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Eres indeseable, compadrito, un ser turbio que no concibe hacer las cosas de la manera que los demás consideramos correcta. Desde pequeño fuiste así y no sé si lo tuyo fue una desgraciada herencia de Satanás o simplemente porque tu imaginación es tan retorcida que no concibe dar un paso sin que esperes los caramelos agridulces de la maldad ¿Recuerdas cuando, siendo tú un pergenio de cuatro años, diste vuelta la artesa repleta de agua encima de tu hermanita y mientras la chica gritaba y se desesperaba bajo esa verdadera mole que era para ella esa presión de tablas y agua jabonosa, tú te desternillabas de la risa contemplando la pavorosa escena? Claro, ella no sabía pronunciar palabra y por lo tanto tu delito quedó sin castigo. Pero esa sensación de impunidad te quedó gustando y tramaste nuevas maldades. Fuiste un alumno aventajado en esta escalada y tu perseverante maldad fue poco a poco forjando tu carácter perverso, como aquella vez que le torciste los deditos al bebé de la vecina, o cuando pusiste una trampa que dejó a otra pequeña traumatizada y tú refocilándote y sintiendo en tus vísceras el cosquilleo del pérfido placer. Claro, creciste y tu rostro de niño bueno era tu mejor coartada y eso te posibilitó continuar ejecutando esas pequeñas fechorías que cada vez eran más sofisticadas, a medida que te ibas haciendo hombre. Ya no más bebitas ni niñas inocentes sino muchachas más creciditas que caían en tus hipócritas redes. Primero fueron simples escarceos, besos a la luz de la luna, manos contenidas pero agarrotadas por un deseo que no era sólo eso sino algo más. A la primera la golpeaste con salvajismo porque no aceptó ir a la cama contigo. Huiste como sólo puede hacerlo un cobarde y nunca más supiste de esa chica pero había muchas otras con las cuales experimentar ¿No es así? Y tu inventario de delitos fue incrementándose mientras tu rostro ponía una cortina de humo a una eventual suspicacia. Todo iba muy bien ¿No es verdad? Te refocilabas con tus andanzas de golpes, sangre y moretones. El mundo era ancho para tus fechorías y siempre aparecía una incauta que creía en ti y en tu discurso. Pero –y esto fue lo que te perdió definitivamente- apareció esa niña que nunca pudo olvidarse de tu rostro ni de tus ademanes. Ella te sorprendió una tarde en plena calle y tú le pediste que conversaran, que todo, tenía su explicación. Y la muchacha, que parece que estaba fatalmente enamorada de tus rasgos de chico bueno, que todavía pensaba que las cosas contigo tenían solución, te siguió y estuvieron toda la tarde conversando y recorriendo la ciudad -otro error de tu parte- hasta que la noche se deslizó tenue y excitante, invitándolos a los dos a descubrirla en la soledad. Ella te besó y tú no la rehuiste porque después de todo, era linda la chica, algo gritona y un tanto vacua, pero con esos arrestos de Cenicienta que ha encontrado por fin a su príncipe azul. Entonces, tu impetuosa estirpe le abrió cauces a la infamia y la quisiste violentar pero ella, asustada porque después de todo era sólo una niña, se puso a gritar y a pedir socorro. Eso te cegó, compadrito y lo primero que hiciste fue taparle la boca con tus manos trémulas y como ella comenzó a patearte las canillas, te alborotaste y la zamarreaste y le diste después una bofetada que la arrojó lejos. Tan lejos, que su cabeza chocó con una enorme piedra y allí se quedó, desmadejada en medio de atroces convulsiones hasta que de pronto todo acabó y supiste que te habías graduado de asesino. ¿Qué se siente ser asesino? Te lo pregunto a ti, porque yo tengo bien claro que, puestos diez tipos en tu misma situación, ninguno se habría manchado sus manos con la sangre de una pobre muchacha. Dime ¿Qué se siente ser asesino?
Fue muy tuyo eso de asistir a los funerales de la chica, conociste a sus acongojados padres y estuviste a punto de ir a consolarlos, a decirles que su Patita linda les sonreía desde el cielo. Pero, algo te quedaba de sensatez y oculto detrás de los árboles, fuiste testigo del desmayo de la madre y de las desesperadas lágrimas del padre. ¿Cómo te sentiste entonces, compadrito? Era hija única la muchachita, excelente alumna, querida por todos. Iba a ser doctora, ella te lo comentó ¿Recuerdas?
Cuando todos se fueron, te deslizaste como una sombra y te arrodillaste delante del sepulcro para pedirle perdón a la chica. Hasta lágrimas corrieron por tus lozanas mejillas e inventaste un diálogo con ella, imaginando que la Patita te perdonaba, que era indulgente contigo y que hasta te deseaba que tuvieras buena suerte. Eso te reconfortó y cuando llegaste a tu casa, ya eras el mismo de siempre. Tanto así que tus padres ni se sorprendieron de verte tan alegre.

Pero todo se paga, compadrito y si no fue tu conciencia la que te condenó, fueron varios testigos los que te vieron con la chiquilla. Además –imperdonable, campeón- olvidaste arrebatarle a la muertita una fotografía que te habías tomado con ella en esa plaza y que conservó en sus manos agarrotadas como el fatal pasaporte que te llevó a prisión.

Por supuesto que ahora lloras y demuestras arrepentimiento pero ¿Cuánto hay de verdad en ello? ¿No será otra de tus tretas tratando de ablandar el corazón de las autoridades y que, para cuando les toque decidir tu futuro, sólo se dejen impresionar por la expresión angelical de tu rostro? No compadrito, eso ahora no te vale, así que sécate tus lágrimas. Déjame mejor compadecerte porque en el fondo, bien sé que necesitaste vigilancia, muchísimo amor, un tratamiento intensivo de caricias, consejos y esmero paternal. Pero ¿Qué se le va a hacer? Elegiste tu camino y el mensaje que a otros les llega sin esfuerzo, a ti te dejó indiferente. Ahora, sécate esas lágrimas y aprende alguna vez a afrontar tus culpas. Aprende por fin a ser un verdadero hombre. Acaso la pobre Patita realmente lo esté deseando, vaya uno a saber…











Texto agregado el 19-12-2005, y leído por 409 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
21-02-2009 Trazas muy bien los rasgos principales de ese “baby face”, un relato que pone los pelos de punta y que es también una forma de abrir los ojos a los incautos neige
20-12-2005 al comienzo me pareció que ib hacia algo más bien cómico, cosas de niños, pero me has llevado con tu cuento a un desarrollo fuerte y que sucede muy seguido, lo de carita de ángel me recordó a un asesino con las mismas características. Muy bueno,impecable redacción, como siempre***** india
 
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