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		<title>ciclotron en loscuentos.net</title>
		<link>/cuentos/local/ciclotron/</link>
		<description><![CDATA[Escribo para huir de las tinieblas de lo convencional que intentan atraparme dÃ­a a dÃ­a. Cada letra, cada palabra y cada pÃ¡rrafo me ponen a resguardo.
Vivo en la congestionada ciudad de Santiago de Chile, en donde las malas intenciones, lamentablemente, son mÃ¡s numerososas que las personas.

http://blogdeltiempoqueseva.blogspot.com]]></description>
		<language>es-es</language>
		
		<item>
			<title><![CDATA[Quiero irme a mi casa]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/412/412700/</link>
			<description><![CDATA[Al atravesar la calle, Fabiolo mir&oacute; cuidadosamente a ambos lados, camin&oacute; r&aacute;pidamente y lleg&oacute; a la vereda opuesta sonriendo, compr&oacute; un cigarrillo suelto en el quiosco de la esquina, con las &uacute;ltimas monedas que ten&iacute;a y fum&oacute; con delectaci&oacute;n, sentado en una banca semi derruida y rayada con frases alusivas a cierta pasi&oacute;n futbol&iacute;stica –despu&eacute;s de este cigarrito, me voy al centro a conseguir algunas monedas- pens&oacute; al mismo tiempo que miraba a una mujer atractiva pasar junto a &eacute;l. Termin&oacute; su peque&ntilde;o deleite de nicotina y se alej&oacute; silbando una melod&iacute;a pegajosa, apurando el paso para llegar luego a su destino. Si es que el destino permite ser determinado o considerado.
Una vez en el centro, se mir&oacute; en el reflejo de una vitrina; a pesar de sus treinta a&ntilde;os sus ojos y su expresi&oacute;n mostraban el rostro de un adolescente, s&oacute;lo su pelo desali&ntilde;ado era un motivo negligente en su cabeza llena de interrogantes. Entr&oacute; en una gran tienda, pregunt&oacute; por el jefe de personal, que justamente se encontraba presente.
-se&ntilde;or, busco trabajo.
-&iquest;usted es vendedor?
-a veces, en mi casa vendo cosas...
-no le entiendo.
-vendo revistas pornogr&aacute;ficas usadas, f&oacute;sforos, colillas, jugo en polvo y tambi&eacute;n...
-lo siento, no hay vacantes por el momento.
Se retir&oacute; lentamente, pensando que era un buen vendedor, al menos en su casa, cuando vend&iacute;a, todos le compraban sus art&iacute;culos, y de manera r&aacute;pida, sin escaparates, sin espejos, sin pasillos lujosos, sin vendedoras de sonrisa f&aacute;cil y evidentemente falsa. Mir&oacute; detenidamente cada ser humano, cada animal y cada vegetal a su alrededor.-tanta gente que camina r&aacute;pido y no se miran, tantos perros y palomas con hambre y nadie les da alguna miga de pan, y esas plantas y palmeras que nadie riega habiendo tanta agua en la cordillera, creo que voy a reclamar- ri&oacute; sonoramente. Se sent&oacute; en la escala de entrada de un antiguo edificio y vio pasar las horas lentamente, atado a sus pensamientos y a su miedo a la gente. Se sent&iacute;a encadenado a la ciudad, como Prometeo a una roca, pero Fabiolo no sufr&iacute;a f&iacute;sicamente, nadie ro&iacute;a sus entra&ntilde;as, s&oacute;lo su mente era carcomida por las voces de su familia-Fabito, si no te da la cabeza pa’ estudiar, trabaja-entre otras que recordaba vagamente –mijito, b&aacute;&ntilde;ese solito ahora- &oacute; –hijo, usted es muy patiperro- Sacudi&oacute; la cabeza de forma brusca y s&uacute;bita, mir&oacute; al cielo, ahora ya oscuro pero lleno de una palidez artificial creada por la poderosa iluminaci&oacute;n de la ciudad. 
Sinti&oacute; fr&iacute;o, se levant&oacute; y casi corriendo por calle Puente lleg&oacute; a Mapocho, quiso atravesar al otro lado del r&iacute;o, m&aacute;s tuvo temor de cruzarlo. Alguna vez en su ni&ntilde;ez lejana, alguien le narr&oacute; acerca de un r&iacute;o Estigia &oacute; Aqueronte-nunca tuvo buena memoria- el que era cruzado por los muertos. Y el se sent&iacute;a vivo, al menos su coraz&oacute;n lat&iacute;a y su cuerpo percib&iacute;a el dolor, y ten&iacute;a deseos sexuales muy seguido, aunque en su casa le prohib&iacute;an tener relaciones –Fabiolo, t&uacute; no puedes hacer eso-pero de todas formas se las arreglaba para que alguna de sus compa&ntilde;eras &oacute; amigas hicieran con &eacute;l todo lo que supuestamente no deb&iacute;a hacer. Volvi&oacute; sobre sus pasos y un intenso olor a fritura lo invadi&oacute; como un sentimiento suave, y pens&oacute; en comer.-Se&ntilde;ora, reg&aacute;leme una sopaipilla- la observ&oacute; con su mirada de adolescente triste.-Cuestan ciento veinte pesos, se&ntilde;or- se alej&oacute; olfateando el aroma y sintiendo su est&oacute;mago hacerse un trapo nudoso de v&iacute;sceras quejumbrosas y demandantes. 
Desanduvo todo lo recorrido y se par&oacute; junto a un grupo de personas a esperar locomoci&oacute;n –qu&eacute; micro tengo qu&eacute; tomar- pens&oacute; con rabia que la buena memoria no era su fuerte, aunque si recordaba su ni&ntilde;ez extra&ntilde;a, viendo duendes, escuchando peque&ntilde;os cristos que le susurraban, y luego en su adultez, los mismo duendes pero malignos y los peque&ntilde;os cristos convertidos en uno solo; ominoso y perverso, que lo miraba con burla, a pesar de estar clavado a dos postes de madera. Llor&oacute;, llor&oacute; mucho sin saber c&oacute;mo llegar a su casa.-se&ntilde;or, disculpe, &iquest;puedo ayudarlo en algo?- la mujer vieja y mal vestida lo tomaba de un brazo y lo miraba sin desconfianza. –ll&eacute;veme con mis t&iacute;os, por favor- la mujer lo mir&oacute; largo rato, y comprendi&oacute; el sufrimiento de Fabiolo. Le pidi&oacute; que le indicara en d&oacute;nde viv&iacute;a, &eacute;l se lo dijo claramente. Subieron a un microb&uacute;s y Fabito le relat&oacute; parte de su vida; se sent&iacute;a triste a veces, pero casi siempre re&iacute;a con sus amigos, jugaba a caminar en c&iacute;rculos o a estar sentado muchas horas. Dorm&iacute;a solo, a pesar de querer dormir acompa&ntilde;ado, debido a sus continuas erecciones. La viejecilla lo escuchaba sin escandalizarse. Le relat&oacute; tambi&eacute;n que almorzaba mal, no le gustaban las comidas que le hac&iacute;an, aunque a veces le regalaban manzanas y el las mord&iacute;a por partes, hasta formar un rostro con la fruta.
-Aqu&iacute; es mi casa, se&ntilde;ora.
-as&iacute; veo, pero entra altiro, no te quedes afuera al fr&iacute;o.
-Si, se&ntilde;ora, entro altiro, porque tengo que vender mis cosas, soy vendedor.
-Que bueno, cu&iacute;date mucho y no le tengas m&aacute;s miedo a los duendes.
-Me dan susto igual que el cristo peque&ntilde;o que me mira en la capilla.
-Bueno, bueno. Chao, mijito, cu&iacute;date mucho.
-Chao se&ntilde;ora.
Fabiolo lleg&oacute; al port&oacute;n de entrada del centro psiqui&aacute;trico, entr&oacute; sonriendo y volviendo la vista atr&aacute;s le hizo una se&ntilde;al de adi&oacute;s con la mano a la se&ntilde;ora vieja y mal vestida, que generosamente lo fue a dejar a su casa. ]]></description>
			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2009-07-09</dc:date>
			<pubDate>Thu, 09 Jul 2009 02:36:27 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ego sum pastor bonus]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/414/414444/</link>
			<description><![CDATA[
Atardecer calmo, cielo despejado y temperatura agradable; era todo lo que necesitaba Pedro Barcelona para salir a pasear, caminar sin prisa, conversar con las muchas personas que lo conoc&iacute;an, darle tiempo a las ancianas que le ofrec&iacute;an pan amasado, y sonre&iacute;rle a las jovencitas que lo admiraban por su pelo claro, escas&iacute;simo de canas, por su encantador acento y por su espalda ancha y protectora. Todav&iacute;a a sus cuarenta y cinco a&ntilde;os de edad causaba revuelo entre las mujeres. Tambi&eacute;n saludaba con un buen apret&oacute;n de manos a los hombres que lo buscaban para contarle sus aflicciones sentimentales y personales. Barcelona es un tipo muy querido y respetado. Desde que lleg&oacute; al pa&iacute;s, desde su Espa&ntilde;a natal, s&oacute;lo ha cosechado amigos, nadie reniega de &eacute;l, todos conf&iacute;an en &eacute;l e inclusive es considerado un modelo de valores morales. Habla mucho de Dios y la Virgen, y a decir verdad es un sujeto muy normal, nadie lo ha visto hacer da&ntilde;o o hablar mal de otra persona. Y tiene excelente humor. S&oacute;lo se encoleriza cuando ve alg&uacute;n borracho que se acerca a &eacute;l llorando y pidiendo monedas para otro trago.
Mir&oacute; hacia el cielo, que ya empezaba a ofrecer t&iacute;midamente su oscuridad nocturna, y decidi&oacute; ir al centro de Santiago, necesitaba visitar a ciertas personas relacionadas con su trabajo, si es que no se desviaba. No se preocup&oacute; por el regreso tarde. D&iacute;a viernes hab&iacute;a mucha gente en las calles y se sent&iacute;a seguro y acompa&ntilde;ado. Camin&oacute; lentamente por una calle c&eacute;ntrica, mientras todo el mundo caminaba r&aacute;pido, huyendo de sus lugares de trabajo &oacute; de s&iacute; mismos, mientras &eacute;l miraba tranquilamente vitrinas, a las colegialas y a las mujeres que le sonre&iacute;an discretamente. –Menos mal que no ando con mi uniforme de trabajo- Se mir&oacute; satisfecho; un pantal&oacute;n de vestir perfectamente planchado, zapatos negros y brillantes, y una camisa blanca abotonada enteramente.

Record&oacute; a su padre, cu&aacute;ndo &eacute;l era ni&ntilde;o, en la Espa&ntilde;a Franquista. Sonri&oacute; recordando los desfiles militares.- Hijo, ellos son nuestro orgullo, soy tu orgullo- Y Pedro Barcelona lo contemplaba y so&ntilde;aba con usar uniforme, botas, bigote y poder hablar fuerte y golpeado. Quer&iacute;a tener la capacidad de ser un l&iacute;der, dirigir sus propias tropas, mandar y ser obedecido prestamente. Pero el azaroso y muchas veces cruel destino ten&iacute;a otros planes para &eacute;l.
-Pedro, t&uacute; padre muri&oacute;.
-&iquest;Puedo entonces, jugar con sus medallas?
Su madre se fue a vivir a otra ciudad, con la esperanza oculta que su hijo nunca fuera militar. Soport&oacute; por a&ntilde;os a su esposo prepotente, fantasioso y paranoico, que ve&iacute;a enemigos y comunistas por todos lados.

