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Era una noche cálida, llena de magia y misterio en aquella cala solitaria, ambos estábamos en el agua en un primer momento y comenzamos a jugar; esto llevó a besarnos y abrazarnos, pero todo ello muy tiernamente, lleno de la más absoluta inocencia y naturalidad. Aunque también se podía sentir como una especie de contención por ambas partes.
Luego, al salir del agua y después de un breve brindis: “porque esta noche sea inolvidable”, nuestras bocas se buscaban, era como si durante todo el tiempo estuviéramos contenidos y, de repente, ambos nos desatamos, sin pensar en nada, sólo en aquel calor y pasión que ambos desprendíamos. Estábamos empapados, y simplemente con pasar mis manos por tu cuerpo podía apreciar cada una de sus partes... eso sí, al principio ambos nos besamos, con mucha fuerza, pero a la vez con mucha timidez, aunque en pocos instantes, nuestra actitud dio un vuelco. Tus manos recorrían mi cuerpo, eran como un vendaval; acariciabas mi pecho por encima de la ropa, al igual que rozabas mis ingles. La respiración de ambos acelerada, y las manos cada instante más lanzadas. Por detrás desabrochaste el nudo del cuello de la camiseta y me la quitaste, yo también te quité la tuya. Comenzaste a besar mi cuello, a rozar con tu lengua mi espalda, a acariciar mi pecho suavemente, mientras sentías perfectamente como me estremecía. Me tumbé, y me quitaste el sujetador, mientras tus besos llenaban mi cuerpo, bajando cada vez más hasta mi ombligo, donde desabrochabas uno a uno los botones de mi pantalón e ibas bajándole, para poder rozarme directamente, primeramente por encima del tanga, con cierta complicidad al darte cuenta de mi temperatura...
Yo me incorporé y sin dejar de besarnos comencé a deslizar mis manos por tu espalda, a acariciar tu pelo mojado. A enredarme en tu cuello, mosdiqueándole y pasando mi cara por la tuya. Comencé a besar tu pecho, a dejar resbalar mis labios por tu estómago, bajando más y más, hasta quitarte muy lentamente los pantalones.
A partir de ese momento las caricias se desataron aun más, la respiración se disparaba por completo. Y aún más, cuando tus dedos se abrían camino buscando un hueco entre mi tanga, hasta llegar a rozarme, a comprobar esa humedad causante de tantas locuras.
Yo estaba muy nerviosa, atacada, pero poco a poco me dejaba llevar cada vez más; de vez en cuando agarrabas fuerte mis manos y me susurrabas que no pensara, que no tuviera miedo y que fuera libre. Eso me dejaba por dentro una sensación de confianza plena.
Dejándonos llevar por las caricias, ambos nos quitamos la ropa interior, y continuamos acariciando nuestros cuerpos, buscando rincones nuevos... tus manos acariciaban mi pecho, bajaban fugaces hasta llegar a mi furia, donde tus manos se detenían; y yo inconscientemente abría más mis piernas para relajarme y sentir aún mejor tus caricias. Estaba empapada, y eso te aceleraba aun más... me recorrías una y otra vez, mi cuerpo se estremecía más y más. Mi lengua se perdía con la tuya, mis manos se perdían en tu cuerpo, acariciando la espalda, el cuello... poco a poco comenzaste a bajar, precipitadamente hacia mi sexo. Sin pararte ni un segundo, rozabas tus labios con los míos, pasabas la punta de tu lengua por cada rinconcito... algún gemido se me escapaba, y eso te animaba a abrir más mis labios, y a la vez que tus dedos se abrían camino, tu lengua seguía acariciando mi clítoris, cada vez mas afilado, más a flor de piel. Así estuviste un rato, encendiéndome cada vez más y más, aumentando el ritmo de tus dedos y de tu lengua, sin dejar de escuchar mis constantes gemidos y sintiendo como alcanzaba ese punto en el que te retuerces por completo.
