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El terror se apoderó de Julián cuando al mirarse aquella mañana en el espejo de su cuarto de baño, vio reflejado en él el muro de cerámica color fucsia, las toallas que colgaban tersas y secas, la cortina de la ducha de tono lila con flores ligeramente anaranjadas, el interruptor metálico de la luz , el sanitario azulado con su tapa forrada de morado, incluso una mariposa nocturna que revoloteaba dibujando elipses alrededor de la ampolleta, todo, todo eso vio pero…¡Ay Dios! ¡él no se reflejaba en el rectángulo de vidrio! Con los ojos desorbitados, se dirigió al espejo que tenía en su habitación y allí si que se pudo contemplar sin problemas. Corrió una vez más a la sala de baño y no, no se vio, no estaba. ¿Qué sucedía? Lo primero que se le ocurrió fue llamar a Bermúdez, su compañero de oficina, para avisarle que iba a llegar más tarde porque debía resolver un grave problema.
-¿Estás enfermo?- le preguntó el otro y Julián se vio en serios aprietos para responderle que no, que se trataba de otro asunto, porque evidentemente esto no era lo mismo que una gripe o un dolor de muelas, era más bien un espantoso enigma y debía resolverlo a la brevedad antes que su mente excitada se desbocara y eligiera los caminos sórdidos de la sinrazón. Por lo tanto, sacó el espejo de su lugar, tarea que se le dificultó en extremo, ya que estaba muy bien adosado a la pared por medio de varios pernos y bastante masilla.

Ya con el espejo bajo el brazo, se le presentó el gran dilema hacia donde dirigirse: al médico, ni pensarlo puesto que en rigor esto no era una enfermedad. A la policía no porque si bien aquí había un extravío, era factible
que fuese acusado de raptar su propia imagen y tuviera que pasar por el bochorno de ser encarcelado. Reclamarle al vidriero, de ningún modo puesto que este se reiría en sus propias narices ya que era un tipo burdo y sin ninguna educación. Quedaba la opción de dirigirse donde la señora Flora, una astróloga que también leía el Tarot, las cenizas, las hojas de te y cuanta revista esotérica cayese en sus manos.

La mentada mujer era una cincuentona de larga cabellera renegrida que ocultaba casi por completo sus facciones de bruja. De entre sus crenchas asomaba un largo cigarro que humeaba todo el santo día, transformando la sala de consulta en un rectángulo tóxico, levemente saneado por las tenues bocanadas de incienso que ella encendía permanentemente.

-Pase mijo ¿Qué se le ofrece?- le preguntó con su voz ronca y cascada.
Julián ingresó tímidamente a la habitación, no muy seguro de estar recurriendo a la persona indicada. Por lo tanto se acomodó en la silla con el espejo entre sus piernas.
-Cuénteme mijo que le pasa. ¿Qué es lo que lo trae por acá?

La mujer se miraba boquiabierta en el espejo de Julián. Este la contemplaba con curiosidad. Ella hizo una serie de gestos, se acomodó el cuello de la blusa y se sacó un punto negro de su nariz.
-¿Se ve usted en mi espejo?- preguntó tontamente el hombre y ella lo miró de reojo.
-Por supuesto que me veo. ¿Qué cree usted? ¿Qué soy la esposa de Drácula?
-Noo, no. Lo que pasa es que el que no se ve soy yo.
-¿Queeee? ¿Qué no se ve? ¿Y se miró usted bien? Mire que a veces sucede que uno ve lo que sólo quiere ver. También pudiera ser que en el momento en que se miró no estaba usted, vaya que idiotez estoy diciendo.
Fabián le arrebató el espejo, evidentemente ofuscado y lo puso delante de él. Vio todos los colgajos y figuras de superchería que colgaban invertidas por doquier pero él no estaba en esa escena. La mujer acercó su cabeza al hombro de Fabián y al darse cuenta del extraño suceso, pegó un grito que desbarató el mazo de naipes, disparó las nubes de humo hacia las alturas y dos cuadros con signos del zodiaco se desprendieron del muro y fueron a estrellarse en el suelo.
-¡Pero esto es increíble!- exclamó luego con su voz masculina. Este es al parecer un extraño caso de fuga selectiva de fotones.
-¿Es muy grave eso?
-Tan grave que no se va a poder afeitar ni peinar nunca más, por lo menos en este espejo.

Se convocó a una junta de parapsicólogos, astrólogos, quirománticos y adivinos, quienes después de largas horas de análisis y debate, concluyeron que este era un caso único en la historia de los casos insólitos, sólo ligeramente parangonado por el espejo aquel de la bruja del cuento de Blanca Nieves, quien tenía la facultad de ser un lisonjero interlocutor de la hechicera, al alabarla y levantarle el ego. Pero aparte de esto, era un espejo como todos y además sólo se trataba de un simple cuento.

