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Inicio / Cuenteros Locales / perplejo / Crímen imperfectamente perfecto I

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Pertenezco a una empresa “lateral” de copia y distribución de copias de CD´s. No me encargo de hacer las copias yo mismo, digamos que mi puesto es el equivalente a un supervisor de producción. No me he sacado un doctorado en filología clásica para acabar de hacker en un piso sucio, con agujeros en los tabiques y lleno de cajas de pizza podrida. Mi labor consiste en captar el pulso de la actualidad musical, una especie de cool hunter. Elaboro listas de éxitos que actualizo cada dos meses más o menos.

Mis superiores opinan que me toco los huevos hojeando las revistas musicales y copiando la lista de los 40 principales pero os aseguro que no es un trabajo tan fácil. Además de Bustamante, Fangoria o REM, siempre hay perlas escondidas que causan furor en circuitos underground o de los modernillos de turno. Intento ser objetivo y satisfacer las demandas de todos aunque no concuerden con mis gustos.

El caso es que también debo extorsionar empleados. No, no voy torturando inmigrantes hasta la muerte. Sólo debo visitar los locales de forma discreta y recordar plazos, acordar presupuestos y hacerme cargo de labores de mantenimiento. Nuestros empleados suelen ser cumplidores y si puedo evitarlo, jamás aplico un castigo ejemplarizante. No me gusta hacer daño a la gente, no soy un cabrón pero este trabajo exige firmeza de carácter. Y yo me considero maduro emocionalmente hablando.

Reconozco que la primera vez que tuve que matar a un hombre me pasé toda la noche sin dormir pensando en las consecuencias de haber traspasado tal barrera existencial. Luego los remordimientos se pasan y las siguientes veces resulta bastante excitante hasta que se convierte en rutina. Leo demasiada mitificación del homicidio, no existe tal barrera existencial. Por lo menos no creo que sea más barrera existencial que ser penetrado por un dildo de 30 cms o marcar la cruz de la contribución de hacienda a la Iglesia Católica. No me siento un superhombre, lo cierto es que mi vida es bastante gris y yo sigo teniendo mis complejillos y mis debilidades. Sí, sí, soy el primero en reconocerlo: soy un mierda.

Sin ir más lejos, me tiene obsesionado el tema de mi olor corporal. Me ducho dos veces al día por lo menos. Utilizo gel exfoliante por si lo que me huelen son las células muertas. Me aplico roll-on de protección 24 horas tres veces al día por todo el cuerpo. Mi dermatólogo está aburrido de recetarme todo tipo de tratamientos, dice que todo se debe a la forma que tienen mis bacterias de metabolizar mi tipo y cantidad de sudor. ¿Qué puedo hacer yo frente a eso? Cuando me levanto y veo mi almohada manchada de amarillo me entran ganas de llorar.

La semana pasada un moro de mierda va y me dice que si todos los cabrones fueran tan fáciles de detectar por el olor como yo, estaríamos todos expatriados a Guantánamo. No me siento orgulloso de perder el control, pero el muy hijo de puta nos estaba dando pérdidas y aproveché la ocasión para administrar un castigo ejemplarizante. Además, el cabrón era él por burlarse de una enfermedad.

La única persona que no parecía hacer ascos a mi problema es “Einyel”. En realidad se llama María de los Ángeles, pero la muy paleta fantaseaba con ser la amante de un mafioso y pensaba que ponerse un nombre en inglés tiene tanto glamour como el homicidio. Una explicación de porqué la pituitaria de Einyel permanecía cerca de mí es que dormir todos los días conmigo le ha hizo inmune a mis efluvios. También puede ser que Einyel es muy cerda y le hubiera dado igual comerme el culo según acabo de cagar. No he hecho la prueba pero seguro que se relamería.

Para Einyel el semen era como la insulina para un diabético. Siempre me estaba buscando la polla. Da igual que llegara cansado o le quisiera contar lo quemado que estoaba con mi trabajo. No, ella quería comer polla siempre, a todas horas. Si estaba de pie se arrodillaba, si estaba sentado se sentaba encima, si estaba durmiendo me despertaba con su cabeza entre mis piernas, si estaba cocinando aprovechaba que tenía las manos ocupadas y se colaba debajo del delantal. Si detectaba restos de sangre se ponía como una moto. Si la agarraba por el cuello y la estampaba contra el espejo, era mucho peor.

