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Crease o no, el asunto es que Brigan y Olviel se odiaban a muerte. Este era un asunto digno de estudio ya que sólo bastaba que se encontrasen frente a frente en cualquier lugar para que Brigan se engrifara como un gallo de pelea y a Olviel se le enrojecieran los ojos de furia. Entonces era inevitable que los hombres se trenzaran a golpes y esta encarnizada lucha podía durar largas horas antes que quedaran tirados en el suelo, sangrantes, extenuados y mirándose ya sin fuerzas pero con ese mismo odio, ahora cautivo tras sus pupilas sanguinolentas. La gente no se explicaba el motivo de tal encono y si se le hubiese preguntado a ambos por lo mismo, acaso se hubiesen encogido de hombros porque es muy probable que ni ellos mismos lo tuvieran claro.
-Les sucede lo que a perros y gatos. Se odian porque tienen que hacerlo, porque no hay más remedio- sentenció una vieja a la que todos consideraban como la más sabia de la comarca.

La gente quería verlos reconciliados aunque fuese por una mísera vez, puesto que ambos, por separado, eran excelentes personas. Seres casi angelicales que se transfiguraban cuando el destino los ponía el uno frente al otro.

-Tendré que darte tu merecido.
-¡Ah maldito! Se me comienza a alborotar la sangre.
Y ambos se transformaban en un ovillo vociferante que rodaba por el suelo en un enjambre de brazos, piernas y juramentos.

Nunca nadie les vio con sus rostros impecables ya que su constante era el sometimiento ciego a una orden misteriosa que los reclutaba para la violencia.

-Algún día se les va a pasar la mano. Se van a matar y entonces ya no quedará más remedio que sepultarlos a cada extremo del cementerio ya que no sea cosa que incluso muertos prosigan con su descabellada pelea.

La sentencia fue profética. Una tarde en que el sol ya se ocultaba, los hombres se encontraron en un recodo del camino. Como era de prever, sólo bastó que se visualizaran para que sus cuerpos se sintieran invadidos por ese odio irracional.
Esta vez la lucha duró más de la cuenta y fue la luna la que iluminó los últimos jadeos. Nadie presenció esta disputa por lo que los cuerpos quedaron tendidos como dos sombras sin dueño. Pero eso fue cosa de segundos. Antes que los grillos retomaran su monótona sinfonía, un sobrecogedor aullido erizó la noche y las sombras se fundieron en una sola para dar lugar a una espantosa fiera que le rindió sus loas a esa luna blanquecina que parecía contemplarla embobada. Luego, la alimaña se perdió en los tenebrosos bosques para celebrar su reencuentro…



















Texto agregado el 15-12-2005, y leído por 160 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
15-12-2005 Glup! esto es para descifrar partiendo por los nombres, mmmmm ¿en que estabas pensando? da escalofríos anemona
15-12-2005 Por muy humanos que seamos, siempre tenemos comportamientos animales. Efecto_Placebo
 
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