart&iacute;n fue a buscar caballos y soldados, armas blancas y vituallas,  para la campa&ntilde;a de independencia a principios del siglo XIX, la entereza criolla que no pudo perdonar y que quer&iacute;a vengar a sus jesuitas, cuarenta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s. Hijos y nietos de aquellos gauchos que intentaron defenderlos (fac&oacute;n contra arcabuz, quedando la tierra de Caroya roja de sangre criolla) acompa&ntilde;aron a San Mart&iacute;n a cruzar los Andes, y como buenos jinetes, participaron en sus batallas. Eso s&iacute;, ahora armados con p&oacute;lvora.

En todas las antiguas casas jesu&iacute;ticas de C&oacute;rdoba, se vieron y se escucharon fantasmas. Sea porque la poblaci&oacute;n se negaba a desprenderse de ellos, sea porque hubieran tenido un r&aacute;pido y tr&aacute;gico final (al salir prisioneros y encadenados con destino ignoto). Y aunque dos d&eacute;cadas despu&eacute;s hubo informes sobre algunos de ellos desde Europa -de aquellos profesores que salieron de su Universidad esposados y con grilletes- nunca faltaron las referencias m&aacute;gicas.

O Parapsicol&oacute;gicas. La de sus jesuitas como &aacute;nimas en pena, que retornaban de esa forma hacia la C&oacute;rdoba que ellos amaron, y que tanto los hab&iacute;an amado. Esa ciudad latinista que ellos diagramaron con la Universidad m&aacute;s austral de Am&eacute;rica del Sur en tiempos de la Casa de Austria hasta que fueran expulsados del cono sur por Carlos III de Borb&oacute;n en 1767 dando fin a doscientos a&ntilde;os de Misi&oacute;n y progreso, de evangelio y civilidad.

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Alejandra Correas V&aacute;zquez
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 ]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2004-03-22</dc:date>
			<pubDate>Mon, 22 Mar 2004 23:50:01 CET</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[MOLINITOS  de  COLORES]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/343/34388/</link>
			<description><![CDATA[MOLINITOS de COLORES
.................................


Mariluz volvi&oacute; a alejarse por la misma puerta donde entrara, cuando lleg&oacute; de visita a casa de una compa&ntilde;era de estudios. Ambas hab&iacute;a completado monograf&iacute;as en sus carpetas escolares.

Afuera, la multitud de las calles era efervescente y no hab&iacute;ase interrumpido durante aquella siesta. Sin embargo las casas de departamentos ten&iacute;an a&uacute;n sus ventanas semicerradas. Empleados, profesionales y oficinistas part&iacute;an o regresaban a ellas, y entre las dos migraciones, una pausa. La siesta. Microcentro. Invierno.

Ella recorr&iacute;a las calles de su ciudad... Cuatro en punto de la tarde. La siesta &iacute;base desvaneciendo lentamente en los hogares y algunos ni&ntilde;os orilleros se agrupaban en las veredas del centro citadino.

Tenemos que hacer los deberes para ma&ntilde;ana

Dijo un ni&ntilde;o bien vestido, diferente a ellos, pero que hab&iacute;ase integrado al grupo callejero por curiosidad natural. Y tomando de la mano al hermanito menor que lo acompa&ntilde;aba, se introdujo en la primera puerta. Los otros continuaron sentados en un escal&oacute;n de m&aacute;rmol.

Todos en conjunto al ver acercarse a Mariluz, caminando por la misma vereda, se levantaron de un salto ofreci&eacute;ndole una lluvia de colores sostenida por varillas de &aacute;rbol para&iacute;so.

&iquest;Qu&eacute; es esto? dijo ella un poco asustada

&iexcl;C&oacute;mpreme uno a m&iacute;!

&iexcl;A m&iacute;! grit&oacute; otro

Ya te compraron. Me toca a m&iacute;.

Y le extendieron casi compulsivamente con emotiva presi&oacute;n infantil, aquel objeto. Cada uno de ellos llevaba varios en la mano. Eran molinitos de papel glac&eacute; sujetos a la varilla con un alfiler de costura.

