TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / blasleon / Pequeñas reflexiones (A la hora de la cena)

[C:107456]

Diez minutos después de acabada la misa de la tarde, Mateo cerró la iglesia y subió a la casa, se despojó de la sotana, se cambió de calzado y entró en la cocina. En un plato preparó un tomate lo cortó en rodajas y lo aderezó con aceite y sal, partió un trozo de pan y se sirvió un vaso de vino.

Con tan frugal cena, fue al comedor y se sentó frente al televisor. Hasta ese momento no había encontrado un minuto para prestar atención a lo que desde el día anterior acontecía en el Vaticano.

Sin despegar la vista de la pantalla troceó el tomate y lo tomó despacio, alternándolo con pequeños pedazos de pan que a veces mojaba en el aceite. Los Purpurados desfilaban junto al cuerpo de su Santidad.

–Tan elegantes, ellos –pensó, y no pudo reprimir el mirar de soslayo la vieja sotana que pendía de la percha, junto a la puerta de entrada.

No les envidiaba. El nunca había tenido mas ambición que la de, con el tiempo, llegar a regentar una pequeña parroquia en algún lugar, por pequeño que este fuera, donde necesitaran de su humilde presencia. Y lo había conseguido, un poco tarde tal vez, pero eso carecía de importancia.

–¿Cuál de ellos será Tu elegido, Señor? –dijo en voz alta–.

Un plano general mostró la plaza de San Pedro abarrotada de gente. Las colas habían desbordado los límites del pequeño Estado y se adentraban, serpenteando, en las calles de la Ciudad Eterna.
Mateo retiró el plato a un lado sobre la mesa, bebió un sorbo de vino y se recostó en la butaca.

Aunque lo de ser sacerdote le vino a causa de la precariedad en la que vivía su familia, esto no había supuesto un gran sacrificio para él. Para un pobre hacer voto de pobreza no tiene mérito, como no lo tiene saber obedecer cuando desde niño se tiene un padre severo que dicta en cada momento lo que se ha de hacer. En cuanto al otro voto, incluso ahora, a la vejez, la mayoría de las mujeres que le frecuentaban le superaban con mucho en edad.

Un locutor hablaba del pasado del Papa muerto. Las imágenes se sucedían, primero en blanco y negro, fotos y viejos testimonios de su Polonia natal; luego un recorrido por su papado, haciendo hincapié en los viajes por todo el mundo dónde, como ahora en Roma, la multitud se agolpaba para verle.

¡Para verle, no para oírle!

Mateo se levantó, fue hasta la estantería y cogió el viejo y ajado evangelio que le había acompañado desde el primer seminario, regresó a su asiento y lo abrió. Buscaba algo que justificara lo que estaba viendo: Lujo y boato por doquier.

¿No se trataba de la muerte del heredero del trono de Pedro?

Trono

¿Acaso Pedro tuvo trono?

¿No era un pobre pescador que vestía túnica y sandalias...?

–¡Mateo de nuevo contra el mundo! –dijo cerrando el libro–. Me tacharían de blasfemo si hablara de esto en la homilía de mañana. Tendré que ir pensando en jubilarme.
Se levantó, apagó el televisor y se fue a acostar.


© Blas León








Texto agregado el 19-05-2005, y leído por 497 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
29-01-2010 bueno chee riper
28-04-2009 me atrapo este relato ,muy bueno,gracias****** shosha
15-12-2007 Una buena reflexión. Medeaazul
31-08-2006 Haciendo un recorrido fugaz por las letras, me encuentro con ésto y me agradezco a mi misma y a ti por gratificar mis ojos....humildemente. glazulceleste
11-05-2006 Cuando he acabado la lectura por un momento no sabia donde estaba.me ha encantado. 5* astigitana
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]