Entr&oacute; a un caf&eacute; con piernas, con gran sentimiento de culpa, salud&oacute; a las mujeres con traje de ba&ntilde;o y espero que lo atendieran. Sus ojos brillaban de malicia y deseo al mirar pechos, piernas y hombros bien torneados. –Ay Dios m&iacute;o, que hago aqu&iacute;- pens&oacute;, sin embargo, no se retir&oacute; del lugar, sino m&aacute;s bien se prepar&oacute; para mirar y tambi&eacute;n tocar si pod&iacute;a. Tom&oacute; su caf&eacute; tibio, rememorando los d&iacute;as felices en que paseaba de manera furtiva con Eliana, integrante de la Junta de Vecinos y activa integrante del peque&ntilde;o gimnasio ubicado en el mismo local. No la amaba, &eacute;l bien lo sab&iacute;a, pero s&iacute; le calmaba sus masculinos deseos. Ella no era buena teniendo sexo, era m&aacute;s bien fr&iacute;a y distante, pero eso no importaba, &eacute;l tampoco era muy experto en la intimidad. Pero ya todo aquello hab&iacute;a terminado. Cargo de conciencia por parte de Eliana.- Esto no puede seguir, Pedro - &Eacute;l la escuchaba y nada dec&iacute;a, s&oacute;lo se encomendaba a Dios.
-Oye, si te espero a la salida, vamos a pasear un rato?
-Claro, c&oacute;mo te llamai?
-Pedro.
-&iquest; Soi espa&ntilde;ol?, te pregunto por tu acento.
-Si, pero solo me queda el acento, hace a&ntilde;os estoy en Chile.

Volvi&oacute; tarde, con su ropa y sus manos con olor a perfume barato de mujer. Pens&oacute; que la chica del caf&eacute; a pesar de su vulgaridad para hablar y sus modales groseros, era muy sensual y atrayente. Fue un buen rato, y no tuvo que gastar mucho dinero. M&aacute;s bien un par de tragos para ella, &eacute;l casi no beb&iacute;a, y el taxi al ir a dejarla. No hubo sexo, ni caricias ni besos, solo conversaci&oacute;n elemental y muchas indirectas y preguntas indiscretas.
-&iquest;Ya poh, dime en que trabajai?
- Soy alguien que ayuda a las dem&aacute;s personas, al menos eso trato.
-&iquest;Soi psic&oacute;logo &oacute; qu&eacute; onda?
-Algo parecido,jajaja.
Lleg&oacute; a su hogar, fue al ba&ntilde;o, estaba impecable, igualmente el comedor. La se&ntilde;ora del aseo era una bendici&oacute;n para &eacute;l. Se sac&oacute; su ropa, se arrodill&oacute; y or&oacute; con fuerza, con rabia y con mucha devoci&oacute;n tambi&eacute;n. Apag&oacute; la luz, m&aacute;s no pudo cerrar los ojos. Se desvel&oacute; pensando que era un hombre com&uacute;n, con deseos y necesidades.
El domingo de esa semana se levant&oacute; tempran&iacute;simo, fue r&aacute;pido a la iglesia, se coloc&oacute; lentamente su Alba, su Estola y su Casulla, se par&oacute; en el altar, extendi&oacute; los brazos hacia delante, con las palmas hacia arriba, y con una sonrisa beat&iacute;fica, acompa&ntilde;ada de un acento marcad&iacute;simo, recibi&oacute; y salud&oacute; a sus feligreses:
-Hermanos, sean bienvenidos en la paz del Se&ntilde;or.]]></description>
			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2009-07-22</dc:date>
			<pubDate>Wed, 22 Jul 2009 01:40:38 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El autito no era Full Equipo]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/414/414897/</link>
			<description><![CDATA[En mi ni&ntilde;ez conoc&iacute; personajes de todo tipo, muy singulares la mayor&iacute;a. Uno de ellos fue El Autito; era un joven de unos veinticinco a&ntilde;os, vest&iacute;a siempre pantal&oacute;n, camisa y chaqueta formales, muy ra&iacute;das y en mal estado.Usaba un delgad&iacute;simo bigote y ten&iacute;a el pelo tieso, como las espinas de un quisco. No recuerdo su nombre ni su apellido. Pero todos lo llam&aacute;bamos El Autito, debido a que &eacute;l mismo se cre&iacute;a un auto. Obviamente ten&iacute;a problemas mentales, los cuales se manifestaban &uacute;nica y exclusivamente cuando actuaba como un veh&iacute;culo. En su mano derecha llevaba un espejo retrovisor, y mediante unas correas en su cuerpo sosten&iacute;a una especie de volante. No ten&iacute;a alzavidrios ni frenos abs. Andaba muchas veces por una costado de la calzada, tocando la bocina y frenando en las esquinas, hasta se estacionaba cuando lo mandaban a comprar. Era bien sabido tambi&eacute;n que en los sem&aacute;foros en rojo se deten&iacute;a completamente y cuando la luz verde brillaba, &eacute;l avanzaba con precauci&oacute;n. Supongo que nunca le pasaron un parte, ya que su conducci&oacute;n era muy responsable. No tengo idea qu&eacute; taller mec&aacute;nico lo atend&iacute;a, tal vez nunca dio fallas, jajajaja. Era un auto completamente chileno, en una &eacute;poca que tener veh&iacute;culo era todo un lujo.
Muchas veces lo encontraba cerca de mi casa –hola, Autito, &iquest;c&oacute;mo anda el motor?- se deten&iacute;a, hac&iacute;a el gesto de poner el freno de mano y me saludaba alegremente, -hola. Anda bien mi motor, es re g&uuml;eno, podr&iacute;a ganar una carrera- nos re&iacute;amos juntos, y ahora pienso que tal vez tan loco no estaba El Autito.- te llevo a comprar si quer&iacute;s, s&uacute;bete- y yo me sub&iacute;a, esto significaba ponerme al lado suyo, y caminar r&aacute;pido, trotar &oacute; correr junto a &eacute;l, depende del cambio que llevara puesto el motor. En segunda apenas trot&aacute;bamos, en tercera corr&iacute;amos, pero en cuarta hab&iacute;a que correr a toda velocidad y muchas veces me ca&iacute; del veh&iacute;culo y El Autito sigui&oacute; su marcha por las calles de tierra, dej&aacute;ndome solo y botado sin darse cuenta que su pasajero quedaba atr&aacute;s en medio de la polvareda que levantaba con sus bototos Firestone &oacute; Michel&iacute;n. Cierta vez choc&oacute; con un &aacute;rbol, quebrando su espejo retrovisor. Con otros ni&ntilde;os lo miramos con pena y decidimos ayudarlo; fuimos a un sector lejano a nuestras casas y entre todos, ayudados por un fierro, le arrancamos de cuajo un espejo lateral a un autom&oacute;vil de verdad que estaba estacionado. Huimos asustad&iacute;simos, pues sab&iacute;amos que esto era un robo, pero corr&iacute;amos felices de poder cooperarle con el espejo al abollado Autito. Le entregamos el espejo, esperando verlo reanimado. –gracias, pero este espejo es lateral y yo necesito espejo retrovisor- me dio rabia, ya que hab&iacute;amos realizado un hurto por ayudarlo y le dije –oye, Autito, un espejo es un espejo, &uacute;salo- lo dio vuelta entre sus manos negras de aceite y suciedad, nos mir&oacute; y dijo con una sonrisa tremenda que lo usar&iacute;a para peinarse en las ma&ntilde;anas.-jajajajajajaja- re&iacute;mos todos por espacio de un largo rato.
Una tarde lo vi pasar con su caracter&iacute;stico sonido gutural que trataba de imitar el rugido de un motor – rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr- lo llam&eacute; para conversar con &eacute;l y vi con sorpresa que andaba descalzo, sin sus bototos, sin sus neum&aacute;ticos.-Autito, &iquest;por qu&eacute; andai a pata pel&aacute;? Sonri&oacute; levemente y me cont&oacute; que sus bototos se hab&iacute;an roto y se hab&iacute;a despegado la suela. Claro, con tanto kilometraje era evidente que le suceder&iacute;a eso m&aacute;s temprano que tarde. Supe que hac&iacute;a casi una semana que recorr&iacute;a las calles sin zapatos. Esto lo evidenciaban ambos pies maltrechos, sucios y heridos. Tal vez en su insania no se percataba del da&ntilde;o que se estaba haciendo.-oye, Autito con qui&eacute;n viv&iacute;s en tu garage- no me respondi&oacute;, se limit&oacute; a echar andar el motor, poner primera y salir cuidadosamente del lugar donde estaba estacionado conversando conmigo.-chao, amigo, pa’ juntar plata voy a ser taxi- le sonre&iacute; y lo vi alejarse, fue la &uacute;ltima vez que lo vi en mi vida, luego mis padres me llevaron a vivir a Santiago y le perd&iacute; la pista.
El Autito, todo un veh&iacute;culo y todo un conductor confundidos en una sola persona; responsable, respetuoso y cauteloso. A pesar de su locura jam&aacute;s atropell&oacute; ni empuj&oacute; a alguien, su demencia nunca justific&oacute; una irresponsabilidad. &Eacute;l nunca manej&oacute; como un loco. Autito, gracias por darme mis primeras lecciones de manejo. ]]></description>
			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2009-07-25</dc:date>
			<pubDate>Sat, 25 Jul 2009 03:11:00 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La &uacute;ltima estaci&oacute;n]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/415/415666/</link>
			<description><![CDATA[Seis y media de la ma&ntilde;ana. Estoy con mi madre donde la famosa y conocida se&ntilde;ora Chelita, si mal no recuerdo, en avenida San Francisco, en Santiago. Miro a mi madre enojado y le pregunto por qu&eacute; ten&iacute;amos que esperar tanto rato sentados y tan temprano adem&aacute;s -calladito hijo, esta se&ntilde;ora me va a decir que podemos hacer por mi pap&aacute;.- Mi abuelo materno ten&iacute;a c&aacute;ncer al est&oacute;mago, se lo hab&iacute;an diagnosticado algunos meses atr&aacute;s varios m&eacute;dicos y lo hab&iacute;an enviado a su casa, a morir. Mi madre, luchadora infatigable, sigui&oacute; las instrucciones dadas en el hospital, y junto a mi abuela y a la familia toda, lo cuidaron, le dieron sus medicinas y lo acompa&ntilde;aron. A&uacute;n as&iacute;, deca&iacute;a d&iacute;a a d&iacute;a, y noche tras noche era una peregrinaci&oacute;n al dolor f&iacute;sico para &eacute;l, y al dolor moral para todos quienes lo rode&aacute;bamos. Al fin, luego de m&aacute;s de una hora de espera nos hacen pasar, la se&ntilde;ora Chelita toma el frasco con orina sanguinolenta de mi abuelo, que mi madre llevaba, ya que esta curandera le&iacute;a “las aguas”. Lo observa a las luz concienzuda y seriamente. -humm, su padre est&aacute; mal, damita. Muy mal, pero algo podemos hacer- mira sonriente a mi mam&aacute; y le dice –Dios siempre ayuda- y le entrega un mont&oacute;n de hierbas empaquetadas y un horario para determinar cu&aacute;ndo y c&oacute;mo d&aacute;rselas a beber a mi abuelo, remojadas en agua, como infusi&oacute;n. Litros y litros de agua de hierbas beb&iacute;a mi abuelo.

