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Uno.

Iban transcurridos casi siete años desde la última vez que visitó a su amigo; había perdido la cuenta y no podía determinar con precisión la última vez que habló con él a través de la línea telefónica. Sin embargo su voz permanecía casi viva en su mente y en ese preciso instante la podía oír prístina rebotando en su cabeza. La noticia le afectó de tal manera, que tuvo que recurrir a los ansiolíticos y a los relajantes musculares. Desde entonces y en adelante las pesadillas poseyeron su cuerpo.

Apenas supo lo de la muerte de su gran amigo de infancia, de inmediato corrió a casa a buscar un poco de ropa y sin más ya iba camino al terminal de buses con la mirada perdida a través del parabrisas del coche. Metido en el taxi se sorprendió de pronto como apretado, con el pecho comprimido, le costaba respirar. La saliva avinagrada y espesa se sentía fuerte sobre su paladar; mientras los sentimientos de culpa se apoderaban de él como fantasmas queriendo irrumpir en su cuerpo.

Echado atrás con su espalda sobre el asiento miró al chofer por el espejo retrovisor. Por su mirada impávida e ida parecía como si no estuviese en aquel lugar. Al volver la vista hacia el borde de la pista pensó en lo extraño que resultaba el que de pronto y sin más dejara de escuchar esas voces que maceraban su conciencia y lo hacían hablar solo metido en la ducha o mientras caminaba por las calles.

Dos.

No recordaba cómo ni cuando, pero al abrir los ojos se encontró sentado en uno de los asientos del autobús. Ya anochecía cuando en el horizonte del desierto de Atacama se podía apreciar con majestuosidad la témpera que ofrecía el crepúsculo que se abría delante suyo. Las salitreras abandonadas como fantasmas olvidados a un costado de la carretera; la tierra que levantaba el viento y la aridez inhóspita del lugar; le daban la sensación de estar metido en una película melancólica del far west.

Tras efectuar un paneo general con la mirada caminó con dificultad por el pasillo de la máquina en dirección al baño; llamó su atención aquella mirada que le lanzó la mujer que creyó conocer de algún lado pero no recordaba de donde ni desde cuando; y por más que se esforzaba en recordar no pudo dar con nada...su mente se había bloqueado.

Cansado y profundamente agobiado reclinó el asiento y cubrió sus piernas con una frazada. Minutos más tarde entrecerró los párpados de sus lámparas de carburo y de inmediato en su mente comenzó a exhibirse la película de su vida en colores sephia. En todos los cuadros aparecía la voz de su único amigo que como una flecha disparada, atravesaba todos los momentos de su vida. Desde que se enteró de la muerte un vacío tremendo se caló en sus huesos; de ahí en adelante la soledad infinita acompañó sus pasos. Llamó su atención que no recordaba nada acerca de los seres que rodeaban la vida de él, por lo tanto presumía que se venían momentos extraños. El autobús continuaba su marcha inexorable en medio del inmenso manto de estrellas.

Tres

Era extraño para él, pero desde aquel episodio en el autobús, comenzó a notar que había gente por todos lados que lo seguían insistentemente con sus gélidas miradas. Por eso fue que al enfilar por la calle camino a la capilla donde velaban a su amigo, no se sorprendió al ver a toda esa gente sin rostro y como suspendida en el aire, oculta tras los árboles que daban fisonomía a la alameda que se abría imponente hasta el final de la callejuela; la sombra proyectada resaltaba el luto del lugar. Mucho tiempo había transcurrido desde la última vez que pisó aquellos lares, por lo que la nostalgia invadió abruptamente todos sus sentidos. Al fondo alcanzó a distinguir un puñado de gente rodeando la entrada de la iglesia. Un nudo se tensó en su garganta al alcanzar a distinguir la inconfundible silueta de sus padres deshechos a un costado de la nave.

Apenas estuvo parado en el umbral de la entrada se sintió intimidado por la mirada del enorme ángel de mármol que se abría en vuelo a un costado de la enorme puerta. Era tanto el desconsuelo del lugar que, salvo la mirada fugaz de alguno que otro que no conocía o no recordaba conocer, parecía que nadie había notado su presencia en aquel lugar.

Armado de valor caminó decidido por el pasillo hasta los pies del altar donde yacía el cuerpo de su camarada metido en una lustrosa urna rodeada de coronas y de flores. Mientras avanzaba el corazón se le comprimía como un puño apretado, no imaginaba la imagen de su amigo muerto, siempre tuvo una imagen viva de él, tan viva que en aquel preciso momento creyó escuchar su eco dando rebotes en las paredes de su cráneo. Tan pronto estuvo parado frente al cajón, la imagen que se proyectó tras el pequeño vidrio desató la crisis y las desgarradoras convulsiones en su pecho. De pronto la película de todo cuanto lo rodeaba en aquel momento quedaría congelada para siempre a sus pies.

Cuatro

Al ver su propio rostro metido en aquel ataúd de inmediato recordó su calidad de enfermo y el estigma del amigo imaginario que lo persiguieron hasta el día de su muerte; también las pastillas y las una y mil veces en que sus padres debieron sufrir por sus locuras. El flequillo blanco de satín bordeando su rostro pálido y maquillado, le trajeron a la mente el semblante de la monja que lo amadrinó mientras duró su paso por aquella clínica en su infancia.

Al contemplarse asimismo muerto con los párpados secos y entre abiertos tras el vidrio reflectante de la urna, recordó haberse visto con el cuello hinchado colgando de una viga de la cochera antes de salir corriendo al terminal de autobuses, mientras el perro furibundo no dejaba de ladrar a sus pies.

Texto agregado el 10-09-2003, y leído por 482 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
08-02-2005 Muy bueno. Mis estrellas para vos. Saludos peinpot
22-06-2004 Es una narracion explendida se la ha comido usted. felicidades el final me sorprendio aun esperandolo. nuevamente le reitero mis mas fervientes felicitaciones. att.Beto Garcia els
03-06-2004 Extraordinario Cao!! te pasaste, este cuento podria ganar cualquier premio, por ejemplo el Rulfo. me encantó. janine
27-10-2003 Lo macabro de la situacion del personaje y el análisis posterior del lado "psicológico" del texto, no empañan para nada la grata sorpresa de leer un "señor cuento"..como les llamo yo a esos textos que desintegran el tiempo en gotitas de placer y que conducen al lector, velozmente en busca de otro manjar del mismo autor....mis 5* y piquitos al corazon gaviotapatagonica
12-09-2003 Amigo Cao, no debería pero sigue sorprendiéndome la estupenda calidad de su pluma que solo refeleja el genio que va descubriéndose con mayor firmeza cada vez. Felicidades, un abrazo. FALCON
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