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En un cierto lugar, en un cierto tiempo, hubo alguna vez en algún lugar algo, no era un objeto, no era un alma. Era un ser, no era nada, solo eso, Nada, no tenía ni principio ni fin, era eterno y no existía, apenas un hombre puede comprender eso, algo que sea todo y no sea nada, pues esto era la Nada.
Hasta que la Nada misma se volvió algo, no fue por la voz de alguien ni por las acciones de algo, simplemente de momento empezó a ser, y de ser Nada se volvió Todo, y el Todo aún no tenía color ni forma, tenía todos los colores y todas las formas. El Todo entonces, empezó madurar y a crecer, ya tenía un tiempo y ese tiempo era eterno, pues todo lo que es, lo es y será por siempre, aunque deje de serlo. Apenas un hombre puede comprender esto, que la Nada sea Todo, pues esto es así.
Y así fue, es y será por siempre, pero ese cambio que sufre la Nada al volverse Todo y volver a ser Nada, lo nombró Ser y el Ser era poderoso. Fue el cambio constante entre la Nada y el Todo, el Ser, el que fue creando todas las cosas, pues estas dejaban de ser Nada para volverse Todo y luego simplemente Ser. Fue así como la oscuridad fue oscuridad, como la luz fue luz, como las estrellas fueron estrellas y como los mundos fueron mundos, no eran nada y luego fueron todo y luego simplemente fueron ellos mismos.
Pero el Ser tenía algo que ni la Nada ni el Todo podrían tener, tenía energía, una fuerza, una razón y esta razón la llamó Soplo y cada ser tenía, tiene y tendrá un soplo, una razón, una esencia. Apenas un hombre puede comprender esto, que un Ser sea y no sea Nada, ni sea y sea Todo, pues esto es lo que es el Ser.
Y así fue como cada Ser tenía su propio Soplo y todo Soplo estaba en el Ser. Y así los Seres, al igual que la cambiante nada iban tomando forma. Fue así como los mundos se hicieron diferentes, según los Soplos de sus Seres, fue así como en unos los grandes lagos y mares cubrían todo el mundo y en otros las montañas y valles apenas dejaban espacio al agua y al viento y es por eso que cada mundo es diferente y único.
Y al final, cuando muy poca Nada y muy poco Todo quedaba, entonces lo poco que quedaba se convirtió en el último Ser, pero por ser el último y ya todo era Ser, no quedaba Soplo para eso que fue lo último. Y así, el último Ser no tenía Soplo, no tenía esencia ni motivo, pero entonces encontró algo que le daría una razón. Encontró el Último Ser los ecos de todos los Soplos que existían, y los tomó y los guardó para sí. Y así fue como el Último tuvo en su Ser a todo lo que existía, era un ser sin forma, pues tenía todas y sin color pues tenía todos los colores. No era Nada, ni era Todo, simplemente Era. Apenas un hombre puede comprender esto, que un Ser sea todos los Seres, pues esto era el Último Ser.

