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Visión de Anémona a propósito de mi narración.



Se podría decir que las cosas suceden solo porque tienen que suceder, en alguna parte está escrito que así será, qué conveniente sería tener acceso a los acontecimientos futuros aunque carezca de emoción el vivir al borde de la sorpresa, al filo de la locura…

Todo siempre estaba bien: la seducción, la entrega, los sentimientos, el deseo una relación que no tenía nada en especial hasta que tan solo un ínfimo detalle activó un remolino de sensaciones y acontecimientos.

¿Por qué traes esa blusa, no te parece demasiado provocativa? Solo eso bastó para sentir una incomodidad que más parecía presagio, luego vinieron preguntas, verdaderos interrogatorios que me hacían confesar culpas inventadas que terminaban sumiéndome en un estado de desconcierto y miedo, sí miedo, pues evidentemente cada culpa se pagaba con su correspondiente castigo. Mi autoestima rodaba cuesta abajo, de repente se detenía al borde del abismo para dar unos giros y aguantarse con la esperanza de recuperar aquellos tiempos de cordura. Nada me molestaba tanto como ese silencio de piedra, la frialdad de esos ojos que me miraban con recelo como queriendo escudriñar hasta el último de mis pensamientos, mi mente era vulnerable y él sabía como aprovecharse de ella.
Confundí el exceso de celo con preocupación y eso de “tener que ser suya” más que seducirme me aterraba por completo.

¿Cuán insano es vivir en el centro del miedo? No me atrevía a decirle, me ahogaba, me coartaba, dejé de hacer tantas cosas, todo se derrumbaba a mi alrededor no habían estructuras de las cuales asirme, tampoco que me contuviesen siempre al final estaba él con esa mirada de emperador y la locura dibujada en su cara, con finos trazos pero perceptible.

Ese día llegó temprano, tal vez era la misma hora de siempre pero las condiciones eran tan distintas, no lo quería volver a ver cerraba los ojos esperando que fuera solo un mal sueño. Me tomó por la cintura estrechándome contra su cuerpo, me asfixiaba con sus besos que me hacían imaginar a un enorme pulpo metiéndome uno de sus asquerosos tentáculos en mi boca, sentía su lengua viscosa y su excesiva salivación me dejaban con una sensación de suciedad. ¿Cómo no advertía mi asco? Y venía la consabida pregunta ¿De quién eres? Que me sonaba a violencia extrema, nadie es de nadie me repetía como queriendo conservar un mínimo de integridad.

Esa noche… no puedo explicar bien que fue lo que pasó por mi mente, en verdad no puedo, esperé su segunda pregunta pues todo era como un ritual pero el ¿Me quieres? No vino, a cambio de eso escuché un ¿Ya no me amas? Que me supo a alivio, pensé: Bienvenida cordura, tomé su cara entre mis manos, besé su frente y le dije, firme pero con dulzura: No, ya no y no sabes cuanto lo siento.

Lo que vino luego fue una sucesión de fotografías antiguas que pasaron frente a mis ojos, sus dedos helados apretando mi garganta, mi sienes palpitando al galope de mi corazón, el peso de su cuerpo, el roce de su barba y unas palabras mordiéndome los oídos que nunca pude descifrar, luego la calma, la más absoluta placidez...































Texto agregado el 07-06-2005, y leído por 188 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
13-06-2005 Grandioso. Grandioso. Grandioso. Y... nada más, excelente dupla, vos y Guido. Abrazos... neus_de_juan
09-06-2005 ´Muy buena la visión del otro personaje de esta historia, la víctima. Es terrible tener miedo y más tener miedo a quien en algún momento fue nuestro amor. Magda (besos y estrellas para Gui y Anémona) gmmagdalena
08-06-2005 Efectista. Y de la historia... q vamos a decir? ¿Cuán insano es vivir en el centro del miedo? horus-a-ratos
 
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