Después me incorporé, mis manos te buscaban por todas partes, comencé a acariciarte despacio, pero estaba ardiendo, mi propio calor no me dejaba llevar ese ritmo lento. Así pues mientras te besaba acariciaba tus muslos, acercándome a tu pene, pero sin tocarle aún. Tu suspirabas, tu respiración se entrecortaba... y entonces directamente comencé a acariciarte, a recorrer tu pene con una de mis manos; mientras iba bajando lentamente, mordisqueando tu pecho, jugando con mi lengua hasta ir bajando por tu ombligo, descendiendo... Allí comencé a rozarte con mi lengua, haciendo pequeños círculos; después iba bajando y la recorría entera, de arriba abajo, de abajo a arriba. Podías sentir como mi lengua resbalaba por tu pene, y yo notaba como mi saliva se mezclaba con tu humedad y aceleraba el ritmo, me encantaba ver como te desencajabas.
De repente te incorporaste, y ambos sentados empezamos a acariciarnos al mismo tiempo; después tu te echaste sobre mí, y comenzaste a jugar rozando tu pene entre mis piernas, provocándome cada vez más... hasta que poco a poco ibas penetrándome; primero despacio, y después más rápidamente, al compás de mis suspiros y de mis movimientos que se acoplaban a los tuyos. En aquel baibén mis pechos rozaban tu cuerpo, a veces eran tus manos las que lo acariciaban... cuando creí que me iba a dar algo, me incorporé sobre ti y fui yo la que empecé a contonearme, a marcar un baibén frenético. Primero totalmente sentada sobre ti, y después bajaba un poco para poder besarte mientras tanto. Paramos un instante, mientras besabas mi cuello, nuestras lenguas se enredaban y después te recostaste sobre mí. Abriste mis piernas y colocaste una en cada uno de tus hombros, continuabas acaraciando... y después volviste a penetrarme, pero esta vez mucho más rápido, ambos seguíamos el compás. Apretaba fuerte las manos, y tu te balanceabas cada vez con más fuerza... así hasta que bajaste mis piernas, y volcaste tu cuerpo sobre el mío. Mis manos se agarraban fuerte a tu espalda, mis ojos desorientados, respiración con respiración, muchos suspiros incontrolables... hasta que ambos soltamos un gemido mas fuerte, y dejamos caer nuestros cuerpos. Continuamos medio entrelazados, desnudos, pero esta vez en silencio, sólo sintiendo la respiración, y acariciándonos despacio.
Con mi cabeza sobre tu pecho y tu mano por detrás de mi cuello, tocando mi pelo. Así estuvimos un largo rato, sin mediar palabra, sin ni tan siquiera movernos en lo más mínimo, formando parte de aquella naturaleza salvaje y sintiendo aquella brisa suave que nos envolvía.
Pero se hacía tarde, era hora de regresar y los pétalos resbalaron por aquella sábana, que tendimos justo al llegar; entre sonrisas de complicidad, ojitos brillantes y mucha nostalgia recogimos todo y partimos rumbo a la realidad... cruda realidad. Pero con la tranquilidad y a la vez el acecho de aquella especial y mágica noche; en la que hasta las mismas estrellas iluminaron nuestros cuerpos ardientes y desnudos, bajo aquella involvidable y rompedora luna.

Texto agregado el 08-11-2005, y leído por 594 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
16-03-2006 uff chica!...que bien...estoy acelerada aun...me gusta como entreveras lo pasional del escrito con toques de ternura...y esa nostalgia que me invade al final no es mas que el resultado de un buen escrito...genial luzyalegria
17-02-2006 bueno,te leí toda o no? +++++ crazymouse
11-12-2005 ¿ERÓTICO? Perdona pero al leerlo claramente senti que describias aquellas experiencias que hoy en dia ya no puedo disfrutar a falta de alguien que juegue el papel de la mujer... De aquella a quien debo entregar... no mi sexo, sino mi amor, mi pasión y mi entera confianza para que ella tambien pueda sentir confianza y asi mismo entregarme su amor... bajoa ésa luna que pocas ocasiones se asoma por mi ventana solo para descubrir que... estoy solo ahora... Muy bueno muy bueno... Ni yo mismo pude haberlo detallado mejor... zeedcnk
 
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