Despu&eacute;s de unos meses, mi madre supo de unos monjes brasile&ntilde;os, que operaban de manera espiritual, a distancia inclusive. Vi como mi abuela y mi mam&aacute; ordenaban, pon&iacute;an manteles albos y relucientes sobre una mesilla de noche, adem&aacute;s de velas, y vasos con agua. Parte del rito era ba&ntilde;ar a mi abuelo con sales gruesas, cosa que se hizo rigurosamente. El silencio fue inmenso durante un largo rato, pues a esa hora precisamente, los monjes ejecutaban su procedimiento milagroso, casi pod&iacute;a sentirse alguna presencia et&eacute;rea. Al otro d&iacute;a mi abuelo dec&iacute;a sentirse mejor. Y se ve&iacute;a en verdad, de mejor talante.

Poco tiempo despu&eacute;s del dictamen lapidario de los m&eacute;dicos, mi madre hizo una Manda a la Virgen del Carmen, que vigila a los sanantoninos desde la altura, en un inmenso cerro en la parte posterior del cementerio.-Virgencita linda, deja a mi papito vivir un tiempo m&aacute;s y subo el cerro, de rodillas, hasta tu estatua-. Y as&iacute; lo hizo, subi&oacute; el cerro hincada, sufriendo dolor, sangrando, llorando, creyendo, confiando en la Virgen y su auxilio. Hasta el d&iacute;a de hoy sufre de dolores en sus piernas, debido a aquel acto extremo de fe y esperanza. A cambio de este sacrificio de carne y esp&iacute;ritu, la Virgen le regal&oacute; tres a&ntilde;os m&aacute;s a mi abuelo. O tal vez fue la se&ntilde;ora Chelita, con sus hierbas y mucha fe y valor.

Pasaban los meses y mi abuelo sufr&iacute;a constantes y terribles hemorragias, producto del deterioro interno, provocado por el c&aacute;ncer. El dolor iba en aumento, dolores inimaginables e injustos, a la par con el menoscabo de su cuerpo, ya que su mente estuvo l&uacute;cida casi hasta el final de sus d&iacute;as. –No doy m&aacute;s del dolor, quiero morir, d&eacute;jenme morir-. Yo lo escuchaba oculto, y temblaba ante esa frase, y apenas pod&iacute;a imaginarme cu&aacute;nto sufr&iacute;a. Empez&oacute; a confiar en Dios, mediante la presi&oacute;n de la familia. - Papito, tiene que tener fe para poder mejorarse –le dec&iacute;a mi mam&aacute;, a&uacute;n sabiendo que la muerte lo observaba y esperaba poder llevarlo pronto a sus dominios.

La casa se llenaba de gente; la familia, los amigos, los conocidos, los vecinos y algunos ancianos, muy pocos y que a&uacute;n estaban vivos y pertenec&iacute;an a la generaci&oacute;n de mi abuelo. Porque &eacute;l, &oacute; Papito Miguel, como le llam&eacute; siempre, ya ten&iacute;a en esa &eacute;poca m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os. Me r&iacute;o mucho al recordar que su n&uacute;mero de carn&eacute; era el cuatrocientos setenta y seis, si mal no recuerdo. Otra cosa que recuerdo con mucho cari&ntilde;o, era su car&aacute;cter de ni&ntilde;o –Cristian, juguemos con tu autopista- yo me sonre&iacute;a y compart&iacute;amos el juguete en medio de gritos y frases chistosas. Luego se pon&iacute;a un gorro azul m&iacute;o y se sentaba a escuchar corridos mexicanos. Yo lo observaba, y a pesar de su entereza, se notaba que sufr&iacute;a mucho. Su mirada hablaba de dolor, cansancio y desesperanza. De todas formas me relataba su vida y su juventud; su trabajo en los trenes, los accidentes ferroviarios en los que hab&iacute;a ayudado y el largo viaje que ten&iacute;a que hacer en una locomotora para poder ir a visitar a mi abuela, cuando eran novios. Yo abr&iacute;a los ojos maravillado cuando me contaba que para poder bajarse ten&iacute;a que arrojarse con el tren en marcha, ya que en ese lugar no hab&iacute;a estaci&oacute;n y no pod&iacute;an detenerse.

Ya en la segunda mitad del a&ntilde;o mil novecientos ochenta, empezaron a aplicarle morfina, por razones obvias; los dolores lo consum&iacute;an, las hemorragias se intensificaron, se retorc&iacute;a en medio de ese calvario y solo esta droga lo calmaba. Mi madre, mi abuela, mis t&iacute;os y t&iacute;as, suplicaban a Dios que lo cuidara y no muriera. Y la muerte en este caso ven&iacute;a a ser un alivio para mi sufrido Papito Miguel. Cada d&iacute;a y cada noche era un tormento, mi abuelo sufr&iacute;a, pero Dios s&oacute;lo observaba y no se lo llevaba. Hasta que un s&aacute;bado veintiocho de febrero de mil novecientos ochenta y uno, y acompa&ntilde;ado de toda la familia, muri&oacute; en medio de dolores tremendos, puesto que la morfina casi no hac&iacute;a efectos, debido a lo avanzado del c&aacute;ncer. Vivi&oacute; un tormento indigno que nadie merece vivir, menos &eacute;l, que fue un hombre simple y bueno. Cuando supe que hab&iacute;a fallecido, en mi mente de ni&ntilde;o de trece a&ntilde;os pens&eacute; que lo m&aacute;s probable es que iba directo al cielo, en un tren r&aacute;pido y sin paradas intermedias.]]></description>
			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2009-07-30</dc:date>
			<pubDate>Thu, 30 Jul 2009 18:41:02 CEST</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Batman ataca]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/416/416218/</link>
			<description><![CDATA[



Lo que voy a relatar ocurri&oacute; tal cual lo escribo, lamentablemente. Hace algunos a&ntilde;os por motivos profesionales, tuve que ir en repetidas ocasiones a un hogar de ancianos ubicado en el centro de Santiago, cerca de Avenida Matta. Era un asilo mixto, aunque los viejitos y viejitas solo se encontraban y compart&iacute;an entre ellos en las horas de comidas. Era una casona antigua, inmensa, soleada, llena de corredores y balcones. Con jardines coloridos y fragantes, en donde revoloteaban avecillas e insectos de variada &iacute;ndole. – Bien buena la casita para los abuelitos –le dije a la persona que me abri&oacute; el port&oacute;n de entrada. Logr&eacute; ubicar a quien buscaba; un anciano de mirada alegre, manos vivaces y con su frente en alto a&uacute;n. Luego de las formalidades de rigor y  despu&eacute;s de haber realizado mi trabajo, el abuelo me invit&oacute; cordialmente a recorrer completamente el hogar, sus patios, instalaciones y dependencias. – Encantado ir&eacute; con Ud. a conocer –le dije, y fuimos; todo se ve&iacute;a muy ordenado y limpio. Hasta un peque&ntilde;o huerto ten&iacute;an. – Ac&aacute; nos cuidan harto –me dijo el viejito y se lanz&oacute; a contarme sobre sus comidas, remedios, y tratamientos m&eacute;dicos. Aunque tambi&eacute;n me cont&oacute;, de manera m&aacute;s callada y sombr&iacute;a sobre la cercan&iacute;a de la muerte. –Aunque prefiero morir aqu&iacute;, donde soy un viejo m&aacute;s. – Lo mir&eacute; sin entender lo que me dec&iacute;a. –En mi casa nadie es tan viejo como yo, soy un mueble m&aacute;s, me ponen en donde no estorbe, – me di cuenta que el abuelo estaba triste, y para alegrarlo le ped&iacute; que me relatara alguna historia interesante ocurrida en el asilo. Nos sentamos a la sombra de un &aacute;rbol sobrecargado de frutos. – &iquest;Usted cree que los viejos pueden enamorarse? –Le respond&iacute; que si, que el amor es natural a cualquier edad. Tom&oacute; aire  y comenz&oacute; el relato.
 
La historia era simple y hermosa: una anciana del hogar conoci&oacute; a un abuelo en el comedor, se miraron por d&iacute;as, luego se saludaron, semanas m&aacute;s tarde ya conversaban animadamente, se relataban sus vidas, sus felicidades pasadas, sus lejanas coqueter&iacute;as perdidas en el tiempo. Recordaban con cari&ntilde;o a su familia, que los visitaba muy a lo lejos. –Pasan tan ocupados ellos, de lo contrario pasar&iacute;an ac&aacute; –se ment&iacute;an a si mismos. M&aacute;s de alguna vez alguien los vio tom&aacute;ndose furtivamente de la mano y mir&aacute;ndose a los ojos con esperanza y gratitud. Caminaban juntos por los jardines, conociendo su cercana cita con la muerte. Verlos juntos era recrear la vida, la felicidad y el amor, en una etapa final, pero intensa.
 
Este hogar era atendido por Hermanas de Congregaciones que apenas recuerdo; Hermanas Mercedarias de La Caridad, Hermanas Hospitalarias Del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, Franciscanas de la Inmaculada Concepci&oacute;n, o algo parecido. T&iacute;tulos tremendos para mujeres vestidas con trajes negros y f&uacute;nebres, en d&oacute;nde la vocaci&oacute;n y el miedo al mundo se confunden en un solo sentimiento. Una de ellas, una de las  Hermanas a cargo del asilo, se dio cuenta de la relaci&oacute;n entre los viejitos enamorados, y se horroriz&oacute; y escandaliz&oacute;. Para ella era un pecado esta amistad. Claro, para mujeres que viven en la oscuridad de esos ropajes no hay luz. La religiosa solo vio morbosidad, inmoralidad y un atentado contra Dios. Naturalmente, en su mente de fan&aacute;tica, no hab&iacute;a amor ni entendimiento hacia las personas, s&oacute;lo pod&iacute;a entender lo sobrenatural. No comprendi&oacute; esta relaci&oacute;n hermosa y pura, solo juzg&oacute; y dictamin&oacute; la sentencia; la anciana enamorada deb&iacute;a ser trasladada a otro hogar. Y as&iacute; fue. El anciano qued&oacute; solo y triste, esperando una muerte pr&oacute;xima y solitaria. La religiosa sigui&oacute; vistiendo su negro h&aacute;bito de Batman, cuidando el cuerpo decr&eacute;pito y desgastado de los abuelitos, pero acechando malignamente sus corazones.