&iquest;Los hicieron ustedes?

S&iacute;. La maestra nos ense&ntilde;&oacute; a hacerlos.

Le hacemos unos tajos al cuadradito de papel glac&eacute; y lo prendemos en el medio con un alfiler &iexcl;Tome uno!

Ten&iacute;an los ojos brillantes y las narices con resfr&iacute;o. Pocos llevaban abrigo. El menor de ellos tra&iacute;a cada zapato de sus pies sin medias, diferentes.

&iquest;Y qu&eacute; m&aacute;s les ense&ntilde;a la se&ntilde;orita en la escuela? pregunt&oacute;les ella

Nos pregunt&oacute; qu&eacute; era el 9 de Julio respondi&oacute; el m&aacute;s chico

&iquest;Y qu&eacute; le contestaste? Fue el mes pasado.

Que hab&iacute;a en la escuela una fiesta con chocolatines.

No che, se muri&oacute; San Mart&iacute;n intervino el m&aacute;s grande

&iexcl;Hicieron la bandera! dijo otro

Claro, claro, todo eso coment&oacute;les ella, qued&aacute;ndose pensativa sin saber c&oacute;mo intervenir en este conjunto de desrazonamientos de esos ni&ntilde;os orilleros

... Y despu&eacute;s me pregunt&oacute; qu&eacute; era la Argentina el sol invernal iluminaba su carita morocha

A ver &iquest;Qu&eacute; le contestaste? volvi&oacute; a interrogarle

Le dije que era el mapa que nos mostraron la otra semana.

Mariluz se hab&iacute;a inclinado para escucharlos mejor. Los ni&ntilde;os estaban sentados sobre las baldosas de la vereda ocup&aacute;ndola casi por completo. Algunos transe&uacute;ntes deb&iacute;an arrinconarse contra el cord&oacute;n para poder continuar el camino. La vereda era estrecha. Los ni&ntilde;os orilleros no se fijaban en ellos.

El equipo de f&uacute;tbol del barrio donde jugaba mi t&iacute;o, se llamaba as&iacute; insisti&oacute; uno

No. Mi pap&aacute; le dijo al agente de polic&iacute;a que vino a buscarlo, que &eacute;l era argentino... porque no sab&iacute;a nada de ese robo sigui&oacute; el vecino

Bueno ... d&iacute;ganme &iquest;D&oacute;nde viven ustedes? Ella les hablaba serenamente

Yo nac&iacute; m&aacute;s all&aacute;, frente a la Ca&ntilde;ada, donde termina la pirca blanca.

Yo soy de otro barrio. Me vine a ver televisi&oacute;n a la casa de &eacute;l se&ntilde;al&oacute; al m&aacute;s chico Y luego salimos a rumbear por el centro.

&iexcl;Ahhh! expres&oacute; ella &iquest;Se vinieron desde all&aacute; caminando?

S&iacute;, porque no tenemos cospeles, no nos alcanzan. Somos varios y tenemos uno solo.

Bueno che, para eso estamos vendiendo los molinitos le dijo el siguiente Para volver a ver los dibujitos en el televisor de &eacute;l.

&iquest;Les gustan mucho los dibujitos de la tele? &iquest;Lo visitan siempre entonces para verlos?

S&iacute;. Pero tenemos que sacar las sillas a la calle para mirarla, porque en el garage donde vivimos hay muchas camas y no entramos todos dijo el aludido

&iquest;Y cu&aacute;ntos son en tu familia?

Los chicos seis, mis dos t&iacute;os, mi mam&aacute; y el pap&aacute; de Carlitos. Dormimos todos en ese garage por eso no tenemos fr&iacute;o.

&iquest;Qui&eacute;n es el Carlitos?

Mi hermano m&aacute;s chico. Porque el pap&aacute; m&iacute;o y el de mis hermanos m&aacute;s grandes, ya se fueron hace mucho.

Mariluz los mir&oacute; un momento sin hablar. Luego volvi&oacute; a preguntarles.

