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“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5: 30 de la mañana para esperar el buque en el que llegaba el obispo.”
Gabriel García Márquez

El cine ha sido siempre un arte prodigioso. La capacidad casi mágica de alternar cuadros y sonidos, y de contar a la vez una historia son quizás una parte del encantamiento de lo que se trata el cine. Sin embargo, es el manejo el tiempo y sus posibles alteraciones, lo que hace del cine una arte tan especial. 21 gramos y El Apartamento son filmes logrados que, si bien no se caracterizan por un argumento extraordinario, han sabido llevar el tiempo de manera tal que más que una historia simple y fácil, sea una suerte de rompecabezas sin armar, La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, llega a ser una novela tan gráfica que recuerda a la magia del cine, sin omitir el rompimiento de la monótona historia lineal, que comienza por el principio y termina por el final. Y una situación parecida ocurre en la novela de Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada.
“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5: 30 de la mañana para esperar el buque en el que llegaba el obispo”. (Pág. 9). Es con éstas, y no con palabras menos complejas, con las que comienza García Márquez la novela, a la que bautiza como crónica, quizás por ser una narración de hechos contados de manera amplia y detallada. No obstante, no es en la definición de crónica en la que quiero detenerme: es en la manera en la que comienza García Márquez: “El día en que lo iban a matar (…)”, cuando sabemos que es la crónica de una muerte. Es decir, comienza por donde supuestamente no debería: por el final.
En aquella primera oración empieza el juego de tiempos. Y después comienza a introducir al lector en la historia, desarrollando los hechos a partir de la primera oración. Y retrocediendo en algunos detalles pasados si es necesario: “Había sido construido en los tiempos en que el río era tan servicial que muchas barcazas de mar, e inclusive algunos barcos de altura, se aventuraban hasta aquí a través de las ciénagas del estuario.” (Pág. 15).
Además de aquello, por medio de los testimonios de la gente- esto porque es una crónica, y una crónica requiere de la indagación e investigación- el autor de Cien Años de Soledad nos hace retroceder por retazos al pasado. He aquí un ejemplo claro: “No lo previne porque pensé que eran habladas de borracho, me dijo. No obstante, Divina Flor me confesó en una visita posterior, cuando ya su madre había muerto, que ésta no le había dicho nada a Santiago Nasar porque en el fondo de su alma quería que lo mataran.” (Pág. 17).
Concluyendo con lo que podríamos llamar la primera parte, y comenzando la segunda de la crónica, Gabriel García Márquez retrocede de golpe para profundizar lo que había descrito superficialmente en un principio, los antecedentes del homicidio: “Ángela Vicario, la hermosa muchacha que se había casado el día anterior había sido devuelta a la casa de sus padres, porque el esposo encontró que no era virgen.” (Pág. 24). Otro detalle que valdría destacar sería que el escritor colombiano no juega precisamente con el pasado y el presente: alterna pasados, y apenas si se remite al presente propiamente dicho, donde el personaje- narrador hace la investigación.
“No se daba cuenta ni siquiera de que llevaba un niño de la mano (…) -No se moleste, Luisa Santiaga- le gritó al pasar-. Ya lo mataron.” (Pág. 26). En la tercera parte- todo lo contrario a García Márquez, estoy superponiendo las la novela cronológicamente, sólo por cuestiones de orden- el creador de Macondo se remonta a lo sucedido después del asesinato de Santiago Nasar, entre otras cosas antes de éste- no se puede precisar nada por el juego constante en la cronología. Seguidamente, la cuarta parte realiza un salto abismal a lo ocurrido con Santiago Nasar cuando lo mataron: “No habían dejado de aullar desde que yo entré en la casa, cuando Santiago Nasar agonizaban todavía en la cocina, y encontré a Divina Flor llorando a gritos y manteniéndolos a raya con una tranca”. (Pág. 65). Además de lo que sucedió con otros involucrados mucho tiempo después: “Pero era ella: Ángela Vicario veintitrés años después del drama”. (Pág. 78) Igualmente, en ninguna de estas partes, el autor olvida a las breves acotaciones del pasado, que alimentan la obra, volviéndola más consistente y dándole más credibilidad. “Yo mismo traté de arrancarle esta verdad cuando la visité por segunda vez con todos mis argumentos en orden, pero ella apenas si levantó la vista del bordado para rebatirlos. -Ya no le des más vueltas, primo- me dijo-. Fue él.”
La quinta, y última parte, al menos como lo apunta García Márquez, concluye todo, eso en síntesis. Describe por fin, con detalle, la manera en que es asesinado Santiago Nasar por los hermanos Vicario, y he aquí una serie de fragmentos que justifican la introducción de este ensayo: “Al doblar la esquina reconoció de espaldas a mi madre que llevaba a rastras al hijo menor. - Luisa Santiaga- le gritó-: dónde está su ahijado (…) - ¡Ay hijo- contestó-, dicen que lo mataron!“ (Pág. 96). Precisamente, esta parte de la crónica logró la esencia gráfica del cuadro de una película, sobretodo cuando se recuerda un cuadro previo: “No se daba cuenta ni siquiera de que llevaba un niño de la mano (…)
-No se moleste, Luisa Santiaga- le gritó al pasar-. Ya lo mataron.” (Pág. 26).
Pronto, después de un juego espectacular, cercano a la locura, del tiempo, García Márquez se va acercando al final de la obra. ¿A cuál si aquél se encuentra en el principio? Exactamente, como una película ha transcurrido esta entrañable crónica, de la que nadie está seguro dónde está el inicio y dónde el final, quizás en la última página… “Después entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbó de bruces en la cocina.” (Pág. 104). Quizás en algunas atrás estará la respuesta...“No habían dejado de aullar desde que yo entré en la casa, cuando Santiago Nasar agonizaban todavía en la cocina, y encontré a Divina Flor llorando a gritos y manteniéndolos a raya con una tranca”. (Pág. 65.)

Texto agregado el 08-12-2005, y leído por 945 visitantes. (0 votos)


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