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			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2009-08-03</dc:date>
			<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 23:12:24 CEST</pubDate>
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			<title><![CDATA[Viaje Placentero]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/446/446336/</link>
			<description><![CDATA[Fabiolo tiene un gran poder de sugesti&oacute;n sobre las dem&aacute;s personas; cada vez que llega a un lugar es observado, piensan que va a robar algo, atacar a alguien &oacute; sienten miedo de manera indeterminada.”Debe ser pato malo este culiao, tiene toda la pinta”. Y se alejan de &eacute;l, de manera disimulada y a veces no tanto. Fabiolo solamente mira y sonr&iacute;e, mueve nerviosamente sus manos y se ordena el pelo, en un gesto habitual, que lo tranquiliza, en medio de tanta gente. “Seguro quieren conversar conmigo, pero no se atreven, una vez sal&iacute; en un reportaje en la tele”. Cierta vez trat&oacute; de conseguir trabajo de vendedor, pero ni siquiera fue aceptado para una entrevista. Generalmente vend&iacute;a cigarrillos en su casa, revistas usadas, y hasta comida. Hab&iacute;a podido salir un rato, en un descuido de sus t&iacute;as. Ahora deambulaba err&aacute;tico por las calles aleda&ntilde;as a la Avenida Vicu&ntilde;a Mackenna. Mir&oacute; hacia las alturas, “que lindo, una vez cuando era chico, mi mam&aacute; me llev&oacute; a pasear en metro”. La mujer a la cual iba dirigida este recuerdo desapareci&oacute; r&aacute;pidamente, temiendo ser asaltada. En esa &eacute;poca su madre era a&uacute;n joven y buscaba la felicidad. “Mam&aacute;, mam&aacute;, mira ah&iacute; viene, est&aacute; nuevito”, subi&oacute; contento, salt&oacute; arriba de los asientos duros y brillantes. Poqu&iacute;sima gente viajaba, seg&uacute;n su madre por ser un medio de transporte caro e in&uacute;til, ya que prestaba servicio solamente en dos grandes avenidas de la capital. Despert&oacute; de sus felices evocaciones y trot&oacute; torpemente hasta la boleter&iacute;a de la estaci&oacute;n. “&iquest;Se&ntilde;or, me deja pasar?, no tengo plata”. El guardia no le contest&oacute;, solamente le hizo un gesto con la cabeza. Fabiolo baj&oacute; al and&eacute;n c&oacute;mo un gladiador a la arena del Coliseo; valiente y digno, pero con miedo a los cientos de ojos que lo observar&iacute;an. Entr&oacute; al carro, marem&aacute;gnum de metal y pl&aacute;stico, lleno de flotantes e inasibles deseos, reflejados en miradas l&aacute;nguidas y cansadas; mar tempestuoso de humanidades, pero calmo en su igualdad de incomodidad y calor. 
“Hola, me llamo Fabiolo, hac&iacute;a harto tiempo que no andaba en metro, en mi casa dicen que es peligroso, que me pueden cogotear, pero no tengo nada que puedan quitarme, eso s&iacute;, los doctores me dicen que lo peligroso es lo que hay dentro de mi cabeza”. Un hombre lo mir&oacute; hosco y le espet&oacute; groseramente “ya g&uuml;e&oacute;n, qu&eacute; vai a pedir ahora &oacute; vai a contar que tu casa se quem&oacute; y tu hermano tiene c&aacute;ncer”. Fabiolo lo mir&oacute; con una sonrisa desprovista de toda malicia “no se&ntilde;or, no pido nada, tengo de todo en mi casa, me dan comida, cantamos y hasta bailo con mi radio port&aacute;til, cuando tengo pilas para ponerle, y mi casa no se quema, porque no se permiten f&oacute;sforos ni encendedores, aunque cuando no me miran igual prendo un cigarro escondido al fondo del patio”. Avanz&oacute; hacia el final del carro, para huir de la sonrisa macabra de una persona que lo mira c&oacute;mo quien mira un espect&aacute;culo de fen&oacute;menos. 
“Se&ntilde;orita, disculpe, es usted muy linda, si hasta parece de esas ni&ntilde;as que salen en la tele bailando”. La joven mujer lo mir&oacute; con repulsi&oacute;n, vio la pobreza de sus ropas, sus manos sucias de ni&ntilde;o abandonado y su pelo opaco; “c&oacute;rrete flaite culiao”. Trat&oacute; de avanzar por entre la aglomeraci&oacute;n, m&aacute;s bien semejaba un pececillo nadando en aceite, ahog&aacute;ndose en un medio natural que le era extra&ntilde;o. Qued&oacute; atrapado entre la puerta y el cuerpo tibio y cercano de una mujer de medianamente joven; pod&iacute;a hasta sentir los latidos de ella y los propios tambi&eacute;n, acelerados al m&aacute;ximo y dese&oacute; apoyar su cabeza sobre el hombro de la mujer, pero un presentimiento admonitorio se lo impidi&oacute;. Sinti&oacute; en su interior un temblor y un deseo id&eacute;nticos a lo que sent&iacute;a en las noches al ver mujeres con poca ropa en los programas nocturnos del canal cat&oacute;lico, cuando tocaba sus partes prohibidas de disimulada manera, para que sus t&iacute;as no lo castigaran, por pajero, c&oacute;mo sol&iacute;an decirle.”No te toques el pene, Fabiolo, si te lo sigues tocando, nunca te vas a mejorar”. Sent&iacute;a cada vez m&aacute;s angustia y deseos de apretarse a la mujer. Todo su ser jadeaba silenciosamente, convertido en un amasijo de deseos largamente reprimidos. Su naturaleza masculina triunf&oacute; y se apeg&oacute; a las caderas anchas de la mujer, la que no pudo moverse, debido a las consecuencias de la hora Peak. Not&oacute; que su virilidad despert&oacute; de natural y vivaz manera; tuvo miedo y alegr&iacute;a. Record&oacute; su ni&ntilde;ez y la desnudez inocente de sus vecinas jugando a ba&ntilde;arse en el grifo de la esquina de su calle. Se dio cuenta que tocar un cuerpo y tocar el suyo no era malo, en realidad era mejor que tocarse a solas en el ba&ntilde;o o bajo las s&aacute;banas. Sinti&oacute; un estallido de placer en su cuerpo y en su coraz&oacute;n; sinti&oacute; su pantal&oacute;n mojado y pegajoso. Se abrieron las puertas del carro y la manada avanz&oacute; a empujones por la pradera de baldosas lisas. La mujer tambi&eacute;n baj&oacute;, sin siquiera mirarlo, Fabiolo la sigui&oacute; con la mirada, creyendo que se hab&iacute;a enamorado por primera vez en su vida. 
http://blogdeltiempoqueseva.blogspot.com]]></description>
			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2010-03-14</dc:date>
			<pubDate>Sun, 14 Mar 2010 16:19:36 CET</pubDate>
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			<title><![CDATA[&Aacute;ngel cojo, no ca&iacute;do]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/446/446340/</link>
			<description><![CDATA[Muchas veces le pregunt&oacute; a su madre porqu&eacute; diosito no la sanaba de la cabeza, si ella iba a misa d&iacute;a por medio y adem&aacute;s rezaba, y ten&iacute;a estampas de santitos en la pared de su dormitorio. Le record&oacute; tambi&eacute;n que cuando iban juntas de compras al mercado y la esperaba al lado de la imagen de la virgen, pon&iacute;a en la cajita de las ofrendas cien pesos cada semana. Ocasiones en que era observada con curiosidad, generando risas ofensivas por doquier.
—Mam&aacute;, &iquest;si el doctor no me sana mi cabeza, tu cre&iacute;s que si rezo mucho, mucho, mucho, voy a quedar bien?
—Claro hijita.
—&iquest;Y voy a caminar derecha tambi&eacute;n, sin cojear de la pata mala?
—Tambi&eacute;n hijita, hay que tener mucha fe, nom&aacute;s.
Teresiana siempre supo que su hija era especial, seg&uacute;n el eufemismo que usaban para referirse a la enfermedad irreversible de Tomasina. A pesar de los a&ntilde;os, en sus o&iacute;dos impactados y perplejos, a&uacute;n resonaba el diagn&oacute;stico lapidario del especialista. Siendo una mujer ignorante en el tema, supo indagar, investigar e instruirse sobre el mal de Tomasina. Aprendi&oacute; a cuidarla, a protegerla, y a guiarla por una vida medianamente normal, dentro de las pocas posibilidades que ten&iacute;a, justamente, de hacer una vida c&oacute;mo la de todas las dem&aacute;s personas. Por su parte Tomasina viv&iacute;a despreocupada, con un razonamiento m&iacute;nimo, muchas preguntas y una fe inmensa, cultivada en su cabecita d&eacute;bil por su madre;
—Hija m&iacute;a, vamos a misa, hay que agradecer a Dios por todo lo que nos da.
—Tomasina &iquest;Rezaste anoche?
—Hijita, diosito nos da que comer, nos cuida, nos ama y nos protege.
La hija escuchaba y sonre&iacute;a, mostrando una dentadura amarillenta, con dientes destrozados por una mala alimentaci&oacute;n y una higiene escasa, en un hogar donde no siempre los utensilios de aseo estaban presentes. A&uacute;n as&iacute;, siempre, de manera inocente y cordial, le sonre&iacute;a a todas las personas con las que se encontraba en la calle, el mercado o junto a la gruta de la virgen.
—Se&ntilde;or, le puse ciento cincuenta pesos hoy a la virgencita, para que me ayude con los dolores de cabeza y no se me olvide tomarme los remedios que me dan en el hospital, aunque mi mamita me avisa siempre. Sabe, yo estoy enferma de la cabeza, &iquest;le dije eso cierto?, de chica, por eso no pude ir a la escuela, pero se contar hasta diez, las letras no las entiendo, por eso en la iglesia me aprend&iacute; de memoria las canciones, ah y cuando piden la ofrenda, pongo siempre cien pesos, para que Dios y la Virgen me sigan cuidando. Mi mam&aacute; dice que si sigo rezando y yendo a misa, me puedo mejorara de mi pie malo, vea usted, lo arrastro y hago tira los zapatos, igual despu&eacute;s mi mam&aacute; los vende en la feria, los lustra primero eso si. Tambi&eacute;n me dice que diosito es como mi pap&aacute;, porque mi pap&aacute; de verdad, no lo conoc&iacute;, yo creo que se fue al cielo, porque era bueno dicen todos, y la gente buena se va al lado del Se&ntilde;or. Yo rezo mucho para llegar al cielo con mi pie bueno y mi cabeza sana, as&iacute; puedo alabarlo sin tartamudear ni hablar cosas raras, porque en las noches despierto viendo &aacute;ngeles que destapan mi cabeza y hablan y escucho ruidos que me hacen gritar de miedo, pero mi mam&aacute; me abraza y ya no escucho m&aacute;s eso.

Al llegar a la misa, Tomasina y Teresiana se sientan en primera fila, para estar m&aacute;s cerca de Dios y sus favores. Escuchan atentamente las palabras del cura, que las convenc&iacute;a cada vez m&aacute;s del poder ilimitado de los santos y su influjo sobre las acciones humanas, que seg&uacute;n &eacute;l, son d&eacute;biles y reprochables. Oraron, se persignaron y se confesaron pecadoras, pero Dios perdona, a&uacute;n a las enfermas mentales, cojas, viejas, feas, pobres y especialmente, a quienes van a adorarlo a su propia casa. As&iacute; es que salieron felices, y Tomasina totalmente sana, al menos en esp&iacute;ritu, porque su cuerpo semi deforme y agotado por la enfermedad segu&iacute;a siendo un resumidero de males f&iacute;sicos y ps&iacute;quicos. Al llegar cerca de su casa, Tomasina observ&oacute; c&oacute;mo una familia era lanzada a la calle, tal vez por no pago de arriendo o dividendo al banco; la due&ntilde;a de casa gritaba, el esposo miraba con ojos vac&iacute;os, presintiendo el verdadero vac&iacute;o al cual lo arrojaban. Los hijos lloraban sentados en la vereda. Tomasina se acerc&oacute; a ellos, seg&uacute;n una costumbre desprovista de afectaci&oacute;n, inhibici&oacute;n o prejuicios, propios de las personas que se dec&iacute;an normales. 
—No lloren, diosito cuida a los ni&ntilde;os, y protege a los adultos que rezan, y nos da la comida, y calma la sed de todos nosotros. El cura hoy ley&oacute; la Biblia y dijo que el Reino de los Cielos es de los pobres, as&iacute; que todos nosotros tenemos un Reino, porque somos muuuuuuuuuuuuy pobres.
La madre expulsada de su hogar la mir&oacute; y reconoci&oacute; en ella a la ni&ntilde;a enferma que todos conoc&iacute;an y quer&iacute;an en la poblaci&oacute;n. No le sonri&oacute; como sol&iacute;a hacerlo cada vez que la encontraba en el almac&eacute;n, comprando cuatro panes &oacute; un cuarto de az&uacute;car. Si le tom&oacute; el pelo y le dijo en voz baja que se iban y que ni Dios ni el Papa, ni todos los rezos del mundo le devolver&iacute;an su casa y su tranquilidad.
—No se preocupe entonces, yo voy a ir a la iglesia a pedir por ustedes para que les devuelvan su casita, a mi el Tatita Dios me escucha, estoy segura que me va a sanar mi pie malo y me va a arreglar mi problema de la cabeza, porque no soy tonta, solamente estoy enferma. Chao y no lloren, voy a rezar altiro por todos ustedes.
La vieron alejarse corriendo, seguida por su madre, se miraron, ahora si sonrieron y pensaron casi lo mismo; que si Dios ni los Santos sacaban de apuro, por lo menos hab&iacute;a un &aacute;ngel en la tierra tratando de hacer algo por las personas desamparadas.

http://blogdeltiempoqueseva.blogspot.com]]></description>
			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2010-03-14</dc:date>
			<pubDate>Sun, 14 Mar 2010 16:39:39 CET</pubDate>
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			<title><![CDATA[La llave s&oacute;lo abr&iacute;a esperanzas]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/446/446902/</link>
			<description><![CDATA[Quiero relatar una situaci&oacute;n que en mi ni&ntilde;ez fue de importancia m&aacute;xima. Un hecho que me permiti&oacute; de relevante manera, determinar mi confianza y mi fe en las religiones. En todas ellas, y ninguna en particular, defin&iacute; mi forma de entenderlas. No as&iacute; de creer en sus postulados.

