TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / maria_jose / Espejo de un vientre

[C:151521]

¿Sabes niña, por qué decidí marcharme de aquel lugar, de baja procedencia y de desfachatados estímulos, la noche en que todo debió ser perfecto entre nosotros?


Cuando el sol baldeaba sobre el centro de Santiago sus últimos rayos de luz y la gente corría desenfrenada, algunos para tomar el bus, otros para comprar el pan y otros para buscar algún familiar en la pasada. Yo te esperaba sentado, frente al café francés .- los chilenos somos los primeros en alegar en contra de la falta de identidad que nos inunda, pero los primeros en bautizar boliches con nombres externos.-, me senté ansioso pero una resaca del día anterior penetraba mis venas y hacía doler mi frente, así que decidí tomar un corto de alcohol, para enrolarme nuevamente con los sentimientos que quedan congelados y sacarme esa cobardía que me invadía, imaginándote a mi lado, desnuda, sin gente molestando y masturbando mi pensamiento. Algo en el aire, que estaba espeso y con residuos de agotadores tacos jadeantes tras un contrato, me recordaba tu perfume infantil y tu cabello ondulado, tus tobillos débiles y tu ingenua sonrisa cada vez que me viste en alguna juerga, a la cual yo no pertenecía por mi edad, recordé esa tarde, mientras te esperé, el día que te conocí, me preguntaste la edad y te conté, que tengo el doble de lo que puedes contar de tu vida y reíste, tímida, excitada… lo se, algo en mi despertó tu ansia por la cama, pero jamás intentamos nada, el susto de nuestras diferencias de tiempo, no nos permitía juntar nuestros cuerpos como quien arranca los botones de la blusa de una mujer experimentada, hacerle el amor, besarla por lugares recónditos y darle placer… nuestro tema fue distinto, pero aquel día, esperándote en el café, ambos sabíamos que sucedería.

Los minutos pasaban como cuchillos en mi espalda y mi placer culpable invadiendo mi mente me colmaba de ansiedad, por verte, entre todas las mujeres, caminando por el centro, entre mujeres viejas, con hijos y llenas de estacas en los pies, así te quería ver, entre todas, la mas bella, con tu cabello tomado y las mejillas carmesíes, tu paso atento con los demás, tu huella firme con la sombra de los edificios, tu compromiso con la vida y tus enormes deseos, jóvenes de vivir y proyectar vida!, porque caramba niña, proyectabas vida y mis miedos de eterno amante y de veterano sediento de vida, eran latentes por cada suspiro que di aquella tarde que te esperé. Pasó mucha gente en frente de mis ojos, nadie imaginaba, de lo que esa noche deleitarían mis ojos, mis manos y mi pensamiento, nadie imaginaba la dicha que tendría, yo, guerrero de la vida, al sentir tu aroma desnudo a mi lado, al besar tu cuello virgen y sentir tu suave y joven voz, pidiéndome curiosidades de sábanas… nadie esa tarde imaginó, todo lo que quise que sucediera, mi niña de ojos eternos y soñadores, mi niña de piel suave y blanca como un caudal de crema, mi niña mujer, que esperabas estar en mis brazos a tu corta edad, estar en mis manos advertidas y cederme tu sonrisa por cada beso que dejara en tu piel… nadie imaginó todo esto, creo que yo tampoco alcancé a imaginarlo como lo recuerdo hoy, infortunado, extrañándote y deseándote nuevamente a mi lado, con tu frescura y tu franqueza con la vida.


Bebí varios sorbos de fuerte alcohol esperándote, el sol ya dormía y las luces comenzaron a percatarse de la noche, comenzaba el aroma nocturno a hacerse presente por cada esquina y te esperaba, ansioso, medio mareado de placer inteligente y mareado de susto, me invadieron preguntas, ¿ Qué podría ofrecerte?, con el desorden de mi vida, con las discusiones de pasillo que tengo diariamente, con todo lo que ya viví y tu no imaginas, con las deudas que me acechan por las noches, mis pulmones cansados y mi falta de compromiso… que podría ofrecerte, niña hermosa, cualquier hombre mataría por estar contigo y darte hijos, hacerte su mujer, pero deseaba con todas mis fuerzas, ser el hombre de tu vida, ser quien te mostrara el mundo por primera vez y llevarte conmigo hasta el fin de mis días, realmente, eso deseaba, Sofía, pasar mis días contigo.