&iquest;Les gusta mucho la televisi&oacute;n?

Es linda. Pero cuando nos cortan la luz algunas veces, porque quitan los ganchos, mi mam&aacute; le compra pilas nuevas a la radio y no nos aburrimos.

Ella volvi&oacute; a quedar pensativa. Se hab&iacute;a sentado tambi&eacute;n en cuclillas cubriendo la vereda.

Bueno ... bueno &iquest;A qu&eacute; grado van?

Yo voy a primero.

Y yo a segundo.

Son ustedes un poco grandes para estar en esos grados, ya deber&iacute;an estar por lo menos en tercero y cuarto.

Pero repetimos ... porque tenemos que hacer changas casi siempre.

&iquest;Y ahora se han independizado vendiendo molinitos?- sonri&oacute;les

S&iacute;.

En mi escuela ense&ntilde;an religi&oacute;n dijo uno del medio con rostro alegre Ayer nos contaron la historia de Sans&oacute;n y la Lila.

&iquest;La Lila? &iquest;As&iacute; te dijeron? Mariluz lo mir&oacute; asombrada

S&iacute;. La chica mala de ese cuento se llamaba como mi hermanita, la Lila. Pero la Lila de mi casa es muy buena.

Debe ser as&iacute; nom&aacute;s, tal como dices sigui&oacute; ella respondi&eacute;ndoles Es mejor as&iacute;, me gusta m&aacute;s, le env&iacute;o un beso a tu Lila.

Luego se incorpor&oacute;. Los chicos se levantaron tambi&eacute;n ofreci&eacute;ndole de nuevo sus coloridas y simples obras de papel glac&eacute;. Ella acarici&oacute; aquellos molinitos y observ&oacute; un momento esos rostros infantiles. Luego tom&oacute; a cada uno el que le ofrec&iacute;a.

&iquest;Un peso valen?

S&iacute;. Deme. Tome.

A cada uno le compro uno ... Y ahora me quedo sin plata, para sentarme en un bar a tomar caf&eacute;.

Despu&eacute;s los vio alejarse en corrida, ligeros como una estampida. Sus manitos sucias y orilleras hac&iacute;an girar aquellos molinitos multicolores junto a gritos de alegr&iacute;a. Sus piernitas morochas y embarradas mezcl&aacute;banse entre el tr&aacute;fico alocado y los autos nerviosos que los esquivaban, con total indiferencia y en forma temeraria, como si nada pudiera detenerlos.

&iquest;Cu&aacute;nto tiempo les durar&aacute; esta energ&iacute;a? se pregunt&oacute; ella Si pudiera mantenerse en estos chicos con el tiempo, esa misma emoci&oacute;n que pusieron en la construcci&oacute;n de sus molinitos. O m&aacute;s bien ... fijar el momento de estar realiz&aacute;ndolos, como algo permanente &iquest;Pero puede mantenerse el momento de algo?

El sol segu&iacute;a caminando bajo un pa&ntilde;o de nubes.

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Alejandra Correas V&aacute;zquez
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(reconstrucci&oacute;n de una experiencia personal)

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			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2004-04-14</dc:date>
			<pubDate>Wed, 14 Apr 2004 00:18:54 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[MI  MANSI&Oacute;N]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/376/37665/</link>
			<description><![CDATA[MI MANSI&Oacute;N
.................

Mi mansi&oacute;n imaginaria donde habitaban mis mu&ntilde;ecos hall&aacute;base ubicada bajo una mesa-biblioteca en la habitaci&oacute;n de mi abuela, algo penumbrosa, y era aqu&eacute;l mi lugar para fantas&iacute;as. Mi casa de juguetes. Mu&ntilde;ecas. Vestidos diminutos y peque&ntilde;os muebles se esparc&iacute;an en ese espacio peque&ntilde;o y escondido donde yo jugaba de rodillas con mis tesoros. Nadie los tocaba ni mov&iacute;a de all&iacute;, las sirvientas lo respetaban como un templo y al sacudir algunas veces con los plumeros, para quitarles el exceso de polvo, equivocaban los sitios de una sillita o una camita, cre&aacute;ndome enojos.