Ahora, que veo en retrospecci&oacute;n mi problema, porque lo era, me r&iacute;o con ganas, debido a mi adultez &oacute; porque no era tan grave lo que me ocurr&iacute;a: sufr&iacute;a de tics nerviosos; esos movimientos musculares compulsivos que generalmente causan la curiosidad de las personas, y la burla cruel de algunos. Mis tics eran variados y casi rid&iacute;culos. A veces parpadeaba seguidamente por un minuto, c&oacute;mo puta coqueta &oacute; mov&iacute;a la cabeza de abajo hacia arriba lentamente, como las vacas, jajajajajaja. Otros tics eran mover el antebrazo seguidamente con desesperaci&oacute;n &oacute; mover la boca en forma graciosa y el peor de todos; cuando andaba con las manos en los bolsillos, empu&ntilde;aba mi mano y la mov&iacute;a r&aacute;pidamente, lo que daba pie a que mis padres y conocidos pensaran que me hac&iacute;a una masturbaci&oacute;n express.

Trataba por todos los medios de ocultar mis tics ante mis padres, que ya estaban desesperados de llevarme a cuanto neur&oacute;logo les recomendaban ( A&uacute;n hoy en d&iacute;a se sabe poco al respecto, hay m&eacute;dicos que le dan cero origen org&aacute;nico, otros dicen que es gen&eacute;tico, etc.) Hasta psic&oacute;logos me examinaron y yo segu&iacute;a con mis movimientos insanos. Y me avergonzaba sobremanera tener tics. Hasta que mirando la TV encontr&eacute; mi supuesta salvaci&oacute;n. Un telepredicador llamado Rex Humbard ofrec&iacute;a la sanaci&oacute;n de todos los males f&iacute;sicos y espirituales que aquejaban a las personas-S&iacute;, ustedes, todos ustedes que est&aacute;n vi&eacute;ndome y oy&eacute;ndome, se que son pecadores, pero Dios los ama, y los sanar&aacute; de cuerpo y de alma- segu&iacute; mirando el programa y al predicador-s&oacute;lo tienen que enviarme una carta y pedirme La Llave de Oraci&oacute;n-esper&eacute; que terminara y anot&eacute; la direcci&oacute;n. Acto seguido escrib&iacute; una carta simple, contando mi problema y pidiendo la famosa llave. Detall&eacute; mi problema y tambi&eacute;n pregunt&eacute; si pod&iacute;an ayudar a mi primo Arturo que sufr&iacute;a de una cojera derivada de una poliomielitis que lo afect&oacute; en sus primeros a&ntilde;os de vida.

Pasaron dos meses, y lleg&oacute; por correo la Llave de Oraci&oacute;n. Era de bronce, peque&ntilde;ita, finamente tallada y con detalles bell&iacute;simos, toda una pieza maestra, y totalmente gratis, pecador. La tom&eacute; con devoci&oacute;n en mis manos y rec&eacute; con todas mis fuerzas para que Dios, mediante la llave, me curara de mis tics. Luego fui donde mi primo Arturo y le dije que si rez&aacute;bamos juntos, tal vez se curar&iacute;a de su cojera.
-Oye, primo, te apuesto que te mejorai de la pata si rezamos con la llave.
-&iquest;Tu cr&eacute;is? Ya po, recemos, si yo quiero caminar derecho y no andar cay&eacute;ndome.
-Pong&aacute;monos de rodillas y recemos apretando la llave...
-Ya.

Rezamos con fervor, casi con fanatismo por mucho rato, al otro d&iacute;a tambi&eacute;n, y as&iacute;, rez&aacute;bamos a diario apretando la Llave de Oraci&oacute;n. Ya se estaba gastando de tanto presionarla. –esta g&uuml;ev&aacute; sali&oacute; julera-le dije a mi primo, pero ninguno de nosotros se ri&oacute;.-a lo mejor hay que colg&aacute;rsela del cuello con una cadenita-mir&eacute; a mi primo y le dije que buscar&iacute;a una. Mi mam&aacute; me regal&oacute; una cadena de plata y ah&iacute; colgu&eacute; la llavecita.
-Oye, g&uuml;e&oacute;n, la llave sali&oacute; fall&aacute;, sigo moviendo los ojos y los brazos y tus segu&iacute;s cojo...
-Parece que te cagaron, Cristian. 
-Voy a reclamar al predicador de la TV
-Pero si &eacute;l solo te mand&oacute; la llave, &eacute;l no hace los milagros...
-Ten&iacute;s raz&oacute;n, primo. Y a qui&eacute;n le reclamo... 

Pas&oacute; el tiempo. Muchos a&ntilde;os. Y mi primo sigue cojo y con una mano doblada; yo de vez en cuando vuelvo a sufrir episodios de tics y pienso que la llave, al igual que otros montones de s&iacute;mbolos religiosos, ya sean hist&oacute;ricos &oacute; creados actualmente, no son la soluci&oacute;n real a nada, son eso s&iacute;, elementos perfectos para crear fe y confianza en las personas. Son la esperanza y la ilusi&oacute;n. Aunque debemos aceptar humildemente que hay situaciones en esta vida que jam&aacute;s tendr&aacute;n soluci&oacute;n.

http://blogdeltiempoqueseva.blogspot.com/]]></description>
			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2010-03-19</dc:date>
			<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 23:26:32 CET</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Pa&iacute;s en Pelotas]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/456/456985/</link>
			<description><![CDATA[

Faltaban pocas semanas para el inicio del Mundial de F&uacute;tbol; toda pantalla en la ciudad dedicaba sus im&aacute;genes y p&iacute;xeles al acontecimiento que habr&iacute;a, supuestamente, de levantar la moral, las ganas y los &iacute;mpetus deportivos a todos los chilenos de coraz&oacute;n. S&oacute;lo se hablaba de los partidos, en d&oacute;nde con toda seguridad, la selecci&oacute;n golear&iacute;a a sus adversarios, en un eterno y perseguido sue&ntilde;o de triunfo. &frac34;Seguro que en este mundial nos va bien  &frac34;dec&iacute;a sonriendo Trimigio y miraba esperanzado y casi con deseo sensual, el trote de los jugadores de la selecci&oacute;n nacional, filmados sobre el pasto, escupiendo a diestra y siniestra y acomod&aacute;ndose los test&iacute;culos, que seguramente, con el bamboleo del ejercicio, se ubicaban en alguna posici&oacute;n inc&oacute;moda &oacute; inusual. Supo por las noticias que el jugador estrella, promesa de logros en el pr&oacute;ximo Mundial, estaba lesionado; hab&iacute;a sufrido una rotura fibrilar, &oacute; mejor dicho tuvo un  desgarro, g&uuml;e&oacute;n, en un m&uacute;sculo de la pierna izquierda, que lo dejar&iacute;a al menos quince d&iacute;as sin tocar pelota alguna, excepto las propias. Y con toda seguridad se las tocar&iacute;a mucho, mientras en la cl&iacute;nica se recuperaba, rodeado de los lujos que merecen todos los chilenos cuando est&aacute;n delicados de salud. Llam&oacute; a su hijo menor, apunt&oacute; con el dedo el televisor y recit&oacute; una larga retah&iacute;la de nombres y apodos de atrapadores de pelotas; le cont&oacute; casi con l&aacute;grimas en los ojos que gracias a ellos y su dominio del bal&oacute;n, en una suerte de maromas incre&iacute;bles, engrandec&iacute;an el olvidado y trasnochado nacionalismo del pa&iacute;s, siguiendo y golpeando con furia una esquiva pelota. Abri&oacute;  los ojos esperanzado al enterarse, en los cincuenta y siete minutos del noticiero dedicado al f&uacute;tbol, que la dolencia del chuteador maravilla, aparte de toda la tecnolog&iacute;a aplicada por los m&eacute;dicos, ser&iacute;a tratada de manera alternativa, hol&iacute;stica y espiritual. Ser&iacute;an llamados a sanar la pata mala del saltimbanqui del bal&oacute;n un grupo de acupunturistas chinos, dos chamanes centroamericanos, tres sacerdotes druidas honorarios, y una machi sure&ntilde;a apaleada por los pacos, adem&aacute;s se rumoreaba que hasta una ps&iacute;quica local ayudar&iacute;a, sin contar con los servicios de un numer&oacute;logo que apenas sab&iacute;a hablar y escribir, pero que s&iacute; sab&iacute;a contar y predecir el futuro cercano y lejano.

Trimigio lloraba su falta de dinero para poder viajar al pa&iacute;s sede del Mundial, as&iacute; es que se endeud&oacute; en un televisor gigantesco; eleced&eacute;, resoluci&oacute;n infinita, alta definici&oacute;n, cuarenta y ocho parlantes, catorce entradas usb y detector de lluvia. As&iacute; podr&iacute;a ver a sus &iacute;dolos correr en c&aacute;mara lenta, mirarlos sudar y escupir de forma tan real, que hasta tendr&iacute;a la felicidad casi tangible, de recibir en su cara la saliva expulsada en cada garabato dicho y escuchado en el sistema de sonido cinco punto uno. Pero se sent&iacute;a conforme, val&iacute;a la pena el esfuerzo de pagarlo en ciento veinticuatro cuotas; todo por la Selecci&oacute;n y su pronto triunfo. Record&oacute; sonriendo las muchas veces que su padre le comentaba los mundiales de a&ntilde;os pasados; &eacute;pocas en que el anhelo y la esperanza de todo un pa&iacute;s se iban al tacho de  la basura, ante el triunfo avasallador y frontal de equipos m&aacute;s preparados tal vez, m&aacute;s capaces tal vez, m&aacute;s veloces tal vez, o simplemente mejores. Seg&uacute;n su viejo, Chile ser&iacute;a campe&oacute;n del mundo, en el siglo veinticinco &frac34;he visto muchos mundiales y la mayor&iacute;a sin nuestro pa&iacute;s participando &frac34;y re&iacute;a con sabidur&iacute;a, mientras Trimigio se mord&iacute;a de rabia, creyendo que su padre estaba viejo y sin esperanza alguna. Aunque la esperanza y la desesperanza son primas de la experiencia y la evidencia. La Selecci&oacute;n Nacional ganar&iacute;a, sino el Mundial, por lo menos un par de partidos y volver&iacute;an henchidos de orgullo, ser&iacute;an recibidos en el aeropuerto por una masa mucho mayor a la que recibi&oacute; el Papa, llegar&iacute;an llenos de alegr&iacute;a, dinero, publicidad, mujeres, televisi&oacute;n, autoestima y sobre todo entrevistas: &frac34;hicimos todo lo posible, dimos el cien por ciento, mojamos la camiseta, el profe puede responderte eso, no, es mentira, no hubo drogas ni alcohol, no, s&oacute;lo somos amigos con Miss Silicona, si...compr&eacute; un auto de doscientos mil d&oacute;lares, pero s&oacute;lo porque lo necesito para ir a comprar a la feria, es verdad estoy comprometido con la Se&ntilde;orita Lindas Gomas &frac34;. Trimigio al ir y venir de su trabajo, en el metro, envuelto en las humanidades de cinco &oacute; s&eacute;is personas alrededor suyo y escuchando m&uacute;sica a todo volumen, a punto de reventar los aud&iacute;fonos, piensa, m&aacute;s bien sue&ntilde;a con conocer a los jugadores; a sus &iacute;dolos, a sus h&eacute;roes, a sus referentes de vida, a sus estrellas gu&iacute;a. Quisiera haber sido c&oacute;mo uno de ellos, bueno para la pelota, veloz y h&aacute;bil; m&aacute;s a&uacute;n, envidiaba la simpat&iacute;a, elegancia, prestancia y presencia que ten&iacute;an &frac34;por algo se agarran las mejores minas  &frac34; pensaba y fantaseaba con las mujeres aquellas, abundantes de pechos y culo, con cinturas m&iacute;nimas y labios carnosos. El tipo de mujer, que seg&uacute;n su precario sentido del respeto y caballerosidad, s&oacute;lo pod&iacute;an conseguir algunos &frac34;los g&uuml;eones con plata nom&aacute;s consiguen mujeres lindas &frac34;y se conformaba con adorar a sus &iacute;dolos futboleros, poseedores del  secreto del &eacute;xito y la masculinidad.