Cuando ya se acercaba la hora de tu venida, el minutero golpeaba en mi oído como la campana de un gran palacio y se enfrió mi piel, te quería con ansias para mi, volteé mi cabeza y te vi, te vi y creí morir en ese momento, eras tu, con unos jeans ajustados a tus exuberantes caderas, una blusa blanca que se fruncía en tus pechos inquietos y unos zapatos gastados, tu piel brillante, tu mirada, buscándome sin darte cuenta que yo te miraba hace rato… caminabas con seguridad y mirabas los letreros, buscándome, hasta que decidí pararme de la silla tibia y te grité, con voz ronca, Sofía!, te giraste por completo y tu cabello jugó con el viento, me saludaste con la mano y apresuraste el paso, crucé la calle para buscarte, te saludé con un beso en la mejilla y tu me tomaste la cara, me besaste con labios tibios y un aroma joven, me contaste que te costó inmensidades salir de tu casa, reímos, jugamos con la mirada y comenzamos a caminar, creo que te percataste de mi olor a alcohol… a cigarrillos, pero no dijiste nada, solo me tocabas la espalda, me dabas tu mano tierna y reías, todo el tiempo reíste, tus labios se dilataban con fuerza cada vez que soltabas una carcajada y se alcanzaba a ver un colmillo incorrecto, coqueto y desordenado.

Te pregunté si tenías hambre y tu respuesta fue inmediata, traías un hambre formidable, entonces caminamos tomados de la mano, nerviosos ambos, hasta un restaurante, en donde estuve con muchas mujeres antes, que pedían entradas de camarones y venían con perfumes costosos en sus blusas, de tacones lujosos y con muchas historias en la espalda… pero contigo fue distinto, te sentaste con las piernas un tanto abiertas, tomaste rápidamente un trozo de pan y lo untaste en mantequilla… te soltaste el cabello y seguías riendo, me contabas cosas de tu día, cosas frescas que para tì parecían dramas y te tomaba la mano de vez en cuando. De repente te paraste y fuiste a la barra, en donde se podía pedir música, cuando caminaste hacia ella, todos los hombres del lugar, que tenían mi edad y similar clase social,( a muchos los distinguí de la empresa) y estaban con sus mujeres o citas, te miraron apetitosos y luego me miraron a mi, con envidia, otros pensando que eras mi hija y cuando volviste hacia mi, me dijiste, me encanta esta canción, no la conocía, pero me pareció ser la melodía mas hermosa que jamás escuché.

Tomamos un par de tragos y reímos mucho, tu risa me tenía totalmente cautivado, tanto que en ese momento, te hubiese tomado por completo y te hubiese desabotonado lentamente esa blusa inquieta, si no hubiesen estado todas esas aristocráticas personas, que han sido mi vida social toda la vida. Terminaste de comer con tanta calma y me dijiste mirándome directo a los ojos.- ¿Nos vamos a otro lugar?, el nervio me gobernó y me sudaban las manos, que diría toda mi familia, mis hermanos bien casados, mis padres conservadores y todo mi entorno, si supieran que me estaba enamorando, de una mujer de muchos años menor que yo… pero que podía hacer!!, debía estar contigo, mi cuerpo y mi alma lo pedían a gritos, pedí la cuenta y te tomé de la mano, te envolví con la chaqueta de mi traje negro y emprendimos el paso, a un motel a cuadras del lugar, tu ibas media borracha y convincente, me encantaba mirarte, moviendo tus firmes y curiosas piernas, por la acera, mientras el brillo de todas las luces te violaban por cada paso que dabas.


Entramos tímidos, era una habitación amplia y la cama tenía unos pétalos de rosa tendidos en sus extremos, el ventanal, nos mostraba la ciudad y sus movimientos y te sentaste, un poco mareada, tomaste un pétalo y lo refregaste en tus manos, me miraste y me dijiste.- he estado esperando tanto este día.-, mi deseo por robar tu ansia y por entrar en tu vientre, cobró cada vez mas fuerza en mi, te tomé de los hombros y besé tu frente, alcancé a sentir tu aroma sudoroso y nervioso, comencé a palpar tu cabello y besé con fuerza tu cuello, tu respiración se acelerò y confundió la mía, te paraste de golpe y te quitaste la blusa, alcancé a ver tus pechos, desnudos, con un color bellísimo que cubría tus fríos pezones… tu abdomen firme y tus hombros redondos, pero te tendiste, me dijiste que estabas mareada y te tumbaste sobre las sábanas, tus pechos blandos y jóvenes se acomodaron en seguida sobre la cama y tu respiración mecía lentamente tu pecho… mientras dormías, te quité el pantalón y miré tus muslos, me senté a tu lado y te contemplé, mis ojos no creían tanta belleza y tu piel blanca, desnuda a mi lado, robaron toda la valentía que en mi vida tuve. Antes con mujeres ya estaría en ese momento jugando bajo las sábanas y dándoles placer, como el hombre que me enseñaron debía ser, pero esta vez tu piel me asustó y crèeme Sofía, mi único deseo en ese minuto era tomarte y hacerte mía para siempre, recorrer cada escondite de tu cuerpo y si era posible, dejar un recuerdo en tu vientre de ola, robarte energía y amarte cada minuto que quedara de mi vida, pero el miedo me abatió.