Y en otro rinc&oacute;n de ese dormitorio se hallaba tambi&eacute;n el arc&oacute;n de Mamagrande conteniendo preciosos objetos para mi fascinaci&oacute;n : trajes y sombreros en desuso que la dama atesoraba, cual ex&oacute;tica colecci&oacute;n con la cual yo sol&iacute;a disfrazarme, arrastrando sus tules. Hab&iacute;a asimismo artesan&iacute;as hechas con primor por manos indias, cortinados bordados al &ntilde;andut&iacute; paraguayo y colchas tricolores de fuert&iacute;simos tonos, propios del altiplano boliviano... Tambi&eacute;n viejos mantones que luc&iacute;an a&uacute;n su prestancia como tesoros de un tiempo pasado que ella guardaba en su memoria. Miniaturas en porcelana, representando animalitos. Tantas cosas diversas ofrec&iacute;an al que las observara, el asombro de admirar piezas de museo. Era mi mundo y el suyo que se entremezclaban all&iacute;. La habitaci&oacute;n completa con mi mansi&oacute;n de juguetes y el arc&oacute;n de Mamagrande nos era propio, de ambas, nieta y abuela... Y s&oacute;lo a ella y a m&iacute; nos pertenec&iacute;a. 

Mi mansi&oacute;n de juguete ubicada en esa habitaci&oacute;n de la anciana, fue para m&iacute; el caudal de lo ins&oacute;lito, donde desembocar&iacute;a mi creatividad. Muchas veces ese arc&oacute;n m&aacute;gico era revisado con insolencia por mi madre, para buscar alg&uacute;n ornato desaparecido de la casa y que ella reclamaba. Muy enojada por cierto. Con irritaci&oacute;n Pues seguramente yo lo hab&iacute;a escondido all&iacute;, por considerarlo m&aacute;s propicio para aumentar nuestra colecci&oacute;n. 

Lo que produc&iacute;a el consabido disgusto de ambas. Nos cre&iacute;amos invadidas en nuestra intimidad, como un escarnio, como un pueblo guerrero que atacaba a otro defensor, sin rejas ni almenas. Desarmado. Un pueblo aislado y asolado por el invasor, que sin piedad retiraba de nuestra colecci&oacute;n saleritos, pimenteritos, alhajeritos, bibelots y diversas otras miniaturas. Porque para m&iacute; todo lo bonito o curioso deb&iacute;a guardarse all&iacute; en nuestra Mansi&oacute;n... Y como todo pueblo asaltado y robado, mis l&aacute;grimas no ten&iacute;an consuelo por la p&eacute;rdida de un bien que me hab&iacute;a costado esconder.

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2004-05-05</dc:date>
			<pubDate>Wed, 05 May 2004 21:55:14 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LA  FUENTE]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/381/38110/</link>
			<description><![CDATA[L A    F U E N T E
....................


La arena cubri&oacute; todo.

Vino el alud desde el horizonte,
para quebrar la vida, 
las vertientes y el afecto.

Yo me detuve.

Invoqu&eacute; a mis Duendes y no llegaron.
Camin&eacute; un poco m&aacute;s...
bajo el sol implacable.
Invoqu&eacute; a mi Genio y no me respondi&oacute;.

Segu&iacute; caminando sobre la misma arena.
El cielo estaba azul ultramar, prusia 
y con centelleos de cobalto,
pero siempre un solo color.

Yo segu&iacute;.

La arena uni&oacute; los caminos, 
en un mismo desierto. 
Y m&aacute;s adelante, solo, cubierto 
y vestido de lana...lloraba un ni&ntilde;o.
                
Le quit&eacute; el abrigo.
                
El calor me quemaba las manos, 
la lana estaba h&uacute;meda, 
el llanto del ni&ntilde;o era un mar... 

Y una vez desnudo, su cuerpito 
con transparencia de cristal,
se convirti&oacute; en una &aacute;nfora luminosa, 
por donde brot&oacute; un manantial de agua.
                