Decidi&oacute; ir al centro de entrenamiento de la selecci&oacute;n nacional, a ver salir los jugadores, verlos aunque fuera un  par de segundos, desde lejos, y tal vez &frac34;por qu&eacute; no &frac34;conseguir un aut&oacute;grafo, para regal&aacute;rselo a su hijo, y explicarle que ese garrapateo de letras, era la confirmaci&oacute;n m&aacute;xima de haber estado a menos de un metro de sus semidioses, que se dignaban mirar por un instante a un m&iacute;sero devoto, postrado humildemente ante sus zapatos deportivos de marca. Pidi&oacute; permiso a su jefe para salir temprano del trabajo &frac34;d&eacute;jeme irme a las cuatro por favor, mi se&ntilde;ora est&aacute; enferma, le dio un ataque de halitosis esta ma&ntilde;ana &frac34;. La muchedumbre atronaba afuera del recinto; hombres vestidos de toda forma y pelaje gritaban su amor incondicional, las mujeres levantaban a sus peque&ntilde;os hijos, vestidos con diminutas camisetas rojas, que semejaban peque&ntilde;as rosas ofrecidas en sacrificio y ofrenda. Hasta rebosaban las l&aacute;grimas en muchos ojos. Ni la salida de Jes&uacute;s desde el templo hubiera causado tanto revuelo y emoci&oacute;n. No parec&iacute;an deportistas; sino soldados destinados a batallar en las fronteras del fanatismo y la obsesi&oacute;n, yendo pronto a una guerra mundial, sin bajas, pero s&iacute; con millones de espectadores muertos en su orgullo y pasi&oacute;n, si no venc&iacute;an al adversario. Finalmente logr&oacute; la ansiada firma sobre la hoja arrugada de una peque&ntilde;a libreta de apuntes, en la cual apenas ten&iacute;a anotados los n&uacute;meros telef&oacute;nicos de una decena de personas. Sonri&oacute; y dio las gracias, pero no fue escuchado; el jugador miraba de manera interesada y calentona a un par de adolescentes, enfundadas en apretad&iacute;simos jeans, que agitaban una bandera y cantaban con destemplada voz guaca guaca.

Volvi&oacute; feliz a su casa, abraz&oacute; a su hijo, bes&oacute; a su mujer, grit&oacute; chi chi chi le le le, y encendi&oacute; el televisor ultramoderno, ultraplano, ultraliviano, ultratecnol&oacute;gico, sin sentirse ultraendeudado, y sintoniz&oacute;  las noticias &frac34;falta poco para la fiesta mundialera, empresas se preparan para ver los partidos, ni otro terremoto impedir&aacute; celebrar nuestro triunfo, jugador lesionado est&aacute; siendo sanado a la fuerza, m&aacute;s de un mill&oacute;n de personas en peregrinaci&oacute;n  a la Virgen de Lo V&aacute;squez, de rodillas, y si nuestra selecci&oacute;n llega a la semi final, todos nuevamente al santuario, de guata. Y esta fueron las noticias. Trimigio estaba  radiante, hab&iacute;a logrado conocer a los h&eacute;roes del f&uacute;tbol, conseguir un aut&oacute;grafo, ten&iacute;an una pantalla plana para ver los encuentros, sus jefes le permitir&iacute;an ver los partidos en horario de trabajo, su mujer miraba entusiasmada los preparativos, y el desgarro del l&iacute;der estaba en proceso de curaci&oacute;n. Y si Chile no ganaba este campeonato, por lo menos le quedaba el consuelo que hab&iacute;a sido tercero en el Mundial del a&ntilde;o sesenta y dos.
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			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2010-06-24</dc:date>
			<pubDate>Thu, 24 Jun 2010 00:37:59 CEST</pubDate>
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			<title><![CDATA[Hay Phone Para Todos]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/465/465013/</link>
			<description><![CDATA[	—Lo nuevo caserita, el mejor tel&eacute;fono celular inventado hasta hoy, ll&eacute;velo nuevecito y sin rayas. Ya po’ se&ntilde;orita, mire que estoy rematando; aqu&iacute; tiene mijita, otro para ust&eacute; compadrito, !ah no&iexcl; es sin yapa la g&uuml;eaita. No se&ntilde;ora, por mucho que le guste el juguetito, no le puedo vender un kilo, s&oacute;lo por unid&aacute;. Mijita, ust&eacute; se ver&iacute;a mas rica a&uacute;n con este celular; y tal vez hasta m&aacute;s inteligente, no importa que hable puras g&uuml;ev&aacute;s, es broma mi amor, no se enoje, mire lleve el Hay Phone y le aseguro que tendr&aacute; a su novio controladito llam&aacute;ndolo cada diez minutos, oiga si el amor necesita alta tecnolog&iacute;a para ser ejercido de manera m&aacute;s actual, si ya no tiene brillo llamar a la pareja desde un tel&eacute;fono fijo, es del mal gusto, no tiene glamour, y lo peor; se nota pobreza. Cache nom&aacute;s, tiene c&aacute;mara fotogr&aacute;fica de alta resoluci&oacute;n, para que salga clarita cuando su novio le tome fotos en pelotas y las suba a intern&eacute;, claro que ust&eacute; tambi&eacute;n se puede vengar, arreglando las fotos de &eacute;l y coloc&aacute;ndolas en la p&aacute;gina picochico.com &oacute; precoz.com. Ah, y no es caro, no es un gasto excesivo, es una inversi&oacute;n en imagen, a ver…por ser ust&eacute; va a buscar trabajo; en la entrevista pone el Hay Phone sobre la mesa de su entrevistador, para que se note su alt&iacute;sima capacidad de comunicaci&oacute;n, y su futuro empleador vea que la vanguardia digital es su r&uacute;brica de vida. Va a tener el puesto seguro, olv&iacute;dese del curr&iacute;culum, lleve solamente su Hay Phone y no olvide contarle a medio mundo en su Facebook que tiene uno. ‘Tamos liquidando; si se&ntilde;or, tiene cualquier cantid&aacute; de memoria, de hecho tiene m&aacute;s memoria que ust&eacute;, que con toda segurid&aacute; no se acuerda ni lo que comi&oacute; ayer, &oacute; a qui&eacute;n se comi&oacute; anoche. Mire oiga todo lo que hace esta maravilla: le saca fotos, le graba videos jai definichion, le trae alarma, le trae agenda, le avisa si lo est&aacute; gorreando su mujer y lo mejor s&oacute;lo mide nueve coma tres mil&iacute;metros de grosor; as&iacute; lo puede meter en cualquier orificio peque&ntilde;o; dise&ntilde;o y precauci&oacute;n util&iacute;simos para cuando salga desnudo de la ducha y no tenga d&oacute;nde guard&aacute;rselo. Me quedan poquitos, oiga, no se quede ajuera de la comunicaci&oacute;n global, mant&eacute;ngase conectado, no asuste a su familia y amigos estando desconectado por m&aacute;s de veinte minutos, no ve que pueden pensar que ust&eacute; se muri&oacute;. &iquest;C&oacute;mo, no le entiendo? Ah, no tengo idea si sirve pa meterle libros y leer, que yo sepa el celular es pa’ muchas cosas, pero pa’ leer no s&eacute;, en todo caso qui&eacute;n chucha usar&iacute;a  un tel&eacute;fono pa’ algo as&iacute;.  Lo siento se&ntilde;or, ya no quedan, esa vieja con cara de caliente se llev&oacute; el &uacute;ltimo, dijo que lo necesitaba para estar conectada con su esposo e hijos en el d&iacute;a, ya que en la noche apenas conversaban, porque estaban todos muy ocupados navegando por intern&eacute; o hablando por celular. ]]></description>
			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2010-10-12</dc:date>
			<pubDate>Tue, 12 Oct 2010 21:06:07 CEST</pubDate>
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			<title><![CDATA[Face to Facebook]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/466/466774/</link>
			<description><![CDATA[&iquest;Ten&iacute;s facebook? —Aldoro mira a su amigo y sonr&iacute;e, le responde que piensa tener uno pronto, para encontrar a los antiguos amigos. Piensa que le har&iacute;a bien recordar tiempos ya idos y gastados. Tal vez encontrar a Fedora, siempre le gust&oacute; y lo dej&oacute; con ganas; la miraba de medio lado en la sala de clases. S&iacute;, decididamente se har&iacute;a un facebook. Le comentaron que los amigos perdidos aparec&iacute;an como por sortilegio. Y la magia le gustaba. Pero tambi&eacute;n lo asustaba tanta inmediatez. Esa misma noche llen&oacute; los datos que la pagina requer&iacute;a: nombre, gustos, aficiones, profesi&oacute;n, grupo sangu&iacute;neo, orientaci&oacute;n sexual, antecedentes penales, morosidad en el sistema financiero, etc&eacute;tera. Ya s&oacute;lo faltaba lo primordial, la imagen que lo representar&iacute;a y distinguir&iacute;a en medio de la vor&aacute;gine virtual; una fotograf&iacute;a. Subi&oacute; la mejorcita que ten&iacute;a, tomada por lo menos hac&iacute;a cinco a&ntilde;os, pero se ve&iacute;a atractivo, seg&uacute;n su madre y su hermana. Rellen&oacute; su perfil de manera apasionada, pero tratando de mantener la mesura. Actividades; gimmasio catorce veces por semana, alimentar a los pobres y salvar a las ballenas. M&uacute;sica favorita; Beethoven, Bach, Gardel, Los Beatles, La Sonora Palacios, Deep Purple, Am&eacute;rico y Los Charros de Lumaco —mel&oacute;mano a morir — agreg&oacute; totalmente autoconvencido. Libros favoritos; La Biblia y todos los de autoayuda. Intereses; arte conceptual, literatura y poes&iacute;a medieval, conversar con la vecina calentona, rezar en las noches y cantar en la ducha. Programas televisivos favoritos; todos, especialmente los de canales abiertos, para lograr llegar a un estado de razonamiento y an&aacute;lisis superiores. Pel&iacute;culas favoritas; todas las de acci&oacute;n, con autos estallando y el protagonista matando a diestra y siniestra. Situaci&oacute;n sentimental; buscando una persona especial y &uacute;nica. A pesar que ya hab&iacute;a tenido siete mujeres &uacute;nicas y especiales .Creencias religiosas; cat&oacute;lico, admirador del Papa Juan Pablo Segundo, salvador de la humanidad y de su alma colectiva. Correo electr&oacute;nico; cositoricolindounicoarrobahotmailpuntocom. Una vez hubo completado sus datos, se entreg&oacute; de lleno a buscar personas perdidas en lo m&aacute;s pret&eacute;rito de su recuerdo. —A ver, a ver...c&oacute;mo se llamaba este g&uuml;e&oacute;n medio amariconado —pensaba entre risas y esfuerzos mentales para recordar el nombre y apellido del ya olvidado amigo. —&iquest;Cu&aacute;l era el nombre de esta mina?, la que ten&iacute;a tremendas tetas —y as&iacute; recolectando retazos de reminiscencias, apodos y lugares, c&oacute;mo quien busca colillas de cigarrillo en la calle, fue encontrando a quienes quiz&aacute; nunca dese&oacute; &oacute; quiso encontrar realmente. Envi&oacute; y recibi&oacute; mensajes, amables y correctos todos: amigo que bueno encontrarte, un abrazo. Lo mismo digo, bueno saber de t&iacute;, est&aacute;s igual que hace veinte a&ntilde;os. Amiga, vi tu &aacute;lbum, est&aacute;s m&aacute;s linda y rica que nunca. Ah, es tu la hija la de la foto, disc&uacute;lpame .Le&iacute;a cada estado de sus amistades con atenci&oacute;n; &quot;con penita, se me rompi&oacute; el lcd&quot;, &quot;muy contento, compr&eacute; otro lcd&quot;. Rele&iacute;a lo escrito en los muros digitales;&quot; Hoy es un gran d&iacute;a, ma&ntilde;ana ser&aacute; otro d&iacute;a y pasado tambi&eacute;n&quot;, &quot;ayer fue un gran d&iacute;a, hoy es otro d&iacute;a y ma&ntilde;ana igual&quot;. Y aportaba con ideas de parecido tenor, esperando ser le&iacute;do y comentado. Tambi&eacute;n cada ma&ntilde;ana tempran&iacute;simo buscaba las noticias frescas: Aldoro y Eufemia son ahora amigos, Eufemia y Aldoro est&aacute;n en una relaci&oacute;n, Aldoro y Eufemia gozaron c&oacute;mo chanchos, Eufemia y Aldoro ya no est&aacute;n juntos, Aldoro y Eufemia se odian. Sigui&oacute; la moda gramatical establecida en la p&aacute;gina; komo tai amigi, hay nos bemos. ke pasa ke no te konektai. Re&iacute;a leyendo las frases, al fin pod&iacute;a escribir libremente sin reglas y c&oacute;mo siempre se lo dictamin&oacute; su entendimiento. Siempre crey&oacute; que las personas deb&iacute;an aceptar a sus amigos con virtudes y defectos, y as&iacute; era, los cuatrocientos cincuenta y dos contactos que ten&iacute;a lo estimaban mucho y era motivo de preocupaci&oacute;n de todos y cada uno de ellos. Y &eacute;l hac&iacute;a igual cosa por su parte.