Fabián estaba al borde del colapso ya que no podía entender como de todos los espejos y vidrieras existentes en el mundo, aquel rectángulo diabólico era el único que no proyectaba su imagen. Revisó facturas antiguas tratando de dar con la vidriería en la cual había sido adquirido ese artefacto infernal, pero no encontró absolutamente nada. Entretanto el espejo aquel que tanto le aterrorizaba, estaba guardado bajo siete llaves en el sótano de su casa.

Poco a poco su ánimo fue decayendo a tal punto de ya no desear salir a la calle. Abandonó su trabajo y sólo y abatido, pasaba tardes enteras tendido en su cama, tratando de encontrar más allá del techo alguna respuesta que tranquilizara su espíritu ya que su mente tremolaba por los devaneos de su pensamiento inconexo. Una tarde apareció Bermúdez, quien le traía su desahucio y al verlo en tal lamentable estado, averiguó lo que le sucedía. Como aparte de ser compañero también era un buen amigo, le invitó a su casa para que se animara.

Pero el espíritu de Fabián parecía apagarse gradualmente, a tal punto que después de seis meses sólo era un ser sin voluntad ni discernimiento. Por lo tanto, debió ser internado en un hospital para enfermos mentales y allí, sentado en su silla de ruedas, permanecía en un estado vegetativo.

Fue allí que apareció Bermúdez cierto día con algo bajo el brazo. Era el consabido espejo que venía envuelto en una pañoleta negra. Bermúdez se apenó mucho cuando vio en tan lamentable estado a su amigo y compañero, a tal punto que se le cayeron las lágrimas. Pero se repuso rápidamente, puesto que estaba decidido a salvar a su amigo a como diera lugar. Pensó en destruir el espejo delante de Julián para ver si con ello rompía algún hechizo pero no se atrevió porque eso podría tener un efecto irreversible. Julián parecía una estatua desgastada por un extraño mal, se empequeñecía a cada momento y era dable pensar que en muy poco tiempo su vida se extinguiría para siempre. Entonces, en un gesto desesperado, tiró de la pañoleta dejando el espejo al descubierto. Un rayo de sol se reflejó en la superficie y complacido por su propia belleza, se desgajó en miles de astros diminutos, una mariposa cruzó rauda el cristal y se fue a posar sobre los pétalos de una rosa invertida, un grupo de personas se reflejó nítida en la luna de ese espejo misterioso y alguien que parecía languidecer sentado en una silla apareció, primero difuso, hasta que se fue aclarando paulatinamente: ¡Era Julián! Fue entonces cuando el espejo se empavonó y pareció que un dedo invisible trazó con resolución lo que sigue: “Cuando seas nada, aparecerás en gloria y majestad en esta realidad inversa y reflejada para los ojos de las sombras”
En ese mismo momento, Julián abrió sus ojos, despertando sorprendido. Se puso de pie y al reconocer a su compañero se abalanzó sobre el y ambos se confundieron en un abrazo de verdaderos hermanos. Faltaba saber si el hechizo lo había liberado para siempre y para ello, el amigo tomó el espejo y lo colocó delante de Julián. Este leyó la escritura aquella que confirmaba que algo inexplicable había ocurrido y en ese mismo momento el espejo se desempavonó para reflejar el rostro sorprendido del hombre. Cualquiera que lo hubiese visto, habría estado seguro de estar viendo a un loco que, presa de un repentino delirio, palpaba su rostro, bailaba y movía sus brazos delante de aquello que ahora no era más que un simple espejo, roto por fin el hechizo que atrapaba imágenes y las disolvía en sus extraños mecanismos.

A la semana siguiente, Julián se afeitaba delante de aquel espejo cuando de pronto… recordó que debía concurrir aquella tarde a la empresa para poner en regla los documentos que lo reintegraban a su trabajo. Esbozó una sonrisa que fue devuelta en inversa por aquel espejo. Todo parecía estar resuelto ¿Todo?































Texto agregado el 27-04-2005, y leído por 634 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
29-04-2005 ¡Brillante!!! como dice anémona... brillante como el espejo. Un abrazo. neus_de_juan
28-04-2005 Brillante!!! ays! no sé que decir temo no volver a reflejarme, solo brillante anemona
28-04-2005 ...Un rapto de imagen o el extraño caso de fuga selectiva de fotones... Hechizo o la realidad inversa y reflejada para los ojos de las sombras... Un cuento que narras con ese estilo inconfundible que te ditingue. Me encantó!! Un abrazo sin espejo de por medio. Shou
27-04-2005 Gran arte el tuyo que haces meterse dentro de la historia que narras a quien queda atrapado entre tus renglones. Un abrazo, amigo. graju
 
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