Y el último ser escogió no una sino todas las formas para mostrarse, era el ser más bello y más horrible que se pudiese ver. No tenía un cuerpo como el de los hombres, no tenía nada parecido a los otros Seres, pues él era todos los Seres. El Último entonces abrió sus ojos, aunque no parecieran ojos a nuestra vista y el Último se encontraba en algún lugar de la infinidad de Seres, miró en todas direcciones y todo lo pudo ver, pudo ver desde la colina más alta de los Mundos de Montañas y acantilados hasta el abismo más profundo de los mundos de Agua y arrecifes. Vio cada uno de los seres que formaban su aliento y por muchos años los vio, fue él el primero en contar las plumas de las aves y las escamas de los peces, en juntar hojas secas y sentir el viento. Fue, es y será el único que puede ver cien mil atardeceres al mismo tiempo y el único que siempre ve a la luna y las estrellas, conoció y habló con cada Ser, con cada uno, los admiró y conoció, comprendió y admiró. Le habló a las aves, le habló a los peces, a las rocas, al mar, al viento, a la tristeza y al odio. Pero también le habló a los hombres.
El primer día que existieron las cosas, llegaron primero la tierra, el polvo y la roca que forjaron los cimientos del Mundo, luego llegaron las montañas que pretenciosas se cobijaron en la tierra y después llegó el agua, primero como un simple rocío pero luego una tormenta, una tormenta feroz repleta de relámpagos que encontraron en las recién llegadas nubes y gotas sus hermanas para siempre. Al principio las gotas al golpear salpicaban agua, pero una vez que el agua hubo cubierto poco más de la mitad del mundo y que hubo sumergido grandes montañas y enormes desfiladeros, fue entonces que las gotas al golpear el suelo germinaban plantas, árboles crecían al golpear cada gota. En un segundo abetos, pinos, cerezos y miles y miles de árboles cubrieron toda la tierra, y donde no crecieron los árboles crecieron pastos, hierbas y plantas pequeñas, en el mar corales y algas que poblarían en las profundidades. Y después de que la lluvia creó a los seres cuyo Soplo no les permitía sentir ni moverse la lluvia soltó gotas más grandes todavía y éstas al golpear la tierra sacudieron a todo el mundo. Las primeras gotas en caer hicieron a los insectos, que revolotearon de inmediato en busca de refugio contra la tormenta, luego las gotas hicieron a los peces en el mar y a los animales en la tierra, y luego de que éstos hubieran encontrado sus hogares en todo el mundo la lluvia soltó gotas que fueron los depredadores, soltó a los feroces animales que al golpear en la tierra hacían que ésta se tambalease y resonara hasta que otra gota dejara otro animal. Fue así como los animales, las plantas y los elementos llegaron a éste mundo, con la primera gran lluvia. Durante la cual, llegó el hombre también, nadie supo cuándo golpeó en la tierra el primero, pero se sabe que cuando haya sido, también un rayo le golpeó y eso por esto que el hombre olvidó su Soplo y se vio separado en hombre y mujer, que son uno a pesar de ser complemento del otro.
Y así vivieron todos los Seres en ese mundo ese primer día y a la mitad de éste la lluvia dejó de ser pues las nubes aún no cambiaban de color al negro de la lluvia. Y una vez que la gran lluvia, la primera, hubo cesado, todos los animales salieron a ver el mundo en el que habían caído, a admirarlo, comprenderlo y conocerlo. Pero no el hombre y la mujer, pues ellos habían perdido su Soplo y no sabían que eran y que debían hacer.
Lo primero que vieron frente a ellos una vez que la tormenta cesó y se pudo ver el cielo fue el sol y como fue lo primero que vieron, se asustaron.
- Que tontos- dijo el sol para sí mismo- Temen a aquel que les permite ver, pues en la oscuridad solo sombras hay.
Una vez que vieron que el sol no les presentaba peligro alguno, se vieron y se asustaron, el hombre al ver a la mujer, la mujer al ver al hombre. Luego de que ambos corriesen y se escondieran se dieron cuenta de que eran iguales. Se asustaron más al ver el césped y los árboles que había a su alrededor. Vieron todo cuando pudieron y de todo se asustaban pues nada comprendían. Estuvieron corriendo asustados y escondiéndose toda la tarde hasta que llegó el atardecer y lo que había sido lo primero que vieron se escondía tras las montañas. Aún había luz naranja de aquel disco cuando otra luz de otro disco salió a sus espaldas y fue entonces, cuándo estaban entre las dos luces que oyeron mil voces que les llamaban, miraron arriba y vieron algo que el hombre nunca comprenderá. Vieron a esta cosa salir de la tierra, pero también de los árboles, de las ardillas, del cielo y de los discos que dejaron de moverse. La cosa no les dio miedo, simplemente se quedaron admirados viendo cómo el fulgor se formaba alrededor del ser y cómo éste iba tomando una forma y luego otra. Finalmente el ser se detuvo frente ellos, abrió los ojos y todo lo que fue oscuridad se llenó de luz y todo lo que fue luz se volvió oscuridad.
De inmediato la criatura hizo cientos de miles de sonidos y una vez hubo terminado hizo una pausa que hombre y mujer no sintieron aunque tal vez fueron semanas. Estaban detrás de un denso matorral, y en un claro frente a ellos la criatura fijó la luz de sus ojos en ellos.
- ¿Qué eres?- Pensó la mujer de inmediato al sentir el peso de su mirada aunque no la pudo ver.
- Soy el Último Ser que dejó de Ser Nada y Todo.
- ¿Qué has haces aquí?- Pensó luego el hombre que también había escuchado la voy de la criatura en su mente, no en sus oídos, igual que la mujer.
- He venido a ver los Seres de este mundo, a nombrarlos y conocerlos, pero ahora veo que ustedes no tienen un Soplo y que por eso no conocen nada de este mundo.
Hombre y mujer callaron pues no tenían nada que decir, no comprendían nada de lo que la criatura decía, solo oían miles de voces en sus mentes y en sus corazones. Es por esto que desde ese día le llamarían Numzis, el de las mil voces, y mantendrían su recuerdo con un ojo, símbolo de la mirada que se siente, pero no se puede ver.
El Último vio a esos Seres que no tenían Soplo, los miró detenidamente y como no tenían su Soplo en sus cuerpos, no los conocía y no los había nombrado.
He aquí que el Último Ser, en el primer atardecer del Mundo, miraba al hombre y ala mujer y murmuró pensó con sus mil voces en sus adentros. Cada Soplo que llevaba dentro habló y dijo cómo debían llamarse estos Seres que habían perdido su Soplo y que no tenían Razón. Muchas voces sugerían devorar a las sabandijas y olvidar a estos seres sin Soplo. Pero fue el Soplo de la luz el que dijo:
- Llamémoslos “Los que preguntan” pues lo primero que han hecho al vernos ha sido preguntar antes de huir o de venir a nosotros como los demás Seres.
El resto de las voces callaron al oírlo y una de las voces, la más suave dijo entonces:
- Que así sea, serán los Sogou, Los que preguntan de ahora en adelante
Y así al nombrarlos, el Último ser mencionó su nombre y ellos lo oyeron en lo más profundo de su alma. Pero aún no tenían Soplo, ni razón, ni esencia.
Entonces otra voz, una grave y con tono doloroso dijo sacudiendo a las demás
- Dejemos que no tengan Soplo y que su Soplo sea el responder a las preguntas que se hacen con tanto ahínco, que su razón sea contestarse a sí mismos.
- ¿Cómo lo harán?- preguntó otra voz
- Démosles algo de cada uno de nosotros para que puedan- dijo una tercera
- ¡Ni hablar! Eso los hará iguales a nosotros y solo hay un Último Ser
Pero mientras hablaban poco a poco sus voces se hicieron más grandes y pronto el hombre y la mujer pudieron oír las mil voces de Numzis con sus oídos. Y mientras oían las voces diferentes hablando al mismo tiempo también vieron cómo lentamente alrededor de Numzis un vapor salía, inmóviles se quedaron hasta que el vapor llegó hasta sus rostros, lo aspiraron y cayeron en un profundo sueño. Al oír el golpe de los cuerpos de “Los que preguntan” al caer el Último Ser se dio cuenta de lo que había hecho. Le había dado al hombre y a la mujer su furia y su aliento, sin el menor deseo de hacerlo. Y con ese aliento iban algunas de las cualidades de todos los seres, un poco de cada uno, un mínimo de todos los seres, pero solo fue a esa primera mujer y a ese primer hombre que les tocó sentir en sus cuerpos las cualidades de todos los seres. Es por eso que cada uno de nosotros somos diferentes, pues nuestros padres nos heredan una cualidad que les heredó su padre a su vez y así todos nuestros padres y sus padres hasta los primeros dos.