Y el agua rod&oacute;.
                
Numerosos r&iacute;os surcaron el escenario.
Se irguieron los brotes,regres&oacute; el afecto 
y multitudes de amantes navegaron en su rumbo.

La esfinge milagrosa no ten&iacute;a rostro, 
pero s&iacute; armon&iacute;a... era El... 
No reconoc&iacute; en &eacute;l a ning&uacute;n otro caminante.
Era alguien distinto,nuevo, sorprendente.

Me coloqu&eacute; a su lado, dispuesta a continuar 
siempre junto a aquel foco de energ&iacute;a, cuando 
uno de sus brazos se&ntilde;al&oacute;me el extremo del horizonte.
                
Brot&oacute; de &eacute;l una nueva burbuja 
y mi arroyo se extendi&oacute; hacia ese l&iacute;mite.
                
Me opuse a embarcarme.

Quise continuar en su entorno, 
junto a aquel cristal de la vida.

-&iexcl;No!- grit&eacute;
-&iexcl;No!
-&iexcl;No!
                
Sobrevino el silencio.

El cielo se ti&ntilde;&oacute; de ocre sobre mi cabeza, 
y serenamente, sin ninguna queja...tom&eacute; mi barca. 
Desde lejos el me salud&oacute;, dici&eacute;ndome :
                
-&quot;A tu hora regresar&aacute;s a mi centro.&quot;

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................
]]></description>
			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2004-05-08</dc:date>
			<pubDate>Sat, 08 May 2004 23:47:46 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LA  V&Iacute;SPERA]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/386/38615/</link>
			<description><![CDATA[LA V&Iacute;SPERA
................


1  LA V&Iacute;SPERA 

Llegada la v&iacute;spera Alma recorri&oacute; el paraje de siempre. All&iacute; busc&oacute; entre los elementos conocidos un llamado que pudiera retenerla, pero los talas se retorc&iacute;an sobre la greda bordeando con desolaci&oacute;n al antiguo arroyo. El valle mostraba su cara des&eacute;rtica, la tierra ignor&oacute; la presencia del agua y el manantial que atrajera a los viajantes ofrec&iacute;a en esta hora, caparazones olvidados por numerosos caracoles.

Ella fue acerc&aacute;ndose hasta la roca que limitaba aquel paisaje. El horizonte te&ntilde;&iacute;ase de ocre cuando voces infantiles la llamaron, bajaban velozmente por el sendero de la cuesta hasta prenderse de su falda. Desde varios d&iacute;as antes los ni&ntilde;os la observaban sin hablarle, queriendo dibujar su imagen en las memorias. Adelant&aacute;ndose a la partida, le sonre&iacute;an con sencillez igual a quien se detiene ante un recuerdo.

Alma se vio entonces muy lejos de esa infancia, ubicada en una imagen sin cuerpo, como una presencia del pasado. El suelo ya no exist&iacute;a, el juego de los ni&ntilde;os era la &eacute;poca que ella abandonaba. Pas&oacute; entonces sus manos sobre aquellas mejillas rojas, para alejarse al fin de su primera escena. Hab&iacute;a deseado esta partida. Las casas de cemento citadinas surgieron en su imaginaci&oacute;n, extendi&eacute;ndoles sus brazos enguantados. Ella hab&iacute;ase ido ya en el pensamiento, los ni&ntilde;os as&iacute; lo sent&iacute;an.

2  LA PARTIDA

Alma se despidi&oacute; de su madre de crianza sin exteriorizar ninguna pena. Los ni&ntilde;os la acompa&ntilde;aron por el camino y sus caritas tristes fueron las &uacute;nicas en llorar al despedirla. El hermano de leche salud&oacute;la con la mano en alto, mientras ella apoy&oacute; su frente contra el vidrio en la ventanilla del &oacute;mnibus que la transportar&iacute;a hasta la ciudad.

