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Inicio / Cuenteros Locales / gui / Nicole Kidman, la voz de la seducción (IV parte y final)

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PARTE IV Y FINAL

RESUMEN


El corazón de Jonás pareció desbocarse. Ahora estaba seguro que era ella, su adorada actriz que por algún sortilegio había acudido a visitarlo. Pero ¿Sería él capaz de presentarse frente a ella? ¡Noo! ¡Definitivamente no! Era demasiado. Ella estaba muy bien para mirarla en la pantalla, iniciar eróticos viajes de la mano de la fantasía, hacer el amor imaginario y decididamente masturbatorio con ella, palpar sus carnes firmes y abrazarla hasta despertar a la realidad brusca de las cuatro paredes, pero nooo, definitivamente no. No sería capaz.

-Eres you, dear Jonás?-Preguntó la muñeca en su enrevesado castellano y el cielo entero, con ángeles y deidades incluidos, se desplomó sobre la cabeza abismada de Jonás. Al contestar: si- un concierto de entonados pajarillos arrulló una dulce melodía que se filtró por sus venas para transformar aquel instante en el más sublime que haya alguna vez vivido.
-Si, soy yo. ¿Tu eres quien pienso que eres?- preguntó con voz extremadamente temblorosa.
-Yes, my love, soy yo, the true Nicole Kidman. Cuándo nos vemos, dear?
Jonás tragó saliva antes de contestar. Primero debía pensar en acicalarse, cambiarse ropa, estar más presentable para la belleza que seguramente le aguardaba vestida de sueños.
-¿Qué te parece que nos veamos esta tarde a las siete?- contestó al fin, con una seguridad que a él mismo le provocó cierto sobresalto.
-Wonderfull, my love!!! I wait for you…


Mientras subían al ascensor, el corazón de Jonás comenzó a tamborear una música destemplada, tribal, inaudita. Al llegar al piso tercero, sus piernas temblaban de tal forma que le costaba mantenerse en pie. Y cuando, después de tocar el timbre, la puerta comenzó a abrirse, sintió que agonizaba y todo lo vio envuelto en una bruma verdosa que le pareció un efecto especial muy a propósito para esa increíble película que comenzaba a protagonizar…




Quien apareció tras la puerta no fue Nicole sino un barbado asistente suyo, quien registró a Jonás cual si este fuese un contrabandista de armas. Luego le indicó con su enorme mano que pasara a la salita, una pequeña recámara pintada de suaves tonos damasco en la que destacaba un retrato de una pareja de niños mapuches, muchas flores colocadas en finos jarrones y dos cómodos sofás. Jonás, con el ramo de rosas blancas aún en sus manos, aguardaba, ya entregado a los devaneos de su corazón enloquecido. En cualquier momento aparecería ella y eso lo horrorizaba cual si estuviese al borde de un profundo abismo.
Una puerta se abrió a sus espaldas. Escuchó una voz que decía: -Mister Jonás Rubio? Todo el fragoroso bombeo sanguíneo cesó bruscamente en su pecho y profundamente pálido se volteó pensando encontrarse cara a cara con la estatuaria actriz. No fue así. Una dama rubia, regordeta y con aspecto de empleada pública le sonrió cortésmente mientras esperaba su respuesta.
-S…si, y…yo soy Jonás. ¿Y ella…se encuentra acá?
-Ajá!- afirmó la mujer y le invitó a sentarse en uno de los sofás.
-Soy su representante y espero que usted se sienta agradado. Ella me ha hablado mucho de usted.
-¿De mi?- Jonás la miró asombrado. –¡Pero si ella no me conoce y además yo soy un simple operario de una fábrica de lámparas! ¡No pertenezco en ningún caso ni al jet set nacional ni internacional!
-Sin embargo, usted es para ella un importante personaje- dijo la rubia, sonriendo con un gesto de picardía en sus grises ojillos.

-Yes. You are very important for me- La melodiosa voz llegó a los oídos de Jonás como una sinfonía celestial. Al voltear su cabeza, sus ojos se embelesaron al encontrarse con la mujer más bella que alguna vez acariciara esas retinas bastardas. Era una estatua viviente de incendiados cabellos que se alborotaban sobre sus hombros. Jonás ya no pudo articular palabra y se quedó inmóvil ante esa divinidad pagana, esa estrella del celuloide que ahora le sonreía sin mediar una pantalla luminosa entre ambos. La belleza vestía una hermosa bata de tono fucsia que ceñía su talle, dibujando su perfectísima silueta. Ahora se aproximaba y él todavía catatónico en su perplejidad, parecía un grotesco maniquí con las blancas rosas amustiándose en sus rodillas.
-Que bonitas flowers! Son for me?
Recién entonces reaccionó el tímido hombre y como sacudiéndose de un pesado letargo, sacudió su cabeza y llevándose sus manos a los ojos los restregó con energía.
-¡Si señora Kidman! ¡Son para usted!
-Nicole, say me Nicole- respondió la actriz, levantando una ceja, gesto que bastaba para poner en movimiento al séquito que manejaba su arsenal de recursos financieros o simplemente indicaba, lisa y llanamente, el aborto de algún millonario proyecto.

Resumiendo, aquella tarde, la bella y Jonás se contaron una y mil cosas, ella con su castellano rudimentario y él utilizando su lenguaje poco sofisticado y su voz desprolija, la misma que enardecía los ánimos de la estrella, quien lo besaba desenfadadamente, enloqueciendo de pasión al pobre tipo.