Aldoro a pesar de sus creencias religiosas, siempre dud&oacute; sobre la existencia del para&iacute;so &oacute; el infierno, tal vez el purgatorio —nadie se porta tan bien ni tan mal —se dec&iacute;a muy persuadido. Sin embargo, al entrar a su facebook ve&iacute;a y sent&iacute;a el ed&eacute;n en el monitor; todo luz, amor, suavidad, descanso, hermosura —&iquest;y por qu&eacute; no? —tambi&eacute;n autocomplacencia. Lo que busc&oacute; por tantos a&ntilde;os, lo encontr&oacute; en la red: un mundo casi perfecto, pr&aacute;cticamente sin enfermedades; enfermita de la guatita por tomar mucha cerveza, jajajajaja. Un universo sin ocios; trabajando c&oacute;mo loco, no tengo tiempo para conectarme. Un planeta entero dedicado a la diversi&oacute;n sana; muerto de borracho con mis compadres, &eacute;jale. Todo limpio, as&eacute;ptico y sin recriminaciones. No hab&iacute;an v&oacute;mitos de gente enferma, ni pobreza ante la cual desviar la mirada, tampoco rencores ni venganzas. Las &uacute;nicas fotograf&iacute;as disonantes en ese concierto de perfecci&oacute;n social, eran las que mostraban ni&ntilde;os mutilados, ciudades devastadas &oacute; perros abandonados y atropellados, para los cuales se ped&iacute;a clemencia &oacute; ayuda financiera. Todos opinaban y se animaban entre s&iacute; para superar la pobreza y el hambre en el mundo, mediante grupos de ayuda virtuales. Nunca supo si alguno de sus amigos hizo algo concreto, c&oacute;mo viajar a &Aacute;frica a colaborar, &oacute; vender su computador para comprar comida y repartirla. Pero eso poco importaba, lo capital era ser part&iacute;cipe de las buenas e irreprochables intenciones. Para olvidar tanta amargura en el mundo real, empez&oacute; a unirse a grupos de variada &iacute;ndole: Aldoro es ahora miembro de Yo vot&eacute; por el pico, Patada en la raja para los pol&iacute;ticos, Adopta un tibur&oacute;n y hazlo feliz, A que encuentro mil personas que no se ba&ntilde;an los lunes, A que encuentro tres personas que escriban correctamente en Facebook. 

Se sent&iacute;a muy satisfecho y orgulloso de su participaci&oacute;n activa en la p&aacute;gina: hasta pudo encontrar personas para sus familiares m&aacute;s viejos, ayudar a alguien a encontrar trabajo y hasta reenvi&oacute; a todos sus contactos el mensaje premonitorio que dec&iacute;a que el mundo se iba a destruir por el fuego divino, debido a la falta de fe en Dios. Hasta lleg&oacute; a considerar que facebook podr&iacute;a ser la herramienta definitiva para unir a la humanidad; el elemento final que permitir&iacute;a hermanar a cat&oacute;licos y protestantes, a hind&uacute;es y musulmanes, a creyentes con ateos y a los ricos con los pobres; esos miserables seres que ve&iacute;a retorci&eacute;ndose de dolor y rabia en las noticias, pero que nunca hab&iacute;a visto u olido. Estaba seguro que facebook era el mensajero de la paz, aunque de los seis mil millones de habitantes en el mundo, menos de una quinta parte ten&iacute;an acceso a Internet, casi todo el resto s&oacute;lo aparec&iacute;a en sitios de ayuda humanitaria —por lo menos est&aacute;n en la red —meditaba Aldoro.

Hasta que la rutina, siempre aut&oacute;noma y omnipresente, empez&oacute; a fastidiarlo, de manera insidiosa; todos sus amigos escrib&iacute;an asuntos similares, ten&iacute;an m&aacute;s &oacute; menos las mismas aflicciones y todos hab&iacute;an renunciado irremisiblemente a la discreci&oacute;n y a sus vidas privadas. Vio que ya no era necesario recurrir a la tecnolog&iacute;a de la intrusi&oacute;n para saber detalles &iacute;ntimos y sabrosos de sus amigos y de los amigos de ellos. Ni siquiera en su juventud, cuando ley&oacute; la novela de George Orwell, que relataba un estado totalitario dirigido por el Gran Hermano, imagin&oacute; que alg&uacute;n d&iacute;a podr&iacute;a supervigilar las actividades de tantas personas reunidad en un espacio virtual tan peque&ntilde;o y a la vez tan gigantesco. Se dio cuenta que ten&iacute;a el poder de observar, pero igualmente pod&iacute;a ser observado. Tuvo miedo, temor a que descubrieran sus man&iacute;as, sus arrebatos, sus pasiones, sus amor&iacute;os; a pesar que todos estos ya se filtraban en su p&aacute;gina. Pens&oacute; en su vida simple, ahora casi convertida en epopeya,  a merced del Facebook y sus integrantes, que hac&iacute;an de cada persona un peque&ntilde;o h&eacute;roe, admirado y envidiado por sus amigos. Decidi&oacute; no entrar a su p&aacute;gina al menos por un tiempo, un mes ser&iacute;a suficiente para descontaminar su propia vida, llena ahora de la vida de los dem&aacute;s. Mir&oacute; el reloj, decidi&oacute; ir a almorzar, apag&oacute; el computador y sali&oacute; presuroso. Esa noche encendi&oacute; el televisor y no pudo concentrarse, miraba y no ve&iacute;a; su mente estaba en el muro, en las actividades recientes y en las nuevas fotograf&iacute;as de perfil de la mujer que empezaba a gustarle a trav&eacute;s de un monitor y que no hab&iacute;a visto personalmente nunca. Se hab&iacute;a prometido un mes sin facebook, para sanear su libertad mental y sacudirse los chistes repetidos, para desligarse de las emociones r&aacute;pidas e instant&aacute;neas de sus contactos. Se acost&oacute;, sin poder conciliar el sue&ntilde;o, dio vueltas en la cama. Pensaba qu&eacute; estar&iacute;an haciendo sus amigos, y cu&aacute;ntos habr&iacute;a conectados. Un mes, ser&iacute;a correcto, se lo hab&iacute;a prometido a s&iacute; mismo. Pasaron dos horas, se levant&oacute; al ba&ntilde;o, pero sus pasos se dirigieron hacia el computador, lo encendi&oacute; y escribi&oacute; en su estado:&quot; No puedo dormir, tengo muchas preocupaciones y me siento mal, que bueno tener amigos como ustedes, siempre presentes, siempre conmigo&quot;. De los cientos de contactos que leyeron su muro, apenas ocho sab&iacute;an qui&eacute;n era y c&oacute;mo se llamaba. Ninguno lo llam&oacute; a su tel&eacute;fono para darle &aacute;nimo &oacute; saber c&oacute;mo se encontraba.