El motor rugi&oacute;. La serran&iacute;a repiti&oacute; su eco. Los &aacute;rboles se apartaron del camino. Uno de los ni&ntilde;os abandon&oacute; el grupo y su mano sucia recogi&oacute; un boleto arrojado sobre la calle de tierra. Luego regresaron todos juntos hasta el juego que hab&iacute;an interrumpido.

El viaje continuaba. Ella detuvo su vista sobre la mu&ntilde;equita de pa&ntilde;o que bailaba frente al asiento del conductor, sostenida por un hilo de lana. Las vibraciones del &oacute;mnibus la adormec&iacute;an y Alma baj&oacute; su cabeza. El trayecto ofrec&iacute;a inesperadas curvas a la somnolencia de los viajantes. Una sacudida de mayor violencia h&iacute;zola caer hacia delante. La mu&ntilde;equita parec&iacute;a sonre&iacute;rle detr&aacute;s de su cara bordada. Alma admir&oacute; sus ojos de lentejuelas verdes, luego volvi&oacute; a apoyarse contra el respaldo del asiento. 

El sue&ntilde;o la fue transportando hasta el paisaje de su valle. Camin&oacute; por &eacute;l, y all&iacute; sobre una roca que limitaba la colina divis&oacute; un asiento de &oacute;mnibus. Se sent&oacute; en &eacute;l dirigiendo su vista hacia el camino que atravesaba la cuesta. Otra pasajera ocup&oacute; el lugar vac&iacute;o.

&iquest;Qu&eacute; miras? Debes tener paciencia, faltan todav&iacute;a muchas horas para llegar le dijo esa reci&eacute;n venida que hablaba sin despegar los labios

Ella la observ&oacute; un momento. La mu&ntilde;eca estaba sentada a su lado y el brillo aquellas lentejuelas que formaban sus pupilas, her&iacute;ale la visi&oacute;n.

Estoy esperando a los ni&ntilde;os que siempre me buscan en este lugar contest&oacute;le Alma

Ya no vendr&aacute;n d&iacute;jole con sequedad su acompa&ntilde;ante 

Pero ...&iquest;Por qu&eacute; has roto el cord&oacute;n que te manten&iacute;a frente a todos los viajeros? Tu danza encarna la ilusi&oacute;n de vida en medio de la inercia de este viaje inquiri&oacute; ella

La mu&ntilde;eca le sonri&oacute; con toda su boca y un manojo de lana asom&oacute; por la costura abierta.

Para acompa&ntilde;arte, Alma, pues te v&iacute; melanc&oacute;lica... Esos ni&ntilde;os se encuentran ya muy lejos. Te apartaste de ellos y vas en busca de un mundo que te aguarda. Ahora estoy yo a tu lado. Te v&iacute; tan entristecida que descend&iacute; para consolarte respondi&oacute; la figura de pa&ntilde;o

El asiento volvi&oacute; a conmoverse, los ocupantes del veh&iacute;culo abrieron bruscamente sus ojos. El &oacute;mnibus se detuvo para dejar subir a nuevos pasajeros. La figurita de pa&ntilde;o colgaba otra vez frente al conductor... Alma entrecerr&oacute; los p&aacute;rpados, mientras su acompa&ntilde;ante continu&aacute;bale hablando :

Tu valle se ha vaciado, es s&oacute;lo una imagen. Pronto llegaremos. 

Mi vida est&aacute; m&aacute;s vac&iacute;a a&uacute;n, en ella todo ha quedado en forma de recuerdo. No habr&aacute;n m&aacute;s juegos, ni hermano de leche. Este viaje es demasiado largo &iquest;Por qu&eacute; no regresas a tu sitio? Todos extra&ntilde;ar&aacute;n tus movimientos, eres para nosotros la imagen misma de vida. Nuestra energ&iacute;a subsiste en potencia, los viajeros llevamos la sangre acumulada en el letargo de la espera ella cruzaba sucesivamente los brazos, sus pies jugaban

Tranquil&iacute;zate, ya llegar&aacute;s. Soy tu Guardi&aacute;n. He ocupado el centro de aquella mu&ntilde;eca para que no te espante mi rostro verdadero.

