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-Sé que amarte y poseerte es para mí la muerte segura, pero aún así, contra viento y marea, daré impulso a mi desenfreno para saborearte, pequeña mía.
-Se que eres impetuoso pero aunque nada en el mundo deseo más que sentir tus manos en mi cuerpo, recorriendo los puntos en que mi amor por ti se desboca, aún hay espacio en mi mente para desearte lejos, ajeno a mi, libre y sin ataduras, distante pero vivo…
-Dulce amor, exquisito ser que alguien puso en mi camino, saboreo tu cuerpo almibarado por tan bellos sentimientos, amor mío, amor mío, quien pudiera ponerle postigos a la noche, quien fuera tan misericordioso y nos encarcelara a ambos en una celda de vellones para así desearnos en una plenitud interminable, con miríadas de estrellas titilando en el cielo como luciérnagas amistosas, testigos de este idilio sin treguas.
-Siento el néctar de tus labios en los míos y me recrimino por no saber si te estoy deseando más que tú, que es a lo que aspiro antes que el castigo de los cielos aparezca en forma de fauces que se cernirán ante aquello que los dioses consideran pecado y que para nosotros es sublime abdicación.
-Dulce y maravillosa hembra, pródiga de sabores y melodías que encandilan mis oídos y postergan mi fatiga, amor mío, acompáñame por este sendero florido y entrégate a los devaneos del alma libre, saborea estas mieles precursoras del ocaso, seamos parte de este desfile de almas condenadas a flagelarse en el infierno edulcorado de una pasión sin límites, alcemos la espada de nuestro amor para que el último golpe que le propinemos al destino nos sepa a grandiosísima victoria…

El ciego buscó a tientas el pedazo de torta que había dejado sobre su mesa la noche anterior. Con gesto demasiado resuelto para provenir de un no vidente, tomó un trozo y lo llevó a su boca. Al saborearlo, notó que tenía un ligero sabor picante y pensó que esa sería otra excentricidad de los pasteleros. Dentro de su boca, varias hormigas atrapadas en el almíbar, eran engullidas por el remolino de una situación determinista que las extinguía desde siempre y para siempre, entre ellas, dos amantes que entrelazaban sus patas en un gesto de conmovedora ternura…
















Texto agregado el 30-04-2005, y leído por 229 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
02-05-2005 ¡que cosas pasan sin enterarnos de nada! barrasus
02-05-2005 Jajaja, pensé en un romance antiguo, pensé en una muerte por espada a los amantes, pero nunca pensé en torta y hormigas! me encantó Gui, tu escrito como siempre genial!. Besos y estrellas. Magda gmmagdalena
01-05-2005 Ese delirante diálogo de hormigas me dejó pensando que Guido había sido secuestrado por los encantos de mi primavera, otoño suyo. Pero, no. Ahí está siempre tu genialidad para darme esos tumbos deliciosos mientras te leo. Magnífico. entrelineas
01-05-2005 Guido, qué forma tan especial de sorprender a tus lectores tienes ... realmente, tu imaginación y creatividad no tienen par. Qué texto tan bonito ... es un regalo que le haces a la literatura. Mis felicitaciones y cinco estrellas. saraeliana
30-04-2005 Que liiiiiiiiiiiiindo y que trágico a la vez, ¿vivir el amor y morir o no salvarse y seguir solitario?, ufffff que difícil, un pequeño mundo dentro de un gran mundo, y nosotros somos tal vez igual de hormigas para alguien más. Me gustó, ***** tierni
 
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