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Toda esta pesadilla empezó como empieza todo, por gilipollas.
Porque aquel gilipollas de Pedro me ignoró por completo y porque mi madre era una rica heredera hecha una sílfide que lloraba y me decía: “hija mía, que pena con lo guapa que tu eres y mira como estas hecha una vaca, vamos a buscar un médico por dios”.

A mi nada de eso me importaba, estaba gorda pero era feliz que era lo importante.
Aunque mi madre seguía llorando yo nunca le hice caso y seguí disfrutando de mi niñez.

Pero claro llegó aquel día en el que jugando a la botella a ver a quien le tocaba besar a quien.Estaba ansiosa porque me tocará, babeaba por Pedro.
En aquel juego no se podía repetir beso y él ya las había besado a todas, así que la siguiente era yo.
Y cuando llegó el momento y el eligió a la sosa de Marta, se escuchó la voz de Andrés decir: no vale repetir Pedro.Y el atontao de Pedro le contesto: hay que volver a empezar, ya no hay nadie más a quien besar.

Y allí estaba yo, redonda como un tonel e invisible para aquel gilipollas.
Mientras el besaba a Marta, yo me levanté y salí del garaje sintiéndome mal, de la misma manera que me sentí el resto de mi vida.
En ese preciso instante decidí empezar una dieta, hice a mi madre la mujer más feliz del mundo.
El endocrino era un tipo serio y malo que parecía disfrutar con el dolor de los demás.
Mi vida se volvió ensaladas, frutas, pescado hervido, infusiones y un caprichito a la semana ( un poco de arroz y con algo de carne a la plancha).

Aquello un día tras otro y tras otro más.En seis meses comenzaron a verse los resultados, empecé a perder peso y entonces el idiota de Pedro se alista al ejercito.
Comencé a ser visible para los hombres, pero en mi cabeza seguía teniendo la misma fantasía de aquel gilipollas de Pedro.

Pasaron los años y yo seguí perdiendo peso, era una copia de mi madre, con un cuerpazo esbelto, una belleza de esas esqueléticas, pero vacía, tan vacía como un cien a la hora de cerrar.
Llegué a comer por costumbre, como bañarme o peinarme, pero el comer no era un placer para mi desde hacía siglos.
Tal vez había perdido el paladar o el gusto no se, pero ahora ya no comía más que lo imprescindible.
En esa época conocí a Alfredo el que se convertiría en mi marido. Un hombre guapo, atlético y muy rico.
Él me dio todo lo que deseaba: posición económica, fama y amor.
Aunque verdaderamente yo nunca lo amé, sólo me dejé querer por él. Mis sentimientos también se habían atrofiado, pero los años junto a él se me hicieron muy llevaderos.
Casi se me olvido el gilipollas de Pedro, sino hubiese sido por los comentarios que me hacían mis amigas, sobre donde estaba o lo que hacía.

Y un día se murió. Tuvo un accidente y me dejó sola con aquel fantasma al que no podía borrar.
Transcurrió año y medio desde la muerte de Alfredo y me decidí a ir a aquella fiesta que hacía Marta por su cumpleaños, treinta decía ella, pero en realidad eran cincuenta.
Fui a la peluquería y me maquille, me puse aquel vestido rojo que tanto le gustaba a Alfredo, unos tacones de 10cm y mi collar de perlas regalo de mi pedida de mano.
Tomaba una copa de champán cuando le oí: Berta, Berta que guapa estas, como has cambiado, cuanto tiempo sin vernos- me dijo.
Y hay estaba Pedro, medio calvo, barrigón y sin dejar de interrogarme mientras me abrazaba.
Charlamos un rato y él me invitó a tomar una copa en su casa. No se porque acepté, tal vez para matar aquel fantasma de una vez por todas.

Fuimos a su casa y practicamos sexo. No duro más de diez minutos y nada más terminar se quedó dormido, así que yo me senté en la cama a fumarme un pitillo.
Me sentía peor que aquel día en el viejo garaje.
Me levanté, me vestí y me fui.

Tome la decisión de acabar con todo, así que escribí aquella carta al juez explicando el motivo de mi suicidio. Aunque en realidad llevaba años muerta lo mismo que todos mis sentidos.
Me monte en el coche y fui a lo alto de aquella ladera, detuve el coche y me quede un rato repasando mi vida en silencio.
Cuando iba a hacer lo que tenía pensado, alguien toco en el cristal de mi ventada, me sobresalté. Era un joven de no más de veinticinco años.

Señora puede usted ayudarme hace cuatro días que no pruebo bocado, siento molestarla y me muero de la vergüenza, pero estoy desesperado- me dijo bajando la mirada.
Claro, sube- le dije sin pensar.
Lo lleve a la cafetería más cercana. Pidió lo que quiso, yo tome café con edulcorante.
Verlo comer con aquel deleite me revivió. Pospuse mi decisión y lo invité a ir a mi casa.
Le ofrecí un dormitorio y todo lo que necesito.

Un día pasado un tiempo, me preguntó porque lo había ayudado dejándolo vivir en su casa. Porque me asombró la sensación que tuve al escuchar tus palabras y porque viéndote comer sacias mi hambre, esa que yo no soy capaz de saciar.
Incluso me excita el ver como saboreas la comida- le respondí.

Él se me acercó y me beso y aunque su boca hacía un segundo que estaba llena de alimentos, a mi no me sabía a nada más que a vacío.
No había podido recobrar mi paladar, pero me satisfacía en todo lo demás.
No se me olvida no, aún guardo aquella carta para el día en el que se vaya y yo prosiga mi camino……………


Texto agregado el 27-09-2005, y leído por 66 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
04-10-2005 No esta mal, me ha gustado, creía que íbas a espachurrarla con el coche, pero no. De todas formas le ha faltado algo de picante. Un saludo de SOL-O-LUNA
03-10-2005 Podría decirse "Nadie sabe para quién trabaja", prefiero contemplar el relato desde mi ventana. Por mi parte, el comer bien, lo considero uno de los placeres que nos ofrece la vida, solo o en buena compañía. Por otro lado, no creo que sea una lástima que el presonaje no conociera el amor, momentos de frustración le pasa a cualquiera, sin embargo soy optimista y pienso que siempre que exista vida, habrá esperanza para conocer la persona a quién amar. Por tu esfuerzo ****. Saludos desde Lima Perú. luisalbertocastro
03-10-2005 Podría decirse "Nadie sabe para quién trabaja", prefiero contemplar el relato desde mi ventana. Por mi parte, el comer bien, lo considero uno de los placeres que nos ofrece la vida, solo o en buena compañía. Por otro lado, no creo que sea una lástima que el presonaje no conociera el amor, momentos de frustración le pasa a cualquiera, sin embargo soy optimista y pienso que siempre que exista vida, habrá esperanza para conocer la persona a quién amar. Por tu esfuerzo ****. Saludos desde Lima Perú. luisalbertocastro
30-09-2005 um... en verdad me late que si sabes como, bueno sabe el personaje je!... denada
 
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