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Parte III y Final

Andrea sonrió malignamente tras la noticia de la supuesta muerte de Clara. El espejo le devolvió esta vez la imagen de una mujer excesivamente dichosa, alguien que aparentaba ser un ángel y que nadie adivinaría los ilimitados alcances de su egoísmo y maldad. Sólo Lorenzo la conocía realmente y comenzaba a despreciarla por haber hecho de él a un ser sin voluntad, un títere que la complacía en todos sus caprichos.

Los años se sucedieron con celeridad. Cuando Andrea cumplió cincuenta años, aún conservaba el fulgor de su belleza pero su preciada juventud había quedado rezagada en los pliegues del pasado. Eso la desacomodaba. No quería envejecer, le horrorizaba contemplar las impiadosas huellas del deterioro en su cuerpo bendecido por los dones de la hermosura. Una vez más recurrió a su protector, un cada vez más sumiso Lorenzo, para pedirle que le costeara otra cirugía estética. El deseo fue concedido y la mujer fue intervenida pero quiso la mala fortuna que debido a un paro cardíaco se le produjera la muerte cerebral.

Bella, casi radiante pero conectada a multitud de aparatos, Andrea parecía una estatua aesculpida por Miguel Ángel. Lorenzo quedó destrozado con este suceso porque es bien sabido que hasta las malas relaciones pueden provocar nostalgia en la incomprensible alma humana.

Entonces fue que se le ocurrió lo siguiente: Lorenzo trasladó a la inerte Andrea al laboratorio de hibernación y la internó allí, solicitando que se la cuidara con esmero. De paso y reparando una injusticia que no tenia perdón de Dios, liberó a Clara de su involuntario sueño. La mujer, que aún conservaba la belleza y frescura de los veintitrés años, no había extraviado la generosidad de su espíritu y escuchó con atención toda la historia, contada por el compungido Lorenzo. Finalmente ella comprendió que aquello había sido una maquinación tramada por Andrea. Para indemnizarla, Lorenzo le ofreció regalarle casi todos sus bienes, pero Clara no aceptó aquello y sólo se conformó con reencontrarse con su familia.

Más tarde, Clara conoció al hombre de sus sueños y con el compartió el resto de su vida, disfrutando con intensidad los momentos gratos y luchando contra las veleidades que supieron sortear siempre con sabiduría e infinito amorů








Texto agregado el 17-10-2005, y leído por 180 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
17-10-2005 Derrocha imaginación el texto. Me gustaron mucho las tres partes. Utilizas las palabras como quieres. Enhorabuena. Efecto_Placebo
 
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