La habitación comenzó a enfriar y una corriente dio con tu frente, te acomodabas de pronto y seguías durmiendo, respirando suavemente, hasta que una tristeza me asaltó y me dio pena seguir estimulado con tu cuerpo, no tenía que ofrecerte y no podría robarte algo tan especial, te tapé para que tu cuerpo no siguiera enfriándose, lloré a tu lado, enamorado, el pecho se me apretó y lloré de impotencia, por no tener la fuerza de llevarte a mi lado y darte familia, de rabia lloré, por ser un cobarde y no luchar por construir una historia contigo, lloré como un niño, desvanecido a tu lado, husmeando cada parte de tu cuerpo, sabiendo que no volvería a verte, tocarte y disfrutarte… acordándome de las últimas risas de esa noche. Mi vida ya tenía su historia y sus inmensas grietas, la tuya estaba intacta aún, la mía tal vez, llegaba a su fin y los sufrimientos que tuve, no quisiera fueran golpes en ti. Contemplé cada lunar de tu cuerpo y tomé un último trago a tu lado, mientras seguías durmiendo como un ángel, pero debía partir, no querrías despertar al día siguiente conmigo, preguntándome que haríamos en un futuro y yo no tuviera respuestas, no querrías despertar y al preguntar por nosotros, pensar equivocadamente, que usé tu cuerpo por único placer, No!!, jamás te haría eso, mi niña preciosa, no podría hacerte daño, es por eso, que debía marcharme de ahí y no tocarte, no besarte y no amarte como hubiese querido.

Me levanté de la cama, te arropé y me puse la chaqueta, medio borracho, avisé a la recepción que me marchaba pero que tu quedabas durmiendo y que un auto, al día siguiente te llevara a tu casa; con mi cobardía y mi tristeza, por dejarte ir de mi vida y por la rabia que carcomía mis huesos, me fui lentamente del lugar, mirándote a cada paso que di, ahí quedaste Sofía, durmiendo, soñando conmigo y con mis manos sobre tu piel, pero todo habrá sido un sueño para nosotros.

Por todas estas razones escapé de ahí, pasaron los días y me llamaste muchas veces, pero no quise contestarte, pasaron años de tristes episodios en mi vida y supe, hace muy poco, que vives apartada de la ciudad, con un hombre, padre de tres preciosos hijos y que sigues con ese hermoso cabello ondulado, con tus firmes ideales y con tus ojos brillantes, supe también, que por las tardes, te sientas en el corredor a mirar las estrellas y me pregunto, ¿estarás en ese momento pensando en mi?, porque yo pienso cada minuto en ti y no se, si fue lo correcto escapar esa fresca noche, no se si fue correcto huir, quizá, debí armarme de fuerza y haberte convertido en mi mujer y estaríamos juntos ahora, no estaría escribiéndote estas letras de culpa, de recuerdos, de fantasmas que invaden mi cabeza por las noches, de laberintos en los que no puedo hallar salida, quizá, no estaría viviendo como lo he hecho toda la vida y quizá… estaríamos amándonos mucho, quizá, te besaría todas las noches y escucharía tu risueña voz en el jardín por las mañanas y quizá, me habrías convertido en un gran hombre. Ya no se que es lo que debí hacer, sólo se, que te recuerdo todos los días y que te amé, mi Sofía, mi niña de suave vientre.



Texto agregado el 26-10-2005, y leído por 229 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
14-03-2006 ***** alfredo_risso
05-03-2006 Me gustó mucho cada línea que me atrajo con una fuerza desmedidamente seductora. Indujo viajes temporales de mi memoria, renaciendo culpas y omisiones. En definitiva es un texto cautivante, digno de una estrella de oro. Felicitaciones; au revoir. el_rey
13-11-2005 el texto es interesante, extenso y fluido al mismo tiempo; narra un instante importante, no entiendo mucho la secuela ni el racimo de razones por las cuales el personaje decide esas grandes decisiones (beber, invitar, tomar, mirar, tocar, abstenerse, ignorar, recordar), mas deben ser poderosas. El personaje femenino a quien está dirigida la pregunta que abre el texto, es misterioso. danielnavarro
07-11-2005 Está muy bueno. Me gustan los escritos en primera persona.... Saludos... Ofin
26-10-2005 Excelente manejo de la línea temporal. Bellisimo texto, bellisimos sentimientos aunque incluyan la tristeza que es bella a su extraña manera. ArsMagna
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]