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La lluvia amenazaba aquella silenciosa tarde de Abril. Una hermosa ave, con plumaje y pico dorado, volaba haciendo eses como la que no sabe donde está, sobre una extensa llanura repleta de verdes encinas y viejos y abultados olivos. En un lugar de ésta se encontraba María. María era una niña de diez años, de estatura más baja de lo normal, su
pelo negro y largo componía una dulce y sutil figura. Estaba apoyada sobre una vieja encina, donde se relajaba y olvidaba de sus problemas. Pero esta vez era diferente, María miraba entristecida.

Empezaba a caer las primeras gotas de lluvia, cuando surgió de la nada un ave que agitaba
sigilosamente sus alas, y se posaba cerca de la niña. María abrió los ojos y miró cautelosamente al ave muy sorprendida. Una extraña voz comunicaba, a través de los penetrantes ojos del ave el nombre de éste: Timothy. María comprendió perfectamente y respondió:

- Mi nombre es María.

- Hola, ¿qué te ocurre?.- se interesó.

- En mis retinas permanecen aún aquellas imágenes de este lugar, hace ya 7 años. Lo recuerdo como un inmenso jardín de gigantes, con árboles y bancos, y alegres niños corriendo de un lugar a otro, a los abuelos jugando a la petanca o hablando de sus cosas, a adolescentes burlones, a quinceañeras chillando locamente al ver a sus ídolos en las portadas de revistas juveniles, y a madres paseando con sus hijos a la vez que comentaban los rumores más sorprendentes del vecindario. Recuerdo también, cuando mi abuelo
Manolo me traía aquí, a este " jardín de Dios " como lo llamaba él, por la noche y nos tumbábamos en la fresca hierba contemplando las estrellas y constelaciones mientras me relataba las historias de su origen. Hoy, ese lugar tan querido por mí está ocupado por unos grandes almacenes de venta de cuadros originales al por menor.

- Te entiendo muy bien, María. Mis padres perdieron la vida cuando yo era una cría.

" Eran encantadores, no había animal alguno que no los conociese o hablase mal de ellos. Nosotros vivíamos en un paraje virgen, al Este de aquí, de miles de hectáreas.

Todas las familias poseían un árbol, el nuestro era el más bonito y acogedor. Se dividía en cuatro plantas, de igual medida, en las que cada una tenía su utilidad. En la primera planta estaba el salón-recibidor, un aseo y una amplia cocina. Arriba, en el segundo piso, había dos dormitorios y una balconada desde la que se podía observar la hermosa salida del Sol en las calurosas mañanas de verano. En la tercera planta se encontraba un despacho, y en la última, el descansillo que tanto yo quería. Mi padre se llamaba Arthur, su trabajo
consistía en la fabricación a domicilio de nidos de segunda clase. Mi madre se encargaba de recoger los manjares que las plantas nos ofrecían, su nombre era Dolly.

La vida en el paraje era maravillosa. Nos levantábamos al amanecer para ir a una escuela
cercana.Yo tenía muchos amigos, aunque algún que otro enemigo. Era un gran estudiante en cálculo, plantas, animales, construcciones de nidos, detección de peligro, y excelente en vuelo. Por las tardes solía jugar con mis amigos al pikkers. Este juego consistía en una carrera de obstáculos saltando solamente por las ramas de los pinos.

Un día mi padre llegó a nuestro humilde hogar con grandes noticias: hoy, el presidente me ha convocado para una reunión personal y, a la vez que me felicitaba por el excelente trabajo y profesionabilidad que demuestro, me ha comunicado que ¡ME HAN ASCENDIDO A FABRICANTE DE NIDOS DE PRIMERA CLASE!. Lo celebramos por todo lo alto ".

Sí, fueron grandes tiempos aquellos, hasta que llegaron los cazadores y los grandes empresarios con hambre de dinero. Por culpa de ellos tuvimos que emigrar al Norte en busca de algo mejor. Pero el agotamiento y la escasez de alimento terminaron con la vida de mis padres, durante un tiempo me negué a reconocer dicha pérdida. Desde entonces he estado sólo, sin amigos, el sufrimiento y la soledad me acosaban constantemente.

La conversación duró varias horas, hasta que cedió la lluvia. A partir de aquel momento, María comprendió en su añoranza, que no era la única a la que la había afectado las secuelas de la guerra entre la naturaleza y el ser humano.


Este cuento lo escribí hace unos años, cuando por primera vez me encontraba agusto con mi inspiración, y con él quedé finalista en el premio Felipe Trigo de ese año (creo que 2001)

Texto agregado el 15-09-2003, y leído por 254 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
26-12-2003 insistó que tu habilidad narrativa es fabulosa, tu pluma es buena y está bien formada, pero una historia así no deja de ser linda, como que le falta crudeza, no es llegadora en el sentido en que lo quieres hacer ver en tu última frase, es solo un punto de vista, saludos TURIN
18-09-2003 es muy tierno, me recordó mi infancia chequermax
16-09-2003 un abanico de buenas caricias,un diario secreto de libre acceso dueto
16-09-2003 Está muy sentido corazón, te felicito, un beso desde Baires... AnaCecilia
 
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