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Necesito que alguien me de alguna explicación a esto que sucedió y que me hace dudar seriamente de mi salubridad mental.

Yo atiendo en la oficina de Estadística de un modesto consultorio a la delirante masa de menesterosos que acude allí diariamente. A las siete de la mañana clavadas, abro la ventana y recibo a ese conglomerado de personas modestísimas que se apiñan en pos de un número para que las examine algún especialista.
-¿Tiene usted ficha clínica en este establecimiento?- le pregunto a la primera persona que aguarda, una anciana rechoncha de rostro rubicundo y cuyas ropas parecen casi deshechas de lo viejas que están, permitiéndome sospechar que la dama en cuestión ha sido asaltada por una jauría de perros o por otra peor que es la jauría de la miseria. La mujer me contempla con sus ojos abotagados y me contesta:
-Por supuesto que la tengo, pero, excúseme usted, ya que mi criado es un desmemoriado. Esta mañana, al servirme el desayuno en mi lecho, le solicité que dejara junto a mis enseres toda mi documentación. Lamentablemente, el pobre tipo sólo ha recordado en parte este encargo y ha dejado eencima mis joyas y mi chequera en vez de lo requerido. Y vaya una a decirles algo a estos empleaduchos, siempre tan exigentes con sus derechos y tan renuentes a cumplir con sus deberes.
-Eso es absolutamente cierto- terció una señora aún más destartalada que la que hablaba- yo jamás le doy demasiada confianza a mis sirvientes. Y lo mío es simplemente una actitud defensiva puesto que estoy sola en casa gran parte del tiempo ya que mi esposo anda de convención en convención por todo el mundo durante casi todo el año. Ahora precisamente se encuentra en Bostón dictando una conferencia en una importante universidad.
-¿Y entonces a que viene usted acá señora?- le pregunto yo a rajatablas a la mujer.
-¡No pensará que vengo a solicitar atención médica!- responde ella mirando con gesto entre ofendido y divertido al resto de la concurrencia. La gente se ríe de buena gana dejando ver sus bocas desdentadas. Un vejete que parece consumirse de lo delgado que está, murmura algo y su implosiva decrepitud pareciera pegarle su magro pellejo al escuálido esqueleto.
-Este señor pretende tratarnos como si fuésemos simples pacientes- carcajea un señor calvo muy parecido a Nosferatu.
- Es muy malo juzgar al primer impulso, joven. Recuerde usted que a Jesucristo lo crucificaron más por las apariencias que por sus palabras. Sacúdase usted ese feo vicio de prejuzgar a la gente- aseveró una anciana de alba cabellera terminada en un grueso moño.
-Por supuesto, si nadie viene a consultar a algún médico ¿se puede saber que diablos hacen todos reunidos acá?
Una carcajada general sirve de festivo eco a mi pregunta. El grupo se alborota y una terrible convulsión provoca el caos en el recinto.
-¿A que horas sale mi vuelo a Singapur?
-¿Vendrás a las cinco para que tomemos el te?
-Uno de estos días voy a Reno. Otro matrimonio, ya lo sabes.
-¿Le has echado una ojeada a mi diamante? Te recomiendo si que uses gafas para admirarlo ya que la última persona que lo contempló a ojo desnudo se agarró una rebelde conjuntivitis que le duró mas de una semana.
-Golf, Polo, lo mismo da. Esos son deportes que te brindan la oportunidad de codearte con algunos personajes rutilantes.
-¡Próximo vuelo a las Bahamas!
-Te canasta el jueves. No lo olvides.
-Ese primo mío es un cuervo. Tiene cuenta en diferentes bancos y aún así, esquilma a su pobre madre. ¡Líbreme Dios de tener una sabandija de tal laya por hijo!
-Pero tus dólares están a buen recaudo en algún banco.
-Nada ni nadie está a buen recaudo en este mundo de aves de rapiña, querida mía.
-Yo prefiero a los filántropos, especie que no hace otra cosa que firmar suculentos cheques que halagan su propia vanidad. Son una estirpe que disimula su egoísmo con estos actos pero aún así me agradan porque son eminentemente pacifistas.
-Mañana viajo a París, ya sabes, Notre Dame, Saint Chapelle, le Tour Eiffel, oui oui oui…

Con la perplejidad pintada a brochazos en mi rostro, contemplo a esa marea absurdamente arribista de vetustos ancianos y me pregunto si ellos son los que están locos o si soy yo el que vive una extraña pesadilla. Ojeo mi ropa raída pero remendada con decencia, mis viejos zapatos gastados y cierro violentamente la ventana con la angustiada fuerza que me brinda el estupor y derrumbándome en mi silla, me pongo a llorar…












Texto agregado el 13-12-2005, y leído por 161 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
13-12-2005 Bien, aunque me complica el ritmo. haszur
13-12-2005 No llores, que es hermosa tu historia, yo tengo una explicación. Esos ancianos decidieron esa mañana vivir como reyes, y lo único que tenían era su imaginación y vos fuiste partícipe de sus sueños. Déjalos, shhhh, no los despiertes, que soñar que no pasan hambre, están cuidados, están sanos y viven felices. es hermoso. Besitos y estrellas. Magda gmmagdalena
 
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