Intenté probar con métodos menos masculinos para parar sus ataques de líbido:

1) Le solté con toda la bordería que si no se depilaba las cejas iba a parecer el maestro de karate kid. Conseguí unos instantes de estupor pero luego se rió y me metió la mano debajo de su chándal para que comprobara lo bien que se depilaba. Sí que era cierto, no se notaba nada de nada, ni siquiera a contrapelo. Consiguió ponerme burro y me la comió. Fallé porque empleé un sarcasmo demasiado complejo para Einyel y solo entendió la palabra “depilaba”.

2) Otro día le dije que si no se ponía bragas de vez en cuando se le iba a poner malo el coñito y entonces ya no podría hacerle cositas ahí. Sólo conseguí que se pusiera mis calzoncillos y simulase estar rascándose los cojones delante de la tele cuando estaban echando el telediario. Logró que me olvidase de la SGAE y me la comió. Fallé porque Einyel no conoce el significado de la palabra “braga”.

3) También he probado con la táctica de sentirme poco atractivo a ver si conseguía ser objeto de complicidad femenina y por lo tanto, no ser objeto sexual. Mi olor no lo comenté porque me acompleja de verdad. Pero mi barriga peluda le parece sexy como un osito de peluche ¿?. Mi calvicie le recuerda a Bruce Willis. Y cuando le dije que me había quedado impotente porque me acomplejaba el tamaño de mi pene me argumentó que en rigor el pene no había que medirlo desde el pubis sino desde el músculo pubococcígeo. Sí, sí. Me cogió la polla y haciendo un cálculo estimativo de mi perineo calculó unos 26 cms y me la comió. Fallé porque aunque Einyel es analfabeta funcional, cuando de penes se trata, podría practicar limpiamente una vasectomía con las tijeras del pescado. Por cierto, el argumento del pubococcígeo es más tramposo que los del episcopado, por si acaso hay algún iluso.

Ahora me río de la ninfomanía de Einyel pero convivir ocho años con una niñata desdentada y tetona que no para de husmearte el paquete como un perro llegó a ser deprimente y asqueante. Y si a eso le sumamos que Einyel tenía las mismas aptitudes para la casa y la misma humanidad que un perro es comprensible que anhelase una pareja de verdad con niños y todo.

Pero mi trabajo exige que no tenga ataduras y que lleve una vida estable que no me trastorne demasiado. Tener una verdadera pareja está tan mal visto por mi cúpula directiva como embarazarse en una empresa normal. Sólo que en la mía no se limitan a despedirte.

Por eso me administraron a María de los Ángeles, la vacuna contra el romanticismo. Yo no puedo contar ninguna historia de seducción y encuentros fortuitos. Me ordenaron que me mudase a una urbanización por la zona de Legazpi antes de un sábado a las siete de la tarde. No había terminado de abrir las cajas en mi estrenado “hogar” cuando llegó mi estrenada “esposa” con instrucciones de hablar poco y tenerme contento. Cuando se lanzó a la polla la primera vez recuerdo que pensé: “¡Y encima me pagan!”.

Supongo que todos los que entramos en esto cometimos el mismo error. Pero llega una edad en que la auténtica barrera existencial es que otras personas te chupen la vida, te reprochen todas tus miserias y aún así amarles y financiarles hasta bordear la pobreza. Ser generoso se convierte en una necesidad egoísta. Me encantan las frases paradójicas, son tan elegantes.

Si cuento todo esto es para que antes de ser condenado comprendan que no estoy tan alejado de cualquier persona normal aunque mis circunstancias sean atípicas. Ya sé que la condena capital no me la quitará nadie pero me refiero a la condena moral, esa que todavía me importa.

(y sigue...)

Texto agregado el 08-12-2005, y leído por 136 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
21-01-2007 Muy bueno, veamos como continua. Selkis
13-01-2007 Muy pero muy divertido. roberto_cherinvarito
05-01-2006 Su obra cumbre, no cabe duda. Desdentado_Daroca
 
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