Jonás llevó a Nicole a conocer Santiago y de todo lo que recorrieron, ella quedó fascinada con ese montículo natural que reverdecía entre los edificios.
-Ese es el cerro Santa Lucía- le explicó Jonás y ella se largó a reír bulliciosamente. Luego subieron las empinadas escalinatas hasta alcanzar la cima. Desde allí contemplaron esa urbe bullente, con la capa de smog reinando inmisericorde sobre ella. Se abrazaron y ella canturreó una suave canción en los oídos de Jonás.
-Es un tema de Moulin Rouge- le explicó y este, contemplándola arrobado, se dejó seducir por esa muñeca de aspecto nórdico.

Recostado sobre un brazo, Jonás contemplaba la desnudez de la bella mujer quien, a su vez seguía con su mirada las volutas de humo que se desprendían de su cigarrillo.
-¿Sabes?- dijo ella. Estos han sido los mejores momentos of my life. Quizás pienses que esto is crazy, que no me comprendas, pero es así.
Jonás nada decía pero en la semipenumbra, sus ojos brillaban emocionados. Algo había cambiado en el. Todo era distinto. Se dio cuenta que esa estrella inalcanzable que rutilaba en el firmamento hollywodense no era más que una mujer con las mismas debilidades de todas las que le circundaban. Ahora la contemplaba con esa especie de adoración pero también se daba espacio para sentir el simple deleite del hombre que está haciendo el amor con una mujer bella.
-¿En que piensas?- le preguntó Nicole con esa voz de la cual el conocía hasta la más mínima inflexión.
Jonás acarició su rostro terso, el mismo que poco antes era sólo una imagen en colores, acaso una postal atesorada entre tantas otras y que ahora estaba al alcance de sus dedos toscos.
-Te pienso a ti, trato de retener cada gesto tuyo, cada palabra tuya y más que palabras, la musicalidad que emana de ellas. Más tarde, cuando ya te hayas ido, te recordaré a cada instante, te seguiré adorando y además de ser mi actriz de cine favorita, serás la mujer que siempre quise a mi lado y que se me concedió por algunas horas para venerarla y disfrutarla como una bendición hecha piel.
Nicole le miró sorprendida. Para ella, ese discurso no era más que una incomprensible catarata de palabras pero dedujo por el rostro de Jonás que este había hablado con su corazón.
-Quiero proponerte algo- le dijo mientras examinaba sus exóticas facciones, esta vez suavizadas por la sublimidad de sus palabras. –Dentro de three days debo partir ya que tengo muchos compromisos por delante. Hagamos un trato.
-El que tú quieras.
-Loock, chilean boy. Yo te quiero demasiado y no se porque, pero tengo el pálpito que estoy locamente enamorada de ti. Me gustaría saber si you también sientes un poquito de cariño hacia mi.
-Yo daría mi vida por ti, querida. Tengo claro que te amo ahora y que te amaré siempre, pero este es un amor infructuoso, una pasión prohibida porque sé que cuando te vayas, yo sólo seré una anécdota en tu vida, una simple aventurilla con un ser extraño de un país lejano.
-Puede ser que tengas mucha razón, pretty boy but yo pienso que tampoco te diluirás en mi mente así con tanta facilidad. Es más. Te confesaré algo. Nunca en mi vida había sentido lo que siento por ti. Pero quiero estar segura de algo y lo que quiero proponerte es lo siguiente.

Sellaron el pacto con un beso larguísimo, acariciador, sublime. La música merodeaba y se infiltraba acojinada en el ritmo acompasado de sus corazones, almas enlazadas desde remotas distancias y que ahora parecían querer fagocitarse y fundirse en un solo ser.

La despedida no fue del todo triste. Cuando el avión se perdió en la lejanía, Jonás aún la sentía a su lado y arrobado con esa sensación maravillosa, esperó el momento aquel en que se cumpliría el pacto.

Meses después, sentado en las primeras filas de aquella sala de cine, Jonás presenciaba el estreno de Almas en la Ladera, el nuevo film de Nicole Kidman. Absorto con las emocionantes escenas, danzando mentalmente con la melodía pegajosa de la película, el hombre seguía los movimientos de su heroína, la acariciaba con su mirada, le sonreía y aplaudía, sin importarle que le considerasen un insano.

Fue en la última escena, cuando ya las letras deslizantes comenzaban a desplegarse, que vio como la bella actriz acercaba su rostro a la pantalla y pronunciaba algo ininteligible para el resto de los espectadores. Solo uno de ellos pudo leer el movimiento de esos adorables labios para traducir lo siguiente: -Te amo Jonás. Era la consolidación del acuerdo, el pacto cumplido por esa boca deliciosa que le indicaba al humilde hombre que todo estaba aclarado, que ya no se debía esperar más.

En una semana, Jonás arregló todo, se despidió de sus amigos y compañeros quienes, aunque le envidiaban, le desearon la mejor de las suertes.

La Cordillera de Los Andes, esta vez simulaba ser una conjunción de miles de pañuelos blancos ondeando al viento por este amor nacido como el mejor argumento de una película y que ahora, sin pantallas mediante, reunía a dos seres que vivirían algo mucho más fascinante que la simple ficción…








Texto agregado el 13-05-2005, y leído por 250 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
15-05-2005 Buen cuento, con una narración de primer nivel. golpedesuerte
 
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