http://blogdeltiempoqueseva.blogspot.com/
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			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2010-11-07</dc:date>
			<pubDate>Sun, 07 Nov 2010 20:48:12 CET</pubDate>
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			<title><![CDATA[Hormigas Ateas]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/467/467928/</link>
			<description><![CDATA[ Erasmo ten&iacute;a la costumbre perversa de matar hormigas mediante distintos m&eacute;todos; agua caliente, f&oacute;sforos encendidos, petardos, y peque&ntilde;os terremotos que &eacute;l mismo provocaba con sus pies sobre el hormiguero. Ellas hu&iacute;an despavoridas, rompiendo la armoniosa fila de vida y trabajo que continuamente ejecutaban. Luego de un corto rato, volv&iacute;an a tomar posici&oacute;n del lugar, continuaban afanando y realizando su prop&oacute;sito final: sobrevivir y perpetuar su especie, sembrando sus genes en las generaciones posteriores. Erasmo muchas veces utiliz&oacute; una lupa, para aumentar la luz solar y quemar sus organismos de queratina, duros y resistentes ante el embate de los animales irracionales, pero fr&aacute;giles y d&eacute;biles ante la maldad e inteligencia humanas. —Mueran hormigas culi&aacute;s, soy el gigante de los temblores —re&iacute;a y su mente de ni&ntilde;o le dec&iacute;a que ten&iacute;a un peque&ntilde;o poder para destruir, permitir y perdonar la vida de estos insectos. En la clase de religi&oacute;n escuchaba atentamente c&oacute;mo Dios, el dios de todos los hombres daba vida y tambi&eacute;n la quitaba, y castigaba finalmente a quienes no creyeran o no le temieran. Y rezaba, tal c&oacute;mo le hab&iacute;a ense&ntilde;ado su abuela, para no ser fustigado. Los domingos, luego de peinarse muy bien y ponerse su  mejor ropa, era llevado a la misa, en la que escuchaba que la ira de Dios caer&iacute;a alg&uacute;n d&iacute;a sobre todos los no creyentes, con una lluvia de fuego, jinetes apocal&iacute;pticos y batallas finales entre las tropas del bien y el mal. Al regresar a su casa, corr&iacute;a asustado a&uacute;n al jard&iacute;n, y destru&iacute;a nuevamente los refugios de los insectos que lograba detectar sobre las hojas y el pasto reseco. Colocaba cuatro caballitos de pl&aacute;stico, dibujaba un c&iacute;rculo con el dedo en el suelo, reun&iacute;a bicharracos, cole&oacute;pteros, larvas y gorgojos, aparte de sus torturadas preferidas y proced&iacute;a al recrear la historia b&iacute;blica; muerte, hambre, destrucci&oacute;n y todos los males posibles con que Dios pretende castigar a muchos y perdonar a pocos, a su creaci&oacute;n, a sus hijos predilectos. —Mueran pecadores, mueran todos, no los perdono —y continuaba segando vidas con su peque&ntilde;o apocalipsis. Los pocos insectos sobrevivientes hu&iacute;an por los agujeros que su paciencia animal hab&iacute;a cavado c&oacute;mo hogar y refugio seguros. 
—&iquest;Mam&aacute;, las hormigas y los gusanos tienen Dios? —su madre lo miraba dulce y extra&ntilde;amente. —No hijo, los animales no tienen Dios —Erasmo miraba las hormigas muertas y pensaba que si creyeran y tuvieran fe, tal vez estar&iacute;an vivas y felices en sus hormigueros, desfilando continuamente, c&oacute;mo un ej&eacute;rcito orgulloso y &uacute;til. Cada semana en la misa, pensaba en las hormigas que no ten&iacute;an Dios. Sonri&oacute; al pensar que s&iacute; tendr&iacute;an uno; &eacute;l mismo. Les crear&iacute;a un nuevo mundo en el jard&iacute;n, si lo obedec&iacute;an, ser&iacute;an recompensadas con la vida y la tranquilidad, si no lo obedec&iacute;an, morir&iacute;an por fuego, terremotos e inundaciones. Cada tarde, Erasmo hac&iacute;a despliegue de su enorme poder: las empujaba por senderillos hechos por &eacute;l, y las obligaba a subir por ah&iacute;, c&oacute;mo esclavos hebreos en el Egipto fara&oacute;nico. Las obedientes viv&iacute;an, las que se desviaban del sendero eran aniquiladas por no obedecer al Creador. —Mam&aacute;, en las noticias mostraron mucha gente muerta en una iglesia, parece que se cay&oacute; el techo —ella le responde que eso pasa siempre, que son accidentes, que la gente muere por muchas causas. —O sea, &iquest;Dios no cuida a las personas que estaban rez&aacute;ndole?—. Su madre se complica, ni siquiera ella entiende porqu&eacute; personas con fe y golpe&aacute;ndose el pecho en la casa de Dios mueran de manera tan tr&aacute;gica. Se excusa rid&iacute;culamente con su hijo y lo manda a jugar al jard&iacute;n, ahora convertido en la tierra no prometida de los insectos. Erasmo mira el techo de la cocina y sale corriendo, y su mente simple de ni&ntilde;o razona que Dios permite la muerte, a&uacute;n cuando haya rezos, fe, confianza y entrega total. —Voy a ser un dios bueno, uno de verdad, que cuide a sus hormigas —piensa, mientras tiene mucho cuidado de no volver a pisar los hormigueros del jard&iacute;n.
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			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2010-11-23</dc:date>
			<pubDate>Tue, 23 Nov 2010 13:17:26 CET</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Pajarito Rebuzna, El Pajarito gorjea]]></title>
			<link>http://www.loscuentos.net/cuentos/link/484/484469/</link>
			<description><![CDATA[Hac&iacute;a un par de a&ntilde;os hab&iacute;a escuchado tanto acerca de Facebook, que decidi&oacute; hacerse una cuenta; el mundo de sus amigos, de los no tanto, y de los desconocidos, estaba ah&iacute;, a su alcance. Hab&iacute;a tanto que decir y no mucho que ocultar. Uno de sus contactos estaba enfermo, mejor dicho enfermito en cama, no puedo moverme, me duele todo. Al parecer el da&ntilde;o le dejaba indemnes las manos para poder teclear a gusto. O tal vez era un c&aacute;ncer terminal, pero el mundo deb&iacute;a enterarse de sus dolencias y miserias, es de tan mal gusto ser discreto, se dec&iacute;a a menudo, mientras escrib&iacute;a en su muro: ma&ntilde;ana voy al m&eacute;dico, tengo examen rectal. La esquina, la plaza del barrio, el almac&eacute;n, la junta de vecinos y hasta el consultorio estaban reunidos en Facebook; cada acci&oacute;n e incluso reacci&oacute;n de sus contactos eran reveladas en la p&aacute;gina. Ni hablar del amor, nac&iacute;a, crec&iacute;a y mor&iacute;a en la vitrina virtual, en donde todos pod&iacute;an observar, opinar y hasta juzgar. Esta canci&oacute;n me la dedicaron, resc&aacute;tame de aqu&iacute;,  vean el video en yutub, que amoroso tu novio, que tierno &eacute;l, ah que envidia. Dos d&iacute;as despu&eacute;s se anunciaba a los cuatro vientos virtuales la ruptura; &eacute;l se lo pierde, gritaba el muro, decepcionada, mal hombre, pico chico, amiga esto es secreto, luego te cuento con detalles por mensaje, t&uacute; sabes que soy celosa de mi privacidad.
Gustavio amaba su Facebook, pero carec&iacute;a de la capacidad para escribir m&aacute;s de cuatro frases con sentido, por eso su muro siempre ten&iacute;a palabras sueltas y sin orden, lo reconoc&iacute;a, no sab&iacute;a si atribuirlo a su antiguo profesor de castellano que lo odiaba, a su inexistente h&aacute;bito de la lectura o simplemente  culpar a sus neuronas que siempre estaban concentradas catalogando los perpetuos e imperecederos campeonatos de f&uacute;tbol. As&iacute; es que cuando supo de la p&aacute;gina twitter y de sus ciento cuarenta caracteres, en donde pod&iacute;a expresarse libremente, decidi&oacute; registrarse. Us&oacute; todo su entendimiento, conocimientos y poder de s&iacute;ntesis para engendrar su primer mensaje: tomando un rico cafecito. Se sinti&oacute; conforme. El siguiente fue mejor; tom&aacute;ndome otro cafecito, pero acompa&ntilde;ado. Los otros definitivamente superiores, acostadito ya, levant&aacute;ndome para vivir otro d&iacute;a, apurado a una reuni&oacute;n, esperando una llamada ,entrando al cine, paseando en Tilcoco, llegando a Champa, saliendo de Chorombo abajo. Sus actividades cobraban relevancia  cardinal, todos sus seguidores deb&iacute;an saber qu&eacute; hac&iacute;a, qu&eacute; com&iacute;a, c&oacute;mo fornicaba  y hasta c&oacute;mo defecaba; me duele la guatita por culpa de la comida a&ntilde;eja. Los tweets de sus conocidos solo eran dislates rid&iacute;culos e inc&oacute;modos de leer, frases vanas, que el c&iacute;nicamente respond&iacute;a; arroba amigo mio jajajaja disfruta tu estad&iacute;a en el ba&ntilde;o, no te esfuerces mucho. Arroba amiga linda me alegra que te llegara la regla &iquest;yo nada que ver supongo?
Un mundo de ciento cuarenta caracteres; mira la pantalla e imagina mil y una formas de ser agudo, gracioso, informativo o simplemente simp&aacute;tico, le&iacute;a a otras personas y sus comentarios de actualidad, sus chistes graciosos, y hasta informaci&oacute;n de &uacute;ltima hora, de agencias noticiosas, acerca de problemas geopol&iacute;ticos; guerra en Ruanda, crisis en Sarajevo, hambruna en Somal&iacute;a, genocidio en Armenia. Se ri&oacute;, o sea  tambi&eacute;n hay noticias  aqu&iacute;, pero a qui&eacute;n chuchas le interesa conocer  tanta desgracia ajena y en lugares que uno ni conoce, d&oacute;nde quedan esos pa&iacute;ses, existir&aacute;n o ser&aacute;n invenciones period&iacute;sticas. Mejor no pensarlo, no quiero amargarme el d&iacute;a, yo uso mis caracteres para mostrar a los dem&aacute;s mi vida, mis minutos, mis vicios, mis intenciones, y por qu&eacute; no, hasta mis deseos &iacute;ntimos. Conjeturaba, de afiebrada manera, c&oacute;mo ser&iacute;a tener miles de seguidores, leyendo su vida cada pocos minutos. La fama al fin lograda, sin necesidad de hacer nada importante ni provechoso, algo as&iacute; como lograr reconocimiento por mostrar un par de pechos enormes. Lo pens&oacute; poco, se hizo seguidor de la tetona de turno, famosa por su belleza y por lo inconsistente de sus frases, pero putas que es rica la tonta, pensaba mientras la ve&iacute;a desnudarse r&aacute;pido por televisi&oacute;n, mientras su mano toqueteaba distra&iacute;damente los genitales de su esposa.  Twiteo  tierno para la bella de la tev&eacute;; linda, feliz cumplea&ntilde;os. La tetona le responde a sus seguidores r&aacute;pida y dulcemente. La mujer de Gustavio quiere ser &uacute;nica, cambia de canal y le pide coquetamente que elimine el twiteo enviado a  la tetona. La mira y le dice que lo har&aacute;; m&aacute;s vale teta en mano que medio litro de silicona inalcanzable.
Por motivos familiares —muri&oacute; una de sus t&iacute;as— durante casi nueve horas Gustavio estuvo incomunicado, offline, sin conexi&oacute;n, muerto virtualmente, invisible  ante sus contactos, amigos o seguidores. Lleg&oacute; alterado a su casa, encendi&oacute; el computador y enchuf&oacute; su celular descargado; al cabo de un eterno  minuto  pudo encontrar los retazos de las actividades de los otros, encontrando la voyerista secuencia de vida perdida: uno lleg&oacute; atrasado a su trabajo, otro tom&oacute; dos tazas de caf&eacute; y andaba nerviosito, alguien reclamaba desde un paradero de buses: &iexcl;no me para! Gustavio  no supo si hablaba del sistema de transporte o de alguna disfunci&oacute;n er&eacute;ctil. Entr&oacute; a Facebook, en su estado apunt&oacute;; twiteando un ratito y en twitter escribi&oacute;: chateando en face. Sonri&oacute; satisfecho; estaba feliz de poder comunicar tan bien y de forma tan instant&aacute;nea su existencia cotidiana, narrada breve pero eficientemente,  aunque el  juicio  factual le  posteaba todo lo contrario, con mensajes invisibles, sin p&aacute;gina ni contactos. 
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			<dc:creator>ciclotron</dc:creator>
			<dc:date>2011-08-24</dc:date>
			<pubDate>Wed, 24 Aug 2011 22:08:50 CEST</pubDate>
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