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FIN DE SEMANA


Las palomas se sienten volar, y cómo entran sus plumas por la ventana. No están invitadas, pero igual entran. Las dos de la madrugada me saludan y me gritan bienvenidas a su dulce placer nocturno, en donde no sé que pasará.

Sólo cuando llega la culminación de la semana se perfectamente qué quiero hacer. Proyectos proyectados en proyecciones en mi mente, queriendo que sean proyectos inmediatos, sueños hechos realidad de la noche a la noche; mañana será muy tarde.

No me gusta la idea de esperar un minuto más. Fin de semana deseo que seas ahora y no después. Pero tampoco quiero esperar hasta el fin de semana, es demasiado; incomprensión, ineptitud, ansiedad, hipertensión: inquietud.

Amontono cubos de hielo sobre mi ceno. Un simple pensar más y me evaporo junto con la evaporación de los condenados, y no sabré en dónde mi mente podrá ir a parar. Es un montón de cosas detestables la espera. Los cielos creo que se mueven, pero las nubes me confunden y me convierten en un idiota. Es la tierra y su rutina la que me atrapa y me condena a vivir a su mismo ritmo, a moverme en su misma dirección. Es un querer desplazarse por las líneas invisibles de la futilidad, libremente, sin restricciones. Pero las palomas seguirán volando, y mi ventana sentirá la experiencia de ser atravezada por sus volátiles plumas, siempre.

Es un placer descomunal el querer sentir algo que no se puede comunicar. Es un pecado morar en los caminos de la verdad cuando no se puede siquiera permanecer sentado un rato en el borde de nuestros propios pensamientos, ahí, donde vemos los autos pasar y el mundo girar. Solo es cuestión de sentarse y ver, esperar, desesperar. El fin de semana mira desde lejos y me saca la lengua, como niño chico, se burla y me grita obsenidades. Es un camino que no sé si pueda continuar. Sólo quiero que llegue el fin de semana que me permite vivir esas experiencias que tanto me alivian la inquietud, esa que persiste siempre mientras miro la ventana y esos malditos pájaros.

Es incomprensión para los retraídos. Es incomprensión para los no yo. Creo que no me expreso con claridad. Creo que yo sólo me creo. Creo que soy yo el que nada puede esperar. Siento que yo no creo. Se me enreda todo en mi cabeza. En mi cabeza solo se crea y entiende un enredo, y lo creo. Creo en mi cabeza. Mi cabeza se enreda por motivo de un esperar. Mi credo se enreda esperando algo que sucede en mi cabeza. Mi esperanza se cree un enredo en mi cabeza. Pero el fin de semana alivia todo eso.

¿Qué pasa, pues, el fin de semana?

Te puedo ver con tranquilidad, el fin de semana.

Pero pasará y ya vendrá otro. Eso no me gusta. Este ya pasó, pero no puedo esperar hasta el próximo. Sigo creyendo en el enredo que mi cabeza forma en tal cruel esperar. Soy un tonto. Caigo... me pongo de pie y te veo. No te veo, me pongo de cabeza y me levanto. Sueño. Vivo y respiro mientras espero el fin de semana. Mirando como un perro pulguiento hace a un trozo de alimento; así me he comportado. Me suprime de la realidad el esperar otra oportunidad en la que TAMPOCO hablaré. El silencio de siempre. El bobo perro que ladra pero no muerde, no come pero defeca. El fin de semana actúa como un sedante que calma mis pasiones, pero no las derrota, sólo las extiende hasta mi cama, en la oscuridad de la noche, donde sí puedo confesar todos mis temores, y, llorar. El fin de semana, el domingo, cerca de las once de la noche, mi cuerpo se estirará como goma, y mis ojos se transforman en un sucio material de caucho de neumático. La carretera del odio y la espera ha gastado los frenos de la tranquilidad. La meta no alcanzo... ¿Cuánto falta? ¿Ya llegamos? ¿Puedo creer que eres TU mi copiloto? ¿Dios es mi copiloto? No, él es mi DIOS. Copiloto y Dios no tienen nada que ver. Yo quiero que la fantasía de verdadero amor sea mi acompañante. Dios será mi GPS. Pero la rosa dulce y aromática de tu amistad quiero y deseo con locura y vehemencia que sea mi eterno acompañante.

El fin de semana será un valde de agua fría... y una taza de té para tí y una de café para mi. Sin azúcar por favor. Un poco más y se hará tarde, me debo ir... la semana normal de cinco días terminó. Ahora el FIN DE SEMANA ES EL QUE TERMINA. ¡Diablos! Mañana no es fin de semana, ni pasado, ni el día después de pasado mañana. ¡Qué bah! En ese día no se termina el mundo por una congelación extrema y absurda del mundo, y que extinga a la raza humana... sólo mi temple se gasta un poco más, mis emociones juegan con la salubridad de mi corazón, este órgano que late no sé cuántas veces por minuto. No me interesa saberlo, por lo menos ahora. Sólo quiero que si el mundo se acabase... los únicos elementos que sobrevivan deseo que sean el fin de semana (sin otras cosas, eterno), tú y yo... Creo en mi enredo de emociones que se dirigen hacia tí, que podremos sobrevivir y arreglárnosla con lo poco y nada que tengamos. Sólo dos cosas más... una taza de té y una de café. El mío sin azúcar por favor.


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Texto agregado el 29-08-2005, y leído por 1806 visitantes. (0 votos)


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