&iquest;Eres muy feo? ella se apart&oacute; con temor

No. De ninguna manera. Mi realidad es solamente sorprendente para la visi&oacute;n de quienes han caminado durante a&ntilde;os sobre las calles de greda.

&iexcl;Quiero verte! &iquest;D&oacute;nde te escondes? &iquest;Detr&aacute;s de estos ojos de lentejuelas verdes?

Las tom&oacute; Alma con su mano arranc&aacute;ndolas de un solo tir&oacute;n. Y al desprenderse... cay&oacute; sobre ella un torrente de humo. La obscuridad envolvi&oacute; el sue&ntilde;o. 

3  LA LLEGADA

&iexcl;Terminal de &Oacute;mnibus! grit&oacute; la voz del conductor, mientras los pasajeros se aprestaban a recoger sus maletas del guardaequipajes

El veh&iacute;culo qued&oacute; desierto, s&oacute;lo Alma continuaba de pie sobre el pasillo del rodado sin decidirse todav&iacute;a a descender. Buscaba a la mu&ntilde;eca como si la necesitara, deseando que bajara con ella.

Ya hemos llegado le volvieron a decir &iquest;Esta valija es suya? &iquest;No conoce la ciudad? &iquest;A d&oacute;nde tiene que ir? 

Me esperan en esta direcci&oacute;n contest&oacute; Alma mientras le extend&iacute;a un trozo de papel escrito y luego se encamin&oacute; hacia el sitio se&ntilde;alado, con la referencia que le indicara el chofer.

&iquest;No ser&iacute;a bueno colocar una mu&ntilde;eca de lana colgada del vidrio parabrisas? pregunt&oacute;le el guarda al conductor

Cierto, compraremos una como mascota, alegrar&aacute; nuestros mon&oacute;tonos viajes contest&oacute;le &eacute;l

He pensado en una mu&ntilde;equita vestida de verde.

&iquest;C&oacute;mo un gnomo? &iquest;Por qu&eacute; te vino esa idea?

Porque as&iacute; va vestida esa se&ntilde;ora que camina atr&aacute;s de la ni&ntilde;a que acaba de bajar. Vestida de verde con lentejuelas brillantes.

&iquest;D&oacute;nde? Yo no la veo.

Atr&aacute;s de ella, muy junto a ella.

No... No la veo.

All&iacute;, ambas doblaron ya esa esquina...


...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
...................................
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			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2004-05-12</dc:date>
			<pubDate>Wed, 12 May 2004 00:24:27 CEST</pubDate>
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			<title><![CDATA[MIS  TRENZAS]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/412/41231/</link>
			<description><![CDATA[MIS TRENZAS
..................

En la Tarde de la Infancia mis trenzas cimbraban marcando los saltos entre las piedras del arroyo, cuando surgi&oacute; la voz de un ser gigantesco.

Soy el sauce me dijo No te asustes de m&iacute; y te dar&eacute; mi Magia.

&iquest;Cu&aacute;l es?

T&oacute;mate de mis ramas y con un solo envi&oacute;n llegaremos hasta aquel pa&iacute;s.

Y cuando hube transpuesto ese umbral de mis juegos me present&eacute; hasta el m&aacute;s viejo de los sauces : El Gran Genio del R&iacute;o. Extend&iacute; mi mano para recibir la promesa anhelada pero &eacute;ste me dijo :

No ... No tengo Magia.

&iquest;La perdiste?

Fue cay&eacute;ndoseme por el ramaje triste. Mi llanto de siglos la deshizo entre las arenas del arroyo.

&iquest;Por qu&eacute; me trajiste entonces? &iquest;Por qu&eacute; vienen a tu sombra los caminantes?

Su voz se elev&oacute; continuando :

Mira a mi hermano. El que creci&oacute; curv&aacute;ndose entre las dos orillas. Los ni&ntilde;os se sientan en su tronco arqueado y alg&uacute;n d&iacute;a habr&aacute; de quebrarse por haber querido bajar a recoger su tristeza, sin lograr erguirse de nuevo en el dolor como sus hermanos.

