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Uno

Asolaba el viento en el retén de Carabineros cuando en la guardia del recinto se sintió fuerte el comunicado por radiotransmisor. En el otro extremo de la frecuencia el cabo Rojas muy exaltado procedía a solicitar con urgencia la presencia del magistrado de turno, el único que estaba facultado por la ley para disponer el levantamiento del cuerpo. Mientras ello no aconteciese el cadáver de Gregorio Idelfonso debía permanecer en el sitio del suceso tal cual había sido descubierto horas atrás por unos pescadores a lienza, cerca del roquerío de la gruta. Era imperioso llevar a efecto estas labores antes de que la marea volviese a subir.

Cuando días atrás don Gregorio fue detenido y llevado al cuartel por funcionarios del regimiento; aun detentaba el cargo de regidor del pueblo. Comunista formado en las salitreras del norte, el finado hasta el día de su muerte fue un partidario destacado del movimiento sindical de los trabajadores portuarios, férreo defensor de la revolución del proletariado, ferviente seguidor del gobierno de don Salvador Allende.

Tan pronto la noticia fue difundida, de inmediato se tuvo la certeza de que - el hasta entonces regidor - había sido fusilado junto al resto de los detenidos, dos días antes, en dependencias del recinto militar. Se sabía que el primer día de su detención don Gregorio había sido trasladado muy maltratado hasta el Buque Escuela Esmeralda, que coincidentemente el día del golpe se encontraba fondeado en el puerto de Valparaíso junto al Maipo y a otro barco más.

Dos

Don Gregorio se encontraba trabajando en las bodegas del Molo cuando escuchó en la radio el bando donde aparecía señalado su nombre junto al de todos los restantes miembros de la directiva de su organización. Allende llevaba dos días muerto tras el bombardeo a la Moneda y nadie del partido tenía idea donde habían llevado su cuerpo. Lo cierto era que desde aquel día las calles del puerto se encontraban atestadas de milicos y en la noche regía el toque de queda. Quizás por esta razón fue que don Gregorio decidió presentarse voluntariamente aquella tarde en el regimiento naval, lugar donde de inmediato fue comunicado de su detención y puesto con el resto. Nadie tenía idea de los cargos que se les imputaban pero sin embargo entendían que las motivaciones eran a todas luces políticas. Todos estaban formados en fila india mientras los primeros eran ingresados a las bodegas del recinto, supuestamente para proceder a prestar declaración ante un juez militar.

Tres

Aquel culatazo que terminó por partirle la frente de punta a cabo constituyó el giro seco y traumático de la situación. Jamás fueron interrogados, lo único que requirieron de él antes de aplicarles las torturas, fue que dijera en voz alta su nombre completo el cual era chequeado por el cabo en una lista que llevaba en sus manos y luego era conminado a punta de insultos y puntapiés a entrar a una de las tantas carpas de campañas emplazadas en el interior del enorme galpón. El olor a aceite, petróleo y tierra del lugar impregnaban el ambiente en los momentos en que los tratos inhumanos, vejatorios y degradantes eran una nimiedad frente a los golpes recibidos de modo artero. De todas las Fuerzas Armadas, los marinos serían a la larga los torturadores más despiadados.

Tras los inhumanos apremios la sed era incontrolable en todos, el agua era escasa. Ninguno se atrevía a pedir agua, cada petición formulada por algún detenido era respondida con patadas y escupitajos por sus celadores. Los lamentos ennegrecían el ambiente. Algunos entre llantos y lamentos presagiaban el ignominioso desenlace de sus vidas. Había profesores, estaba también el hasta entonces gobernador de la provincia, dirigentes estudiantiles, mujeres universitarias, gerentes de empresas estatales, obreros. Todos habían sido maltratados sin excepción. El panorama era de profunda desazón y carente de cualquier atisbo de dignidad humana.

Cuatro.

Amarrado y con los ojos vendados sintió venirse la bala por el silbido de su trayectoria. En dos días había sido sometido a constantes simulaciones de fusilamiento. Solo en la primera de ellas había sentido pavor, en las restantes resignación. Por eso apenas sintió el pinchazo ardiente en su pecho, la película de su vida comenzó a correr rauda en su mente hasta encontrarse frente a frente con una intensa luz tras el desplome de sus huesos. Una quebrazón de vidrios se dejó sentir en su cráneo roto. Antes de marcharse y quedar callado para siempre, don Gregorio pudo sentir escurrir por su pecho el chorro caliente de sangre que bajó de su sien. Atrás quedaba la cubierta de la Esmeralda, último cuadro que llenó su agonía, atrás quedaba todo.

Cinco.

Al ver flotar el cuerpo hinchado que se azotaba una y otra vez sobre la puntiaguda roca, pensaron que se trataba de un lobo marino muerto. Sin embargo cuando de modo claro alcanzaron a distinguir el húmedo amaranto de su camiseta, el terror invadió a los dos pescadores que se encontraban próximos al roquerío. Iracundos ambos corrieron hasta la carretera en busca de ayuda; la respuesta no tardaría en llegar. Tal sería el desconcierto al descubrir los demás cuerpos flotando en la orilla, que sus corazones se recargaron hasta la angustia y la desolación. Los milicos no tardarían en sitiar el lugar.

Texto agregado el 08-09-2003, y leído por 432 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
16-05-2006 Es un cuento triste, históricamente valioso, perfecto. La cuarta parte no podía ser mejor lograda. Aquí,ahora, aún pesa sobre nuestra gente la ley del dictador y se cometen los atropellos de entonces,sólo que con más hipocresía;con más sigilo, que espero algún día salga a la luz del día y sea denunciado como debe ser. Un abrazo grande,fuerte. Marina. bruja
17-07-2004 Cao Putas, no te conozco y te quiero, un día alguien que no importa quien me decia, debes olvidar, debes perdonar para vivir rn paz, pero, tu sabes, nada está muerto, nada está olvidado, si lees, la (casi) historia de la estrella enana, forma parte de mi dolor de esos dias aciagos, no es que hoy sean mejortes, pero, alguna vez estuve en alguna de esas listas, solo que no fui como don Ildefonso, y el día que me detuvieron, esa mañana mientras iba en el auto de la policía, fui despidiendome de la vida, cada arbol, cada esquina, cada persona en la calle la recuerdo, por ello hoy dia, digo, tantas vidas he vivido. Hay que scribir mas sobre esa epoca, nos quieren decir que el caballero (el gran huijoeputa) esta loco, pero, ves loco y ladrón. Amigo, "En lo mas sagrado de su virilidad" también forma parte de esa epoca. con agrado juan manuel curiche
11-09-2003 Cao, la cuarta parte me produjo un escalofrío casi de muerte. Creo que más allá de la calidad literaria que ciertamente posee, hay una madurez reflexiva, un cuento que tiene, a pesar de lo crudo, templanza y respiro, no por eso distancia, al contrario. Un abrazo Cao. blanquita
09-09-2003 Cao hay cosas que el pueblo no olvida y son las que describes, parece que el tiempo lo va sepultando, pero narradores como tù, de nuevo lo sacan a flote " el hombre vivo se hunde, pero muerto flota" decìa salvador Dìaz Mirón" y es cierto esos muertos siempre flotaran en la conciencia de gento como tu, de los chilenos y de la humanidad. un abrazo ruben sendero
09-09-2003 Amigo Cao, este es un relato Estupendo, narrado con fervor sostenido y apoyado en una sólida estructura técnica. Su tema es una de las múltiples caras de los tiempos autocráticos en Latinoamérica. Felicidades mi estimado y un abrazo. FALCON
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