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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / Te estaba esperando. En la columna de los lunes pequeños. Por carloel22.

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Toda persona escribe una historia.
A lo largo de ella, nace, crece, se modifica y cambia.
Esas modificaciones, esos cambios van formando huellas, las huellas que se denominan pasado.
Puede ser una sonrisa similar a la de la abuela, una pequeña cicatriz de alguna caída de la bicicleta, un gesto, una manera de hablar; una historia para ser contada.
Y contarla servirá para que pasemos a formar parte de ella.
La imagen a ser contada se presenta como una senda, un camino a recorrer donde la propia mirada va dejando atrás; entre esquinas y calles, árboles y paisajes; instantes.
Un recorrido similar al de la memoria, hecho de miradas, recuerdos, súbitas claridades y oscurecimientos, soles y sombras.
Puntos ciegos sobre el horizonte que al caminar se acercan, emiten resplandores y disipan esas sombras para dotarlas de luz.
Y contar esa historia es vivir esa luz, iluminar esos puntos ciegos.
La peculiar calidad e intensidad con que decidamos "vivir esas presencias", se ocupará de darles un lugar único e irrepetible en nuestra vida.

Intensidad de amor y seguridad que la mano del hombre presta a la suave mano de una mujer enamorada.
Energía y cuidado que suelta el cuerpo de un padre o un amigo al ir en busca del abrazo fraterno.
Calidad de sentimiento cuando un soplo de aliento interior empaña la fría humanidad de un vidrio para con emoción escribir con la caricia del dedo un "te quiero".
Historias que se nos han pegado en nuestra fisonomía y que guardan momentos.
Instantes únicos como la caída de una gota de rocío sobre la tersura de un pétalo en flor.

Escribir una historia, es también comenzar a hacernos viejos.
Y hacernos viejos, a medida que avanzamos por la senda, es entender mayor el camino recorrido que el camino a recorrer.
Cuando esto ocurre, los momentos escritos irán quedando como puntos oscuros sobre un gran telón.
Un telón por donde las partículas de vida, de nuestras propia vida, que representaron esos instantes vividos intensamente, se han comenzado a filtrar. Se cuelan hasta desaparecer, muy lejos, muy a nuestras espaldas.
Pequeños puntos oscuros nuevamente.
Pequeñas muertes que entraron por nuestros ojos, vivieron los instantes y salieron por nuestra nuca para desaparecer en el firmamento.

Y allí va la afirmación de vivir antes de ser historia.

Cuando pasamos caminando por la calle, somos un existir, un hoy, una cadena de posibilidades que una vez hecha realidad solo puede ser contada.

Allí, en ese instante, es cuando debemos advertir que se abre solo una hendija de luz que dice: "te estaba esperando".
Y los rayos de sol acarician solo ese momento.
Encienden las formas de vida por una sola vez, para luego apagarse y pasar a formar parte de nuestra historia.

Texto agregado el 09-05-2005, y leído por 116 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
14-05-2005 Creo que con este texto logra ampliamente lo que se había propuesto transmitir. Un saludo de SOL-O-LUNA
12-05-2005 no sé cómo llegué a esta página le La Columna, pero voy a hacer valer esta CAUSALIDAD, y la seguiré hasta el final, porque es muy muy interesante.***** para este texto que ya lo conocía...... cantopea
10-05-2005 Lo has vuelto a hacer. Supongo que de eso se trata: Hacernos ver con "simples letras ordenadas a tu manera", la belleza, la emoción, la intensidad de la vida. Eres un peculiar historiador de matices y sensibilidad. Un magnífico escritor.---Toda mi admiración.Un abrazo. entrelineas
10-05-2005 Bellísimo, Pedro. Una invitación apra vivir el aquí y el ahora con toda la conciencia de que el momento es irrepetible. Con el corazón, la mente y la fuerza que imprime la vida. Un abrazote. neus_de_juan
 
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