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Sentado, mirando el mar por una ventana en su habitación, su mirada, más allá, clavada al horizonte donde se mezcla el naranja del atardecer con la soberbia masa de agua que impone su lugar, refleja una mezcla de esperanza y desolación, busca algo, pero claramente no esta allí, su cuerpo ausente en esa reposera.
Quien sabe por qué había vuelto, a aquella casita que hubiera sido su hogar años antes, pareciera una sesión de masoquismo, creería tal vez que así podría conciliar el sueño, pero en ese pueblito perdido entre unos morros de coloridas casas de madera el recuerdo volvía renovado a lacerarlo con mas saña.
Me tuve que ir, mis inocentes sueños se fueron complicando, la atmósfera condensó, el cielo ya aplastaba y se olía a plomo y pólvora. Están esos que frente a muchos caminos, no saben cual tomar, no caminan. Yo estaba llegando a un lugar, sin darme cuenta cuando empecé, llegaba a siniestros acantilados, tuve que escapar. Algunos los enfrentaron y cayeron, otros cayeron antes de darse cuenta, algunos pudieron seguir pero nunca olvidarán esos golpes, que escarban sus conciencias en destellos con pesadillas, con torturas, golpes, y suplicas ajenas que taladran las vísceras.
Yo escapé, tuve suerte, comprendí el fin, miles de almas, miles de sueños, miles de esperanzas cayeron, sin ver demasiado claro que estaban haciendo, en oscuros cuartos putrefactos los destrozaron, las picanas, el fin les llegó a manos de sádicos verdugos que no dudaban en hacer las mayores atrocidades en nombre de la paz y la justicia y que podían volver a sus casas con la mirada tranquila a jugar con sus hijos y acariciar a sus esposas.
A veces pienso en mis amigos que terminaron así, Juan fue velado a cajón cerrado, los estragos que le hicieron las ráfagas de una ametralladora no podían mostrarse públicamente, nunca nadie se hizo cargo, algunos vieron a dos hombres que bajaban de un Falcon para rematarlo. De Carlitos nunca supimos nada, por que nunca más lo vimos, unos tipos lo fueron a buscar a la casa y nunca volvió a aparecer. Juan, Carlitos, Miguel, todos, muertos, desaparecidos, quien sabe de que forma, quien sabe que agonizaron antes de volar.
Recuerdo que Sastre decía que el paso fundamental para ser inmortal consiste en morir, pero ¿Ya era tiempo? ¿No faltaba demasiado? Miles de héroes reivindicados, que no lograron demasiado, cayeron antes, aplastados por los tanques, siguen entre nosotros pero ya no están, intentan conciliarse, vagan en las memorias suplicando justicia, dieron todo por una causa que no se logró, la aplastaron, es lo más triste, morir por algo que no se logra quema las entrañas aunque esto ya no se sienta, hoy solo queda su recuerdo.
En ese momento le tocan el hombro, vuelve la cabeza a su dulce mujer, lleva el niño en brazos y es tarde, deben salir.

Texto agregado el 13-12-2005, y leído por 42 visitantes. (1 voto)


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