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Inicio / Cuenteros Locales / _LUNA_ / Hasta tocar el cielo

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Era una noche de luna abundante, sino llena, casi. Al lado de la ventana, una cama, y en ella nuestros cuerpos. Los cristales filtran los rayos de la luna que rompen la penumbra.
Los dos estamos sentados en la cama, hablando durante bastante tiempo, mirándonos con un brillo especial. Por dentro, el deseo infinito, la locura desatada, pero por fuera la mera apariencia de la tranquilidad. Aunque llegado un momento, tú rompes el hielo; me acercas la cara y me besas en la comisura de los labios. La distancia ha desaparecido, ahora soy yo quien se acerca hacía ti. Me gusta abrazarte y rozar tu pecho. Empezamos a besarnos, a la vez que inconscientemente nuestros ojos se turbian y se cierran.
Llegado un punto, son nuestras manos las que dejan escapar furtivas caricias, que se escapan sin apenas darnos cuenta, en medio de la noche, tan cerca.
En breves momentos, ambos cuerpos están prácticamente desnudos y cubiertos de un ardiente velo que no se detiene, que avanza a velocidad de vértigo.
Me coges los pechos desde abajo y mueves tus manos hacia arriba. Aún no has llegado a rozar mis pezones, pero algo te deja ver la claridad de la ventana.
Estamos tumbados, recostados, incorporados, vamos moviéndonos en el sentido que nos apetece. Me tomas una mano y la llevas hasta tu cintura. Te acaricio, y tú bajas despacio hacia mi pecho. Es aquí cuando saboreas la cumbre pasando tu lengua de forma circular por cada una de ellas.
Cada uno por nuestra cuenta nos quitamos la parte de abajo, llenos de una pasión salvaje e irrefrenable. Cuando nos reencontramos, la sensación es bastante distinta. Tú me notas depilada y mojada; y yo percibo tu tacto suave y la erección que antes intuía. Ahora los besos son eternos, como si nuestras bocas se hubieran sellado, entrelazadas. Te acaricio el pene, recorriéndolo de arriba abajo y tu me agarras y estiras la mano hasta llegar a mi furia.
Me apetece hacer algo y lo hago: te tumbas. Te dejas hacer. Te beso las piernas. Te las acaricio. Me detengo en tus muslos. Te doy mordisquitos. Te sigo acariciando. Tú deseas más y contoneas tu cuerpo. Voy de un muslo a otro. Paso mi lengua, afilada, dejo un rastro de saliva que me conduce hasta tus ingles.
Te las beso. Tu ansías que llegue a tu centro. Pero me lo salto y voy a la otra. Me agarras la cabeza nervioso y allí, a dos centímetros, me detengo y dejo que sientas el calor de mi respiración. Acerco mi boca. Te doy un beso. Dos. Saco mi lengua y te recorro. Estás muy excitado y mi saliva se confunde con tus fluidos. Pongo mi boca en forma de "o" y te lo succiono, rítmicamente. Me pides que pare y como si de un arrebato se tratara te incorporas.
De repente bajas y acercas tu boca a mis labios, sabes que arden de deseo y eso te enciende. Los rozas despacio y sientes inmediatamente mi respuesta, mi contoneo, así que sacas tu lengua y me penetras con ella, la clavas hasta donde puedes.
Quieres que me corra, quieres que llegue al orgasmo y verme desatada. Para ello me pides ayuda. Quieres que me masturbe a la vez que tú lo haces. Quieres que me acaricie, que me frote el clítoris, mientras tú estás con tu lengua perdida e inquieta. A veces la sacas para morderme suavemente un labio. Para derretirme por completo, tus manos me agarran con fuerza. Me susurras: ¡Ábrete más! Y eso termina de revolucionarme.