Es por ese error que el hombre puede contestar a sus preguntas, es por ese error que el hombre tiene con qué buscar el Soplo que el trueno le arrebató.

Luego de que el Último, Numzis, viese que el hombre y la mujer estaban inconscientes y luego de que entendiese por qué, decidió ponerles a prueba, y los abandonó, volvió de donde vino, de todas las cosas, de la tierra del cielo, del agua, de las ardillas. Se escuchó en las ramas, en las hojas, en el agua y en las rocas un débil y tenue susurro y luego el silencio nocturno reinó, la luna salió e iluminó con su resplandor el mundo bajo ella, con una sonrisa en los labios recorrió desde su esférica prisión todo lo basto de la tierra, miró a los seres que dormían en un claro cercano aun círculo de tierra. La Luna había presenciado cómo esos dos seres se volvían los más miserables de todo el basto mundo. La Luna no dejó de vigilarlos durante toda la noche y al ocultarse detrás de las montañas, envió una mariposa a su padre el sol con el mensaje de que cuidara a los Sogou y luego fue a la tierra más allá del mundo.
El poderoso sol recibió a la mariposa con la severidad propia del maestro celeste, pero de igual modo con la suavidad paternal que reinaba en él escuchó con atención a la mariposa y el mensaje de su hija. Miro luego a los seres que aún dormían, cubiertos por la sombra de un roble, y concentró el abrasante calor en ellos. Los seres despertaron y admiraron luego al sol, ya no temían ni buscaban esconderse de todo cuanto les rodeaba, les daba curiosidad y a la vez admiración. El Sol se complació de ver que las criaturas tenían avances y siguió cuidando de su Mundo, en cuyas entrañas estaba la mujer que amaba.






Texto agregado el 21-12-2005, y leído por 73 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
16-05-2006 El vertigo que me propone la lectura del texto, es la síntesis de la evolución humana. El principio y el fin, el todo y la nada... Alguien dijo: "Estamos en este mundo pero no pertenecemos a el..." Es para meditarlo. Te felicito, tu escrito es excelente y está muy bien contado. ulises690
02-02-2006 Me gustó mucho tu texto, cuentas la génésis del mundo y del hombre de un modo verdaderamante muy original. (bueno, por lo menos para mí, que no soy una experta en la materia). Me gusta como vas explicando poco a poco, desde el principio, en una forma que recuerda las tradiciones orales transmitidas de generación en generación. Incluso diré que está tan bien escrito que me dejó con ganas de releerlo varias veces, es casi como leer el texto sagrado de algún pueblo o civilización. Te doy el máximo de puntaje, mis cinco estrellas. Felicitaciones. loretopaz
 
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