Me deshice una de las trenzas y con mi risa de ni&ntilde;a le contest&eacute; :

Yo tambi&eacute;n tengo larga cabellera sin ser vieja. Busco mi Magia pero no la perder&eacute; cuando la encuentre.

Entonces tr&eacute;nzala siempre me dijo como advertencia

Promet&iacute; cumplir. El Genio Viejo del R&iacute;o obscureci&oacute; m&aacute;s su tronco bajo aquel ramaje claro. La tarde terminaba. Despu&eacute;s nos envolvi&oacute; la niebla.

Una noche larga me llev&oacute; hasta el amanecer.

Pero la claridad del amanecer me deparaba su sorpresa : &iexcl;Hab&iacute;a perdido mis trenzas! ... Quise volver a buscarlas para introducirme en la noche que me trajera y regresar hacia aquella antigua tarde de infancia ... Y enfrent&aacute;ndome al sauce preguntarle :

Vistes caer a mis trenzas?

&iquest;De cu&aacute;l sauce me hablas? me dijo una cara

De aquel que ten&iacute;a un hermano curvado de orilla a orilla.

&iquest;Un sauce curvado? ... &iexcl;All&iacute; hab&iacute;a uno!

Me se&ntilde;al&oacute; entonces algunas ra&iacute;ces abiertas junto a un mont&oacute;n de madera vieja. La mula del serrano se detuvo, recogi&oacute; aquella carga preciosa del invierno y continu&oacute; su marcha. Detr&aacute;s suyo numerosas piedras de r&iacute;o se convirtieron en caras humanas. Una de ellas me habl&oacute; :

Tengo una de tus trenzas &iexcl;M&iacute;rame!

&iexcl;Quiero verla!

Y me entreg&oacute; un trozo de musgo obscurecido y seco.

Otra me dijo :

Yo poseo el misterio de las plantas

&iquest;Cu&aacute;l es? pregunt&eacute; sorprendida

Reside en mi interior &iexcl;Es m&iacute;o! &iexcl;El don del Arte! Todos los sentidos de la delicadeza.

Mu&eacute;strame esa delicadeza y te sigo le promet&iacute;

Extrajo de su bolsillo una flor blanca y reluciente. La tom&eacute; con cuidado pero al acercarla hasta m&iacute; observ&eacute; que no era blanca sino gris. Quise aspirarla y se cayeron sus p&eacute;talos que estaban recortados en un papel &aacute;spero sin aroma. Dej&eacute; que se deshiciera &iacute;ntegramente y me alej&eacute; de aquella &uacute;ltima cara.

Regresaba sola, lentamente, hacia el encuentro del objeto perdido cuando una legi&oacute;n de luces nocturnas sali&oacute; a mi paso junto al l&iacute;mite entre la noche y el d&iacute;a. Ellas me nombraron.

Somos las luci&eacute;rnagas del aire, estrellas de la sierra. Fuimos enviadas para servirte de compa&ntilde;&iacute;a. S&oacute;lo con nosotras llegar&aacute;s hacia quien puede revelarte el secreto guardado con celo, en la Tiniebla que extravi&oacute; tu cabellera.

Las luci&eacute;rnagas marcaron una avenida de luces que me llev&oacute; hasta una presencia nebulosa. Frente a Ella me detuve conmovida por un llamado. Part&iacute;a de su interior y se transmit&iacute;a en el esbozo de una emoci&oacute;n plena.

Dos luci&eacute;rnagas de claridad verde la adornaban. Se inclinaron para mirarme : Eran sus ojos ... Y al comprender que los conoc&iacute;a desde un pasado sin tiempo, las formas de los contornos se delinearon apareciendo suelo y tierra a su alrededor. La avenida luminosa se diluy&oacute;.

El Viaje estaba conclu&iacute;do...

...................................
Alejandra Correas V&aacute;zquez
................................... 
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			<dc:creator>alejandracv</dc:creator>
			<dc:date>2004-05-29</dc:date>
			<pubDate>Sat, 29 May 2004 21:49:00 CEST</pubDate>
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