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Mis pies empezaron a resbalar en el fango de la conversación cuando a pesar del cuerpo a cuerpo bajo las sábanas del motel y mientras le explicaba (no se por qué) mis características personales en el trabajo ella preguntó



¿Vos te portás mal?



Y si… de ves en cuando



Desde hacía tiempo yo no sabía yo si me portaba mal o bien. Los parámetros bíblicos habían sido reemplazados por lo conveniente o inconveniente desde hacía tiempo. En realidad, para ser exactos, desde una tarde en que mi hermano y yo decidimos excavar en el jardín de casa un pozo que llegara al infierno. Jamás llegamos al infierno. Sólo encontramos lombrices y raíces que a lo sumo se parecían colas de diablitos, pero no lo eran. Así que terminamos pescando sábalos con las lombrices y llegando a la conclusión de que el infierno no debía existir, si NOSOTROS y nada menos que NOSOTROS con nuestra hipercapacidad para todo (menos para aceptar nuestra incapacidad de ver las limitaciones de la hipercapacidad) no encontramos el infierno entonces este no debía de existir, por transitiva el mal no existe y por esa teoría o chamuyería de los opuestos el bien tampoco, algo así como que la lente de la vida se unificó un poco, es decir le aparecieron al monitor de la vida dos franjas negras una abajo y otra arriba y como en los televisores pantalla plana si bien la imagen se hizo menos extensa se hizo más clara con mas definición. Yo estaba medio turbado por esto de las franjas negras en los márgenes de la vida y como siempre y como vicio o desprecio a la experiencia secuestré un par de libros de los cuáles deduje que habíamos aceptado algo así como una castración



castrados las pelotas – dijo mi hermano en tono de desprecio



esperemos que no – le dije



y terminamos encerrados en el baño chequeando la continuidad de la existencia de nuestros ovales genitales para deducir que lo del libro era alguna escalofriante metáfora. Aprovechó así mi hermano para recordarme que los libros eran al pedo y que ya deje de leer tanto y nos fuéramos a festejar que no estábamos castrados y así fue que fuimos y entre tanto ir y fue y fuiste y viniste di a parar a una cama con alguien que ahora me preguntaba



¿vos te portas mal?



Y si… de ves en cuando



a que se refería yo no me percataba muy bien hasta que ella me lo aclaró con una seña bombeante con el puño a la cuál le siguió una carita que negaba como una gatita mimosa. O sea que. La verdad que nunca me gustó ser el primero de nadie, en estos casos me bajo del ego, de la posibilidad inminente de eternidad y todas esas cosas porque ser el que abre la partida, el que corta del mazo, el del punta pie inicial para un evento tan sexual medio que me da no se qué. Uno tiene que ser cuidadoso, más que cuidadoso milimétrico, un cirujano, un arquitecto del movimiento pélvico de perforación y todas esas preguntas para cerciorarse que uno va bien encaminado



te duele, seguro, mirá que espero, aguanta un poquito



y uno termina el proceso todo sudado, con algo de culpa, mirando si le gustó o no y al final te das cuenta que ni vos ni ella disfrutaron mucho y a lo mejor y con suerte al mes y medio ella tendrá su primer orgasmo y por fin disfrutar un poco más. En sí digamos que la única razón por la que a uno le agradaría ser un colonizador de selvas vírgenes sería por el sólo hecho de pensar que alguna vez esa bahía tendrá tu nombre, por lo menos en el recuerdo.



Pero bueno, dado el punto tan culmine al que había llegado ya no pude renunciar a ser prócer de aquellas tierras. Me paré, sintonicé la música funcional en el dial de los lentos y dejé sólo la luz roja encendida.



Maravilloso. Fue maravilloso. Al contrario de lo que yo pensaba fue algo majestuoso, digno de los aullidos orgásmicos que escaparon desde nuestra habitación y de los cuales fueron testigos los regentes del hotel por la sonrisa pícara con que nos miraron al entregarles las llaves. La dejé en la puerta de su casa y mientras me saludaba el taxista arrancó y yo aproveché a preguntarle



usted alguna vez desvirgó a alguien



empezamos a hablar y entre tonos serios y cómicos terminamos tomando una cervecita en algún bar de Pellegrini y si bien esto nunca se lo dije para mi que esa piba era bastante mal portada, esa cacerola tenía pinta de haber hervido varios guisos y no de lentejas exactamente.


Texto agregado el 13-08-2005, y leído por 109 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
28-01-2009 jajaja ...divertido relato...buena pregunta ¿y quién se porta completamente bien?... naiviv
13-08-2005 muchachito, que cosas yo precisamente, yo leer esto, mira esas cosas no se cuentan, y bueno, ojala ya conosca el verdadero amor. Dios si existe y lo otro, lamentablemente tambien. cuidate marsolesca
 
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