Me acerco una mano a mi boca, y muerdo mis dedos, la otra mano en el clítoris. Una mano tuya abriéndome los labios y rozando mis muslos, tu lengua dentro de mí, empujándome, leves golpecitos y tu otra mano acercándose hasta mis labios, me metes la punta de un dedo y me contoneo, se escapa un leve gemido. Por lo que sigues estimulándome con tres dedos a modo de cono, que se deslizan a gran velocidad
Al cabo de pocos instantes lograste tu objetivo: desatarme por completo y hacer que pierda el control. Mis gemidos se escapan, mi cuerpo se mueve y se retuerce, aprieto fuerte mis manos y siento vibraciones que me recorren, ya no puedo más... se desata la fiera y por primera vez en la noche siento mi primer gran orgasmo, mi placer fluye desbordante. Tú lo sientes y me miras a los ojos, con mirada entreabierta y sonrisa pícara, guiñas un ojo y juegas con tu lengua entre tus labios, provocando mi incorporación.
Y eso hago, acercarme a ti, me siento sobre tu lecho y comienzo a mordisquearte todo el cuerpo, comenzando por tu boca, siguiendo por tu cuello, bajando por tus hombros, tu pecho, tu ombligo... tus nervios vuelven a desatarse y yo no tengo intención de dejar de jugar... te acaricio, te beso, te doy leves lengüetazos; me pierdo en tu suavidad y tu pierdes la compostura. En ese instante, te pido que te sientes sobre mí y yo me voy recostando. Te pido que te acerques más a mi pecho, y es entonces cuando tu pene se adentra entre mis cumbres, lo siento caliente y eso me estremece. Con mis dos manos acerco más mi pecho hacia tu pene y tú comienzas a moverte, un meneito lento que poquito a poco va tomando mas ritmo. A la vez que te balanceas, en los instantes en que más te acercas a mi boca, mi lengua se dispara, para rozar tu punta. Sientes escalofríos que te recorren, poco a poco te incorporas y vas directamente a acariciarme, lo cual me pilla por sorpresa y eso me derrite. Instantáneamente comienzo a lubricar a ritmo acelerado, vas metiendo dos dedos, y las ascuas se encienden... tanto, que no puedo evitar echarte hacia atrás, para que tu cuerpo permanezca completamente tumbado. Me siento sobre ti y juego con tu pene hasta sentir como poco a poco entra en mí, resbalando. Ambos suspiramos, y en ese momento comienzo a moverme, dejo deslizar mi cuerpo sobre ti, el calor sube y sube, ambos cuerpos se funden, no puedo evitar acelerar mi ritmo, no puedo negar que ardo y me gusta. Casi sin darme cuenta, tu vas moviéndote y empujándome hacia atrás, para esta vez ser tú quien cubra mi cuerpo, a la vez que me besas la cara. Ambos sentimos morir por momentos, perdemos la noción de nosotros mismos, vamos elevando más y más el ritmo y la respiración, y los suspiros, gemidos y jadeos, todo estalla... hasta tocar el cielo.
Después ambos cuerpos caen rendidos, uno junto al otro. Nada mejor que relajarse con un buen baño de agua tibia, para volver a alcanzar la calma, recuperar el ritmo y la respiración propias. Y con el pelo aún mojado, los cuerpos suaves y con ligero aroma a gel de manzana ambos nos miramos, nos besamos tiernamente, contemplamos como la luna desaparece poco a poco para dar paso a un nuevo amanecer. Nos sentimos más vivos que nunca; llenos de paz y armonía, se entrecierran nuestros párpados, y abrazados caemos rendidos, dormidos por completo.

Texto agregado el 08-11-2005, y leído por 619 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
29-06-2006 Increblemente intenso, uffa! qu eimagenes!!!!!!! *************Mayté VACYA
16-03-2006 intenso y bello... luzyalegria
23-12-2005 Totalmente descriptivo, llegó el momento de dejar la sutileza a un lado, muy bien =) ixchelix
17-12-2005 Hermoso, imágenes perfectas Tiempolibre
14-11-2005 Perfecto , me encanto viajar en tus letras , Mi cometa *********** pili_
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