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Yo estuve ese día ahí.

En el dorado castillo de Alfira. Más allá de las nubes de sur, que se alza por los aires del valle de Marel, donde al principio de los tiempos, cuentan que hombres oscuros contendieron con hombre de luz hasta exterminarse mutuamente. En medio de los cadáveres, la sangre de los corazones de todos ellos se mezcló y sus motivos más recónditos se fundieron, formando un vapor que se elevó al cielo y dio forma al castillo... y vida a todos nosotros.
A este lugar llegamos los habitantes ocultos de los corazones de los hombres, y nos reunimos como lo habíamos pactado; Cada mil años desde el génesis de Alfira.

Fue el día del equinoccio de invierno, tal como lo ordena la pared sagrada del oriente. vinieron sobre alas, otros impulsados por los vientos del mar Hadrón, unos más bajando de los relámpagos. Hubo quienes simplemente llegaron flotando, sobre nubes, agitando sus túnicas blancas...

En mi camino al castillo crucé ríos y montañas, encontré al AMOR caminando por la vereda de los manzanos. Por fin, a lo lejos, divisé Alfira y latigueé a mis caballos que jadeando aumentaron su galope.

Irrumpí impetuosa por la puerta oriente sobre mi carro de fuego mientras los demás se hacían a un lado, excepto el ORGULLO, quién no se apartó de mi camino y por recompensa perdió sus frágiles alas que se prendieron como antorchas en un instante para nunca más aparecer. Tiempo después, supe que El ORGULLO se volvió un buscador de montañas. Dicen que ha caído de ellas y que mientras cae, me maldice por haber quemado sus alas. Dicen que ha muerto miles de veces, pero que siempre vuelve a la vida para buscar una montaña que conquistar... o desde la cual caer...

Bajé de mi carro e ingresé al salón principal. Sus paredes rosas y sus hermosos rostros brillantemente esculpidos contrastaban con sus rincones negros y oscuros... con sus esculturas de rostros retorcidos. Eran un recordatorio permanente de que ahora, en el corazón del hombre había una mezcla de luz y oscuridad.

Entré con mis ojos desorbitados y mi sonrisa distorsionada y fui a sentarme a un lado de la ALEGRIA que no dejaba de sonreír.

La IMPACIENCIA alzó la voz y dijo: Es tiempo de comenzar los relatos de nuestras vidas por los corazones de los hombres y averiguar que destino están labrando.

La ALEGRIA, tomando la palabra, dijo: Habito el corazón de los aldeanos de Tamer-Aman. Ninguna otra aldea como esta en todo el mundo. A los niños sus padres les abrazan y ellos logran desarrollar sus habilidades para el bien de su comunidad. Cuidan su ganado y su tierra y siempre dan gracias por lo mucho o poco que tienen.

La FE, contó su principal vivencia diciendo: - Moro en el corazón de un joven que fue capturado por tribus del norte. De noche, sueña con volver a tomar leche de cabra fresca y jugar con sus amigos de infancia, pero sobre todo, tiene fe de reunirse nuevamente con su madre. Tiene fe en que pronto escapará, encontrará a su madre y regresará a su aldea en las montañas, a pesar de sus cadenas y trabajos forzados. En seis años de cautiverio, ni por un solo instante a mermado su fe, antes bien, esta se ha incrementado y se está haciendo muy poderosa.

Llegando el turno a la AVARICIA, dijo: -Vivo en el corazón de un guerrero en extremo poderoso, nacido en el Bosque de las Sombras. Me tiene en tan alta estima, que ha decidido con todas sus fuerzas conquistar todos lo reinos de los hombres y lograr poder riqueza y gloria como jamás nadie ha logrado antes.

¿Por eso ha exterminado y matado aldeas enteras sin importar niños, mujeres y viejos? – preguntó la TRISTEZA-

La PREPOTENCIA dijo: Sí, y nadie nos detendrá

La SABIDURIA exclamó – Creo que has olvidado que el más poderoso de todos nosotros, el AMOR, puede cambiar las cosas, conquistando corazones, diezmando la ferocidad de los ejércitos, cambiando las cosas...

Pero eso no ocurrirá, - interrumpió el CINISMO - ya que nuestra amiga COBARDIA, ocultándose en el camino por el cuál venía el AMOR seguramente ya le ha herido de muerte, y nuestro querido compañero, el ODIO, está en camino a verificar su muerte o terminarle de matar.

¡Es cierto lo que dicen¡ Dijo la VERDAD doliéndose por esto

Así que levanté los ojos buscando al ODIO, pero no estaba. Salí eufórica de la sala, monté mi carruaje y fui a buscando al AMOR por donde le había visto caminar. Seguí el rumbo del sol, que mientras se ocultaba en el horizonte, dibujó a lo lejos una silueta con una espada en lo alto, una silueta presta para descargar un golpe mortal sobre quien parecía desmayado en tierra. Lancé mi fuego y este golpeó la espada y cara antes de que pudiera descargar su golpe mortal. La silueta cayó derribada unos pasos más allá. Llegué y me acerqué al que yacía desmayado y... ¡ay Alfira!... ¡ay Alfira¡... era el ODIO que había sido sometido por el AMOR momentos antes, la COBARDIA simplemente no se había atrevido a disparar sus flechas. El ODIO se levantó, me dirigió su mirada vacía y entonces huyó.

Corrí hacia el AMOR, le tomé la cabeza y le dije con ojos llorosos -¡Perdóname!-
– Está bien, hiciste lo que creías correcto –dijo con gran ternura -. ¡Juro que no te guardo rencor!-
-¿Cómo podría hacerlo – dije para mi - si es el amor?-...
Le ayudé a incorporarse y fue cuando lo noté... cuando noté lo que había hecho... mi fuego le había quemado los ojos...
Le subí a mi carruaje y le transporté a Alfira. Todos guardaron silencio al verle sus ojos quemados.
Yo lloraba intensamente mi error. La DESESPERACIÓN y la ANGUSTIA se acercaron a mi y notaron mi llanto, así que me dijeron en voz baja y susurrante –¡No debes continuar así... ve hacia donde el gehena y arrójate, destrúyete para siempre y termina con este sufrimiento!.

Salí de Alfira discretamente y cabalgue hasta Qhmzar, la roca saliente desde donde se arrojan al gehena los recuerdos para nunca más ser recordados. Abajo, las llamas como lenguas de fuego esperaban mi salto. Contuve mi respiración y cerré los ojos para lanzarme. Entonces escuché una voz que me dijo -¡No lo hagas¡

Era el AMOR que gritaba desde una nube. ¡Te necesito¡ - me dijo con angustia.

¡Por favor... necesito... necesito que me guíes! – insistió en forma suplicante.

Alcé la cabeza y le vi en la nube con sus ojos quemados y sus brazos que parecían extendidos hacia mí. Llorando fui hacia él, y abrazándole, le juré que nunca le dejaría.

Desde entonces, desde el día del equinoccio de invierno, el AMOR es ciego, y yo, la LOCURA, le acompaño a todos lados...fue la última vez que visitamos Alfira, el dorado castillo más allá de las nubes de sur, que se alza por los aires del valle de Marel...


Texto agregado el 20-12-2005, y leído por 125 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
29-03-2008 Original, bello,justo tu estilo, verdaderamente bueno. No esperaba menos de ti. Felicitaciones. Atte. CJ. cjazza
 
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